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Están en internet y se reproducen a la velocidad de la luz. Los sitios, foros, agencias y aplicaciones para conectar gente abren puertas, oportunidades y también riesgos.

Adolescentes que descubren el mundo. Señoras viudas. Los que se acaban de divorciar. Esposas cuyos maridos las engañan. La alta ejecutiva que trabaja 12 horas al día. El desempleado que quiere matar el tiempo. Hombres gays en busca constante de sus pares. Esposos que quieren echar canas al aire. Curiosos. Personas con sobrepeso o en los huesos que se saben con oportunidad. Morbosos. El que ha perdido la fe en el amor. Viajeros que buscan cariño en cada puerto. Tímidos. La entusiasta que anhela encontrar al príncipe azul. Los que quieren sexo a manos llenas. Sociópatas. Los que quieren sentar cabeza. Las que necesitan salir de la rutina. Quienes imploran por asesoría pormenorizada. Los que se creen lo máximo y necesitan demostrárselo. Los aburridos. La mujer que busca sólo mujeres. El directivo que exige esposa de origen eslavo. Quienes sueñan con hacer un trío. Personas que requieren sólo una “linda y duradera amistad”. Distraídos que no saben qué diablos hacen en estas redes. Señoras que tienen fantasías con jovencitos. Extranjeros que necesitan guías de turistas amables. El abuelo que lucha por estar vigente. Exploradoras. Frustrados. Gente con un teléfono inteligente o que indaga nuevos horizontes en una computadora.

No hay una sola manera de catalogar a quienes usan los sitios de encuentro, redes sociales, portales, aplicaciones (apps) para conocer o contactar a otras personas: hay de todas las edades, religiones, etnias, latitudes. Así como tampoco existe una sola palabra que describa todos los servicios del matchmaking, online dating, agencias matrimoniales, citas casuales y charlas privadas que figuran en el gran mercado en línea.

Por ello los espacios para ligar, coquetear, tener relaciones sexuales, hacerse de contactos o de cónyuges existen, crecen y se reproducen. ¿Qué es lo que ha provocado este auge en todo el mundo?

Si reunimos diversas opiniones expertas, diríamos que la respuesta podría estar, por un lado, en la ancestral necesidad de relacionamiento del ser humano, que se une a factores contemporáneos aunados al desarrollo tecnológico. A la masificación de internet hay que sumarle el surgimiento de un reciente y gran aliado: la geolocalización por medio de satélites (o sistemas de posicionamiento global, GPS), y las razones matemáticas de algoritmos que escarban en las características afines en los candidatos y proponen hacer contacto entre ellos.

Con este músculo, el inocente smartphone se convierte en un preciso radar que puede decirnos si alguien alrededor –a unos metros, incluso– tiene potencial para ser nuestra media naranja para toda la vida… o sólo para un rato.

Pero aun sin GPS y algoritmos inspirados por inteligencia artificial, hay lugar para todos, al menos hasta ahora. Los portales y agencias con especialistas humanos siguen floreciendo y apoyan a esos clientes que requieren de algo más de precisión que la que ofrece una simple fotografía que puede ser desechada en tres o cuatro segundos, tal como ocurre con modernas apps.

México, gran consumidor de videos, películas y música en plataformas streaming, empieza a explotar cada vez con más fervor estos sitios y aplicaciones. Los usuarios tienen su propia historia, siempre íntima, para acudir o mantenerse alejados de ellos.

Mi experiencia es…

Cada quien habla como le va en esta feria del amor a un clic de distancia. Contenido pudo charlar con algunos exploradores de apps de citas, y sus nombres reales fueron modificados para salvaguardar su identidad.

Ana, periodista de 33 años que vive en la Ciudad de México, dice que su historia es “un poco sosa” porque estuvo sólo un semana en la red Tinder, lapso durante el cual entabló algunas charlas con hombres que le agradaron. “Tenía ganas de conocer gente, llevaba dos años sin pareja y me registré”, recuerda. Puso su nombre real –algo un poco atípico–, pero decidió salirse porque “me aburrió estar esperando las respuestas, que en mi experiencia eran superfluas. Me decepcionó porque no sentía que hubiera una conexión real, aunque respeto mucho que alguien decida tomar esas alternativas”.

Minutos antes de dejar la red, Ana se despidió de alguien que le había caído bien, Roberto, quien decidió buscarla por fuera, en Facebook. Él logró ubicarla, entablaron amistad y todo culminó en boda. “Últimamente me he encontrado con gente que está ahí y llega a relaciones más estables, y no sólo a algo casual –agrega Ana–, en estos tiempos es una más de las alternativas, junto con ir a un bar o restaurante en esta época puede ser una idea interesante a explorar”.

La médica, psicoterapeuta de pareja y sexual Claudia Rampazzo coincide con esta percepción. Señala a Contenido: “Si bien en estas redes se obvian ciertas etapas de la seducción, también se están explotando otras. Unas se han perdido pero se compensa de otro modo. No lo veo tan grave, hay que aceptar la realidad que nos tocó; estamos en la generación de la pantalla [del celular], todo se lleva a cabo a través de ella”.

Admite que esta dinámica hace que la gente se haga “floja” en términos de cortejo, y si a alguien le da pereza o pudor salir e interactuar con personas, una de las ventajas de conocer a alguien por internet es la desechabilidad veloz. “Si en la primera interacción la persona no nos cae bien, cambiamos de página y no la volvemos a ver. Antes implicaba vernos en una librería, un café, o en el sitio de trabajo, conocer a la persona, pero estadísticamente ya es mucho más alto el porcentaje de probabilidad de que podamos conocer personas a través de las redes sociales que en la experiencia cotidiana”.

Eugenia es una diseñadora industrial que vive en Querétaro. Desde hace cuatro años usa dos redes: Bumble, donde sólo la mujer es la que puede iniciar el contacto –y en la que según BBC Mundo, cada minuto un millón de mujeres toma la iniciativa–, y la popular Tinder. “Entré porque había cortado con mi novio, una relación de tres años”, revela la joven veinteañera. “Mi primera impresión es que estas apps son como un catálogo de Avon o Tupperware, un poco superficial. Ya estando ahí te das cuenta que funciona un poco como en el mundo real: hay insistentes, algunos mienten y por eso hay que buscarlos en otras redes para comprobar que son lo que dicen ser. Pero no sólo es sexo. He salido con pocos hombres, algún extranjeros –hay que ser precavida en este país–, e incluso las redes funcionan para conseguir trabajo y amigos perdurables”.

Admite, sin embargo, que al final “las relaciones a veces se vuelven superficiales, pero alimentan el ego. Te hace sentir bien tener tantos match, igual como sucede con los likes en Facebook”.

Rafael H., ingeniero de 31 años, dejó de estar desde hace dos años en apps de citas porque conoció a su novia “a la antigüita”, en una fiesta, en casa de un amigo. Sin embargo, Rafael sí tuvo tiempo de explorar estos sitios web. “Son una pastilla al ego –opina–, saca la parte más primitiva de nosotros, te sientes el macho alfa aunque no lo seas, o un cazador aunque no logres cazar”.

¿Estas redes son una ayuda para subir la autoestima? “No creo que lo hagan, porque al final no consigues un objetivo claro y preciso, aunque sí es un placebo para el ego”, acepta, y ofrece sus estadísticas personales: “La gente entra para tener sexo. Un porcentaje mínimo de mujeres, un 15%, incluso jóvenes, sí busca una relación formal. Pero la mitad de ellas no sabe lo que quiere; si les sale algo casual están bien, y si es formal, también”. Tras su experiencia de navegar cuatro años y haber salido con algunas mujeres, un 80% de los que aportan sus perfiles miente sobre cómo es o luce en realidad. “Ponen su mejor foto, así, desde arriba, para disimular la papada o la panza, o ponen fotos de hace años. Por desgracia, todos caemos en eso, nos vendemos, ahí somos una mercancía”. Aun sí, confiesa que sí logró establecer relaciones significativas: ahí conoció a dos de sus mejores amigas actuales.

El caso de Ángel, de 40 años, quien se dedica a vender equipo de telecomunicaciones, es algo diferente. Él es homosexual y usa la red Grindr desde hace varios años. Acostumbra estar en ferias y exposiciones que se celebran en hoteles de la capital del país, en Guadalajara o Monterrey. Ahí es donde a través de la app ha hecho contacto con decenas de personas que están en esa red, ejecutivos y gerentes de empresas que no buscan algo de largo plazo, sino instantes momentáneos y eróticos.

“No hablo inglés, pero he estado con extranjeros mayores que yo, algunos con anillo de casados, que buscan algo fugaz, y no hace falta compartir el idioma –revela Ángel, guerrerense que se viste con cierta informalidad–. No me gusta pagar para estar con alguien, no hay necesidad, en esta red puede salir una relación de largo plazo, sí, pero no es precisamente la idea”.

La especialista Rampazzo refiere que según estudios al respecto, “en términos generales, en las redes homosexuales son mucho más directos y tienen más parejas, sobre todo en los varones, cuyo impulso sexual es mayor. Lo que me dicen mis pacientes es que en Grinder –y en las versiones para mujeres con orientación homosexual– se hace uso de la cercanía geográfica. Se localiza al prospecto y acuerdan el encuentro, no es para platicar mucho porque está muy orientado a la atracción erótica. Las fotos son mucho más explícitas y el mismo día en que se encuentran pueden tener actividad sexual, lo que no se suele dar con tanta facilidad en la población heterosexual”.

 

Ahí viene Facebook

No resulta extraño que figuren en esta industria empresas especializadas en análisis de grandes cantidades de información, en virtud de que los datos de las personas es el insumo primordial con el cual trabajan tanto algoritmos como analistas humanos.

No son ni mucho menos las únicas, pero entre las más conspicuas se pueden mencionar empresas como la estadounidense Match Group, que asegura tener 150 millones de usuarios registrados en 190 países, cosa factible al contar en su portafolio con marcas insignias como Tinder, que es la app de citas más descargada en Occidente, la cual le genera a su grupo 444 millones de dólares gracias a sus cuatro millones de suscriptores de pago, además de otras plataformas como Match, Plenty Of Fish (POF), OkCupid, Meetic, OurTime o Pairs.

Una app que anunció haber logrado acumular por sí misma y tan sólo en Estados Unidos más de cuatro millones de suscriptores es precisamente Grindr, lanzada en 2009 por Nearby Buddy Finder LLC, considerada la mayor red social orientada principalmente al grupo masculino y a la comunidad LGTB+. Alcanza a cerca de 200 países.

The Meet Group, con oficinas en cinco ciudades de Estados Unidos y Alemania, es otra firma que incluso cotiza en la bolsa tecnológica Nasdaq, puesto que tiene una importante cartera de aplicaciones de “conexión humana” como Lovoo, MeetMe, Kkout, Tagged e incluso la veterana hi5.

Por su lado, una empresa canadiense, Ruby Corp, posee un sitio famoso no sólo por su enfoque en conectar a personas que buscan un affaire sino porque ha sufrido ataques y hackeos: Ashley Madison, cuya proverbial discreción a sus 46 millones de usuarios en 50 países se vio comprometida, al igual que le sucedió a la firma Friend Finder Networks, basada en Estados Unidos, cadena que cuenta también con versiones asiáticas, latinas y judías de AdultFriendFinder, además de BigChurch, Cams.com, Amigos.com, OutPersonals o MillonaireMate. Su información presume tener 700 millones de personas involucradas con alguno de sus productos. Ambas firmas aseguran que la privacidad de los datos de sus inscritos hoy está garantizada.

Otro grupo –cuya información resulta todavía menos precisa– es Together Networks, del cual presume en su portafolio más de 200 sitios y apps como Flirt, BeNaughty, IwantU, Affairdating, Loveaholics, el cual según información de Bloomberg ubica sus oficinas centrales en La Valeta, capital de Malta.

La australiana Cupid Media, basada en Southport, Queensland, dice por su parte haber ayudado a más de 30 millones de personas a entrar en contacto por medio de sus 35 sitios especializados en citas. En México tienen portales como MexicanCupid.com, y sus operaciones abarcan incluso países musulmanes.

Tres notorios sitios y apps que se encuentran en una treintena de países se afilian bajo el paraguas de Insparks desde sus cuarteles corporativos en Europa. Ahí figura C-date, portal especializado en citas casuales; Be2, que enlaza a personas que quieren relaciones serias; Lisa18, para encuentros sexuales, e incluso la organización incluye un sitio llamado Academic Singles, para vincular profesionales con alta educación. Es decir, cubre diferentes necesidades según el perfil del explorador, como suele ocurrir con estos conglomerados de sitios y apps.

Por su parte la plataforma Twoo (que fusionara en 2014 al ya desaparecido Netlog), cuyas oficinas están en Bélgica, forma parte de Massive Media Match NV, y asegura estar en 200 países, además de contar con unos 13 millones de usuarios suscritos.

Cabe decir que no es raro que muchas de estas compañías carezcan de una única oficina central, que estén dadas de alta en archivos de gobiernos pero no reporten cifras y sí reserven sus actividades o la identidad precisa de sus propietarios. ¿Será parte de la misma lógica de privacidad o se deberá a que sus operaciones son inestables?

Pero un momento. Quizá antes que los ya mencionados grupos empresariales, es necesario referir de manera especial a una compañía que el mundo conoce bien: Facebook. Su propietario y fundador Mark Zuckerberg reveló que esta red ya trabaja en un plan piloto para que la plataforma, la más vasta red social del planeta con 2,000 millones de usuarios activos, ofrezca un servicio que trate de arrebatarle el liderazgo a los portales más consolidados en materia de citas y encuentros. La compañía de Zuckerberg ya desveló en algunos países –como Colombia– cómo operaría este nuevo servicio llamado Facebook Dating. Su gran ventaja es que el usuario no necesita bajar ni pagar por una nueva app. Facebook dará la opción de usarla o desactivarla, pero pedirá a cambio nuevos datos como ubicación, estatura, puesto de trabajo, religión, hijos; permitirá poner fotos y buscará con su algoritmo a personas que no figuren en los contactos actuales del usuario.

Si esta empresa logra sortear los cuestionamientos que los gobiernos de Estados Unidos y sobre todo de Europa han planteado respecto de cómo la plataforma comparte –y compromete– la información de sus miles de millones de usuarios, tendremos quizá a un nuevo campeón en la industria del online dating. Con los riesgos que ello conlleva.

Porque es un hecho: estas apps suelen tener más información que la que el usuario puede apenas imaginar sobre sí mismo. Ahora se sabe cada vez mejor cómo las empresas guardan y procesan información que uno, voluntaria e irreflexivamente, les otorga. El “pequeño” detalle es que los datos que se ofrecen en estos sitios de citas y búsqueda de encuentros parecen un poco más delicados y particulares que los que se suelen dar a otros portales, sitios o apps. La información resulta un poco más íntima, delicada.

En todo caso, como dice la psicoterapeuta Rampazzo, las redes de citas, agencias y demás son una realidad en los lugares donde existe la posibilidad de acceder a internet. “Quitando algunas vicisitudes, la continuación de la relación afectiva, el amor cotidiano y predecible, el tener una meta común o planes por hacer, o la misma existencia de los hijos, es un terreno donde ya no tienen nada que ver las redes sociales. Pero como primera aproximación, nos tenemos que adaptar a ellas más que luchar contra ellas. Tanto para jóvenes como para personas mayores –aun con sus dificultades cibernéticas– es una manera eficiente de conocer personas”.

Así las cosas, parece inevitable que en los próximos años atestigüemos una convivencia entre la “vieja escuela” y las nuevas tecnologías para conocer personas. Será elección de cada uno optar por las herramientas que nos da esta insólita realidad que nos tocó vivir.

 

Por José Ramón Huerta