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Activismo en internet. Done un tuit

Usted puede convertirse en ciberactivista si quiere generar mejoras en su colonia o provocar cambios sociales nacionales y globales. Aquí le decimos cómo.

 

Imágenes: Pxhere

Donar un tuit (tweet), crear grupos en Facebook, compartir información a través de WhatsApp son sólo algunas manifestaciones de activismo digital o ciberactivismo que las nuevas tecnologías han hecho posibles. Estas herramientas digitales tienen mayor alcance que el megáfono más potente a la hora de expresar descontento social, impulsar reivindicaciones y luchar por nuevos derechos.

Como señalan muchos ciberactivistas, “a una petición online le sigue una acción offline”. Y sí, porque no son pocos los usuarios de este tipo de plataformas que expresan su descontento en sitios de internet para luego pasar a la acción en el mundo físico. Por sólo citar un caso, en Change.org, considerada una de las plataformas de peticiones más grandes que hay en el ciberespacio, participan 150 millones de usuarios y, según se explica en su sitio web, se suman alrededor de tres millones de personas cada mes para apoyar las causas que les importan. Pero, ¿cuáles son esas causas?

Son de todo tipo y tienen que ver con la diversidad de temas que preocupan a las personas. Desde cosas que van desde lo micro que, por ejemplo, tendrían que ver con algo que afecta a una persona, una colonia o un barrio (como el que una escuela para perros se mantenga abierta), hasta solicitudes de modificaciones a la Constitución, entre muchas otras.

Así, esta manifestación social, siguiendo la definición de la Enciclopedia Británica: “utiliza internet y los medios digitales como plataformas clave para la movilización de masas y la acción política. Desde los primeros experimentos de la década de 1980 hasta las modernas smart mobs [‘multitudes inteligentes’] y blogs, activistas y especialistas en informática se han acercado a las redes digitales como un canal de acción”.

En suma, el ciberactivismo expresa alguna inconformidad o algún malestar social y busca a gente que sienta lo mismo (o que apoye esa causa quizá a través de algo tan sencillo como ‘donar un tuit). El objetivo inicial es que el mensaje se replique exponencialmente para hacerlo visible a las personas que toman las decisiones y se genere algún cambio. En otras palabras, el ciberactivismo se trata de pequeñas y grandes reivindicaciones para la mejora gradual de la sociedad en su conjunto.

Históricamente ha habido movilizaciones sociales que se han articulado con manifestaciones digitales de ciberactivismo para potenciar su mensaje. Entre los ejemplos internacionales más reconocidos está “La primavera árabe” (2010-2013), el Occupy Wall Street (2011), y algunas movilizaciones organizadas en diversos países por simpatizantes del sector moderado del grupo de hackers, ciberactivistas y hacktivistas, “Anonymous”.

WhatsApp y activismo digital

Por lo general, los activistas digitales se apoyan en herramientas online como campañas virtuales, foros, chats, grupos de discusión y plataformas de peticiones para “alzar la voz” (y, con toda probabilidad, de ahí pasan a asambleas, marchas y actos públicos “fuera de línea”, es decir, en el mundo físico). Sin embargo, conforme surgen nuevos servicios de mensajería y comunicación, estos internautas se apropian de ellos y los utilizan en sus manifestaciones políticas y ciudadanas.

Tal es es caso de WhatsApp. A finales de 2017, durante el “Congreso Internacional Move.net sobre Movimientos Sociales y TIC”, realizado en la Universidad de Sevilla, tres académicos de la portuguesa Universidade de Coimbra presentaron la ponencia The Whatsappers’ Turn: New Forms of Cyberactivism (algo así como El turno de los whatsapperos: nuevas formas de ciberactivismo). Ahí se dijo cómo este servicio de mensajería instantánea estaba sirviendo para la información y la organización ciudadana.

En su trabajo, Izabel Weber, Paula Bastone y Sérgio Barbosa reconocen que WhatsApp y otras Tecnologías de la Información y de la Comunicación (TICs) han “aumentando la capacidad de movilización y la articulación de los ciudadanos y posibilitado una mayor implicación de los actores sociales […]. Las formas de activismo digital señalan nuevas posibilidades de movilización política al sugerir reconfiguraciones de prácticas participativas. A saber, se entiende que internet no trae modificaciones automáticas”, sino que son “los usuarios quienes configuran y utilizan las herramientas de maneras diversas, con objetivos puntuales, influidos por innumerables factores”.

Por lo tanto, expresan los autores, aunque no hay “una relación mecánica entre el WhatsApp y la participación política” ya que “esta TIC no promueve automáticamente la participación política, ni sostiene la democracia”, sí es posible identificar que los sujetos hacen uso de este servicio con fines políticos específicos. En suma, lo que WhatsApp ofrece es una posibilidad más, entre muchas otras, “para los ciudadanos de participar en la vida pública, ya que hay una apropiación social de la tecnología digital que es inmediata, poco costosa y muy eficiente”.

Así, en el futuro próximo seguirán apareciendo más servicios y plataformas digitales que serán apropiadas por los ciberactivistas para “reinventar a la política y a la sociedad”. En ese entorno, todos somos activistas digitales en potencia.

Activismo radical en la Deep Web

En el más reciente cuarto de siglo, el ciberactivismo se ha relacionado con reivindicaciones sociales bien definidas. Sin embargo, también hay grupos de internautas más radicales con objetivos no muy claros. Estos sujetos, conocidos como hacktivistas, prefieren utilizar medios digitales anónimos para realizar sus acciones que, si bien de suyo no son ilegales, sí están relacionadas con prácticas de este tipo. Por lo general, ellos se organizan y actúan en la Deep Web o Web profunda.

Pere Cervantes y Oliver Tauste en su libro Internet negro, el lado oscuro de la red señalan qué tipo de contenidos existen en ese espacio no regulado o “ambiguo”, en particular en una subcategoría denominada Darknet: “cuando hablamos del ‘mercado negro’ de la Deep Web no exageramos ni un ápice: allí puedes adquirir armas de fuego, todo tipo de drogas, tarjetas de crédito robadas o información de tarjetas para ser utilizadas en compras online, contenido digital pedófilo, servicios de crackers [hackers criminales] que controlan millones de ordenadores zombis y se ofrecen para realizar ataques de denegación de servicio a empresas de la competencia, sicarios con un extenso menú de servicios, etcétera”.

No obstante, los autores reconocen que la Deep Web también es una herramienta muy útil “sobre todo en aquellos países donde la censura de sus gobiernos no permite a los ciudadanos ser personas libres, ni siquiera en internet. Sabemos que, de hecho, la Deep Web supone la única alternativa que estos tienen de manifestarse y reivindicar sus derechos”. Y agregan: “incluso también nos mostramos comprensivos cuando la Deep Web es el canal por el que transitan ciertas agencias de inteligencia –civil o militar–, u organizaciones como WikiLeaks”.

Es en esa penumbra en la que el ciberactivismo de los hacktivistas va y viene, cruzando la frontera entre lo permitido y lo ilegal. Según Cervantes y Tauste, este concepto debe ser explicado “teniendo en cuenta lo agitado que está el planeta”, entendiendo a los hacktivistas como “personas o grupos (más o menos organizados) cuyas acciones se dirigen a controlar redes o sistemas informáticos para promover una determinada causa o defender un posicionamiento político y/o social”.

Por lo general, en este nivel de ciberactivismo se actúa a gran escala contra gobiernos o medidas con repercusión nacional o internacional. En países como Estados Unidos, China, Israel, Turquía y muchos otros, el hacktivismo ha logrado poner en jaque a importantes instituciones de seguridad y gobierno.

Ahora que tiene usted un panorama general, si le interesa convertirse en ciberactivista, puede iniciarse utilizando alguna de las siguientes plataformas:

 

Plataformas de peticiones

– Change.org

El generar cambios positivos a nivel local, nacional y mundial es el objetivo de esta organización con presencia en 196 países. Buscan empoderar a la gente de todas partes pues consideran que cualquier persona puede generar cambios reales.

Sitio: www.change.org

– Avaaz.org

Más de 47 millones de miembros provenientes de 194 países, incluido México, respaldan a esta organización. Entre sus victorias recientes está la de ser un importante actor de influencia para la posterior firma del Acuerdo de París en materia de cambio climático.

Sitio: www.avaaz.org

 

350.org

Colaboran con organizaciones de todo el mundo para salvaguardar el planeta y el medio ambiente. Han organizado movilizaciones masivas en las calles de varias ciudades del orbe. Su nombre se debe a que la concentración segura de dióxido de carbono en la atmósfera es de 350 partes por millón.

Sitio: www.350.org

– Access Now

Utilizan internet para establecer redes de colaboración internacionales a favor, sobre todo, de la defensa de derechos digitales de las personas. Puedes suscribirte para recibir, a través de las redes sociales, alertas de acción e información de interés.

Sitio: www.accessnow.org

-MéxicoLeaks

Se reconocen como “una plataforma independiente de denuncia ciudadana y transparencia, al servicio de la sociedad mexicana, para revelar información de interés público”. Gracias a su tecnología de seguridad y cifrado, se garantiza el anonimato total.

Sitio: https://mexicoleaks.mx

 

¿Cómo hago una petición en change.org?

  1. Ingrese al portal www.change.org y elija la opción “Inicia una petición”.
  2. Escriba el título de su petición, explicando brevemente y proponiendo una solución (por ejemplo: “Elevar el salario de los trabajadores de la fábrica de 40 a 50 pesos la hora”).
  3. Complete la información que le piden en cuatro pasos más. En ellos se deberá abordar cómo impacta esto a usted o a la sociedad, por qué es necesario este cambio y, si es posible, a quién se dirige la petición (presidente, jueces, empresas, etcétera).
  4. Termine su petición y fírmela ingresando un correo electrónico o a través de Facebook. Es muy sencillo y rápido, ya que en cada paso se explica con suficiencia qué hacer y se muestran ejemplos.

 

Los activistas más influyentes

Ciberactivistas destacados

Aunque el activismo digital tiene que ver, sobre todo, con el impulso que logran las peticiones gracias a la participación de miles o millones de personas, a lo largo del tiempo sí es posible identificar a personalidades destacadas entre las que, entre muchas otras, están:

 

En el mundo

-Aaron Swartz

Estadounidense. Programador destacado y activista online que luchó por el libre acceso a la información. Diseñó y dirigió Open Library, una base de datos de libros de libre acceso. Se suicidó en 2013, mientras enfrentaba acusaciones del gobierno de los Estados Unidos por supuesto robo de información.

 

-Al Gore

Luego de ser vicepresidente de los Estados Unidos durante la administración de Bill Clinton, Al Gore se convirtió en un activista muy importante en temas relacionados con el cambio climático. Su cuenta en Twitter es @algore

 

-Befeqadu Hailu

Es un periodista y blogger africano. Junto con otros, fundó el colectivo Zone 9, espacio virtual en el que se denuncia y critica la represión política que se vive, sobre todo, en su natal Etiopía. Twitter: @befeqe

 

-Noan Sereiboth

Se trata de una personalidad que está emergiendo con potencia en el mundo del activismo digital. Este joven (28 años) de Camboya que utiliza internet como foro de análisis y discusión para generar una cultura política más democrática. Twitter: @noansereiboth

 

En México

-Ricardo Dominguez

Considerado uno de los primeros activistas digitales. A través de The Electronic Disturbance Theater, el estadounidense de padres mexicanos dirigió una campaña llamada “Stop the War in Mexico” de manifestaciones digitales no violentas contra la conocida como “Masacre de Acteal”, ocurrida en Chiapas en 1997.

 

-Arturo Hernández y Alex Marín (Los Supercívicos)

Lo que inició como un proyecto de entretenimiento y crítica al gobierno, pronto, al ser censurado en programas de televisión, pasó al ciberespacio. En el mundo digital devino como una plataforma eficiente de denuncia en México. Twitter: @supercivicosmx.

 

-Jesús Robles Maloof

Abogado defensor de los derechos humanos y la libertad en internet. Considerado pionero del activismo digital en redes sociales en México. Twitter: @roblesmaloof

 

-Alejandro Pisanty

Además de ser un respetado investigador de química y teoría cuántica, también ha ocupado importantes cargos internacionales en la ONU, ICANN, ISOC, entre otras. En 2009, fue uno de los más importantes impulsores del movimiento “Internet necesario”. Twitter: @apisanty

 

 

Por Sergio Lezama