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Criptomonedas. Por qué sí

Los tres grandes regalos que le ofrecen las famosas criptomonedas, son: un cambio de paradigma económico, una gran aportación tecnológica y, quizá, una oportunidad de negocio.

Si hace 10 años alguien nos hubiera dicho que hoy existiría una moneda totalmente diferente al dinero fiduciario –que era el que conocíamos al menos en el sentido de que funciona sin un banco central que lo avale ni regule y que no existe físicamente–, posiblemente nos hubiera ganado la risa. Sin embargo, eso son las criptomonedas.

Cada vez es más común oír pláticas sobre este dinero electrónico descentralizado que existe solamente a través de internet y que podemos usar en cualquier parte del mundo, en cualquier momento, en tiempo real. Parece casi tan irreal como los billetes del Monopoly con los que comprábamos hoteles en lugares exóticos sobre un tablero de juego. No obstante, las criptomonedas son una realidad y nos regalan, de entrada, un racimo de preguntas.

¿Qué son y cómo funcionan?

De inicio, para poder hablar del tema, hay que encontrar una definición. Una que suele usarse bastante es la que ofrece el Bitlicense, la primera licencia para monedas digitales en el mundo que emitió el Departamento de Servicios Financieros del estado de Nueva York, la cual dice: “Cualquier tipo de unidad digital, creada u obtenida mediante el cálculo matemático, cuyo sistema esté basado en internet y que se utiliza como medio de cambio o una forma de valor digitalmente almacenado”.

Empero, sigue sonando complejo.

Con una visión más del lado de la tecnología, Bernardo González, director de innovación de Kio Networks, definió una criptomoneda como “un archivo digital que representa valor, que está en una red distribuida, descentralizada, altamente segura y que utiliza un concepto de consenso para validar lo que representa y sus transacciones”.

A partir de este concepto, podemos desmenuzarlo para entenderlo a profundidad. Primero debemos saber que el archivo digital se utiliza como herramienta de cambio de valor, como el llamado dinero fiduciario –el que tenemos guardado en la cartera–, pero en este caso sólo existe mediante una representación digital.

La criptomoneda, al igual que la moneda normal, tiene reglas en cuanto a cuál es la masa monetaria que se va a manejar y cómo se va a conectar con la economía, pero aquí en lugar de que el órgano rector sea un banco central, las reglas están dispuestas en un algoritmo, en el que justamente está basada la criptomoneda.

El siguiente punto distintivo recae en que la red en la que están basadas coexiste distribuida y descentralizada. Es decir, todo el sistema está sobre una red llamada peer-to-peer (P2P), lo que quiere decir que el protocolo no depende de un solo lugar, sino que está distribuido por toda la red.

Una característica muy importante de las criptomonedas refiere a su alta seguridad, ya que la criptografía matemática en la que se basan hace muy difícil poder hackearla. “Técnicamente, sí se puede romper la criptografía, pero el costo que implica violar el algoritmo hace inviable que alguien lo haga”, asegura González.

El nivel de seguridad se debe a la combinación de factores: primero, los algoritmos matemáticos, exactamente esta criptografía que cifra su contenido; segundo, el hecho de ubicarse en una red distribuida y que la información está descentralizada, a lo que se suma el concepto de consenso y el bloque de cadenas.

De esta manera, a nueve años del lanzamiento de bitcoin, la primera y más popular criptomoneda, podemos decir que el mundo ya no es el mismo. Primero, porque rompió el paradigma generando un archivo digital con un valor que se puede usar en cualquier parte del mundo y que no se rige por ningún órgano central; y, segundo, porque la plataforma tecnológica, aunque se ha utilizado mayormente en el sector financiero, ofrece infinitas posibilidades de uso, con una eficiencia, transparencia y seguridad que no tiene precedentes.

¿Dónde está el lado oscuro?

Aunque de entrada todo pareciera maravilloso cuando hablamos de criptomonedas, en realidad hay muchos economistas, férreos detractores del bitcoin, particularmente, al tratarse de la criptomoneda de mayor volumen y más usada. Entre los argumentos en contra, destacan el no ser un método cómodo para realizar pagos porque no representa un uso común; que el valor de bitcoin parece una burbuja que atrae a los especuladores o que incluso propicia el beneficio para criminales más que para el ciudadano de a pie.

Warren Buffet, uno de los hombres más ricos del mundo y cuya riqueza neta se estima en 84,000 millones de dólares, ha dicho en repetidas ocasiones que el bitcoin no tiene un valor intrínseco. “Si compras bitcoin o alguna criptomoneda, no tienes algo que esté produciendo”, dijo Buffet en una entrevista para Yahoo Finance recientemente. “Sólo estás esperando que el siguiente comprador pague más, y te das cuenta que este va a incrementar el pago si piensa que otra persona va a abonar más aún. Cuando haces eso no estás invirtiendo, sino especulando”.

Paul Krugman, Premio Nobel de Economía y columnista del New York Times, es otro de los destacados detractores de la criptomoneda. En su blog del diario dijo, recientemente, que “los entusiastas de las criptomonedas están celebrando el uso de una tecnología de punta que regresará 300 años al sistema monetario”. El argumento de Krugman remite a la necesidad que tiene el bitcoin de generar el símil digital de lo que sería sacar oro de una mina (con el proceso de minado para verificar las transacciones) para que la moneda tenga entonces un valor, en lugar de la confianza que se tiene depositada en un organismo central que emite el dinero fiduciario.

La postura de Krugman se ha suavizado un poco con los años. Aunque el economista se mantiene escéptico –debido, en buena medida, a que considera que la criptomoneda carece de un ancla con la realidad que le dé la misma confiabilidad del dinero fiduciario–, cree en la posibilidad de que se llegue a una suerte de equilibrio en el que el bitcoin (aunque no así otras criptomonedas) coexista con el dinero fiduciario con un uso demasiado limitado.

Pero, ¿es una buena oportunidad?

En cualquier caso, al momento de escribir este texto, hay 1,784 criptomonedas diferentes en circulación y el valor de mercado total oscila entre los 226,000 millones de dólares, según coinmarketcap.com, un sitio dedicado a darle seguimiento al mercado de criptomonedas y utilizado por muchos analistas y corredores de estos activos.

Con un mercado de ese tamaño, parece innegable que esto se trata de algo más que de una simple moda. Sin embargo, podemos afirmar que el mercado de las criptomonedas luce muy volátil. En diciembre del año pasado, el bitcoin llegó a cotizarse en más de 19,700 dólares y en agosto de este año vale menos de un tercio de aquel precio. Es decir, registró una caída estrepitosa, aunque cabe hacer notar que en agosto de 2018 el bitcoin se cotiza casi al doble de lo que valía en las mismas fechas del año pasado.

A pesar de todo, el panorama se presenta halagüeño para las criptomonedas y, principalmente, para el bitcoin, cuya capitalización de mercado, según los números de coinmarketcap.com, representa poco menos de la mitad del mercado total de criptomonedas en el mundo.

“[En diciembre] se infló demasiado el precio porque había mucha compra-venta”, explicó González, de Kio Networks. “Pero, en lo personal, creo que seguirá al alza, aunque es una moneda que tiene una fluctuación muy alta”.

González basa su predicción en la robustez de la tecnología que utilizan las criptomonedas. “Lo que vemos con el blockchain es que se trata de una tecnología que va a entrar a muchas industrias. Y si analizas cómo funciona, la conclusión lleva a que sería muy difícil que no siga evolucionando”, expone a Contenido.

Sin embargo, no deja de señalar que se trata de un mercado muy volátil donde resulta fácil dejarse llevar por las noticias y la novedad de las criptomonedas. “El mercado de las criptomonedas es un mercado de especulación”, coincide González, tal como lo ha denunciado Buffet. “En general delata que hay gente que está especulando, por lo que hay que tener cuidado”.

Otro factor que puede asegurar un mediano y largo plazo promisorio es que hay empresas que han invertido en criptomonedas y la tecnología de blockchain. Por ejemplo, BBVA fue uno de los primeros grupos financieros que invirtió en esta tecnología y, según ha dicho en presentaciones José González, vicepresidente en Bitso, firma dedicada a la compra-venta de criptomonedas, hoy prácticamente no hay bancos en el mundo que no hayan invertido en alguna empresa de blockchain.

Asimismo, algunos corredores de criptomonedas aseguran que a pesar de tratarse de un medio especulativo, cada vez más gente está utilizando bitcoin para ahorro e inversión; aún no hay cifras oficiales que avalen esta tendencia.

Una de las ventajas más evidentes de las criptomonedas en la actualidad es la facilidad que ofrecen para hacer pagos internacionales, ya que se reducen drásticamente las comisiones y se realizan muy rápidamente, lo que también suele ser un problema, sobre todo si se hacen pagos a monedas que no cotizan directamente con el peso.

Por lo anterior, no debemos obviar la debida asesoría e investigación del mercado financiero, pero la mesa parece puesta para aprovechar esta gran oportunidad de entrar de lleno al siglo XXI, generando ganancias en el proceso.

Cómo empezar a invertir

Para alguien que no está metido en el asunto de las criptomonedas podría representar algo complejo empezar a comprar divisas electrónica, pese a que delata un proceso relativamente sencillo. Primeramente habrá que encontrar y escoger una empresa dedicada a la compra-venta de criptomonedas, conocidas como exchanges. En México, a partir de la Ley Fintech, publicada en marzo en el Diario Oficial de la Federación, hay compañías verificadas dedicadas a esto. Algunos ejemplos son Bitso, CEX.io, Localbitcoins o Volabit, entre muchas otras.

“Hay que verificar es que estas empresas estén reguladas por la nueva Ley Fintech; tienen que estar dadas de alta y contar con una licencia”, explica González.

A partir de ahí, vincular una cuenta bancaria se convierte en un proceso muy sencillo que puede realizarse en línea, para de inmediato hacer una compra de bitcoin. El costo de una unidad de esta criptomoneda parece altísimo (al momento de escribir este artículo rondaba cerca de los 119,000 pesos), pero se pueden comprar fracciones. Incluso, algunas de estas exchanges tienen convenios con minoristas donde se pueden hacer transacciones con efectivo. Por ejemplo, Bitso cuenta con un convenio con Oxxo, donde tranquilamente se puede hacer el depósito en nuestra cartera de bitcoins.

Una recomendación sensata es empezar con una inversión modesta para ver cómo se mueve el mercado y lo siguiente que recomiendan analistas y corredores es no perder de vista lo volátil del mercado, por lo que hay que irse con tiento y pensar en inversiones a mediano y largo plazo.

Peer-to-peer, blockchain y otras linduras

Quizá el ejemplo más famoso de una red P2P (una red de pares, entre iguales) es el ya antiguo caso de Napster, en donde los usuarios tenían acceso a todas las computadoras que estuvieran formando la red. La descentralización va relacionada precisamente al tipo de red, y a eso se le suma que el programa rector está en código abierto, por lo que se desarrolla en todas las máquinas y se autorregula. Así el programa “corre” en múltiples computadoras, pero para que se puedan llevar a cabo las transacciones con base en las reglas preestablecidas en el programa debe haber un consenso de al menos 51% de la red.

El programa –que como ya se dijo “corre” en cientos de computadoras– tienen una lógica mediante la cual no acepta ninguna transacción a menos de que la mayoría de esa red lo apruebe. A este proceso de verificación se le conoce como “minado” y, básicamente, se trata de la fuerza de cómputo de la red trabajando para cifrar bloques de información con todas las transacciones que se realizan.

En el caso específico del bitcoin, por ejemplo, esos bloques de información se cierran cada 10 minutos y la computadora que logra cerrar cada bloque recibe un pago de bitcoins como recompensa, emitidos en ese momento (así la masa monetaria se va incrementando con el tiempo y esa recompensa cada cuatro años se reducirá a la mitad con el objetivo de que llegue el momento en que ya no circulen nuevos bitcoins; aunque para eso faltan más de 100 años). Este concepto es el famoso blockchain –o bloque de cadenas– y conforma la plataforma sobre la que trabajan todas las criptomonedas.

(Rafael Carballo)