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Donald Trump quiere una nueva victoria electoral

 

El presidente estadounidense Donald Trump encara los comicios legislativos de su primera mitad de mandato y confía en que el resultado acallará nuevamente a sus detractores.

 

Fotos: Pxhere

Están por cumplirse dos años de que el mundo enmudeció ante la inesperada elección del magnate Donald Trump como presidente de Estados Unidos. En lo que encontraban una explicación coherente para lo que acababa de ocurrir, los analistas reiteraron que el magnate no podría llevar las riendas de la superpotencia.

El tiempo ha pasado y Trump sigue cómodamente sentado en su sillón presidencial y no pierde la sonrisa ni siquiera porque el próximo 6 de noviembre los estadounidenses retornarán a las urnas para renovar el Congreso, en el que actualmente tiene mayoría, tanto en la Cámara de Representantes como en el Senado.

Los vaticinios de una derrota estrepitosa se han vuelto un lugar común, pero de acuerdo con dos especialistas consultados por Contenido, el resultado puede ser distinto y para entenderlo analizan el rumbo seguido por el gobierno estadounidense desde la toma de posesión del magnate, en enero del año pasado.

 

¿APRECIACIONES JUSTAS?

“Hay tres grandes lecturas de la administración Trump, la primera es la percepción que tiene el mundo acerca del controvertido mandatario y ahí francamente el balance es desastroso, pavoroso; una segunda apreciación proviene de los detractores que tiene dentro de su país y también es triste, penosa y, sobre todo, vergonzosa. Pero existe un tercer punto de vista que sostiene entre 41 y 43% de los electores estadounidenses, blancos, anglosajones y protestantes, quienes simplemente están fascinados. Son quienes lo llevaron a la Casa Blanca y no se han arrepentido”, explica Eduardo Rosales Herrera, doctor en Relaciones Internacionales y catedrático en el Área de Posgrado de la Facultad de Estudios Superiores (FES) Acatlán de la UNAM.

“Aunque un presidente tiene la obligación de gobernar sin distinciones, Trump lo ha hecho pensando en ese 43%, no por nada los analistas estadounidenses dicen medio en broma, medio en serio, que el lema de su administración es ‘lo prometido es deuda’”, agrega Iliana Rodríguez Santibáñez, directora asociada del Departamento de Derecho y Relaciones Internacionales del Tecnológico de Monterrey, campus Ciudad de México y doctora en Derecho.

Ambos académicos, entrevistados por separado, coinciden en que el nivel de aprobación de Trump es un dato importante, no sólo con miras a las elecciones de noviembre próximo, sino para entender qué está pasando con su capital político, ese que no pudieron detectar las encuestas y que se mantiene intacto, o por lo menos eso concluyó recientemente la consultora Parametría a partir del análisis del promedio de encuestas sobre aprobación presidencial elaborado por la firma FiveThirtyEight.

De acuerdo con Parametría, el respaldo a Trump no baja de 40% entre la ciudadanía en general, además de que ha subido, lenta pero ininterrumpidamente desde diciembre pasado, “lo que no deja de sorprender ante los escándalos judiciales y mediáticos que lo involucran de alguna manera”, indica la consultora en su informe.

El mandatario no tiene militancia partidista pero mantiene estrecho vínculo con el Partido Republicano, el que lo llevó a la Casa Blanca, con ocho de cada 10 militantes apoyándolo incondicionalmente.

El índice de aprobación de Trump, con todo y polémicas, se encuentra prácticamente en el mismo nivel que alcanzaron a la misma altura de su respectiva administración dos expresidentes norteamericanos mejor valorados por la opinión pública internacional, Ronald Reagan (1981-1989) y William Clinton (1993-2001).

En cuanto a su nivel de rechazo, este se mantiene en 53%, pero esta oposición no es homogénea, a pesar del bipartidismo que caracteriza al sistema político estadounidense. El estudio de Parametría subraya que no se han presentado las desbandadas hacia el bando Demócrata que tanto predijeron algunos analistas. Ahora existe el riesgo de que una buena parte de los inconformes no vote en noviembre, como no lo hizo hace dos años.

Lo que está en juego

El próximo 6 de noviembre estarán en disputa:

  • La totalidad de la Cámara de Representantes (435 asientos).

  • 35 de 100 senadurías (26 actualmente en poder de los demócratas y nueve de los republicanos).

  • 39 gubernaturas (entre ellas las de California, Texas, Illinois y Nuevo México).

ATAQUES PREMEDITADOS

Los académicos entrevistados para este reportaje no cuestionan los adjetivos recibidos por el presidente estadounidense, incluso de colaboradores cercanos, los que van desde “ignorante” y “voluble”, hasta “golpeador” y “cínico”, pasando por los de “misógino” y “racista”, pero insisten en que sus electores lo pasan por alto porque para ellos realiza una hazaña: reta el orden de cosas, tanto doméstico como internacional, que esos estadounidenses detestan porque le achacan la decadencia del sistema económico y político que les ha prometido siempre bienestar, y progreso constante para ellos y sus familias.

En cuanto al orden internacional, Rodríguez Santibáñez apunta que ha venido funcionando con formas nacidas luego de la Segunda Guerra Mundial y ha perdido efectividad, por lo menos para los intereses estadounidenses.

Basado en ese razonamiento, Trump ha justificado la salida de su país del Consejo de Derechos Humanos de la ONU, luego de calificarlo de “hipócrita y egoísta”; de su retiro del Acuerdo de París sobre el Cambio Climático porque “limitaba injustamente” el desarrollo de su sector energético; así como el abandono de acuerdos comerciales multilaterales como el Transpacífico porque “ocasionaba que las empresas estadounidenses dejaran de invertir en su propio país”.

“Para el mandatario y la gente que lo sigue, no importa tanto el compromiso que tiene Estados Unidos con el progreso y la estabilidad mundial, sino con recuperar sus niveles nacionales de bienestar y creen que estas deserciones y rupturas son necesarias”, apunta el académico Rosales.

Bajo el mando de Trump, Estados Unidos ha llegado a cuestionar su pertenencia a la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN), bajo el argumento de que el financiamiento del mecanismo recae casi exclusivamente en sus aportaciones. “¡Estamos hartos de que se aprovechen de nosotros!”, ha dicho el mandatario en mítines y reuniones con los dirigentes del resto de los países que forman parte del mecanismo. Y los ciudadanos de a pie aprueban que “les ponga un hasta aquí”.

 

AGRESIONES Y PROTECCIONISMO

“Trump no actúa sin sentido, simplemente busca efectos inmediatos, sin tomar en cuenta las consecuencias de sus acciones en un futuro mediato”, reitera el académico de la UNAM. Esa lógica lo llevó a romper el acuerdo nuclear con Irán permitiéndole seguir produciendo plutonio, elemento indispensable para fabricar armas nucleares. Con rudeza encaró a Corea del Norte, al grado de amenazarla con aniquilarla y pudo provocar un incidente militar de graves consecuencias, pero ayudó a que no ocurriera la disposición de líder del país asiático, Kim Jong-un, la suspensión su programa nuclear luego de la reunión que ambos sostuvieron en Singapur, en la primavera pasada.

Los Estados Unidos de Trump tienen una balanza comercial deficitaria con sus 20 socios comerciales más importantes, y para corregirlo la Casa Blanca ha optado por entorpecer las importaciones. Basta recordar la reciente imposición de aranceles de hasta 25% al aluminio y al acero, especialmente proveniente de China, y la exigencia de renegociar el Tratado de Libre Comercio de América del Norte, el que muy probablemente termine en un acuerdo bilateral con México, luego de que nuestro país hizo importantes concesiones. Al cierre de la edición los canadienses seguían en negocioaciones.

Desde el punto de vista de los afectados, esta política es condenable pero tiene sentido para quienes esperan el renacimiento económico de sectores y regiones actualmente devastados, como el caso de Detroit por el declive de la industria automotriz.

Para la investigadora Rodríguez, Trump ha buscado ser el vocero de quienes culpan a la globalización económica y la migración sin control del deterioro de su calidad de vida. El mandatario le habla a la “señora Williams” que antes tenía por vecinos en su barrio a individuos blancos caucásicos venidos a menos, como ella, pero ahora tiene miedo al verlo repleto de latinos que hablan solamente español. “El discurso presidencial encauza ese miedo y exacerba el nacionalismo que esos ciudadanos creen necesario reivindicar”, apunta por su parte Eduardo Rosales, para advertir los peligros de esta forma de entender la realidad. “Estados Unidos es un país multicultural y multirracial que se ha caracterizado por su capacidad de asimilación a la que parece tentado a renunciar”, subraya.

¿A esta clientela electoral no le importa el comportamiento del presidente? “La realidad es que no, y las pruebas provienen desde que Trump era candidato. En ese entonces muy poca gente tomó en serio sus alardes de impunidad, como aquel de ‘puedo matar a una persona en plena Quinta Avenida y no perderé un solo votante’”, refiere Rodríguez.

Al otro lado del espectro electoral están quienes repudian al presidente porque toman en cuenta los efectos perjudiciales que su discurso y sus acciones acarrearán a mediano plazo. En ese grupo están quienes condenan sus desplantes racistas y su poco respeto a la verdad, pero también los ciudadanos que no ven beneficios en la reforma fiscal aprobada a principios de este año. A ellos les preocupa que la medida, proclamada como la más ambiciosa en tres décadas por los recortes de impuestos que implica, favorece primordialmente a grandes empresas, así como a los ciudadanos de mayores ingresos, por lo tanto no contribuirá a atenuar la desigualdad.

 

LOGROS DE OTROS

Los investigadores coinciden en que Trump ha tenido la habilidad de presentar como logros propios algunos signos alentadores de la economía estadounidense como la caída del índice de desempleo (4%), el menor en un lustro, pero cuyo descenso se remonta al periodo del expresidente Barack Obama (2009-2017), quien lo bajó de 10% a 4.8%.

Cierto que los empleos generados por el actual gobierno estimularán la economía en distintos rumbos del país pero su bajo nivel salarial impedirá mejorar notablemente la calidad de vida de quienes lo reciben.

Por otra parte, en año y 10 meses de gestión, Trump no ha cumplido su promesa de reemplazar el Medicare (el seguro médico universal administrado por el gobierno) por uno que sea más accesible tanto para los ciudadanos como para los usuarios.

Entre las políticas domésticas que han generado más polémica está la de migración que ha endurecido las condiciones para el ingreso a Estados Unidos, hasta tener tintes de discriminación y actos inhumanos, como separar a padres e hijos cuando enfrentan la deportación.

En su relación con el mundo, las acciones de Trump para volver a “engrandecer de nuevo a Estados Unidos”, según sus propias palabras, lo hacen perder influencia en la política internacional y favorecen la consolidación de otros liderazgos, como el de Rusia y China. Basta observar que el retiro de sus capitales en distintas partes del planeta ha generado oportunidades para las inversiones asiáticas que buscan extender los negocios que ya tienen en África, Asia y Sudamérica.

Una dinámica similar pudiera presentarse en el terreno político y nuevamente China sería la más beneficiada porque dispone de recursos para ampliar su zona de influencia, sobre todo en el continente americano, con atención prioritaria a México y Centroamérica.

El distanciamiento de Estados Unidos con la Unión Europea ha abierto espacios en esa comunidad de Estados para Alemania, pero al mismo tiempo la ha dejado vulnerable ante Rusia, siempre deseosa de extender su área de influencia y que cuenta con un recurso muy valioso con el que puede someter a los europeos: el gas.

(Photo by Nicholas Kamm / AFP)

EL FUTURO PRÓXIMO

¿Qué puede pasar en las elecciones de noviembre? “Existe la posibilidad real de un reacomodo de fuerzas en la Cámara de Representantes, cuyos 435 asientos estarán en disputa, pero no modificará radicalmente la composición del Senado porque solamente se renovará un tercio, 35 asientos y de ellos 29 pertenecen al bando demócrata, con pocas posibilidades de ganar en los seis republicanos que estarán bajo contienda”, comenta Rodríguez.

Por su parte Rosales advierte que “si los demócratas recuperan el control de la Cámara de Representantes, el presidente se verá obligado a moderar el tono agresivo con que se conduce tanto en política doméstica como en el ámbito internacional, pero ni lograrán maniatarlo ni generarán grandes cambios en sus políticas, por una sencilla razón: seguirá contando con la probable mayoría republicana del Senado”.

En favor de este cálculo Rodríguez agrega que Trump trabaja para su reelección en noviembre de 2020 y sabe que para conseguirla no puede apartarse del discurso que le reditúa popularidad y votos, y dentro del que se siente francamente a gusto.

“Lo más probable es que el mundo siga bajo zozobra, sujeto a los cambios de humor del mandatario que no dejará de alardear, atacar, provocar y escandalizar a través de Twitter”, explica por su parte Rosales, quien cree que solamente después de 2020 el magnate renunciará a cantaletas como la de que México pague por la construcción de un muro fronterizo en la frontera sur estadounidense.

 

¿QUIÉNES SON LOS MÁS FIELES SEGUIDORES DE TRUMP?

Al analizar la clientela electoral de Donald Trump, los analistas han encontrado siete características primordiales que no siempre se complementan.

1.- Origen anglosajón.

2.- Pertenecen a iglesias evangélicas.

3.- Habitan en zonas rurales.

4.- Con poca educación.

5.- Clasemedieros venidos a menos.

6.- Heterosexuales (varones y mujeres).

7.- Con altos ingresos.

 

INJUSTICIA HISTÓRICA

En las elecciones presidenciales de 2016 Donald Trump no fue el candidato más votado por los ciudadanos, de hecho su adversaria Hillary Clinton lo superó por casi tres millones de sufragios, pero debido a complejidad del sistema electoral estadounidense, en el que importa más ganar en estados clave que a nivel nacional, terminó por acceder a la Casa Blanca.

 

Por Pedro C. Baca