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El laberinto de los derechos de autor en internet

Hasta hace poco tiempo parecía que los materiales que se publicaban en esta selva de la información pasaban a ser del dominio público. Lo cierto es que no: sí existe una protección y ahora habrá más vigilancia.

Jordi Carrillo de Albornoz, mejor conocido en internet como Jordi “Wild”, un youtuber español que goza de popularidad en aquel país europeo, dio la noticia hace unos meses: “Internet como lo conocemos está a punto de cambiar radicalmente”, afirmaba en un video de su canal que acumula poco más de ocho millones de suscriptores. La Unión Europea (UE) recientemente había aprobado una ley en la que modificaba el apartado dirigido al copyright. En adelante, la protección a obras será más estricta y el contenido desarrollado en el futuro por los creadores deberá reunir ciertas características que dificultan la labor de quien participa en la Web.

Fue hace algunas semanas cuando la UE aceptó una reforma a la Directiva de Derechos de Autor 2016/0280 que se encarga de regular el copyright en el internet utilizado en los países miembros. Entre los cambios hay principalmente dos artículos que causan controversia: el 11 y 13.

El primero de ellos otorga a los editores (entiéndase como la fuente primaria de un producto), derecho de autor directo sobre el uso en línea de sus publicaciones. Según la legislación actual de la UE, los editores “confían” en que los creadores de contenido (youtubers, community managers y usuarios lúdicos de redes sociales) les asignan derechos de autor y deben probar la propiedad de los derechos para cada trabajo individual. Ahora, quien utilice el más mínimo fragmento de contenido audiovisual protegido sin autorización o sin otorgar el debido crédito, será susceptible de ser denunciado.

En cuanto al artículo 13, este dicta que los proveedores de servicios de internet (llámese YouTube, Facebook o el propio Google), que antes eran considerados como “acumuladores de información”, hoy están obligados a velar por los intereses de quienes hayan registrado sus obras. Lo anterior pone en jaque no sólo a pequeños o medianos creadores de contenido, sino a las grandes corporaciones que tienen una tarea adicional y que requiere de un gran esfuerzo tecnológico y humano, toda vez que se deben desarrollar nuevas técnicas de monitoreo de información para dar con las faltas en las que se puedan incurrir en videos noticiosos o de entretenimiento.

 

En México

A nuestra escala local también ha habido movimientos respecto a este tema. La llamada “ley antimemes” de Veracruz, que si bien se refiere más a considerar los memes como un tipo de acoso cibernético y plantea prohibirlos, también formula la anulación de la creación y difusión de este tipo de contenidos en la red.

Asimismo, en abril de este año, el Senado avaló una reforma al artículo 215 de la Ley Federal de Derechos Autor la cual contempla una serie de medidas cautelares, lo que quiere decir –a grandes rasgos– que si un editor informa que su material está siendo usado en cualquier medio sin su consentimiento, podría ir ante una autoridad jurídica, y si un juez lo cree pertinente, podría dar de baja el material en cuestión sin necesidad de que haya un juicio, sólo en tanto se resuelva si es o no un acto ilícito.

Lo anterior dio lugar a un intenso debate, puesto que entidades como la Asociación Mexicana de Internet demandó que el dictamen aprobado primero en la Cámara de Diputados y posteriormente en el Senado “vulnera derechos fundamentales a la libre manifestación de ideas”, de manera que podrían utilizarse las “medidas cautelares” para eliminar contenido cargado a internet. En cuanto al dictamen, este no es lo suficientemente claro sobre los medios que alcanzan su aplicación.

El dictamen también prevé la posibilidad de embargar los ingresos que genere el material y hasta el aseguramiento preventivo de los materiales y equipos con los que se difunda el contenido.

 

Un poco de historia

Pese a que en nuestro país existen leyes sobre la materia, ha existido un rezago a la hora de trasladarlo al mundo digital. El Convenio de Berna, creado en 1886 y adoptado en México el mismo año, protege a autores, músicos, poetas, pintores, etc., ya que contiene una serie de disposiciones que determinan la protección de las obras y los derechos de autor, así como las disposiciones especiales para los países que se encuentran en desarrollo y que buscan utilizarlas en su propiedad intelectual.

Al respecto, la doctora en Derecho Ana Georgina Alba Betancourt, del Instituto de Investigaciones Jurídicas de la UNAM, dice en entrevista para Contenido que existen los llamados “Tratados de Internet”: El Tratado de la Organización Mundial sobre Propiedad Intelectual (OMPI) sobre Derecho de Autor, y el Tratado de la OMPI sobre Interpretación o Ejecución de Fonogramas, redactados en la década de los noventa que surgieron como una necesidad de extender la protección de los derechos de autor, conforme al Convenio de Berna, a un entorno digital. Asimismo, añade que serán objetos de protección del derecho de autor: a) los programas computacionales y b) las compilaciones de datos (base de datos).

Este último ha sido muy controvertido. Nuestro país ratificó la adhesión a los tratados en el año 2000 pero la UE, en cambio, no se adhirió sino hasta 2009.

Es importante lo anterior porque pareciera que los derechos de autor no aplican o no existen en internet o que al publicar algo en la red, el contenido pasa a ser de dominio público, es decir, cualquier obra intelectual que se publique en la web está en peligro de ser copiada, pirateada, distribuida o comercializada sin la autorización del autor o sin siquiera otorgarle crédito u ofrecerle alguna remuneración por su trabajo.

Lo que ocurre es que en el momento en que fue creado el Convenio de Berna se contemplaba la protección de las obras escritas o tangibles, de ahí que muchos países comenzaron a crear un marco legal para velar por la protección de la propiedad intelectual en sus legislaciones, como en el caso de México que cuenta con la Ley de la Propiedad Industrial y la Ley Federal del Derecho de Autor. Sin embargo, en el aspecto tecnológico este tema quedó rebasado, en específico, en las obras que comenzaron a circular en internet hace poco más de 20 años.

Pese a esto, la propiedad intelectual sí está incluida en torno a un marco jurídico en nuestro país, tal como lo explica el doctor en Derecho por la UNAM Eduardo de la Parra Trujillo en un texto publicado para la Suprema Corte de Justicia de la Nación: “Las obras y sus autores están protegidos, sin importar cuál sea la clase de tecnología que usen para difundir sus obras al público. Así, por ejemplo, los derechos de autor aplican para la utilización pública de una imagen, sin importar que tal conducta se realice a través de una cámara réflex, una cámara web o internet. La tecnología o el medio usados son irrelevantes, lo importante es el acto mismo de difusión de la obra”.

De hecho, desde un principio, el problema no es saber si los derechos de autor aplicaban o no a la difusión de obras por internet –porque de facto, esto es así–, sino más bien en la calificación del tipo de acto que se realiza en internet ya sea reproducción, comunicación pública, distribución o con fines de lucro.

 

¿Libertad con reglas?

Porque otro de los problemas que existen es que internet parece una especie de agujero negro de los derechos de autor donde se dirimen dos posturas. Por una parte están los que defienden que la naturaleza de internet es la de compartir, la de hacer que la información fluya de manera libre y que el conocimiento no se convierta en el patrimonio de unos cuantos, sino en un bien común de la humanidad. Son los que ven como una intrusión y violación a la libertad de expresión que se tomen incluso medidas precautorias.

En el otro lado se encuentran los autores y desarrolladores de contenidos que reclaman la existencia de ciertas reglas que ayuden a controlar la distribución desmedida de contenidos en las redes, pues al final del día son ellos los principales afectados al no recibir ningún tipo de retribución a cambio. Es una dura encrucijada entre libertad de expresión, derechos de autor y el alcance de las leyes vigentes.

 

Dos tipos de derechos

Para entender con exactitud cómo es que funcionan los derechos de autor en internet, resulta preciso aclarar que existen dos categorías: los derechos morales y el derecho de copia (o copyright). Los primeros se refieren al derecho inalienable que tiene una persona de ser reconocido como el autor intelectual de una obra; el otro se refiere al derecho de explotar comercialmente una obra intelectual. Y sí, el problema en internet es que no siempre ambos derechos los ostenta una misma persona: una es reconocida por la autoría de una obra, otra tiene el derecho de explotarla.

 

En México se establece en la Ley Federal del Derecho de Autor que los autores y titulares de las obras tienen derecho de autorizar o prohibir la reproducción de sus obras por cualquier medio, por lo tanto, en esta ley ya se prevé que la reproducción puede efectuarse por medios digitales.

 

El derecho de autor tiene como objeto de protección las obras literarias y artísticas, entre las cuales encontramos libros, canciones, fotografías, esculturas, arquitectura, dibujos, software, artículos de investigación, música, cine, teatro, obras coreográficas, entre otras más.

La propiedad industrial se refiere a creaciones que tienen un fin más comercial o industrial. Aquí entra la protección a las nuevas creaciones (patentes, por ejemplo), signos distintivos (marcas) o secretos empresariales (información no divulgada), principalmente. No obstante, en ocasiones hacemos uso de nombres, marcas, logotipos, música, patentes, sin pagar los derechos respectivos, ya sea por desconocimiento, aunque también existen prácticas que buscan lucrar indebidamente.

El uso de las tecnologías se ha convertido en el principal reto de la protección que la propiedad intelectual otorga a las diferentes creaciones del intelecto, no sólo por los nuevos usos y alcances que les ha brindado, sino por la masiva cultura de irrespetar estos derechos.

Por su parte, la especialista Alba Betancourt opina que sí debe existir una regulación del uso de materiales que circulan en internet, pero reconoce que todavía estamos lejos de una ley o un derecho internacional que proteja a los autores del uso indebido o sin autorización de sus obras, ya que la protección de los derechos de autor todavía depende de las leyes nacionales.

Más que la restricción a la difusión, “sería conveniente que se trabaje en un mecanismo de revisión cada vez que se sube algún contenido, y sobre todo, en el desarrollo de un algoritmo que pueda seguir las reproducciones de una obra, para que los autores/titulares de derechos patrimoniales puedan cuantificar efectivamente las regalías que les corresponden”, resume Ana Georgina Alba.

 

¿Qué es Creative Commons?

Aunque hemos dicho que existen toda una serie de leyes en nuestro país, y en muchos otros, que protegen tanto a los creadores de contenido, como a quienes difunden materiales en internet y quienes llevan a cabo actividades digitales con fines de lucro, la realidad es que existe un simplificado conjunto de normas conocidas como Creative Commons, una ONG que sin ánimo de lucro crea una especie de contratos o licencias “a partir de investigación en Derecho que permiten a los autores compartir sus creaciones vía web”, declara la experta en temas jurídicos Alba Betancourt, reservando algunos derechos frente al uso que le dan terceros.

Si bien las licencias de Creative Commons no sustituyen a los derechos de autor, sí los toman como base para otorgar licenciamientos para que los usuarios de internet compartan o incluso modifiquen sus creaciones. Así, cuando un autor registra gratuitamente sus obras en Creative Commons, no sólo sienta un precedente jurídico frente a la creación, sino que permite reservar algunos derechos que condicionan su utilización.

Las licencias CC constan de cuatro conjuntos de condiciones que pueden combinarse entre sí para crear el permiso más adecuado a las necesidades del creador.

Las divisiones son: Atribución (donde se pide una referencia del autor original de la obra); Compartir Igual (que permite hacer obras derivadas del original, siempre y cuando cuenten con el mismo tipo de licencia); No Comercial (que obliga a que la obra no se comercialice de ninguna manera); y No Derivadas (que no permite la modificación de la obra original).

La utilización de dichas licencias no sustituye los trámites legales que cualquier autor debe hacer a favor de su obra, es decir, debe seguir registrándola ante las entidades del derecho de autor vigentes en su país. Sin embargo, puede facilitar el reconocimiento de la autoría y sentar precedentes jurídicos para terceros que, por ejemplo, se encuentren en otro país.

 

 

Licencias Creative Commons

Estas herramientas le dan a todas las compañías, desde creadoras individuales hasta grandes empresas e instituciones, una vía simple y estandarizada para otorgar permisos de derechos autorales a sus obras creativas.

 

Atribución
CC BY

Esta licencia permite a otras distribuir, editar, retocar y crear a partir de su obra, incluso con fines comerciales, siempre y cuando den crédito por la creación original. Esta es la más flexible de las licencias ofrecidas. Se recomienda para la máxima difusión y utilización de los materiales licenciados.

 

Atribución-CompartirIgual
CC BY-SA

Esta licencia permite a otras editar, retocar y crear a partir de su obra, incluso con fines comerciales, siempre y cuando den crédito y licencien sus nuevas creaciones bajo los mismos términos. Esta licencia suele ser comparada con las licencias copyleft de software libre y de código abierto. Todas las nuevas obras basadas en la suya portarán la misma licencia, así que cualesquier obra derivada permitirá también uso comercial. Esta es la licencia que usa Wikipedia, y se recomienda para materiales que se beneficiarían de incorporar contenido de Wikipedia y proyectos con licencias similares.

 

Atribución-SinDerivadas
CC BY-ND

Esta licencia permite la redistribución, comercial o no comercial, siempre y cuando la obra circule íntegra y sin cambios, dándole crédito al creador del contenido.

 

Atribución-NoComercial
CC BY-NC

Esta licencia permite a otras distribuir, editar, retocar, y crear a partir de su obra de forma no comercial y, a pesar de que sus nuevas obras deben siempre mencionarle y no ser comerciales, no están obligadas a licenciar sus obras derivadas bajo los mismos términos.

 

Atribución-NoComercial-CompartirIgual
CC BY-NC-SA

Esta licencia permite a otras editar, retocar, y crear a partir de su obra de forma no comercial, siempre y cuando den crédito y licencien sus nuevas creaciones bajo los mismos términos.

 

Atribución-NoComercial-SinDerivadas
CC BY-NC-ND

Esta licencia es la más restrictiva de las seis principales, permitiendo a otras sólo descargar sus obras y compartirlas siempre y cuando den crédito, pero no pueden alterarlas de forma alguna ni usarlas de forma comercial.

 

CC0-Todos los derechos otorgados

Permite a las licenciantes ceder todos sus derechos y ubicar su obra en el dominio público. La Etiqueta de Dominio Público permite que cualquier usuario “etiquete” una obra como parte del dominio público.

 

Fuente: https://creativecommons.org/licenses/?lang=es

 

 

Por Mario Ostos