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Patricia Guerra, una mujer que devora mares

 

Patricia Guerra ha nadado, y mucho. Pero esa actividad no sólo la benefició a ella, sino también a miles de personas más.

 

En el confín del mundo, en medio de frías aguas, braceaba en su intento de atravesar a nado limpio el estrecho de Magallanes. En ese extremo sur continental la meta podía vislumbrarse a sólo 400 metros de la costa austral. Pero en un parpadeo y de la nada fue sacudida por dos golpes colosales: una ballena tonina –especie de orca del tamaño de un robusto delfín– le propinó dos aletazos que quebraron en cuatro partes cada una de sus piernas, además de romperle la pelvis, la cadera y dos vértebras de la columna.

Era 2007 y a Patricia Guerra Méndez, entonces de 35 años de edad, luego de cuatro meses de operaciones y hospitales, los médicos le concedían escasas posibilidades de volver a caminar. “El accidente”, como la atleta llama a ese acontecimiento, la hizo cambiar de perspectiva, vivir en el presente y menos en el futuro, pero no redujo su espíritu combativo.

Sólo 11 años después del “accidente”, la que fuera hasta el 1 de diciembre pasado directora de la Fundación IMSS, completaba otra hazaña y esta vez en costas mexicanas: cruzar a nado los 21 kilómetros de mar abierto que separan a Cozumel de la playa de Mayacoba, en la Riviera Maya.

Si bien bracea en peligrosos mares y ríos por gusto por retarse constantemente, además gestiona, promueve y apoya diversas causas sociales relacionadas con la salud, como la prevención de cánceres de mama o cervicouterino, padecimientos cardiacos, pobreza infantil o alivio de la estadía en hospitales a quienes acompañan durante noches a sus pacientes a través de la donación de sillas-cama.

Suman miles los que se han beneficiado de su ansia por devorar mares.

La Guerra

Si, como se suele afirmar, nombre es destino, en el caso de Guerra aplica sin duda. “Guerra en este caso es actitud, me exige salir del común denominador, implica mover gente, cuestionar, salir de la zona de confort. No es ‘guerra’ de unos contra otros, sino de sumar, de avanzar”, dice a Contenido durante la entrevista que se dio a sólo unos días antes de que deje su puesto como directora de Fundación IMSS.

A ella le gusta autodefinirse, escuetamente, como “mamá y nadadora”. Pero Patricia es mucho más que eso. Además de haberse graduado en dos carreras –como comunicóloga y con posgrado en mercadotecnia–, robusteció su perfil con certificaciones de asesorías para empresas e instituciones como coaching de vida y para ejecutivos; de hecho fue representante de México ante la International Coaching Community. Tiene una sólida formación en entrenamiento mental para atletas de alto rendimiento y para infantes con discapacidad intelectual. Fue vocera del Seguro Popular (2008-2010), embajadora en las Olimpiadas Especiales 2015, recaudadora de fondos para causas sociales y –también, por qué no– directora de una empresa de bienes raíces.

Pero con toda esa experiencia la vida la “fue llevando al cuidado de la salud”, a saber comunicar con precisión y vender iniciativas especializadas. Por eso dirigió la Fundación IMSS creada por el recordado doctor Jesús Kumate, la cual recibe aportaciones del Seguro Social pero también de empresas y particulares. Ahora Guerra migrará en este 2019 a una empresa mexicana para realizar la labor que le gusta y sabe hacer: “cabildear, acercar, poner de acuerdo a las partes para beneficio de las personas”.

Sus razones

A diferencia de otros atletas motivadores, Guerra no eligió escalar montañas, hacer triatlones o algunas otras hazañas deportivas. Decidió nadar “porque es el escenario natural más increíble en el que puede estar un ser humano, por el misterio que implican las aguas abiertas, donde el 80% de los factores son externos. Exige de tu persona siempre dar soluciones, como en el canal de tu vida. Y con lo que tenemos en la República sería un crimen no disfrutar ese paraíso”.

Para esta atleta de 46 años, además del reto personal que significa enfrentar las mareas, el frío, los peligros de la fauna marina o el duro entrenamiento, lo que la motivan son dos cosas: su hijo Daniel y los miles de adultos e infantes que se benefician con sus logros. Al “vender” cada brazada, patrocinadores ofrecen dinero que sirven para diferentes causas, por ejemplo, conseguir 16,000 sillas-camas para hospitales y delegaciones del IMSS, la campaña #MiLuchaEsRosa para crear conciencia sobre el cáncer de mama y beneficiar a más de 2,000 mujeres con tratamientos para ese mal, o la campaña Nado de Corazón cuyos recursos impactaron en guarderías donde se previenen males cardiacos en niñas y niños.

Lograr lo anterior requiere de disciplina y un espíritu férreo. Mismo que es fácil de adivinar en la mirada de Patricia, una que no admite titubeos. La entereza mental es básica cuando se enfrenta a las aguas y cuando se plantea convencer a otros a favor de proyectos de apoyo social.

“No nací en una familia acomodada y desde chiquita me rebelé a las diferencias entre clases sociales; si yo quería algo, no hacía berrinche: buscaba qué hacer para obtenerlo. Es un hábito y una forma de vida. Por eso no concibo otra forma de ganarme la vida que no sea trabajando, y me cuesta mucho aceptar a la gente que quiere hacerse de un bien sin trabajar. Más como servidor público: tienes que cumplir, trabajar y dar lo mejor de ti, hay que desquitar y demostrar de qué somos capaces como mexicanos”.

 

A brazada limpia

En su extendido palmarés, la nadadora puede presumir que en 2004 cruzó el canal de la Mancha en solitario; repitió la hazaña en un cruce doble en 2005 con un equipo de cinco mujeres; en 2007 intentó el cruce de Magallanes donde sucedió “el accidente” con la ballena que casi la dejó fuera de combate. Otros nados con causa social los hizo enfrentando el mar de Cortés y las Bahías de Huatulco, y el pasado noviembre completó el agotador cruce en el canal de Cozumel.

Por su labor social recibió el Premio Ciudadano de Gestión de Fondos del Senado de la República, y mención honorífica individual del Premio Nacional de Acción Voluntaria 2013.

 

Por José Ramón Huerta