Ejes de la cultura brasileña

EL carnaval es una de las muchas manifestaciones artísticas.
  • De qué se compone la cultura brasileña.

Por Alejandro Medina

Más allá de la pasión por el futbol que tiene el país más grande de Sudamérica, los especialistas definen a la cultura carioca como ecléctica, mágica y ancestral, debido a la influencia portuguesa y de los esclavos africanos durante la etapa colonial.

A diferencia de lo que sucede culturalmente en el resto de América Latina, el país con la economía más grande de la región posee cualidades muy distintas a las de sus vecinos, desde lo más obvio que es su idioma, hasta lo más complejo como su diversidad étnica. Cuenta con XXX habitantes y XXX etnias. A vuelo de pájaro presentamos aquí cinco pilares de la cultura brasileña.

Música verdeamarelha

La música de este país mezcla elementos indígenas, africanos y europeos, debido a la diversidad que existe en todo su territorio, donde han surgido más de un centenar de géneros musicales entre los que se encuentran samba, bossa nova, brega, choro, música de pará, baiao, sertaneja, pagode, maracatú, forró, gaucho, lambada, ciranda y frevo.

Destaca la samba, una de las principales manifestaciones de la cultura popular y uno de los símbolos de la identidad nacional. Sus raíces se encuentran en África, específicamente en Angola, país que vía Portugal traspasó su misticismo a Brasil, recalando así en territorio americano decenas de danzas que terminaron por transformarse en este ritmo que año con año sacude al país entero. Aunque la historia de este género se gestó hace más de 100 años, la primera grabación de samba de la que se tiene registro, según la Biblioteca Nacional de Brasil, data de 1917, año en que Donga y Mauro Almeida presentaron el tema Pelo Telefone. La samba se practica en casi todo el país, y los estados donde más se aprecia este ritmo Patrimonio de la Humanidad, son Bahía, Pernambuco, Maranhao, Minas Gerais, Sao Paulo y Río de Janeiro.

Otro género que ha logrado rebasar las fronteras nacionales, es la bossa nova, surgido a finales de los años 50 y que conjunta los ritmos brasileños con un toque de jazz. A pesar de que en un principio se le consideró sólo una derivación de la samba, la bossa nova logró tomar su propio camino basándose en una instrumentación simple y elegante del manejo de las disonancias, desarrollando un ritmo íntimo y muy propio.

Entre los compositores que más impulso dieron a este género están Joao Gilberto, Antonio Carlos Jobim y Vinicius de Moraes, además de otros músicos y compositores de la clase media de Río de Janeiro.

Actualmente la bossa nova es uno de los movimientos musicales más influyentes que existen en el país y en el mundo, contando con verdaderos himnos como La chica de Ipanema y Chega de Saudade, compuestas por Vinicius de Moraes y Antonio Carlos Jobim.

Arte carioca

De manera similar a lo que sucedió en América latina con los países conquistadores durante la época colonial, Portugal sentó las bases del arte en Brasil. En el caso de la pintura y la escultura, fueron grupos religiosos de jesuitas y benedictinos, quienes dieron un primer impulso a estas artes, a través del trabajo que realizaron en sitios como iglesias y claustros.

La prosperidad económica que se tuvo durante esa época fue uno de los factores que permitieron el desarrollo en especial del barroco, cuestión que llevó a numerosos artistas que disfrutaban de realizar sus obras en este país.

Ya en el siglo XIX, uno de los pintores más destacados que aparecieron fue Victor Meirelles, quien retrató en sus pinturas escenas históricas y batallas que se habían presentado en la región, destacando principalmente por la instrucción académica que tomó en Italia y Francia.

Otro destacado artista de ese tiempo fue Rodolfo Amoedo, quien también recibió importantes influencias europeas, de estandartes como Alexandre Cabanel y Paul Jacques Aimé Baudry, destacando los trabajos que hicieron a principios del siglo XX, personajes como Hélio Oiticicica, Lygia Clark y Maria Martins.

Letras canarinhas

Los primeros registros literarios en este territorio datan del año 1500, cuando Pedro Vaz de Caminha, un explorador y escritor, relató en una carta su día a día al rey Manuel I de Portugal.

Durante estos primeros siglos, la literatura de esta gran región estuvo en manos de los navegantes que recorrían vía marítima y lacustre el país, que entonces era llamado El Portugal Americano.

Durante el romanticismo los escritores impulsaron la visión nacionalista y patriótica que había dejado la independencia portuguesa. Durante esta etapa se desarrolló la poesía, que ensalzaba la importancia de los habitantes del país. Dos hombres fueron claves en este movimiento: Goncalves de Magalhaes y José de Alencar, este último considerado por los especialistas como el padre de la literatura carioca, ya que abrió paso a nuevos estilos y géneros, además de que se enfocó mucho en tomar para sus escritos a la cultura indígena.

A finales del siglo XIX imperó el realismo impulsado principalmente por Machado de Assis con su obra Memorias Póstumas de Brás Cubas. También destacó  Euclides da Cunha.

Posteriormente los literatos del país sudamericano se movieron hacia el modernismo, un género mucho más libre e inventivo, que retomó rasgos de la vida cotidiana del pueblo. Fue así como aparecieron nombres como el de Jorge de Lima, Augusto Federico Schmidt, Erico Verissino y uno de los novelistas más renombrados internacionalmente, Jorge Amado.

Hoy en día Brasil continúa dándonos la oportunidad de seguir conociendo su cultura literaria con escritores que siguen rompiendo esquemas, como Joao Ubaldo Ribeiro, Daniel Galera, Cristóvao Tezza, Ferreira Gullar y Paulo Coelho.

Cine brasileiro

En el principio, el cine carioca dependió de los aventureros que tenían capacidad económica suficiente para tomar una cámara y filmar lo que sucedía a su alrededor, ya que ni el gobierno ni las empresas apoyaron su desarrollo.

Uno de los primeros éxitos que tuvo el cine brasileño fue la película Os Estranguladores, dirigida por Francisco Marzullo en 1906. Fue prácticamente esta cinta la que dio el banderazo de salida a este arte en Brasil, floreciendo sobre todo en sus primeros años en sitios como Recife y Campinas.

Luego de estos primeros esfuerzos en el país, fue hasta 1930, cuando de la mano de la recién fundada compañía Cinédia creada por Adhemar Gonzaga, comenzaron a realizarse producciones más elaboradas sobre todo de dramas populares y comedias musicales.

Empezaron a aparecer por primera vez nombres de actores y actrices que eran seguidos por la gente, como fue el caso de Carmen Miranda, quien gracias a su trabajo en el cine sudamericano logró emigrar a Hollywood.

El cine comenzó a vivir un auge importante que terminó por llegar hasta oídos del presidente Getúlio Vargas, quien a principios de los años 50 promulgó un decreto que se mantiene hasta hoy en día y que garantiza a las películas nacionales una cuota de exhibición en las salas de cine.

El celuloide continuó su avance en 1960, con la creación de la corriente del “cine novo”, la cual tuvo en el director Glauber Rocha a su más importante exponente. Este género tenía su principal aliciente en la crítica social y política.

Una de las películas que más ha marcado la trayectoria del cine del país carioca fue Doña Flor y sus dos maridos, de Bruno Barreto, quien retomó la obra del escritor Jorge Amado.

A pesar de su gran calidad, las películas del país sudamericano nunca han conseguido ganar un premio Oscar. En total, ha sido 18 las nominaciones que los cariocas han tenido a lo largo de su historia.

Gastronomía popular

Más que en cualquier otro ámbito de la cultura de Brasil, en la gastronomía se hacen patentes las influencias indígenas, europeas y africanas que han marcado a lo largo de su historia al país. Los grupos indígenas marcaron la tradición alimenticia del país. Fueron ellos quienes comenzaron a consumir la mandioca, uno de los ingredientes más importantes de la dieta.

Este arbusto cumple en Brasil una función similar a la del maíz en otras regiones de Latinoamérica, ya que permite tener una consistencia similar a la de la masa. La llegada de esclavos africanos trajo otros elementos provenientes del continente negro, entre los que estaban el arroz, los frijoles, el sorgo y el cuscús, además de la forma peculiar en la que se condimentaban los alimentos en aquella región del mundo.

El complemento europeo de la gastronomía llegó gracias a los grupos de inmigrantes alemanes e italianos que dieron su particular toque modificando las guarniciones que se tenían y añadiendo más verduras.

Asimismo, trajeron embutidos que se consumían en sus países como las salchichas, la mortadela, el salami y el peperonni, mismos que terminaron por formar parte de la comida brasileña, e igual sucedió con la cerveza.

Todos estos elementos son parte de la alimentación del país, la cual también puede llegar a cambiar dependiendo de la región en la que se tenga presencia. Es así como podemos encontrar platillos en el norte como el Pirarucu de Casaca, preparado con aceitunas, huevo y ejotes; en el noroeste como el Acarajé, que consiste en un bollo con frijoles blancos, cebolla frita y camarones, y en el sur como el Tutu a Mineira, que mezcla una pasta de frijoles con mandioca y plátano frito.

Hoy en día el desayuno del brasileño está compuesto por café con leche, pan, fruta y dulces típicos; en la comida se puede degustar un plato de frijoles con arroz, macarrao (fideos), carne y ensalada. En la cena se suele ingerir una sopa, además de un platillo regional.

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