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¡No es dieta! Científicos descubren como influyen en la salud los ciclos de alimentación

Investigadores estadounidenses han descubierto que no es tanto la comida en sí lo que nos ayuda a mantener sano nuestro organismo, sino la hora a la que comemos.

Científicos del Instituto Salk, California, afirman en su estudio, publicado en Science Daily, que restringir el acceso diario a los alimentos a un intervalo de 10 horas permite resolver muchos problemas de salud que padecemos debido a los trastornos en los relojes biológicos (problema muy común entre quienes trabajan en turnos), mejorando nuestra calidad de vida.

“Para muchos de nosotros el día comienza con una taza de café a primera hora de la mañana y termina con un refrigerio a la hora de acostarse, 14 ó 15 horas después. Pero restringir la ingesta de alimentos a un espacio de 10 horas y ayunar el resto del día puede conllevar una mejora de salud, independientemente de nuestro reloj biológico”, sostiene Satchidananda Panda, profesora del Laboratorio de Biología Reguladora de Salk y autora principal del estudio.

Ello se explica por el hecho de que las células de los mamíferos operan en ritmos circadianos, oscilaciones de las variables biológicas en intervalos regulares de tiempo, que determinan la actividad de los genes. Por ejemplo, los genes encargados de la digestión son más activos al principio del día, mientras que los que son responsables de la reparación celular se activan por la noche.

¿En qué consiste el experimento?

En el marco del estudio, los científicos trataban de comprender mejor qué papel juegan los ritmos circadianos en las enfermedades metabólicas, examinando para ello el comportamiento de ratones con los genes responsables de controlar sus relojes biológicos desactivados. Lo que el equipo de Panda quería verificar era si el consumo de comida durante una ‘ventana’ de 10 horas podría beneficiar a los ratones ‘sin reloj’.

Durante el experimento, los científicos estudiaron dos grupos de ratones. Uno tenía acceso a comida durante todo el día, mientras que los otros disponían de la misma cantidad de calorías, aunque solo por un período de 10 horas. De esa forma, pudieron comprobar que los roedores que podían comer en cualquier momento se volvieron obesos y desarrollaron enfermedades metabólicas, mientras que los demás gozaban de mejor estado de salud, pese a carecer de un reloj biológico interno.

Conclusiones y recomendaciones

El resultado del experimento demuestra que la función principal de los ritmos circadianos sería ayudar al animal a planificar la ingesta de alimentos. Esto permite al cuerpo mantener un equilibrio entre el tiempo dedicado a la digestión y el tiempo necesario para mantener las funciones metabólicas.

“Nuestro estudio demuestra que al controlar los ciclos de alimentación y ayunos de los animales, nuestro sistema de programación externo puede prevalecer sobre la falta de uno interno”, afirma Panda.

Sin embargo, la violación de los biorritmos debido a cambios de trabajo, zonas horarias o defectos genéticos conduce a la aparición de enfermedades. Con la edad, el trabajo de nuestro reloj biológico comienza a debilitarse, lo que contribuye al desarrollo de enfermedades cardiovasculares, cáncer y demencia.

En cualquier caso, los autores aseguran que esta mágica ‘ventana’ de 10 horas puede ayudar a restablecer y mantener el equilibrio interior,beneficiando a nuestra salud.