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Murió La Chorreada

 

Blanca Estela Pavón, una de las grandes actrices de la Época de Oro del Cine Mexicano, murió de forma trágica en una avionazo a finales de la década de los cuarenta.

 

Sería premonición, sería simple latido o quizá maldición sobre la pareja que apuntaba a leyenda. Pedro Infante y Blanca Estela Pavón, El Torito y La Chorreada, la comunión del Amorcito corazón de Pedro de Urdimalas. La voz susurrante, seca, hueca, de la vieja gitana en reto al destino: “Los dos morirán en bolas de fuego”.

La escena, el incidente a flor de estudio en la filmación de Nosotros los pobres, la reviviría a gritos el inolvidable Pepe “El Toro” el martes 22 de septiembre de 1949, ante el féretro de Celia, su Celia: “¡Ahora me toca a mí”!

Tenía 23 años escasos y ocho películas para la historia. La mujer que yo perdí, Los tres huastecos, Vuelven los García, Cuando lloran los valientes, La liga de las canciones, Ladronzuela. De aquella Mari Toña del burrito caprichudo, a la mujer-hombre forjada en el odio Juan Simón López.

Avionazo

El escándalo llenó mil páginas de los diarios y cientos de horas de radio: El avión DC-3 de Mexicana de Aviación que cubría la ruta Tapachula, Tuxtla, Ixtepec, Oaxaca, México, se estrelló en el Pico del Fraile del Popocatépetl. Las últimas palabras del piloto, Alfonso Rebul, eran de angustia: “¡Tenemos graves problemas de visibilidad y turbulencia severa! ¡Volamos a 1,300 pies!”.

Lo que quedó de la actriz Blanca Estela Pavón y su padre lo trasladarían en costales a lomo de mula hasta el albergue más próximo en Ayapango.

Una hilera macabra de restos en convocatoria al luto nacional: el senador Gabriel Ramos Millán “el apóstol del maíz”; el maestro Salvador Toscano; el fotógrafo Faustino Mayo; Salvador Ochoa Méndez… en total: 17 cadáveres calcinados.

Caprichos del destino

En la tragedia se entretejían las coordenadas del destino. Como la palma de la mano. Blanca Estela tenía urgencia de llegar a la capital, cediéndole sus boletos una pareja amiga, tras cancelarse el vuelo en el que viajaría.

El lugar original de la gira, funciones incluidas en el teatro “Macedonio Alcalá” de Oaxaca, era para Marga López. El exnovio de Blanca Estela, José Ángel Espinoza “Ferrusquilla” tampoco pudo ir.

El escritor Andrés Henestrosa, uno de los pasajeros con boleto pagado para acompañar a Ramos Millán, prefirió el autobús.

Velado el cadáver en el teatro de la Asociación Nacional de Actores, la oración fúnebre la pronunciaría Jorge Negrete, de cara al féretro blanco.

Amorcito corazón

Dicen que La Chorreada andaba en amores reales con Pepe “El Toro”. Dicen que le inundaba de flores el camerino. Dicen que este le enviaba recados con frases de miel: “Ninguna flor es más bella que tú”. Dicen que María Luisa León, la esposa del ídolo, lo vio todo con sus propios ojos.

Dicen que el coqueteo de Pedrito nació desde la filmación de la película Cuando lloran los valientes. Dicen que en la cinta Pepe el Toro, Infante lloraba de verdad cuando veía la foto de La Chorreada.

Lo cierto es que a Blanca Estela Pavón, la niña prodigio que a los nueve años participaba en programas radiofónicos, para llegar a la Legión infantil de la XEQ, le alcanzó la voz de la gitana en pleno ascenso de una carrera fulgurante que le había valido ya un Ariel de plata.

A Pedro Infante le llegaría la hora el 15 de abril de 1957. Ocho años después.

Otro avionazo.

Pero esa, esa es otra historia.