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Linguicidio: SOS por las lenguas indígenas

A pesar de la gran diversidad lingüística en nuestro país, algunas lenguas se extinguen por la ausencia de hablantes. De seguir esta tendencia, en algunos años sólo serán piezas de museos.

 

Mardonio Carballo, un poeta nahuatlaco-chilango de 44 años de edad, describe que su enfrentamiento con el español no fue tan doloroso como el de su progenitor: “Mi choque no fue tanto pero sí fue muy violento”, y explica esta aparente contradicción: “Mi padre se empeñó con que en casa habláramos castellano pues venía de un proceso donde a base de palos lo despojaron de su lengua”. Según Carballo no es que su padre quisiera que sus hijos olvidaran el náhuatl pero, debido a la discriminación e intimidación que sufrían los indígenas por hablar en sus lenguas originales, decidió que el español fuera el arma y la herramienta para la sobrevivencia de sus hijos.

Igual de crudo fue el tránsito para Yásnaya Aguilar Gil –originaria de San Pedro y San Pablo Ayutla, en el distrito Mixe en la Sierra Juárez de Oaxaca, licenciada en Lengua y Literaturas Hispánicas por la UNAM y candidata a maestra en Lingüística–, que empezó a aprender español en la primaria, y creció con la certeza de que era una lengua más, como el chinanteco o el zapoteco que escuchaba los domingos en los días de mercado. Sin embargo, cuando recibió golpes en las manos por hablar en mixe y cuando los maestros –en un código no escrito– sólo les permitían hablar en español dentro del salón de clases, comprendió que el castellano tenía una jerarquía diferente a su lengua natal que era la herramienta con la que se comunicaba en los juegos con sus amigos, o escuchaba en la plaza a través del altavoz del pueblo.

Precisamente Yásnaya Aguilar Gil, quien además forma parte del Colectivo Mixe (Comix), escribe un blog en la revista Este País y es una militante muy activa en redes sociales; se encarga entre otra cosas de hacer visibles los atropellos. Aquí uno de sus tuits: “Los que hablamos lenguas indígenas hemos recibido multas, azotes, cárcel, burlas, varazos en la mano, para aprender español y dejar de hablar nuestras lenguas”, también ha señalado otros casos notables: el de una niña que fue colgada, cabeza abajo, por su maestra por hablar en náhuatl durante las clases; el de un niño chatino que por no hablar español fue obligado a lavar los baños; otra niña que se pasó años sin ser registrada porque las autoridades del Registro Civil se negaron a consignar su nombre en otomí, o que en 2012, 90% de los indígenas en cárceles no contaban con intérprete y aun así fueron sometidos a juicio.

La doctora Violeta Vázquez Rojas Maldonado, lingüista e investigadora de El Colegio de México (Colmex), señala que su abuela materna, una profesora rural en Tacámbaro, en el centro del estado de Michoacán, tenía indicaciones de prohibir que en las localidades se hablara la lengua original y su misión principal fue enseñarles español a los niños purépechas. En esa época, acentúa, “todas las políticas se acomodaron a ese objetivo y terminaron desplazando a las lenguas indígenas”.

¿Y la lengua oficial?

De manera errónea se cree que el español es la lengua oficial de nuestro país, pero de acuerdo con la Ley General de Derechos Lingüísticos de los Pueblos Indígenas, tanto el español como las lenguas indígenas son consideradas lenguas nacionales debido a su carácter histórico y tienen la misma validez. La Constitución mexicana no considera el español como lengua oficial.

Nuestra monolingüe contradicción

Lo que resulta paradójico, consideran los especialistas consultados por Contenido, es que en nuestro país se hablen diariamente 364 variantes lingüísticas, provenientes de 64 agrupaciones y derivadas de 11 familias lingüísticas. En números redondos, en un universo de más de siete millones de personas, y a pesar de que México se reconoce como país multilingüe y multicultural, se sigue menospreciando y denostando a las lenguas nacionales indígenas que son diferentes al español.

Después de la Independencia mexicana el español se convirtió en una lengua hegemónica que derivó en muchas políticas donde había una especie de negación de la diversidad cultural y lingüística, provocando que las lenguas indígenas nacionales se “invisibilizaran más; que la sociedades urbanas fueran permeadas por un ethos monolingüe y monocultural creyendo que básicamente hay una sola lengua en el país, una sola cultura, señala en entrevista el maestro Nicandro González Peña, director de investigación del Instituto Nacional de Lenguas Indígenas (Inali).

González Peña, miembro de un pueblo hñähñú (otomí), reflexiona: ¿cómo es posible que un país con gran diversidad sea sólo monolingüe?, y dice punzante que el reconocimiento del bilingüismo se asume sólo si se habla español y una lengua extranjera, pero si se habla español y maya, náhuatl, mazahua o alguna otra lengua indígena esto no se valora como bilingüismo. Por ello, señala que lo deseable es que el país transite pronto hacia un horizonte donde se reconozca y se dé mejor estatus a las lenguas y sus hablantes e incluso se vea reflejado en cuestiones económicas, como los traductores profesionales.

El juicio de Yásnaya Aguilar es contundente. “Debemos reconocer que México no es una sola nación sino un Estado en el que existen, oprimidas, muchas naciones”, por ello llama a dejar atrás los discursos nacionalistas que pretenden creer que México es una nación compacta y aspira a la creación de una confederación de comunidades autónomas capaces de gestionar su vida sin la participación de las instituciones estatales.

Catálogo de las lenguas indígenas nacionales

Engloba todas las variantes lingüísticas consideradas, junto con el español, como lenguas nacionales, reconocidas así por la Ley General de Derechos Lingüísticos de los Pueblos Indígenas. Contiene las formas en cómo la población hablante de lenguas indígenas llama a su propia variante lingüística y las localidades donde se hablan dichas variantes. Fue elaborado siguiendo criterios de lingüística, genealogía, dialectología y sociolingüística.

Fuente: INALI

Señales de alarma

Un escenario poco optimista es el que avizora la doctora Vázquez Rojas. Para ella todas las lenguas indígenas en México están amenazadas, “hay algunas que tienen más hablantes que otras, el riesgo de desaparición o de extinción de una lengua no se mide solamente por el número de hablantes, hay que medir muchos factores” y ejemplifica, con datos del Inegi, que si se hace un comparativo entre la situación de 1930 con la de 2015, se observa que el porcentaje se redujo dramáticamente en estos 85 años: pasó de 16 hablantes de una lengua indígena por cada 100 habitantes a sólo seis personas por cada centena.

La activista mixe Aguilar Gil calcula que después de 300 años de colonialismo español, aproximadamente 65% del conglomerado que se independizó de España hablaba al menos una lengua indígena, pero después de 200 años como Estado mexicano, los hablantes de lenguas indígenas representan apenas 6.5% de la población y, si la tendencia se mantiene, en una centuria los hablantes indígenas se convertirán en 0.5% de la población.

La investigadora del Colmex detalla que entre las razones para explicar la disminución de los hablantes de lenguas indígenas se cuentan las políticas nacionalistas, la política educativa de impulsar la enseñanza formal únicamente en español; la política lingüística mexicana en los años veinte y treinta giraba en torno a un proyecto nacional de integración, y era muy importante recuperar una identidad nacional única que tenía como eje una lengua particular, el español, como la lengua del Estado. De esta forma, señala la especialista, todas las políticas se acomodaron a ese objetivo y terminaron desplazando a las otras lenguas.

Los datos fríos para México son los que ofrece el Atlas de las lenguas del mundo en peligro, publicado por la Unesco: en nuestro país hay 46 lenguas en peligro (se hablan en ámbitos restringidos), 35 definitivamente amenazadas (sólo la hablan los padres; los hijos entienden pero no contestan en esa lengua), 33 severamente amenazadas (la hablan abuelos y algunos hijos pero no los nietos) y 19 críticamente amenazadas (únicamente la hablan los abuelos).

En contraste, las lenguas más vigorosas, de acuerdo con el investigador González Peña, son el náhuatl, el maya, mixteco, zapoteco, tzental, otomí, totonaco. El primero tiene 1,400,000 hablantes y el otomí unos 300,000.

Lo que ya cambió

La doctora Vázquez Rojas señala que el levantamiento armado por parte del Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN), así como la Declaración Universal de Derechos Lingüísticos en Barcelona 1996, dieron mucho impulso a los movimientos pro derechos lingüísticos en el mundo, así como los Acuerdos de San Andrés Larráinzar que confluyeron en 2003, durante el mandato del presidente Vicente Fox, en la Ley General de Derechos Lingüísticos de los Pueblos Indígenas y en la consiguiente creación del Inali.

Así pues se pasó de la negación al reconocimiento, relata González Peña. Ahora se admite que México es un país multilingüe y multicultural lo cual deriva, entre otras cosas, en una transformación de la política del país. Palabras más, palabras menos una persona hablante de una de las lenguas indígenas debe ser atendida en todos los ámbitos de su vida (salud, justicia, cultura, educación) en su lengua materna, si así lo desea.

La situación ha mejorado si se compara con dos décadas atrás. De acuerdo con cifras oficiales, se reconocen como miembros de una comunidad indígena, aunque no hablantes, a 25 millones de personas, en parte porque empiezan a revertirse los estigmas y también porque reconocerse como miembro de un pueblo originario da acceso a algunos programas oficiales, analiza el funcionario del Inali.

El también conductor y periodista Mardonio Carballo reconoce que existen procesos históricos que hacen a los pueblos “hincharse de dignidad” y que incitan a la gente a ‘salir del clóset’. Se ha incrementado la cantidad de hablantes de lenguas indígenas o de gente que se reconoce como integrante de los pueblos indígenas: en el noventa éramos muchos menos, después del 94 fuimos más y después de la ‘Marcha del color de la Tierra’ [de 2011] aún más”.

Resulta necesario llevar la ley a la práctica, considera la investigadora Vázquez Rojas, si bien no es algo que resulte fácil, habrá que esperar unos años para verlas en operación: “No resultará efectivo si no consideramos que los derechos lingüísticos son también los derechos de los hablantes; no se trata sólo de rescatar las lenguas sino de hacer algo por los hablantes. En la medida en que ellos tengan acceso a la educación, a la salud, a un intérprete, se estarán dignificando sus lenguas”.

¿Y los dialectos?

De acuerdo con el lingüista estadounidense Michael Swanton, director académico de la Biblioteca de Investigación Juan de Córdova en Oaxaca, durante la Colonia y hasta finales del siglo XIX las lenguas indígenas eran llamadas lenguas o idiomas pero nunca dialectos con sentido peyorativo; sin embargo desde finales del siglo XIX se empezó a utilizar el término para denominar de manera despectiva a las lenguas indígenas, en parte por las políticas educativas que buscaban frenar la presencia de estas. Y lo consiguieron: muchos de los mexicanos adoptaron ese término y peor aún, los propios hablantes empezaron a minimizar sus idiomas nativos. Un ejemplo es Santa María Ixcatlán, en la mixteca alta oaxaqueña, donde sólo quedan menos de 10 hablantes.

Por ello que la Biblioteca de Investigación Juan de Córdova inició una campaña para sensibilizar sobre este término e impedir que se siga utilizando de una manera que sólo provoca discriminación.

Lingüísticamente, el término dialecto no es peyorativo, sólo se refiere a una variante de una lengua, por ejemplo el español que se habla en México –que cuenta con el mayor número de hablantes en el mundo– sería un dialecto distinto al que se habla en Cuba, Venezuela o en la Península Ibérica, señala el maestro Nicandro González, quien también está de acuerdo con evitar el uso peyorativo pues se cree que los dialectos son inferiores a una lengua o a un idioma. “No podemos seguir refiriéndonos a ellas como dialectos con el afán de hacerlas menos, son idiomas, lenguas, con el mismo valor, el mismo estatus lingüístico, social y económico que cualquier otra lengua hegemónica como el alemán, inglés o el español”.

Lenguas del mundo

De las casi 6,000 lenguas en el planeta, 3,500 se hablan sólo en nueve países: Papúa Nueva Guinea, Indonesia, Nigeria, India, Camerún, Australia, México, Zaire y Brasil. En Europa con 46 países, la cifra no rebasa los 23 idiomas.

Fuente: INALI

La lengua de algodón

De acuerdo a datos oficiales México se encuentra entre los tres países de Latinoamérica y los 15 países del mundo con mayor diversidad lingüística; curiosamente en Oaxaca se hablan lenguas indígenas de más familias lingüísticas que en todo el continente europeo.

A pesar de esta diversidad, en territorio oaxaqueño se tiene el preocupante caso de una lengua que está a punto de extinguirse, señala el lingüista Michael Swanton, quien empezó a interesarse por esta comunidad en 1999 y que incluso puede hablar en este idioma.

El pueblo de Santa María Ixcatlán (ixcatl, algodón y tlan, lugar) es también famoso porque vive del tejido de la palma. Los últimos hablantes del ixcateco, lengua que deriva del tronco otomangue y de la familia popolocoa, ya son ancianos y el más “joven” tiene 77 años. Lo peor, no existen jóvenes que hablen esta lengua tonal con fluidez, apenas entienden algunas frases.

Ante ello el propio investigador Swanton y otras instituciones se han dado a la tarea de intentar que esta lengua no desaparezca, por ello han realizado diversas acciones que van desde talleres, cursos de idioma, señalética en el pueblo de Santa María Ixcatlán, que realizó el Inali, e incluso recopilación de material en audio y video para conservar la huella de un idioma. Lo que algunos temen es se trate de los últimos esfuerzos antes de que esta lengua, como el algodón, se la lleve el viento.

Venturosamente se cuenta con testimonios escritos de algunas lenguas originarias de Oaxaca, algunos como en el caso del chocholteco, datan del siglo XVI (material de 1577 a 1827) y son testamentos y documentos civiles que permiten conocer de cerca la vida individual y comunitaria de los chocholtecas. En el caso del ixcateco los documentos que se tienen se remontan al siglo XIX y se trata de oraciones religiosas.

Otra buena noticia es que precisamente en Oaxaca se conservaron expedientes de manuscritos en zapoteco, mixteco, náhuatl y chocholteco en el Archivo Histórico Judicial de Oaxaca, de ahí que la Unesco los declarara como Memoria del Mundo.

No es poca cosa el tamaño del tesoro con el que cuentan: 2,500 manuscritos, la colección más grande del mundo en este tipo de documentos. Esta es la mejor manera de acercarse a la historia de las comunidades indígenas y a su lenguaje, dice Swanton.

 

La bendita raíz

Cuando Mardonio Carballo mandó una carta para protestar por el término anacrónico “dialecto” que utilizaban con frecuencia en las estaciones de radio, nunca esperó que la conductora Carmen Aristegui le respondiera con algo así como: “si en verdad puedes hacerlo mejor, ¿por qué no lo haces?”. Carballo le tomó la palabra y esto marcó su inicio en los micrófonos y fue así como empezó a abrir brecha en los medios de comunicación tocando asuntos de los indígenas en México y ofreciendo una palestra donde los pueblos cuentan su historia y su propia vida. Empezó con el programa radiofónico Las plumas de la serpiente, un año después emprendió el programa televisivo La raíz doble, que se trasmite por el Canal 22 en el que ya contabiliza 14 años y cinco temporadas.

Precisamente esa doble raíz, el náhutal y el español, son una simbiosis que lo acompaña a lo largo de su vida. Agradece a su padre porque le dio un idioma que ama y aprecia como el castellano con el que se comunica, hace radio, televisión, escribe poesía pero también orgullosamente escribe en náhuatl. “Dependiendo del estado de ánimo puedo escribir en ambas lenguas”, dice. Aquí un ejemplo con Ajauil o Juguete:

 

Ki ijtoan na nech chijken ika achi zokitl

na ax nij neki, na ax ni ueli nij neltoka

uan tlan nelia nopa poali

nij kalakis ze chipauakreconchaxochitl pan no

kamak

nij tolos ken ze no pajtli

uan keman nij panoltiz

i uitzo nech kechtekiz

chichiltik mo chiuas no reconchaxochitl

uan nij xoleuas nopa poali

peuas nejnemis no pilyolotl

ze chichiltik reconchaxochitl peuas nejnemis

ipan no yolix.

*************

Dicen que me hicieron con un poco de barro

Reniego pues de la historia

Y si esas palabras verdaderas resultaran

Meteré una rosa blanca por mi boca

La tragaré como si fuera una pastilla

y cuando pase por mi garganta

me desgarrarán de la rosa sus espinas

Roja se hará la blanca rosa

Y haré trizas la primera historia

Comenzará a latir dentro de mi cuerpo

Una rosa roja en el ojo de mi pecho.

(Mardonio Carballo)

Recuperar la memoria

Lo ideal es que una vez que se derrote el menosprecio, las vejaciones y la discriminación hacia las lenguas indígenas y sus hablantes, estos asuman con hidalguía su estatus y lo trasmitan a las nuevas generaciones; pero si esto no ocurre, es probable que en tres o cuatro generaciones se pierdan más de la mitad de las lenguas que actualmente existen.

Por lo pronto existen diversos esfuerzos desde diversas trincheras, las oficiales, educativas, las de los medios de comunicación y las que empiezan a levantar en las propias comunidades como una forma de allegarse a las nuevas generaciones de hijos y nietos de hablantes de lenguas indígenas, incluso a monolingües. Por ello se agradecen los diccionarios en náhuatl, las plataformas en lenguas indígenas, las radios comunitarias, las traducciones de clásicos al náhuatl, mixteco, maya y otras lenguas, así como las aplicaciones educativas para enseñar idiomas, películas, libros.

“Lo que habrá que festejar es que la gente se está involucrado, me parece bien y maravilloso que se tuitee en náhuatl o que se facebookee, pero ni Facebook ni Twitter ni los diccionarios van a salvar a las lenguas, tienen que ser los propios pueblos; es importante saber que hay muchas razones para aprender una lengua pero sólo una para olvidarla: la discriminación”, sentencia Mardonio Carballo.

Pese a todos estos esfuerzos, la doctora Vázquez Rojas señala que algo que debe tenerse en cuenta es que “probablemente los hijos de nuestros hijos no conozcan la diversidad lingüística que tenemos actualmente. Es una crisis real, pero no es una crisis de las lenguas, sino de los hablantes, y una de derechos humanos porque rescatar las lenguas, pasa por recuperar las condiciones de igualdad en las que deben vivir sus hablantes”.

No hay que olvidar que la diversidad de las lenguas es un patrimonio mundial, por ello la pérdida de cualquiera de estas es un asunto de todos.

 

Cómo identificar una lengua amenazada

*Bajo número de hablantes.

*Los niños ya no la están aprendiendo.

*Disminuye con facilidad el número de hablantes en poco tiempo.

*Decrecen los contextos y dominios en los que se utiliza la lengua.

*Cuando dejan de trasmitirla de una generación a la siguiente.

Fuente: Vitalidad y peligro de desaparición de las lenguas, Unesco.

 

Familias o lenguas mexicanas con el mayor número de hablantes
Nombre Familia o tronco Número de hablantes de 5 años o más
Náhuatl Yutoazteca 1,448,936
Maya yucateco Maya 796,314
Lenguas zapotecas Otomangue 452,893
Lenguas mixtecas Otomangue 446,236
Tzotzil Maya 297,561
Otomí Otomangue 291,722
Tzeltal Maya 284,826
Lenguas totonacas Totonaco-tepehua 240,034
Mazateco Otomangue 214,477
Chol Maya 161,766
Huasteco Maya 150,257
Mazahua Otomangue 133.430
Lenguas chinantecas Otomangue 133,374
Purépecha Lengua aislada 121,409
Mixe Mixe-zoque 118,924

Fuente: Yolanda Lastra de Suárez, Instituto Cervantes

 

 

Por Alberto Círigo