Te puede interesar

¿Cómo cambia la sexualidad en primavera?

Conoce estos tips para viajar más y mejor

Los infieles según la ciencia

¿Qué tan pirata eres?

 

Sabemos que México es un país que tolera la venta y compra de productos apócrifos o piratas. ¿Estamos condenados a seguir escalando peldaños en esta triste estadística?

Fotos: Pxhre

“Yo vendía piratería en la calle, como ambulante, cerca del Bazar Pericoapa”, dice Eduardo Ramírez, quien recuerda que tal actividad en aquella zona al sur de Ciudad de México lo ayudó a sostenerse económicamente durante un año, antes de retomar sus estudios universitarios. Ofrecía software para PC y Mac, el paquete Office, productos de Adobe como Illustrator o Photoshop, programas educativos, videojuegos, enciclopedias médicas, de derecho, etcétera.

La mecánica para obtener su mercancía era sencilla: compraba el disco master del software en el barrio de Tepito, y con una simple unidad DVD-RW o “quemador” de discos reproducía cuantos quería. El programa a copiar le costaba en Tepito unos 70 pesos y él revendía los discos en 100. Sus clientes eran desde estudiantes y padres de familia hasta aficionados a los videojuegos.

Pero no toda esa ganancia era para Eduardo. Pagaba oficialmente derecho de uso de suelo a la Delegación Tlalpan, y extraoficialmente otro tanto a los empleados de la misma demarcación para que le permitieran dejar en la vía pública alguna estructura de su local; además, daba una cuota a la lideresa de ambulantes. Aun así, trabajando en promedio desde el mediodía hasta las 20:00 horas, obtenía utilidad.

Aclara, sin embargo, que aún no entraba en acción otro elemento que hoy ya opera en diversas “plazas” a lo largo del país: el contacto con grupos del crimen organizado. Desde hace casi una década la Interpol, durante el Quinto Congreso Mundial contra la Falsificación y la Piratería, advertía que las bandas criminales aprovechaban esta modalidad para ampliar sus redes.

“Sabía que no era legal lo que yo vendía, pero también sabía que el costo de los productos legales no eran accesibles a toda la población –justifica Ramírez a Contenido–. Una suite de Adobe en aquel tiempo podía costar 10,000 pesos y, conmigo, unos 400”.

Este sencillo caso explica de manera clara algunos de los muchos factores que inciden para que el fenómeno de producir, distribuir o adquirir bienes falsos se haya expandido en el mundo. En México, particularmente, influyen los factores que citó el excomerciante: facilidad y casi absoluta impunidad al hacerse de productos apócrifos; autoridades laxas o cómplices; una ciudadanía que, a su bajo poder adquisitivo, suma una pobre conciencia de que al adquirir piratería está cometiendo un crimen que se debería perseguir.

Casi todos, piratas

Según estudios de la American Chamber of Commerce (AmCham) y del Centro de Investigación para el Desarrollo AC (Cidac), más de la mitad de la población considera que la piratería no es un delito grave, que forma parte de su cotidianidad, y ocho de cada 10 mexicanos ha adquirido productos pirata. Por su parte, la Encuesta para la Medición de la Piratería, de la Coalición por el Acceso Legal a la Cultura A.C., coordinada por el Instituto Tecnológico Autónomo de México (ITAM), calculó que 42 millones de adultos en localidades de más de 15,000 habitantes, gastaron en 2017 casi 21,000 millones de pesos en música, películas, software, fotos, pinturas, esculturas y libros físicos y digitales piratas. La encuesta destacó que sólo 9.6 millones de mexicanos no habían sido clientes de ninguno de estos giros.

Ana María Magaña, presidenta del Comité de Derechos de Propiedad Intelectual de AmCham/Mexico, afirmó en diciembre pasado que el mercado de la piratería le cuesta a México más de 43,000 millones de pesos anuales, es decir, más del doble que el cálculo de la encuesta arriba citada.

Con tales mediciones a nadie sorprende que el mercado de mercancía ilegal sea tan potente en nuestra sociedad. Basta caminar por ciudades y pueblos a lo largo y ancho del país para comprobar que miles de comerciantes –incluso establecimientos formales– ofrecen también fragancias, videojuegos, cigarrillos, ropa, bolsos de lujo, gafas de sol y muchos otros accesorios.

La AmCham y representantes de industrias afectadas pusieron el dedo en la llaga: la piratería impacta en la competitividad, la invención y la innovación en México. El problema es real para centenares de empresas que ven mermadas sus ganancias e incluso su viabilidad, pero también lo es para los creadores, quienes no encuentran incentivos ante el temor de ser “pirateados”.

Esta cámara comercial y sus afiliados piden al gobierno que recién inició gestiones el 1 de diciembre poner atención en promover una cultura de protección de las invenciones a través de patentes; fortalecer el marco legal; incrementar la protección de los titulares de derechos; aumentar las sanciones para los infractores; mejorar la capacitación de las autoridades y combatir con todo el rigor la piratería por internet.

Los frentes para atacar los productos ilegales son diversos. Las aduanas con artículos traídos de China y otros países de Oriente son otro flanco abierto, pero sin duda el principal escollo está en el consumo: mientras no cambie la percepción que tenemos frente a este delito, los piratas seguirán haciéndose a la mar con viento a favor.

 

¡Sí es delito!

El Código Penal Federal describe con claridad lo que amerita cometer delitos en materia de derechos de autor.

 Artículo 424 Bis.- Se impondrá prisión de tres a 10 años y de 2,000 a 20,000 días de multa: I. A quien produzca, reproduzca, introduzca al país, almacene, transporte, distribuya, venda o arriende copias de obras, fonogramas, videogramas o libros protegidos por la Ley Federal del Derecho de Autor, en forma dolosa, con fin de especulación comercial y sin la autorización (…) del titular.

Artículo 424 Ter.- Se impondrá prisión de seis meses a seis años y de 5,000 a 30,000 días de multa, a quien venda a cualquier consumidor final en vías o en lugares públicos, en forma dolosa, con fines de especulación comercial, copias de obras, fonogramas, videogramas o libros.

 

Corsarios digitales

Según AmCham/Mexico, nuestro país es uno de los cinco que más consume piratería digital: más de la mitad de los usuarios ha descargado algún contenido ilícito. Con ello coincide la Encuesta para la Medición de la Piratería pero destaca que la industria cinematográfica es aún más golpeada por un consumo masivo ilegal: 67.5% de los mexicanos adquieren películas piratas, físicas o digitales. La industria editorial no sale indemne: nueve millones de personas adquirieron libros de modo ilegal.

En febrero del 2018 el Instituto Mexicano de la Propiedad Industrial (IMPI) denunciaba que “alrededor del 52% de las compañías mexicanas usan programas no legales, situación que impide vacunar sus sistemas contra posibles ataques cibernéticos”.

Por José Ramón Huerta