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Los comerciantes británicos resisten frente al ogro internet

¡No estamos muertos!”, dice Robin Blair, de 73 años, que ha dedicado toda su vida a su puesto de verduras en Darlington, donde varios grandes almacenes cerraron recientemente. Como todos, sufre la competencia de internet pero está listo para luchar.

Con un mercado histórico, esta ciudad del norte de Inglaterra sufre de lleno las consecuencias de la explosión del comercio en línea y el alza de los alquileres.

Tras los grandes almacenes BHS en 2016, la venerable enseña Marks and Spencer tuvo que bajar la persiana a finales de agosto en su principal avenida comercial.

“Es un duro revés para Darlington”, afirma Blair, pero este septuagenario de mirada viva recuerda haber sobrevivido a la aparición de los supermercados a finales de los años 1970 y se declara optimista.

“Es más competitivo, la gente quiere que se le lleve la compra a casa, pero nosotros podemos adaptarnos”, afirma subrayando que muchos comercios independientes están por ejemplo ampliando sus horarios.

Punto de partida de la primera línea ferroviaria de pasajeros del mundo en 1825, Darlington sigue siendo relativamente próspera pese a que su desempleo -algo más del 5%- es ligeramente superior a la media nacional.

Pero esta pequeña ciudad, en cuyo centro proliferan los comercios, está en primera línea de las dificultades que enfrenta el sector en el Reino Unido donde las tiendas cierran en cascada: cerca del 15% de sus locales comerciales están vacíos.

Otros grandes almacenes, House of Fraser, debían cerrar también pero fueron salvados in extremis en los últimos días por la conclusión de un acuerdo con su financiador.

Los ingresos de internet

Los consultantes del gabinete BDO acaban de dar cuenta de una nueva caída de las ventas del comercio físico en el Reino Unido en agosto.

El debate se acalora en el país en torno al rescate de las tiendas: el ministro conservador de Finanzas, Philip Hammond, propone gravar las ventas en línea mientras que los grupos de cabildeo del comercio minorista piden una reducción del impuesto sobre la propiedad y la gratuidad de los aparcamientos.

“El centro de la ciudad cambia de forma drástica y este proceso llevará aún cinco o diez años más”, prevé Nick Wallis, concejal del Partido Laborista en Darlington. “Hemos perdido tiendas pero han abierto otros comercios, en particular bares y cafés, todo lo que tiene que ver con la vida nocturna”, matiza.

En su opinión, los centros de las ciudades, monopolizados por los comercios desde hace medio siglo, podrían acoger en el futuro más viviendas construidas en los espacios que dejan libres las tiendas abandonadas.

Wallis insiste también en la necesidad de organizar eventos culturales y festivos en las calles, para arrancar a los habitantes de sus ordenadores y atraerlos a la ciudad para que consuman en directo.

Así, a finales de agosto un desfile de coches de colección atrajo a una multitud y llenó las cajas registradoras.

La firma TGI Media se adjudicó hace unos meses una licitación del ayuntamiento para popularizar este tipo de iniciativas. “El objetivo es fomentar la frecuentación de las calles, recogemos las informaciones de los comerciantes y las divulgamos en las redes sociales”, explica su directora, Tori Gill.

Así, la página Facebook de esta campaña, bautizada #LoveDarlo y lanzada a principios de abril, fue consultada por un millón de personas al menos una vez, pese a que Darlington tiene unos 106.000 habitantes.

En el mercado cubierto, menos frecuentado en estos últimos años, también se quiere crear un entorno agradable para atraer a los parroquianos.

“Buscamos desarrollar espacios de exposición, el mercado artesanal o ayudar a los artistas a vender sus obras”, enumera Alexandra Nicholson, gerente adjunta.

El mercado quiere también permitir que los clientes puedan recoger su compra tras haberla encargado, una fórmula que ya hace furor en el Reino Unido… para las compras en internet.

AFP