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Qué hay detrás de las fake news

Tienen la apariencia de noticias reales, pero en realidad las fake news buscan engañar y sobre todo ser compartidas. ¿Cuáles son sus peligros y cómo detenerlas?

En agosto pasado dos hechos violentos ocurridos en poblados de la República mexicana hicieron estremecer a la sociedad. El primero, ocurrido en la población de Acatlán de Osorio, Puebla tuvo como víctimas a dos campesinos que fueron acusados de ser unos “robachicos” y fueron linchados y quemados por una enfurecida turba. El segundo, apenas un día después, tuvo como escenario el pueblo de Santa Ana Ahuehuepan, Hidalgo, esta vez un hombre y una mujer corrieron la misma suerte. ¿Qué originó tal comportamiento en la multitud? Noticias, falsas, rumores, fake news, que se propagaron como reguero de pólvora y se esparcieron a través de las redes sociales. De hecho las autoridades en Hidalgo advirtieron de la falsedad de estas informaciones que se difundieron y se compartieron a través de cadenas de WhatsApp o por mensajes directos, por ello ofrecieron la línea Procuratel  018009121314#PGJEHcontigo para que la gente se mantuviera informada e hiciera caso omiso de noticias falsas.

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Dos informaciones engañosas provocaron que el periodista mexicano Luis Roberto Castrillón y el periodista español Marc Amorós García entraran a fondo al asunto de las noticias falsas, o fake news, para convertirse en expertos en el tema. El primero se hizo cazador de ellas en su portal #ElEditordelaSemana; el segundo, en autor del libro Fake news. La verdad de las noticias falsas, pionero en el asunto que se publica en tierras ibéricas.

¿Cómo es que ambos llegaron a esta determinación?

En 2011, Luis Roberto Castrillón tenía como divertimento, junto con algunos de sus colegas, buscar errores en los medios tradicionales que tuvieran cierta presencia en redes sociales, tales como información falsa, malinterpretación de datos, descuido en la información o desaseo, y al final de cada semana entre todos elegían el más desastroso.

Sin embargo, el asunto se volvió más serio cuando en junio de 2012, en plena efervescencia de campañas electorales, se difundió una supuesta fotografía de la esposa del candidato presidencial del PRI que la mostraba con huellas de golpes en el rostro. Naturalmente la falsa imagen se “viralizó” de inmediato en redes sociales e incluso fue retomada por diversos medios periodísticos serios, que después la eliminaron sin dar explicaciones.

Fue allí donde Castrillón tomó conciencia de los peligros y decidió que el hobby debía convertirse en un asunto más formal. Así pues, estableció su portal y blog desde donde se dedica a analizar y evidenciar toda información sesgada o engañosa que cae en sus manos.

Por su parte, Marc Amorós, como muchos españoles de la época, se sorprendió cuando la edición del 24 de enero de 2013 del prestigioso diario El País fue retirada de los estanquillos en las primeras horas del día y sustituida por otra. Su nota principal daba cuenta de la enfermedad del presidente venezolano Hugo Chávez y su tratamiento en Cuba. Lo que pocos sabían es que horas antes, cuando los editores subieron la portada del diario en su sitio web, diversos cibernautas les advirtieron que la foto de la portada era falsa, pues si bien la imagen del paciente se parecía a Chávez, en realidad era otra persona. Este hecho hizo cavilar al periodista Amorós sobre el nuevo paradigma que se estaba gestando, y de paso le dio pie para escribir su libro, publicado por editorial Colofón.

Emoción vs. razón

Fake news, expresión que se popularizó en nuestra vida cotidiana, fue considerada la palabra del año en 2017 por los editores de los diccionarios Oxford. No era para menos. Según las estadísticas su uso aumentó 365%, y pese al disgusto de los puristas también se extendió en español. Si bien el término no es nuevo, sí fue revitalizado durante la campaña presidencial estadounidense de 2016 y tomado como bandera por el presidente Donald Trump, quien cada que puede la utiliza –principalmente en redes sociales, y en cualquier ocasión que se le presente– contra toda aquella información crítica.

Los expertos convienen en señalar que la noticia falsa no es un asunto menor, ni se trata de una broma, chiste o chascarrillo, pues los sitios y diarios satíricos que ya juegan a ello no se esconden, algo que no sucede con las noticias falsas que buscan hacer “picar” al usuario, engañar o hacerlo caer en la mentira para que la comparta, pues cuanto más viral se convierta, más cumple su objetivo.

Resulta contradictorio que en estos tiempos de la llamada sociedad de la información caigamos en una espiral de información falsa, desinformación y credulidad. Las noticias falsas “han ocasionado un gran problema de contaminación del debate público”, señala Luis Roberto Castrillón, para quien la información que no está apegada a términos comprobables y resulta más sesgada, fluye con mucha más velocidad y se comparte más. En este tipo de notas siempre se antepone la emoción a la razón, completa Amorós.

El periodista Amorós García, en charla telefónica desde España, define para los lectores de Contenido lo que debe entenderse por fake news: “una información con apariencia de noticia real que busca engañarnos y que tiene por objetivo ser compartida (viralizada) por muchas personas porque detrás albergan un propósito que puede ser económico (ganar dinero) o ideológico (incidir en el pensamiento de la gente)”.

Emparentadas con el rumor,  las fake news también apelan al inconsciente colectivo. “Siempre hemos sido muy ávidos de dimes y diretes, ‘me han dicho’, siempre que nos contaban un rumor albergabas un porcentaje de duda, pero con las fake news no hay vuelta, son directas, autoafirmativas, para que te creas noticias que son mentiras”, señala el comunicólogo español.

Ataque ficticio y antivacunas

Efectivamente el asunto no se reduce a Trump y sus ataques contra la prensa al grado de señalar “los medios de las fake news no son mi enemigo, son el enemigo del pueblo”. Más allá de esta expresión transversal cabe recordar que las fake news no sólo están presentes en la política sino también en muchos otros asuntos que van desde los deportivos hasta los del mundo del espectáculo, sin omitir los tecnológicos o de salud.

Históricamente, un ejemplo de cómo el periodismo del siglo XIX utilizó las noticias como una herramienta para vender e incidir en el pensamiento de la gente se dio durante la separación de Cuba, entonces una colonia española, explica el periodista Amorós. Este episodio enfrentó a los magnates de la comunicación Joseph Pulitzer y William Randolph Hearst. Fue este último quien inició desde el New York Journal una agresiva campaña donde destacaba grandes revueltas de los cubanos y hasta campos de concentración españoles. En su apuesta por el conflicto cubano, envió en febrero de 1898 a un dibujante para que ilustrara con todo detalle los enfrentamientos. El dibujante envió un telegrama a Hearst pidiéndole permiso para regresar porque en la isla no sucedía nada de lo que contaban en el periódico. El magnate le devuelve el telegrama con lo siguiente: “Yo hago las noticias. Tú haz los dibujos, que yo pondré la guerra”.

Efectivamente Hearst inventó una noticia falsa, que le hizo vender muchos ejemplares, sobre una explosión en un acorazado norteamericano y acusó a España de perpetrar un atentando contra ese barco –aunque las investigaciones posteriores determinaron que el incendio en una carbonera fue el detonante de la explosión–. En la portada del periódico se dijo que un submarino había colocado una mina en la parte baja del acorazado. La campaña caldeó tanto los ánimos que la opinión pública estadounidense presionó a su gobierno para que tomara cartas en el asunto y declarara la guerra a los españoles. Fue así como en agosto de ese año Cuba logró su independencia.

Por pura coincidencia de fechas, un siglo después, en febrero de 1998, el gastroenterólogo inglés Andrew Wakefield publicó en The Lancet un artículo junto con otros colegas donde establecía una relación entre la aplicación de la vacuna triple (que protege contra el sarampión, rubéola y paperas) y el desarrollo en algunos pacientes de “enterocolitis autística”, una suerte de autismo.

Pese a que desde un inicio la comunidad científica se mostró escéptica sobre el estudio, el impacto mediático detonó no sólo en Reino Unido, donde el índice de vacunación decayó hasta en 7% y los casos de sarampión se dispararon, sino incluso en Estados Unidos donde se documentaron varios enfermos a principios de 2015.

Se inició una campaña antivacunas apoyada por algunas celebridades en diversos medios de comunicación que convenció a diversos padres de familia para negarse a vacunar a sus hijos, incluso en México resurgieron casos aislados de sarampión, aunque la enfermedad estaba erradicada del país.

La organización Voz Pro Salud Mental señala que aunque Wakefield fue vetado de su ejercicio profesional en Reino Unido –se descubrió que había planificado una serie de negocios para obtener dinero, entre ellos la comercialización de pruebas para la detección de la supuesta enterocolitis autística–, el daño ya estaba hecho.

El editor y columnista Esteban Illades, autor de Fake news, la nueva realidad, sostiene en su libro que debemos acostumbrarnos a “una expresión que nos dice que la realidad, en el siglo XXI, se está volviendo falsa”.

Mitos urbanos, rumores

Hagamos memoria, antes de las cadenas de correos y de WhatsApp informando de posibles “robachicos”, hace algunos años y antes del boom de las redes sociales, en varias salas de cine era frecuente observar cómo algunos asistentes revisaban cuidadosamente las butacas antes de sentarse, lo mismo en el respaldo que en el asiento, buscando jeringas o algún otro objeto punzante. El fenómeno no era exclusivo de México pues también se repetía en salas de la India, Madrid, Santiago de Chile, Perú, Colombia y otros países. Bien a bien, no se sabe dónde surgió el rumor que se expandió primero de boca en boca para trasladarse después por angustiosos correos en internet donde el remitente advertía a todos sus contactos que tuviera cuidado cada vez que acudieran a algún cine.

El investigador y periodista Jorge Halperín en su libro Mentiras verdaderas señala que este rumor apareció en la India luego de que un grupo de siete chicas de un colegio acudió al cine del Metro de Bombay. Durante la proyección una de las chicas sintió el pinchazo de una aguja pero no le dio importancia, se tocaba frecuentemente la zona afectada y notó sangre en su dedos, creyó que con su uñas se había lastimado. Cuando las luces de la sala se prendieron una de las amigas le descubrió, pegada a la espalda, una nota con un mensaje fatal: “Bienvenido al mundo real, ya eres VIH positivo”. La joven lo consideró una broma macabra pero meses más tarde se hizo un examen de Sida que confirmó su trágica suerte. Cuando se presentó a denunciar ante las autoridades, estas le dijeron que su caso no era el único y que habían ocurrido muchos otros en el mismo lugar. El culpable era un empleado del cine, resentido contra el mundo, que utilizaba una jeringa para transferir sangre infectada a toda persona que se sentara delante de él.

Esto que se catalogaría como una leyenda urbana, pues inició de boca en boca, pronto tomó dimensiones insospechadas con la aparición de nuevas tecnologías. El investigador Francisco Javier Cortázar de la Universidad de Guadalajara identificó al menos seis tipos de mensajes rumorales u hoaxes (hoax, engaño o mentira en inglés) que circulan por internet y que hace algunos años saturaban los correos electrónicos con alertas sobre virus informáticos, modernas cadenas mágicas o de solidaridad, peticiones, rumores, etcétera.

En general este tipo de mensajes que piden al lector que reenvíe el mensaje, no tienen firma o si la tienen, generalmente presenta teléfonos, cargos, estudios y nombres falsos; la noticia es impactante pero nunca antes había aparecido en medios confiables. (Ver: Mentiras urbanas que entretienen a los mexicanos, Contenido, Oct. 2008).

Para saber qué tan enraizada se encuentra esta práctica, el periodista Amorós nos remitió a un estudio realizado entre 2,000 personas por la Universidad Complutense de Madrid acerca del impacto de las Fake news entre los españoles. Una de las preguntas fue: ¿has compartido o difundido una vez una noticia falsa? 86% de los encuestados admitió haberlas transmitido alguna vez en su vida. A la pregunta de si se creían con la capacidad para detectar una noticia falsa, seis de cada 10 afirmaron muy convencidos que sí, sin embargo, cuando se les puso a prueba con titulares de diarios sólo acertaron tres de cada 20, lo cual refleja lo vulnerable que se encuentra la población en general ante este tipo de noticias o de caer presa del peligroso encanto de las fake news.

En materia de fake news, como dice nuestro entrevistado español, “sólo hay dos consumidores de información, los que nos hemos creído alguna noticia falsa y los que nos vamos a creer una noticia falsa en el futuro”.

Instinto básico

Para la socióloga Guadalupe Regina Dorantes Díaz, de la Facultad de Estudios Superiores Aragón de la UNAM, se trata de un fenómeno social que no es una novedad, pues ha existido siempre. Lo interesante ahora es “la manera en que se lleva a cabo esta propagación, mediante redes sociales”.

Las noticias falsas provocan en el ser humano miedo, una emoción primitiva en el cerebro, las amígdalas cerebrales empiezan a liberar neuroquímicos (adrenalina y noradrenalina) que nos hacen sentir miedo y con la necesidad de sobrevivir ante un peligro inminente. Ante el miedo usamos poco el área frontal, la cual nos permite pensar, discernir si algo es correcto o no, y el organismo empieza a tener ansiedad y angustia, señala la psicóloga Gabriela Cámara, presidenta honoraria de Voz Pro Salud Mental.

Sume también que debido a la “democratización” de internet y a que cualquiera puede dar un like o compartir una publicación sin verificarla, es difícil responsabilizar a alguien en las redes sociales y es más difícil hallar a la persona que generó la información primigenia.

La docente universitaria Dorantes Díaz señala que tampoco es gratuito que se empiece a llamar a esta época como la era de la “posverdad” –coincidentemente considerada como la palabra del año en 2016– debido a que no importa tanto ”la verdad que refleje la realidad sino aquella que refleja la realidad que se adecua a mi percepción: la noticia deseada”.

Tengamos en cuenta, señalan los entrevistados, que vivimos en una sociedad desconfiada, que muestra recelo ante los medios de comunicación tradicionales y cuyo mayor contacto son sus dispositivos móviles –donde tiene sus redes sociales y a las personas de mayor confianza como familiares, amigos, trabajo, conocidos–, prefiere vivir en una burbuja de “realidad” donde hay interpretaciones a esa realidad, dependiendo de su entorno social y de su propio sistema de valores.

Peligroso combate

En cuestiones periodísticas las fake news conllevan un gran peligro: provocar una desconfianza muy grande en la sociedad respecto al papel que desempeñan los medios de comunicación o del periodismo tradicional. Cuando el consumidor desconfía de tal manera del ejercicio del periodista, quedará a expensas de creer sólo en aquella información que confirme su opinión. No le será accesible ni creíble la información que le lleve la contraria, un poco lo que consiguió Donald Trump en Estados Unidos, quien buscó entre los que votaron por él que desconfíen de todo tipo de información que no provenga del propio Trump.

Hoy día las redes sociales facilitan que cualquiera pueda ser un medio de comunicación en sí mismo aunque no posea ni los códigos éticos ni la deontología que sí tiene un medio periodístico. Bajo el esquema anterior, el periodista era garante de que la información fuera veraz y oportuna, ahora el gran reto del periodismo es reinventarse y recuperar su rol como protagonista.

“Los periodistas deben recuperar de nuevo la confianza en la población y nos es cuestión de ego o menosprecio, pero nuestra profesión nos da herramientas para pulir la información y combatir el flujo informativo”, asevera Luis Roberto Castrillón. ¿Cómo se recupera? La única forma es haciendo un mejor trabajo, siendo más humildes y reconociendo que internet es un terreno fangoso, donde puede haber errores, reconocerlos y tratar de ofrecer a la población la mayor cantidad posible de fuentes, incluso en notas pequeñas, lo cual hará que vuelvan a confiar, reconoce el creador de El editor de la semana. No hay que olvidar que en las pasadas elecciones en México hubo diversos portales de periodistas que se dedicaron a evidenciar las fake news y que los esfuerzos de diversos profesionales contra las noticias falsas aún se mantienen.

Creación humana

En Estados Unidos las fake news cobraron gran presencia en las elecciones presidenciales de 2016  y en México se habló mucho de ellas durante 2012; ello motivó la comparecencia de Mark Zuckerberg –dueño de Facebook– ante el Senado de los Estados Unidos y también ante el Parlamento Europeo. Fue así como la red social lanzó un decálogo para que los usuarios de la plataforma combatan a las fake news, pero difícilmente el usuario de redes sociales dedicará tanto tiempo a ello.

El proceso de verificación de un rumor puede llevar hasta semanas para encontrar la fuente original, y en el mejor de los casos hasta media hora para encontrar el dato más simple y poder contrastarlo, menciona Castrillón.

Gabriela Cámara de Voz Pro Salud Mental recomienda a la población ser cautelosa ante una noticia que genere miedo, y apelar a la parte inteligente del cerebro antes de ponerle like o compartirla pues se estaría apoyando a gente que crea un daño muy grande.

En los principales fenómenos donde dos posturas se confrontan (el Brexit, el proceso de paz en Colombia, el referéndum en Cataluña) se han caracterizado por la presencia de fake news, pero aún no se puede determinar si estas inciden directamente en la votación de las personas.

Tristemente el fenómeno de las noticias falsas existe por culpa nuestra, señala el periodista Amorós, pues fueron los seres humanos quienes las creamos y las compartimos. Por ello cabe preguntarse: ¿me hace feliz compartir un titular de redes sociales a mis contactos?, ¿cuál es mi necesidad de trasmitirla? Habrá que recordar cómo se empezaron a combatir las cadenas que llegaban por mail. La gente simplemente dejó de compartirlas.

 

7 razones por las que creemos en fake news

  1. Tenemos fe.
  2. Porque no dan la razón.
  3. Porque nos gustan las mentiras.
  4. Son emocionantes.
  5. Nos impulsan a compartirlas.
  6. Porque llegan fácilmente.
  7. Porque no nos importa de dónde salen.

(Fuente: Marc Amorós)

 

Decálogo de Facebook contra las fake news

Duda de los títulos. Las noticias falsas suelen presentar títulos llamativos escritos en letras mayúsculas y con signos de exclamación. Si un título contiene afirmaciones sorprendentes y poco creíbles, es probable que se trate de información falsa.

Observa con atención la URL. Una URL falsa o que imita una original puede ser una señal de advertencia que indica que se trata de una noticia falsa. Muchos sitios de noticias falsas realizan pequeños cambios en la URL de las fuentes de noticias auténticas para imitarlas. Puedes visitar el sitio para comparar la URL con las fuentes establecidas.

Investiga la fuente. Asegúrate de que la noticia esté escrita por una fuente de confianza respaldada por una reputación de exactitud en la información. Si la noticia proviene de una organización desconocida, verifica la sección “Información” para obtener más detalles.

Detecta si el formato es poco común. Muchos sitios de noticias falsas contienen errores ortográficos o diseños extraños. Lee con atención si observas estas señales.

Presta atención a las fotos. Las noticias falsas suelen contener imágenes o videos manipulados. En ocasiones es posible que la foto sea auténtica, pero que la hayan sacado de contexto. Puedes buscar la foto o imagen para verificar de dónde proviene.

Comprueba las fechas. El orden cronológico de las noticias falsas puede resultar ilógico, o incluso pueden estar alteradas las fechas de los eventos.

Verifica las pruebas. Comprueba las fuentes del autor para confirmar que sean precisas. Si no se aportan pruebas o se confía en expertos cuya identidad no se menciona, es posible que la noticia sea falsa.

Consulta otros informes periodísticos. Si ningún otro medio está reportando la noticia, es posible que sea falsa. Si aparece en varias fuentes de confianza, resulta más probable que sea verdadera.

¿La noticia es un engaño o una broma? En ocasiones, suele ser difícil distinguir una noticia falsa de una publicación humorística o satírica. Comprueba si la fuente de donde proviene suele realizar parodias, y si los detalles y el tono de la noticia sugieren que puede tratarse de una broma.

Algunas noticias son falsas de forma intencional. Reflexiona acerca de las noticias que lees y comparte sólo las que sabes que son creíbles.

 

Fuente: www.facebook.com/help/188118808357379?ref=shareable

 

(Por Alberto Círigo)