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6 leyendas prehispánicas de terror

En todas las épocas de nuestra historia siempre están presentes los fantasmas y las historias de terror. Estas leyendas prehispánicas se conservaron gracias a la tradición oral, posteriormente se plasmaron en códices y luego en libros con la llegada de los españoles. La más famosa es aquella que se refiere a la Cihuacóatl o La Llorona.  Te presentamos sólo algunas de las mejores leyendas del México Prehispánico que debes conocer.

1. Fantasmas de la noche

Estos entes se aparecían a los mexicas en la noche, de acuerdo con lo escrito por Bernardino de Sahagún en el libro V de su Historia General de las Cosas de la Nueva España. Y se atribuía al dios Tezcatlipoca. ¿Cómo eran ?

En primer lugar estaba la Cuitaplaton o Centlapachton, una mujer enana o pequeña, de cabellos largos, hasta la cintura, con un andar muy parecido al pato. Ésta se aparecía a los hombres, especialmente cuando iba a “hacer sus necesidades”, quizá por la sorpresa o por su forma, quienes la veían volvían a sus casas temblando de pavor con la convicción de que tarde o temprano morirían o les ocurriría alguna tragedia. Si algún valiente quería atraparla le resultaba imposible, pues la figura desaparecía y reaparecía hasta que el intrépido quedaba burlado.

Otros más eran más terroríficos, tenían forma de calavera y se presentaban de improviso, les saltaban por la pantorrilla y hacían un ruido estremecedor. Si alguno quería verlo, la calavera desaparecía o, peor aún, iba correteando a los que huían.

Una vertiente más se manifestaba en forma de difunto tendido o amortajado al que se sumaban quejidos y gemidos. Si algún valiente lo agarraba o creía atraparlo sólo era ilusión pues únicamente tenían pasto o tierra en sus manos.

La última forma, también consignada por Sahagún, era cuando Tezcatiploca se aparecía en forma de coyote para impedir el paso a los viajeros o para advertirles de algún peligro o desgracia en ese camino.

2. Tooaltepuztli o el hacha nocturna

También consignado por fray Bernardidno de Sahagún. Los mexicas que en el primer sueño de la noche escuchaban un ruido como de alguien que está cortando madera, llamado tooaltepuztli o hacha nocturna podían dirigirse al lugar de donde provenían dichos sonidos y presentarle ofrendas a ese ente, si superaban el miedo inicial, perseguir a esta forma de bulto hasta alcanzarla y agarrarla.

Después debían esperar a otro ente que tenía forma de hombre sin cabeza, que tenía el pescuezo cortado como un tronco y el pecho abierto, en ambos lados había puertecitas que se abrían y se cerraban en el centro donde reposaba el corazón. Si todavía el captor tenía ánimos para contemplar esta visión debía arrancarle el corazón y negociar con el fantasma algún favor, petición o riqueza. Sólo los valientes conseguían negociar con este ente.

3. La mujer de Xtabay

Esta leyenda maya tiene algunas variaciones, dependiendo de las fuentes, pero en la mayoría se refiere a una bella mujer que se aparece a los hombres bajo las ceibas, mientras peina su larga cabellera, empieza a enamorarlos y una vez que los atrae y los tiene bajo su poder los mata o los pierde en un amor infernal.

Los antecedentes de esta leyenda se remontan a tiempos de los antiguos mayas donde existían dos mujeres: Xtabay y Utz-Colel. La primera, según la gente tenía gran amor y pasión, por lo que ofrecía su cuerpo y belleza a todo aquel joven que se lo solicitara. La segunda, era considera una mujer decente y virtuosa a quien no se le conocía ningún amorío pero que en el fondo era envidiosa y nunca ayudaba a los pobres. Sucedió que Xtabay murió abandonada y sola en su casa, sin que el pueblo se diera cuenta, sólo se percataron cuando un agradable olor empezó a inundar el ambiente. Utz-Colel envidiosa dijo a todos que cuando ella muriera el olor sería doblemente agradable. Tiempo después murió, la gente le realizó un funeral grandioso donde todos evocaban sus virtudes, sólo que cuando su cuerpo estuvo en la tierra el olor se hizo insoportable que alejó a los pobladores. Ya muerta Utz-Colel pensó en seguir los pasos de Xtabay e imitarla, entregándose al amor. Entonces ayudada por malos espíritus regresa al mundo para atraer a los hombres.

4. La mujer del Chamán

En determinados días del año, en la selva chiapaneca suceden cosas extrañas que aterran a sus pobladores, quienes se niegan a salir por la noches porque dicen que una bestia maldita ataca a los hombres y animales sin piedad alguna. Todo se remonta a la antigüedad cuando la mujer de un curandero empezó a celarlo, le molestaba que las mujeres, agradecidas por haber sanado a ellas o algún miembro de la familia, le regalaran fruta, maíz, verdura o guajolotes a su esposo. Creyendo que las mujeres querían quitarle a su esposo, se interno en lo más profundo de la selva donde realizó una serie de conjuros y pidió ayuda a los espíritus. Tras convulsionarse se arrancó la piel hasta que su cuerpo quedó ensangrentado hasta convertirse en jaguar. Esa noche mató a una mujer (que había sido curada por su esposo) y a toda su familia, además destrozó la vivienda y mató a los animales. Los hombres se aprestaron a cazar a jaguar y mientras ellos lo buscaban, la mujer seguía matando a las mujeres que se acercaban a su marido. El curandero empezó a sospechar de su mujer por lo que la siguió hasta ver cómo realizaba su transformación. Esperó a que ella se transformara en jaguar para vaciar un costal de sal en la piel humana, con lo que se secó rápidamente. Al regresar de cometer un asesinato, la mujer regresó al lugar donde había dejado su dermis, pero al no encontrarla fue camino a su hogar donde su esposo la enfrentó pero no pudo matarla. Por esta razón se dice que la mujer aún habita esas tierras y se aparece a todo aquel que se cruce en su camino.

5. La Llorona

Con algunas variantes esta leyenda prehispánica fue recogida por diversos cronistas. Se trata de una mujer que perdió a su esposo en una batalla. Ella enloqueció y presa de dolor mató a sus hijos en el lago y pensaba suicidarse pero los pobladores la detuvieron para juzgarla, torturarla y al cabo sacrificarlo por su atroz crimen. Por esta razón los dioses la condenaron para que permaneciera como un ente, entre la vida y la muerte, su castigo fue estar penando y lamentándose indefinidamente por haber matado a sus hijos. Siempre se aparecía en el mismo sitio donde había realizado su crimen. Se le llamó la Cihuacóatl(mujer serpiente). En este lugar aterrorizaba a los pobladores, los hacía naufragar y después los mataba. Otras versiones dicen que cada noche salía para lamentarse, llorando y dando gritos: “¡Hijitos míos, pues ya tenemos que irnos lejos!” o “Hijitos míos ¿a dónde os llevaré”, de acuerdo con los testimonios del cronista Sahagún. Este cronista dice que este ser llevaba una cuna y la dejaba en el mercado, la cuna estaba vacía salvo por un cuchillo de pedernal, como los que se usaban para los sacrificios. Irónicamente las madres cuyos hijos eran sacrificados para calmar a la Cihuacóatl iban gritando por las calles “¡Ay mis hijos! ¡Dónde están mis hijos!”. Cuando el lago se secó la mujer vestida de blanco siguió apareciéndose con su espeluznante lamento.

6. El mensajero de la muerte

Si conoces el dicho “Cuando el tecolote canta, el indio muerte” y te has preguntado por su origen, déjame decirte que este temor hacia el canto de la lechuza, búho o tecolote también fue registrado por los cronistas como Sahagún, que relata cómo los indios al escuchar el canto de esta ave se ponían muy nerviosos porque aseguraban que este sonido presagiaba la muerte. De acuerdo con la leyenda maya, el tunkuluchú o tecolote, era considera como el mas sabio entre las aves, por lo que no era extraño que los pájaros y otros animales acudieran a pedirle consejo o la solución de algún problema. Todo su prestigio se derrumbó cuando las aves lo invitaron a una fiesta y se emborrachó. Un hombre que pasaba por ahí empezó a burlarse y a hacer escarnio del búho. Éste quedó muy dolido y decidió vengarse, extendiendo su rencor hacia toda la humanidad. Buscó alguna cualidad que le ayudara en su venganza y eligió su olfato. Fue todas las noches al cementerio hasta que aprendió a reconocer el olor de  la muerte. Fue así que se dio a la tarea de anunciar al ser humano su muerte. Por eso se mantiene cerca de los lugares donde alguien va a morir y le anuncia con su canto su hora fatídica.