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La moda de ser natural

El cuidado del medio ambiente es un tema que está en boca de todos, sin embargo, ¿es un compromiso  o sólo una moda pasajera optar por lo natural?

Lucía fue educada en una familia que siempre se preocupó por el cuidado del medio ambiente, “hay que llevar bolsas de mandado al hacer el súper; utiliza la menor cantidad de agua al bañarte; apaga la luz o la tele si no la estás viendo”, son frases que escuchó durante toda su infancia.

“Para mí era común ser cuidadosa, pero en realidad sí he notado que últimamente se ha puesto de moda cuidar desde la basura que generas hasta que las cosas que utilices sean amigables con el medio ambiente”, comentó a Contenido. “Sin ir más lejos, hace un rato una amiga me recriminaba por no ser partidaria de la copa menstrual, desconociendo que también puede ser un problema a futuro, cuando esa copa cumpla con su vida útil”, sentencia.

Rubén, por su parte, ha comenzado con un challenge que consiste en tratar de generar la menor cantidad de basura posible, por ello, utiliza sus propios recipientes en la comida corrida e incluso cuando compra café o agua, “el principal problema es para tomar líquidos, cuando estás trabajando a veces no queda más remedio que ir a comprar una botella de plástico que puedes reutilizar máximo una vez, si no el agua empieza a oler mal y tienes que comprar otra. Intento traer de mi casa un vaso reutilizable, pero la verdad no siempre puedo hacerlo y tampoco puedo pedir en la tienda que vacíen el agua en mi vaso”, comenta sonriente.

La pareja conformada por Pablo y Ana ha llegado un poco más lejos. Su bebé, que este diciembre cumplirá un año, usa pañales de tela. Ana no utiliza toallas sanitarias, tampones o la copa menstrual durante su periodo, sino compresas de algodón, que pueden lavarse y utilizarse por mucho tiempo. “En mi caso el problema ha sido buscar un jabón amigable con el medio ambiente y que además sea efectivo al lavar las prendas. Por ahora me siento feliz al saber que estoy contribuyendo a no dañar más el ambiente”, relata Ana.

Estos casos son apenas el comienzo de un movimiento que busca regresar a lo natural. Un sondeo realizado por Contenido entre 50 personas arrojó que por lo menos 46 de los interrogados realizan una o más acciones de cuidado del medio ambiente que involucra la sustitución de artículos “normales” por productos biodegradables o completamente naturales, en los que encuentran principalmente dos ventajas: generan menor cantidad de basura y a la larga perciben un ahorro en su presupuesto.

Sin embargo, los 50 participantes han declarado también que se tropiezan con diversos problemas al intentar ser “más ecológicos”. Las cuatro personas que aceptaron no realizar acción alguna a favor del cuidado sustentable reconocieron que se debe más bien a la inercia, les parece inútil al ver cómo se comporta el resto de la población.

¿Ejemplos? Al separar basura orgánica de la inorgánica terminó por desesperarse pues al final de cuentas lo recolectores les decían que “todo iba pal mismo lugar’. Eso me desalentó a continuar con alguna otra actividad”, cuenta Santiago Chavira.

“Cuando yo iba al cine trataba de llevar mi vaso y mi recipiente –el mismo que te daban en el cine– para palomitas, y al principio me reclamaban, pensaban que me quería aprovechar de alguna promoción de refil gratuito. Después de varias discusiones en las que les explicaba mi verdadero propósito de no generar más basura entendían pero argumentaban que contabilizaban sus ventas en dulcería por la cantidad de vasos y cajas para palomitas que vendían y que de no darme un recipiente nuevo, les iba generar algún conflicto… No volví a esa sucursal y me desalenté de llevar mis recipientes”, explicó Manuel Becerra.

“Al empezar a ponerse de moda lo ecológico intenté migrar a algunas opciones que me permitieran seguir ofreciendo platos desechables en mi negocito de antojitos para no dañar el medio ambiente. Para mi sorpresa, hay opciones que lo permiten, platos biodegradables e incluso tenedores y cucharas, el problema es que son más caros y a gran escala se salían de mi presupuesto, además, ni pensar en subir el precio de la comida, la gente dejaría de ir y tampoco puedo darle las cosas simplemente en una servilleta”, expone resignada Gaby.

“Me parece muy falso, como si fuera una moda que no tiene sentido, utilizan cosas naturales para cuidar el medio ambiente, pero no se bajan de su automóvil, quieren alimentos que no hayan sido procesados o que se guardan en bolsas plásticas que contaminan pero tienen en el cajón de su casa celulares con baterías y otros circuitos que aunque estén apagados o en desuso representan mayor contaminación que el empaque plástico de sus papitas […], para mí es un sinsentido que esas pequeñas acciones signifiquen realmente un cambio”, comenta con molestia Nora.

 Una transformación profunda

Cambiar el estilo de vida de la sociedad de consumo suena complejo pero como refiere Kantar Worldpanel, firma de investigación que analiza marcas en unos 40 países, la tendencia de cuidar a las personas y al ambiente empieza a influir en el comportamiento de los compradores. En China, 67% de los consumidores prefiere cosméticos con ingredientes naturales y 55% adopta ya una dieta más saludable, en tanto que los surcoreanos exigen que los productos tengan la certificación de organizaciones especializadas para considerar su compra “virtuosa”; y en Francia cada vez más personas buscan productos que omiten sustancias nocivas para el bienestar de la gente.

En México parecería, si hacemos caso a ciertas encuestas, que somos el país más ecológico del mundo pues nueve de cada 10 mexicanos están preocupados o se consideran personas responsables con el ambiente. Pero sólo un tercio de los consultados dice ahorrar agua además de energía, una quinta parte asegura que recicla y un 15% que usa bicicleta o comparte coche. (Ver Qué tan verde eres, Contenido, Julio, 2017).

La importancia que actualmente se le otorga al medio ambiente ha hecho que presenciemos una de las transformaciones más profundas de los últimos tiempos, opinan ecologistas y científicos. “Es una necesidad”, explican, toda vez que alentados por los paradigmas del consumo responsable, cada vez más personas tienen en cuenta el impacto socio-ambiental de los productos que eligen para su día a día. Un nuevo paradigma de vida sustentable, ecológica y amigable con el medio ambiente abre mercados y oportunidades no sólo para contribuir al cuidado de la naturaleza, sino para la economía al impulsar las industrias que se atreven a incursionar en este tópico.

Es un tema relativamente nuevo, que se popularizó en 2002 en la Declaración Oficial de Naciones Unidas con motivo de la Cumbre de la Tierra donde se invitó a revisar los modelos insostenibles de consumo y producción y recurrir a patrones más responsables para evitar el deterioro ambiental.

Lo cierto es que el llamado de científicos ecologistas se consolidó gracias a la difusión de información que permiten internet y las redes sociales. Hoy es común ver no sólo sitios o personas especializadas en el tema aportando su opinión, sino a influencers y otros líderes de la comunicación que alientan a un consumo responsable, a producir menos basura y a considerar la ya muy conocida regla de las tres erres: Reducir, Reutilizar y Reciclar.

Esa difusión de conceptos es la misma que permite que el abanico se amplíe. Hoy no sólo se trata de cuidar más el agua, de separar la basura o de reciclar latas y botellas, se trata de erradicar el consumo de plásticos, cambiándolos por materiales biodegradables, de buscar alternativas que no generen gran número de contaminantes, de realizar cambios de hábitos profundos a favor de una verdad que parece irrefutable: “Estamos generando cambios negativos en el planeta debido al consumo desmedido de recursos”, ha dicho en repetidas ocasiones Albert “Al” Gore, considerado un político verde por su labor como defensor del ambiente cuando fue congresista en Estados Unidos.

¿Cambiar coches y ropa?

Otro personaje destacado es Elon Musk, fundador de empresas como Tesla, Hiperloop, Pay Pal y Space X, un firme defensor de la movilidad eléctrica como forma de comenzar a dar los pasos necesarios para ayudar a la Tierra a recuperarse de los daños ocasionados al medio ambiente debido a la quema indiscriminada de combustibles fósiles.

Los vehículos eléctricos han cobrado importancia en los últimos años gracias a su paulatina integración a nuestra urbe. Al ser 100% eléctricos, a estos vehículos se les conoce como cero emisiones, lo que significa que no emiten CO2 –gases de efecto invernadero– ni cualquier otra partícula contaminante del aire, evitando así contribuir a las congestiones ambientales de la ciudad y al cambio climático.

En nuestro país, ya existen esfuerzos en el ámbito automotriz para frenar la contaminación por emisiones de CO2. El Zacua M2, hecho en México, funciona gracias a un motor eléctrico PMSM. La batería de un Zacua tiene una vida de 3,000 ciclos (cargas de cero a 100%), lo que se puede traducir en ocho años de vida. Cuenta con teléfono integrado, navegación por internet, acceso a e-mail, redes sociales y a un sistema envolvente de audio. Su precio inicial es de 460,520 pesos, lo que también lo convierte en el más económico del segmento.

En el caso del mundo del vestir, la filosofía ecofashion busca generar una industria responsable con el medio ambiente y la sociedad. Según expertos en diseño de moda, la producción de esta durante el siglo XX y lo que va del XXI ha tenido un impacto considerable en el medio ambiente. Esta tendencia busca cuidar al planeta y reducir el uso de químicos y de emisiones de gases contaminantes.

El problema con la industria del vestido es que producir los insumos que se requieren para renovar una colección implica una temporalidad muy corta, lo que ha ocasionado que se deje de lado el cuidado de los recursos naturales.

Lo anterior queda de manifiesto en el reporte The Economic Impact Of The Fashion Industry (El impacto económico de la industria de la moda, de 2016), presentado por el Congreso de Estados Unidos, el cual señala que esta industria tiene un valor, a escala global, de 1.2 billones de dólares (millones de millones). En México, la industria textil y del vestido aporta 0.8% al PIB, de acuerdo con cifras del Inegi.

En el país, la organización ambiental Greenpeace ha detectado en diversos ríos del país niveles alarmantes de químicos y contaminantes, y señala que entre los actores que contribuyen a este panorama están las productoras de textiles. “La campaña Detox Fashion ha buscado el compromiso de marcas para eliminar malas prácticas al elaborar sus productos”, explica el sitio Greenpeace México.

“Como consumidores debemos darnos cuenta del poder que tenemos frente a las marcas. En nosotros también está exigirles que hagan productos que no comprometan al planeta”, reza el sitio de internet.

Foto: Pxhere

“Sin popote, por favor”

Si se trata de los utensilios desechables como popotes, platos, vasos, charolas, entre otros que no se pueden reciclar o el proceso para hacerlo es de costo elevado, la Procuraduría Federal de Protección al Ambiente (Profepa) considera desde 2016 en su artículo 22 de la Ley General para la Prevención y Gestión Integral de los Residuos un apartado para el cuidado de los desechos generados por empresas y particulares. En este se incluyen los popotes y otros desechables en la lista de residuos peligrosos para el ambiente, por lo que se espera su paulatina prohibición.

Actualmente, como en el resto del mundo, en México existen empresas dedicadas a la producción de utensilios que sean biodegradables o con base en desperdicios orgánicos que permiten su descomposición, tal es el caso de los popotes de la empresa Biofase, cuya desintegración se da en sólo 240 días –contrario a los comunes que pueden tardar más de 800 años–, hechos con semillas de aguacate.

Otras alternativas que llegaron a disputarse este mercado son los utensilios Bamboorganic, de la marca Green Lifestyle, los cuales están elaborados de celulosa natural con cubierta a base de resinas naturales las cuales lo vuelven impermeable.

Igualmente la marca Ecoshell, la cual distribuye productos desechables biodegradables, venderá próximamente popotes compostables con un tiempo de biodegradación de 90 a 240 días sin dejar residuos tóxicos en el ambiente, gracias a que los microorganismos se alimentan de los productos, lo que logra reintegrarlos a la naturaleza.

Expertos consideran que el negocio con este enfoque crecerá porque “está aumentando la conciencia sobre el tema del medio ambiente, además de que empresas grandes ya están ocupando este tipo de material”. Teoría que se confirma pues, tan sólo en el último año, el número de clientes de la empresa creció alrededor de 100%, y actualmente tienen entre 400 y 500 compradores, es decir, por lo menos 300 más que cuando comenzaron labores en 2010.

El problema con estos desechables biodegradables son los costos, pues mientras una caja con 2,000 unidades de popotes convencionales ronda los 120 pesos, los biodegradables se ubican entre 400 y 600 pesos según la marca. El mismo caso es para tenedores, cucharas, platos y vasos desechables, cuyos costos también duplican al de los tradicionales.

Opiniones divididas

Si bien la mayoría concuerda con que un retorno a lo natural es más benéfico, existen también voces que discrepan de esta idea, un ejemplo es el doctor en bioquímica J.M. Mulet, quien entrevistado por el sitio web español La Vanguardia, dijo a la periodista Lorena Ferro: “Las propiedades nutricionales [de la agricultura ecológica] no son mayores ni mejores para el medio ambiente”.

Este especialista, autor de Los productos naturales ¡Vaya timo!, explica que no está a favor o en contra de la existencia de productos ecológicos, pues hay un amplio mercado consumidor de los mismos, “porque te dejan una sensación de que estás haciendo algo bueno por el medio ambiente”, pero “ello no es del todo cierto, pues las técnicas de la agricultura ecológica pueden incluso ser más agresivas con el medio ambiente, debido a la erosión de los suelos”, argumenta.

J.M. Mulet expone que el concepto ecológico está socialmente aceptado porque se ve como algo bueno pero lo considera autocomplaciente y tendencioso: “Pagas más y te quedas con la conciencia muy tranquila pues estás beneficiando al medio ambiente, que es algo que queremos todos. También hay una industria verde: las agencias certificadoras, las organizaciones…”

Lo que es un hecho es que la tendencia creciente del cuidado del planeta se intensificó y está ya en muchos aspectos de nuestra vida, sobre todo en países desarrollados. Con la globalización y la creciente conciencia, también en México crece la oferta de productos y la demanda por mayor cuidado ambiental, desde lo que desechamos y cómo lo hacemos, lo que comemos, vestimos, la manera en que nos trasladamos. Cada vez serán más aspectos de nuestra vida los relacionados con el cuidado del medio ambiente y los cambios necesarios para su preservación.

Más vale acostumbrarse y dar marcha atrás a lo que durante años, por inercia, economía y falta de información, hemos practicado indiscriminadamente. Esta y las futuras generaciones lo agradecerán.