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¿A dónde van los muertos?

En la víspera del Día de Muertos, una celebración catalogada como “Obra maestra del patrimonio cultural de la humanidad”, Contenido averiguó qué rumbo toman los muertos en nuestro país.

Foto: Pxhere

De acuerdo al Inegi, a principios de los años treinta las personas morían principalmente a causa de enfermedades transmisibles como parásitos e infecciones en el aparato digestivo o respiratorio. Durante la década de los sesenta hasta casi el año 2000, el número de muertes por enfermedades transmisibles disminuyó, pero aumentaron las ocasionadas por el cáncer, los accidentes y las derivadas de la violencia. Para el año 2017 la esperanza de vida aumentó a 75.3 años mientras que en los cincuenta era tan sólo de 49 años.

Las enfermedades del corazón, diabetes mellitus y tumores malignos, implican el 49% de decesos en la actualidad, mientras que el 51% restante responde a causas externas como agresiones, accidentes y lesiones autoinfligidas. Aunque claro, las razones varían de acuerdo a la edad y género del fallecido.

A la luz de estos datos preguntamos al doctor Andrés Medina Hernández, del Instituto de Investigaciones Antropológicas, sobre si ha cambiado o no el concepto que en México se tiene sobre la muerte. A raíz del alza de decesos por agresión, “creo que no ha cambiado en la sustancia, lo que cambia es la forma de mostrarse o bien se ha diversificado. Creo que sí existe un impacto ahora por la violencia, desaparecidos, feminicidios, esa parte de la sociedad que ha sido lastimada de muchas maneras, que de algún modo incide en la celebración, pero en sustancia no hay cambio. Más bien es una fuente que provee discursos, elementos, que permiten manifestar el dolor y la angustia ante esta situación”.

Ante la interrogante de si el mexicano realmente ríe de la muerte, el doctor Medina comenta que en gran medida se trata de una propaganda urbana que muchas veces va vinculada a la venta de productos en los supermercados. “En el sentido más mesoamericano, la celebración del Día de Muertos tiene una importancia similar a la Navidad para la tradición europea, porque es el momento en el que retornan los muertos y se reúnen con los vivos. Incluso muchas familias que están fuera de la localidad regresan para convivir y hacer una armonía con esos muertos, para consumir las ofrendas que se les hacen. El sentido de la fiesta es la comunión y resulta importantísima para las comunidades indígenas”.

Morgues y “la fosa”

Ana Francisca Vega, una periodista que realizó una visita a las morgues mexicanas realmente pudo experimentar el miedo. Es tal la situación de saturación de las morgues a lo largo y ancho de todo el país, que los médicos tienen que llevar su propio material, mientras que “los muertos se amontonan y se pegan unos con otros sobre las mesas de disección, […] no hay tiras reactivas para hacer pruebas periciales, […] se pierden las muestras y perfiles de los familiares”, indica la politóloga y comunicadora. Si después de tres semanas ningún pariente se presenta a la morgue a reclamar el cuerpo, entonces es mandado a la fosa común.

Muy probablemente esta problemática no sea exclusiva del Estado de México o Hidalgo, según lo narrado por la periodista, pues en el mes de septiembre se dio a conocer la noticia sobre un tráiler con 157 cadáveres que deambulaba por Jalisco porque no había panteón que los albergara dado que los servicios forenses estaban desbordados.

La única fosa común que existe en la CDMX está situada en el Panteón de Dolores. Según cifras del Instituto de Ciencias Forenses, cada año desde 2013 un promedio de 470 cuerpos terminan en calidad de desconocidos, es decir, casi 40 al mes, en espera de ser identificados en la fosa común. En este lugar descansan aquellos cuerpos que nadie identificó sin placa y sin conocimiento de sus familiares (si es que tienen). El hoyo, el cual puede albergar hileras de 16 a 20 cuerpos dependiendo de la complexión, se cubre de tierra al alcanzar los 10 o 12 niveles, para posteriormente abrir otra fosa y repetir el procedimiento. Diversos testimonios aseguran que el olor que expiden los cuerpos se contrapone a la armonía que se vive en la Rotonda de las Personas Ilustres, dentro del mismo camposanto. De ser necesario, los cuerpos podrán exhumarse.

Algunos cadáveres que están en buenas condiciones son enviados temporalmente a universidades como la UNAM, el IPN, la Escuela Médico Militar y otras privadas para la formación de sus estudiantes de Medicina. Pero tarde que temprano todos terminan en la fosa común si no son identificados.

Memento mori

Las características nostálgicas que trajo consigo el romanticismo, como la exaltación de la muerte como liberación de las tristezas terrenales, motivaron la fotografía post mortem: vestir al difunto con sus mejores galas y retratarlo individualmente o con amigos y familiares fue una práctica que nació en Francia poco tiempo después de la invención de la cámara portátil.

El costo de morirse

En México el costo por un funeral varía desde los 7,500 pesos, servicio ofrecido por el Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS) hasta 180,000 pesos en una de las agencias funerarias más ostentosas y de tradición del país, Gayosso. Lo importante es considerar que los precios fluctúan según la zona, la empresa y las características del servicio: tipo de ataúd, embalsamamiento, trámites ante el gobierno, aseo, vestido, capilla de velación, flores, traslado, recepción de flores, coffee break, entre otras cosas.

Aunque la religión católica no permitía la cremación, la notoria sobrepoblación de los cementerios así como necesidades higiénicas dieron lugar a nuevas consignas, las cuales pretendían adaptar la disciplina eclesiástica a las necesidades y métodos de nuestro tiempo, y fue cuando se accedió a incinerar los cuerpos, siempre y cuando, con el fin de que se mantenga la oración por el difunto y no se lo olvide en la comunidad, la Santa Sede a través de la Congregación para la Doctrina de la Fe fijó las normas sobre la sepultura de los muertos y sobre todo la conservación de las cenizas. Así, prohíbe su dispersión “en el aire, en la tierra o en el agua o en cualquier otra forma, o la conversión de las cenizas en recuerdos conmemorativos, en piezas de joyería o en otros artículos”.

Actualmente más de una iglesia ofrece criptas dentro de su recinto, o en edificios adecuados al exterior, lo cual también provee de un ingreso extra a sus cuidadores.

De acuerdo con la Procuraduría Federal del Consumidor, morir es más costoso que nacer. Mientras que los precios del nacimiento oscilan entre los 7,000 y 26,952 pesos, el costo por morir en México ronda entre los 7,500 y 180,000 pesos (Ver texto: Costos de morirContenido, octubre, 2015).

Hoy en día, las funerarias también se han involucrado con innovar las formas del descanso eterno, ofreciendo osarios más amigables con el ambiente, por ejemplo, ataúdes de mimbre, urnas ecológicas hechas de sal, arena, tierra o composta y urnas-árbol biodegradables. También ofrece la Aquamación®, la nueva tecnología que trae Gayosso a México basada en una novedosa combinación de agua y temperatura, acelerando el proceso natural de la desintegración de las células.

Algunas funerarias líderes en su sector sugieren contar con un plan de prevención, y aseguran que muchas veces resulta muy delicado tratar ese tema con la familia, lo que podría contraponerse a la idea de que en México la pelona nos hace los mandados. Al contar con una planeación anticipada los costos se pueden reducir hasta en un 50%, además de evitar problemas, trámites y procesos engorrosos que hacen más complicado ese doloroso momento. La previsión funeraria de negocios como J. García López o Gayosso ofrece planes funerarios transferibles para familiares y amigos en el momento en que lo requieran.

El doctor Andrés Medina agrega que “a principios de este siglo hubo un congreso de psicoanalistas lacanianos preguntándose por el fenómeno de los muertos a partir de la perspectiva del concepto de duelo según Freud. En este concluyeron que la visión funeraria en EU y Europa elimina la experiencia de duelo, en cambio aquí, hay una manifestación intensa y rica”. Al preguntarse por su significado descubrieron que el duelo es fundamental, de lo contrario se podrían presentar distintas formas de locura. El caso más celebre: la emperatriz Carlota, quien enloquece por no asumir la muerte de Maximiliano, y no vivir el duelo.

Así que ya sea por salud, sistema de creencias o simple gusto por lo que hay más allá, no olvide ofrendar deliciosos platillos a sus seres queridos, visitar los cementerios donde reposan sus muertos y, por qué no, visitar panteones que hoy en día se consideran Patrimonio de la Humanidad por su arquitectura y valor artístico.

Eufemismos para referirse a la muerte

Colgar los tenis, chupar faros, doblar el petate, enfriarse, entregar el equipo, estirar la pata, pelar gallo, pasar a mejor vida, petatearse; lo chupó la bruja, se quedó tieso, peló los dientes…

 

Por Ximena Cueto