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¿Quién fue Blas Botello, el adivino que acompañó a Hernán Cortés?

 

¿Quién era Blas Botello, el misterioso personaje que acompañó al conquistador Hernán Cortés en su travesía hacia la Nueva España?

 

Al leer y releer la crónica de Bernal Díaz del Castillo, Historia verdadera de la conquista de la Nueva España, nos encontramos con grandes sorpresas que se esconden en una primera lectura. En ocasiones buscamos algunos datos de los cuales ya teníamos un antecedente. En otras, son ciertos pasajes los que nos buscan para sorprendernos y seguir investigando.

Como en otras indagaciones, los muertos han sido los que me han buscado para recordar sus hechos y difundirlos como el caso de O´Gorman con su obra el Diablo en la conquista.

No me había percatado que en las huestes de Hernán Cortés se encontraba un personaje extraño al que Cortés le otorgaba un trato especial por sus cualidades adivinatorias. Se trata de Blas Botello de Puerto Plata, hidalgo español oriundo del norte de la Península, hombre de su tiempo que hablaba latín, que viajaba y que su cultura le permitía conocer los clásicos romanos como el poeta Virgilio de quien memorizó algunos de sus poemas.[1]

El soldado que acompaño a Cortés, ¿fue caso aisaldo de un nigromante adivino? Su presencia nos muestra la influencia de la magia pues resguardaba talismanes para prortegerse. Este personaje, ¿se encontraba entre la seguridad que otorga la fe cristiana y el mundo esotérico?, ¿entre la Edad Media o el Renacimiento?

Su presencia no sólo se describe en la obra de Díaz del Castillo sino también en la obra del cronista fray Francisco de Aguilar, Relación breve de la conquista de la Nueva España. Como otros conquistadores que obtuvieron premios por haber participado en las conquistas, este último al final de su vida, con la perspectiva que da el tiempo, los bienes terrenales importaron poco y buscaron el perdón de Dios y la reflexión mediante la búsqueda de la soledad y el silencio. Fue el caso de Francisco Aguilar que a su edad avanzada solicitó su ingreso a la orden religiosa de los dominicos donde pasó sus últimos años, obedeciendo a sus superiores para que escribiera sus recuerdos como soldado a las órdenes de Cortés.

Bernal Díaz del Castillo se refiere a Botello en el capítulo 128 “Cómo acordamos de nos ir huyendo de México y lo que sobre ello se hizo”. Es un relato dramático, una vez muerto Moctezuma y después de la matanza que propició equivocadamente Pedro de Alvarado en ausencia de Cortés. Cortés regresó de Veracruz y vio el desastre

Allí observó a sus soldados inquietos y temerosos de que fueran asesinados. La ciudad de Tenochtitlan vivía sus momentos más críticos. Los tambores no dejaban de retumbar día y noche, los caracoles emitían sonidos penetrantes en la oscuridad. Entonces Cortés se preguntaba: ¿qué hacer?

Fue así como recurrió a su adivino, nigromante y astrólogo: “que si esa noche [del 20 de junio de 1520] no salíamos de México, que si más aguardábamos, que ninguno saldría con vida”, Blas Botello le respondía. Cortés, inseguro, decidió tomar en cuenta lo que Botello afirmaba y decidió abandonar la ciudad con sus soldados, lo que dio por resultado la derrota de los españoles y por tanto el triunfo de los mexicas. Fue la famosa “Noche Triste” en que se afirma que el propio Cortés lloró su derrota.

Al recordar el cronista, años después, los hechos terribles de aquella noche, no podía omitir la presencia del astrólogo que aconsejó partir esa noche de derrotas. Le llamó la atención que no sólo murió Botello sino también su brioso caballo a quien tanto amaba y lo acompañaba en aquellas soledades: “digamos ahora el astrólogo Blas Botello no la aprovechó su astrología que también allí murió su caballo”.

Lo más interesante fue el hallazgo de una petaquita, por los mismos soldados, al huir después de la fatal batalla de la Noche Triste. En dicha maleta el astrólogo dejó escritas alguna anotaciones que Bernal reproduce: “Si me he de morir en esta triste guerra en poder de estos perros indios”…. “si me han de matar también mi caballo”. En dicha maleta también encontraron un amuleto de “natura como de hombre, hecha de baldrés[2]… ni más ni menos al parecer de natura de hombres y tenía dentro como una borra de lana de tundidor[3]”.

Botello resguardaba entre sus objetos personales un amuleto que nos recuerda a aquellos que se portaban en la Antigua Roma, en que se presentaban los genitales masculinos con poderes protectores y acompañantes de la buena suerte. Recurría a estos objetos traídos de España para pedir protección y los conservó hasta su muerte precisamente en la derrota frente a los mexicas.

Es un caso de gran interés. El hecho de que haya sido considerado por dos cronistas presenciales nos hace reflexionar en la condición humana de algunos militares que intervinieron en las conquistas. Entre la fe y el apoyo esotérico; entre lo racional y lo mágico. ¿Sería el caso de Blas Botello algo excepcional? La búsqueda de estos temas están en las fuentes, entre líneas.

 

Por Manuel Ramos Medina

 

Para leer más:

Bernal Díaz del Castillo, Historia verdadera de la conquista de la Nueva España, (diversas ediciones).

Francisco de Aguilar, Relación breve de la conquista de la Nueva España, Porrúa, México, 1954.

 

[1] Tema abordado por Serge Gruzinsk, Eduardo Matos y Guillermo Turner.

[2] Piel de cordero y oveja delicada y suave que se utilizaba para la manufactura de guantes.

[3] Hecho por un costurero.