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Los infieles según la ciencia

 

¿Qué sucede en el cerebro de los seres humanos para que se presente una infidelidad?, ¿es un fenómeno exclusivo de los varones?, ¿somos fieles por naturaleza?, ¿cuán culpables son los genes? Los científicos aclaran sobre este hecho universal.

Desde hace siglos se creía que cuando alguien se casaba, o decidía unirse de manera estable, era para toda la vida o hasta que la muerte lo separara. Culturalmente se sobreentendía que al encontrar a su “media naranja”, ninguno de la pareja sostendría relaciones sentimentales y mucho menos sexuales con otras personas. Esta exclusividad sexual y emocional con una sola persona es relativamente nueva, a partir del siglo XVIII, se agregó el ingrediente de la unión por amor, dejando de lado las alianzas por arreglos económicos o sociales.

¿Qué significa en realidad la fidelidad?

Si nos apegamos a la definición del diccionario de la Real Academia Española se trata de la “lealtad, observancia de la fe que alguien debe a otra persona”, así pues una persona fiel es aquella que guarda fe, es constante en sus afectos, en el cumplimiento de sus obligaciones y no defrauda la confianza depositada en ella. Una persona infiel es alguien que incumple todo lo anterior.

La sexóloga Paulina Millán, directora de investigación del Instituto Mexicano de Sexología (Imesex) señala que actualmente es más difícil ser fiel, más que en otras épocas, entre otras cosas porque la expectativa de vida se ha extendido. Digamos que antes costaba menos ser fiel, pues los humanos vivían en promedio hasta los 30 años; la cosa se complica porque ahora se vive hasta los 70 u 80 años y la idea de convivir 40 o 50 años con la misma persona, resulta dificultosa.

Para la periodista mexiquense Ana María Rodríguez –casada, madre de dos hijos y con 16 años de matrimonio– la fidelidad “es un acuerdo personal de permanecer emocional y sexualmente con una pareja y con una familia para establecer un proyecto común”, relata en entrevista para Contenido. Y no es que ella ni su esposo no hubieran tenido oportunidades o deseos de estar con otras personas durante los más de 15 años que ha durado su matrimonio, pero, para mantener la fidelidad, la pareja se ha regido por tres normas: “aprender a confiar en el otro, no hacer lo que no me gustaría que me hicieran y ser fiel a mis principios”.

En los últimos tres lustros, según estadísticas del Inegi, el índice de divorcios en México se incrementó 136%, por lo que hallar una pareja como la de Ana María, con esta permanencia y fidelidad, resulta singular, por decirlo menos.

La eterna paradoja

¿Se puede conciliar con lo que está prohibido en todo el mundo pero es universalmente practicado? Esta pregunta se la planteó, durante su charla hace algunos años en La ciudad de las Ideas, la psicoterapeuta Esther Perel, autora del libro El estado del affaire: repensando la infidelidad, pues para ella el adulterio existe desde que se inventó el matrimonio y también el tabú contra él, tanto que “es el único mandamiento que se menciona dos veces en La Biblia, una por si lo cometes y otra por si lo piensas”.

De acuerdo con Perel, a lo largo de la historia los hombres han tenido permiso de ser infieles con pocas consecuencias y apoyados por una serie de teorías evolutivas y biológicas que justifican su necesidad de divertirse. La doble moral es tan antigua como el propio adulterio pero, ¿en realidad se sabe lo que ocurre bajo las sábanas? Porque cuando se trata de sexo, la presión social es para los hombres que deben presumir, exagerar y jactarse, y la presión social para las mujeres es mentir, negar y desestimar. No hay que olvidar la eterna figura del Don Juan que enamora a cualquiera que se le ponga enfrente, eso sí, sin establecer lazos afectivos.

La infidelidad se cataloga como un rompimiento de acuerdos en una pareja, el problema principal es que no hay dos personas que piensen igual acerca de lo que es infidelidad y lo que no lo es, señala la sexóloga Millán.

Es una realidad que muchas personas admiten haber sido infieles alguna vez en su vida. Cuando se les interrogó para una reciente investigación del Imesex, 59% de las mujeres y 66% de los hombres admitieron haber sido infieles alguna vez, cuando se les preguntó si habían sido infieles en su relación actual, el porcentaje bajó al 25%. “Aún así sigue siendo complicado”, apunta Millán.

Sin embargo, algo que llama la atención es que muchas parejas deciden no terminar la relación a partir de la infidelidad sino que optan por pedir ayuda a través un terapeuta y así poder reestructurar su unión.

La culpa es de los genes

Intrigada por este apego sentimental, la ciencia ha estudiado el proceso de enamoramiento y cómo el amor modifica el cerebro, cuando una persona se siente atraída por alguien, esto es, cuando se enamora y decide compartir el resto de su vida a su lado.

De entrada se sabe que es un asunto que involucra una serie de factores (naturales, sociales, culturales y hasta económicos), de ello dan cuenta numerosas investigaciones, entre otras las del neurocientífico Facundo Manes y el investigador Mateo Niro, en su libro El cerebro del futuro (editorial Paidós), quienes mencionan el clásico tratado de la investigadora Helen Fisher y sus colaboradores, quienes mediante resonancia magnética midieron la actividad cerebral de las personas que decían estar enamoradas, y hallaron que las mujeres enamoradas (al observar la imagen de su amado) pusieron en marcha las regiones del cerebro relacionadas con la recompensa, la emoción y la atención, mientras que en los varones presentaron actividad las regiones cerebrales que controlan la estimulación visual y la excitación sexual, pero no en el área de las emociones.

Otros estudios hallaron el papel relevante que tiene la vasopresina en el cerebro tanto de hombres como de mujeres; algunos la vinculan con la monogamia y con la posibilidad de problemas de convivencia. Se encontró que los hombres que llevan una o dos copias del alelo RS3-334 se comportan de manera diferente con sus parejas. Unos investigadores suecos publicaron sus hallazgos en Proccedings of the National Academy of Sciences, entre ellos que los varones que carecían del RS3-334, en el gen mencionado, tenían mayor capacidad de compromiso con su pareja, preferencia por mantener un relación estable, además de presentar niveles acrecentados de oxitocina, dopamina y vasopresina. En el caso contrario estaban aquellos hombres que poseían una o dos copias del alelo RS3-334, los cuales tuvieron mayores posibilidades de crisis en sus relaciones.

De ahí que los científicos atribuyeran a este alelo, que gestiona la hormona vasopresina, un estrecho vínculo con la respuesta sexual y los afectos (Ver: ¿Somos infieles por naturaleza?, Contenido, 584, Feb. 2012).

El olor del amor

Si bien se dice que el cerebro es el órgano de la infidelidad, en su origen existen algunas diferencias entre hombres y mujeres, de acuerdo con el libro Amor y desamor en el cerebro (2018, editorial Aguilar) del doctor en Neurociencias, Eduardo Calixto.

Para este especialista es la mujer quien escoge a la pareja ya que su ciclo biológico de reproducción es más corto, por ello se vale de estrategias neurobiológicas más variadas. Ellas pueden oler cuando el hombre “les conviene biológicamente, y cuando lo encuentran atractivo se sienten emocionadas, adictas a la presencia de esa posible pareja y a la sensación de que pueden crear un vínculo afectivo muy fuerte”. En ellas no sólo cuenta lo atractivo de la otra persona sino, algo muy importante, que cuente con genes diferentes a los suyos.

En contraparte los varones eligen a su pareja a partir de los niveles de testosterona y la evaluación física de la pareja. Según Calixto, los altos niveles de testosterona y vasopresina se asocian a relaciones superficiales, infidelidad y promiscuidad.

No todos los científicos coinciden en lo que está detrás de la llamada infidelidad de hombres y mujeres. Uno de ellos es el doctor Gabriel Gutiérrez Ospina, investigador del Instituto de Investigaciones Biomédicas en el Departamento de Biología Celular y Fisiología de la UNAM, quien no concuerda con los determinismos genéticos ni con la llamada variante molecular de unos de los receptores de dopamina, supuestamente involucrado en el proceso de recompensa, el cual hace que los hombres sean reforzadamente infieles. De la misma manera no comulga con la idea, en el caso de la mujer, de atribuir la infidelidad a cambios en la secuencia de aminoácidos del receptor de la oxitocina, “si se fijan, en términos de la complejidad de la conducta sexual, asignar un rol tan determinista a un solo gen y a una sola proteína es casi pensar como científico que Dios existe”, afirma.

Gutiérrez Ospina señala: “Para que haya un hombre infiel tiene que haber una mujer infiel –a menos que sea homosexual–, desde el punto de vista operativo no se sostiene la premisa de que las mujeres son más fieles que los hombres. Desde el punto de vista social puede que si la mujer no está casada, ella no sea infiel, pero en realidad, está coeditando la infidelidad, por consiguiente ‘tanto peca el que mata la vaca como el que le agarra la pata’”.

Las 10 naciones más adúlteras del mundo

  1. Tailandia 56%
  2. Dinamarca 46%
  3. Italia 45%
  4. Alemania 45%
  5. Francia 43%
  6. Noruega 41%
  7. Bélgica 40%
  8. España 39%
  9. Reino Unido 36%
  10. Finlandia 36%

Fuente: TheRichest

Infieles por naturaleza

El investigador Gutiérrez Ospina es tajante al respecto: “Para nosotros la infidelidad no existe, la infidelidad es un constructo social, basado en una visión de propiedad de las relaciones humanas”, señala en entrevista para Contenido, lo cual le sirve para distinguir la posición del científico frente a la de la cosmogonía social tradicional.

Si se realiza un análisis de la expresión monogámica de las relaciones tanto emocionales –porque los animales también tienen emociones–, como sexuales, un porcentaje bajísimo de las especies, que no incluye al ser humano, permanece para siempre con la misma pareja, el resto son polígamos, revira el investigador Gutiérrez Ospina.

Diversas disciplinas científicas como la etología, la biología o antropología postulan que la monogamia es un mito, al menos en el reino animal donde menos del 5% de los mamíferos son habitualmente monógamos. Un botón de muestra: diversos investigadores realizaron análisis de ADN a diversas especies de animales, entre monos, zorros, ratas y pájaros, y hallaron que entre 10 y 70% de los nuevos nacimientos no son hijos del mismo padre.

Si bien entre los animales no se observan comportamientos humanos como el engaño, la traición, las mentiras o incluso los celos, sí existen conductas que tienen que ver con la perpetuación de la especie o la competencia por recursos.

Gutiérrez Ospina considera que lo que le conviene a ambos sexos es algo que en ecología se conoce como el conflicto intersexual, esto es, que en realidad los hijos de ambos sean lo más variados posibles: “Es mucho mejor generar variación como especie pues te permite tener una gran multitud de genotipos y fisonomías tal que si viene una catástrofe sólo se pierde un porcentaje y los demás sobreviven; la única manera de generar esa variación es copulando y teniendo hijos con distintos machos y hembras”.

El mito de la monogamia

Durante muchos años, señalan los estudiosos, la monogamia se constituyó como el pilar del patriarcado, del matrimonio y del linaje para saber a qué hijos se debía alimentar y quién se quedaría con los bienes en caso de una muerte.

Con el tiempo, la monogamia fue perdiendo su preponderancia. Estudios científicos y algunos evolucionistas creen que además de los componentes sociales, culturales, morales y educativos, también los factores genéticos hacen proclive al ser humano hacia la infidelidad.

Si bien algunos creen que la monogamia significa una persona para toda la vida, hoy la monogamia significa una persona a la vez, aunque esto no implica una exclusividad sexual.

La pregunta para aquellas parejas que decidieron por convicción propia ser monógamas es: ¿qué hacer cuando ya no sienten toda esa liberación de endorfinas que tenían al ver a la persona amada? Se empiezan a cuestionar si realmente están enamorados o no de la pareja; en realidad, dicen los investigadores, el enamoramiento consta de sólo una etapa y hay que buscar diferentes maneras de convivir con su pareja tanto a nivel sexual como emocional.

No hay que olvidar, dice la sexóloga Millán, que muchas parejas se tornan infieles no sólo porque ya se aburrieron de su par sino porque buscan algo nuevo. “El problema parece que ahora conocemos tanto sobre la infidelidad que nos damos cuenta de que no hay vacuna para ella, en realidad, lo mejor que puede hacer una pareja para evitar la infidelidad es la confianza, los acuerdos y la posibilidad de poder estar con la persona de manera libre, es decir, que no sean controlados a través de cualquier cosa, incluidos los celos”.

Vania Ramírez, una capitalina veinteañera, soltera, y con estudios de Letras Clásicas, considera que la fidelidad en una relación implica primordialmente un reto con ella misma, “ser honesta, primero que todo con mis principios”. Reconoce que cada quien puede hacer de su vida y de su cuerpo lo que crea conveniente pero sin dañar a terceros. A su corta edad y en el caso de infidelidades, señala que “nadie es de nadie” y en ocasiones cuando se presenta la oportunidad, nadie está exento, “la carne es carne”, dicho que lo mismo aplica para hombres como para mujeres, aunque reconoce que en los hombres está socialmente más aceptado y menos mal visto que en las mujeres.

Sin embargo, acepta que al estar dentro de una relación es conveniente que la pareja llegue a acuerdos, no dé por sentadas las cosas, ponga límites y platique mucho.

Como señala Esther Perel en su libro, muchas personas son infieles porque quieren salir de la pareja en la que están, pero otras tantas son infieles porque quieren seguir con la pareja con la que están, mientras algunos lo que buscan es escaparse y hacen de la infidelidad “la última gota que derramó el vaso”, así como otras, paradójicamente, requieren ese escape para poder seguir con la pareja.

Tres motivos

El médico guerrerense José González reconoce haber sido infiel en repetidas ocasiones, pese a que se declara admirador de su esposa y se muestra muy conforme con su vida de casado. La pareja cumplirá en este año 10 años de matrimonio, tienen tres hijos y la mujer siempre se encuentra atareada como para estar al pendiente del marido quien se muestra incapaz para reprocharle algo, más aun cuando en el hogar no falta nada y los asuntos domésticos marchan a la perfección, a esto se suma que cuando él llega del trabajo su esposa se encuentra descansando.

González asegura que cuando sostiene una relación extramarital siempre se debe dejar en claro que las cosas no pasarán de las cuestiones sexuales, él al menos no se involucra sentimentalmente pues no desea arriesgar lo que ha conseguido. El médico asegura que él no va buscando con quién relacionarse sexualmente pero si llegada la ocasión se presenta, no rehúye un encuentro; su secreto está en no decir nada a su esposa y si ella sospecha, negarlo todo.

Para el psicoterapista Walter Riso, autor de La afectividad masculina (2018, editorial Planeta), aunque difícil, todavía se pueden encontrar hombres fieles, “varones con una fuerte convicción hacia la monogamia y un firme dominio sobre sus más recónditos y elementales impulsos”. Riso mantiene la tesis de que la fidelidad no es ausencia de deseo sino autocontrol y evitación a tiempo, así que a veces pesa más su fuerza de voluntad y su propósito de evitar el engaño para no destruir lo que tanto trabajo le ha costado.

Riso es consciente de la vulnerabilidad sexual masculina (promiscuidad y tentaciones) por ello sugiere metas breves como las que recomiendan en los grupos de Alcohólicos Anónimos, algo así como “sólo por hoy… no voy a delinquir”.

En el caso de la fidelidad femenina, Riso manifiesta que no se necesita de tanto control a menos que la mujer entre en desamor.

El también autor de Manual para no morir de amor señalas las tres causas psicológicas de la infidelidad: desamor, insatisfacción sexual o aburrimiento; no necesariamente en ese orden pues mientras que en el hombre las prioridades son insatisfacción sexual, desamor y aburrimiento, en las mujeres el orden es desamor, aburrimiento e insatisfacción sexual.

Las benditas redes

En una reciente investigación de Imesex, se halló que una de cada cuatro parejas había terminado su relación como consecuencia de una infidelidad que se había presentado a través de las redes sociales o de las aplicaciones de citas.

Indudablemente la infidelidad se ha facilitado a través de estos medios pero también es más probable ser descubierto: al final, si no se tiene el cuidado necesario, habrán de pillar al infiel. “Así como antes las abuelas descubrían un recibo en el saco del abuelo de algo que compró y no era para ella –dice Paulina Millán– ahora se pueden encontrar una serie de mensajes, videos y aplicaciones”. La prueba de fuego entre las parejas es dejar que su contraparte vea sus mensajes y conversaciones (Ver: Exitosa infidelidad).

El doctor Gutiérrez Ospina señala que el error que hemos cometido en las bases biológicas de la conducta sexual y en psicología es cómo definimos la sexualidad. El experto asegura que la hemos centrado exclusivamente a la cópula, cuando en realidad la sexualidad tiene distintos componentes. En esto coincide Paulina Millán, quien reconoce que las parejas nunca han estado de acuerdo totalmente sobre la infidelidad y muestra ejemplos que se obtuvieron a través de una encuesta donde 17% de los entrevistados piensa que ver pornografía ya constituye una infidelidad y 11% piensa que tener un amor platónico, incluidos actores o actrices, se puede considerar infidelidad.

La verdadera fidelidad

Tanto la periodista Rodríguez como la universitaria Ramírez, y los expertos Millán y Gutiérrez Ospina, coinciden en que las parejas deberían sentarse y acordar para decidir todo aquello que podría ser infidelidad. Así se librarían de disputas estériles sobre si agregar o no a los ex en Facebook, mensajes cariñosos y otros asuntos que suelen dar dificultades en la vida cotidiana.

No hay que olvidar, señala Eduardo Calixto que “el ser humano es la única especie monógama en todo el proceso de evolución biológica”, lo cual se considera un gran logro dentro de los procesos psicológicos y sociales.

La sexóloga Paulina Millán señala que la idea de tener una pareja con la cual envejecer el mayor número de años no debe verse en automático, sino como producto del trabajo diario y de la construcción de acuerdos.

Eso sí, advierten algunos especialistas, esto no quiere decir que ahora los infieles digan que lo son por “naturaleza” pues los genes no determinan únicamente el comportamiento infiel, ya que también intervienen otros factos como la vida, las decisiones, las experiencias, los acuerdos y las construcciones culturales.

Para el doctor Gutiérrez Ospina, desde el punto de vista de estrategia evolutiva, no es bueno que seamos muy fieles, pero en términos sociales, lo importante recae en no ser infiel, pero sí honesto.

Países que consideran moralmente inaceptable un asunto extramatrimonial

Territorios palestinos               94%

Turquía                                      94%

Estados Unidos                          84%

Australia                                     79%

Gran Bretaña                             76%

Canadá                                       76%

China                                          74%

Rusia                                           69%

Italia                                            64%

Japón                                          60%

Alemania                                    60%

Francia                                        47%

Fuente: Statista/ Pew Research Center

Numeralia mexicana

  • El 66.1% de los hombres y 59.1% de las mujeres ha sido infiel al menos una vez en la vida.
  • El 51.6% de los hombres y 66.3% de las mujeres se considera monógamo.
  • El 27% de la población considera que pertenecer a un chat sobre sexo o ver sitios pornográficos es un acto de infidelidad.
  • El 62% opina que es infidelidad, si su pareja está frecuentemente pensando en otra persona que le atrae físicamente.
  • El 26% considera “natural” que la gente sea infiel, 56% opina que no (el porcentaje restante dijo no saber o no tener opinión al respecto).
  • Las principales razones que hombres y mujeres dan para haber sido infieles son “porque se presentó la oportunidad” y “por experimentar algo diferente”; la principal razón para no haberlo sido fue que “no les gustaría que les hicieran lo mismo”.
  • El 60% de los hombres y 76% de las mujeres considera que es infidelidad el interactuar con otra persona a través de internet (si se tiene pareja).

EN ADULTOS JÓVENES

  • El 40% de adultos jóvenes (de 18 a 29 años) ha revisado las conversaciones privadas en redes sociales de su pareja sin su consentimiento.
  • El 34% ha tenido relaciones extrapareja (sido infiel), alguna vez, a través de una red social o aplicación.
  • Una de cada cuatro relaciones de pareja (en adultos jóvenes) ha terminado por alguna infidelidad a través de redes sociales y aplicaciones.

Fuente: Paulina Millán, Imesex.

 

Por Alberto Círigo