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¿Cómo nos ven en el extranjero?

La imagen que durante dos siglos identificó a los mexicanos ha ido cambiando, ese personaje, envuelto en una cobija, con sombrero amplio y tomando una siesta  en un nopal, parece superado. ¿Con cuál icono se nos identifica actualmente?

  

“Tú no pareces mexicano” es quizá una de las frases más escuchadas por cientos de connacionales cuando se tropiezan con extranjeros –ya sea fuera del país o en el interior de la República– que al observarlos, los encuentran distintos a como los habían imaginado.

Hasta hace relativamente poco tiempo, el ícono que nos identificaba era una caricatura hecha en Estados Unidos donde se nos presentaba como un personaje que descansaba oculto bajo un gran sombrero, el estereotipo del “mexicano dormido junto al nopal”.

Este cliché contribuyó a que se nos percibiera como holgazanes. Sus elementos apenas varían: se nos muestra con los pies cómicamente grandes, los brazos cruzados sobre una barriga prominente, un gran bigote y el famoso sombrero. El burro, la botella de licor y el cactus son opcionales.

Paradójicamente, esta idea no surgió con la finalidad de insultar el trabajo migrante, al contrario, pretendía rendir tributo hacia la cultura trabajadora que los mexicanos, y en general los latinos, adoptan al llegar a tierras estadounidenses. Comúnmente conocido como “Pancho”, este personaje representaba a los jornaleros que trabajan hasta que los vence el cansancio, y que luego toman una siesta para poder levantarse y trabajar más.

Este concepto es expuesto en un ensayo por Maribel Álvarez, antropóloga cultural de University of Arizona, especializada en el folclore y la cultura del suroeste estadounidense, quien ha investigado por 10 años al “mexicano dormido”. Álvarez dijo que la primera referencia que se hace al sleeping mexican se encuentra en los diarios de viajes de finales del siglo XIX, de gente allende el río Bravo que visitó México y vio a los jornaleros indígenas descansando.

Con el tiempo, a medida que los viajes hacia el sur de Estados Unidos se incrementaron, los vacacionistas tuvieron más acceso a las áreas fronterizas y la imagen se popularizó en souvenirs, avisos de hoteles y restaurantes de comida mexicana, como un símbolo pintoresco que no pretendía, en un principio, humillar a la nación mexicana. “Es interesante cómo la gente le asigna diferentes significados que son tan opuestos”, expone Álvarez en su ensayo.

Algunos encuentran inquietante la imagen de “Pancho” pero afortunadamente sigue evolucionando. Hoy la cultura chicana es la encargada de darle un nuevo sentido, “poniéndolos en vez de dormidos, leyendo bajo la sombra de su sombrero”, explica Álvarez. La experta añade respecto al nombre, que se debe al revolucionario Pancho Villa.

Evidentemente esa idea del mexicano ha ido cambiando, aunque a cuentagotas. Todavía muchos extranjeros siguen identificando al mexicano como perezoso, impuntual, corrupto, violento, peligroso y que gusta de beber licor en cada una de sus festividades.

¿Qué tanta razón tienen?

 

Los extranjeros opinan

 Alondra Medicci, 24 años, francesa

“Alo”, como dice la bautizaron apenas pisó tierra mexicana, comenta que ella siempre se ha considerado de mente abierta, dispuesta a probar cosas nuevas. De padres italianos y francesa de nacionalidad, llegó a la Ciudad de México como intercambio por su universidad y “fue amor a primera vista”, cuenta. Los mexicanos, en su opinión, tienen la capacidad de reunir en un solo sitio lo bueno y lo malo de la cultura; se siente agradecida porque en la CDMX se siente “siempre de vacaciones, siempre hay algo por hacer, algo por descubrir y algo que comer”.

De los mexicanos piensa: “Son muy comelones, pueden comer puerco frito (carnitas) a las siete de la mañana y también son muy trabajadores; siempre están dispuestos a laborar una hora más aunque ya se haya acabado su jornada”.

 

Luis Revillán, 29 años, community manager, venezolano

Luis no encuentra grandes diferencias entre los mexicanos y los venezolanos, “son culturas muy parecidas, muy cálidas, muy latinas”, opina. Sin embargo, hay cosas a las que aún no se puede acostumbrar después de cinco años de vivir en la CDMX. “Es una ciudad muy ruidosa, hasta la fecha me asombra el carro que pasa ofertando por el fierro viejo o colchones usados, me da mucha risa también el que vende los tamales oaxaqueños y los tianguis con tan variados productos”.

De los mexicanos piensa: Si tuviera la oportunidad de volver a escoger dónde migrar de Venezuela, sin duda sería aquí, me enamoré de su comida, de sus mujeres y de su vida nocturna. Los mexicanos son muy cálidos y trabajadores, aunque como en Venezuela, evitaría a sus policías, me han pedido dinero porque identifican que soy extranjero; eso hoy ha cambiado pero al principio, como dicen ustedes, era de “tiro por viaje”.

Adriana Durne, 27 años, pintora y cocinera, española

Llegué hace poco por ‘cocinillas’; México siempre me había parecido muy interesante y desde el primer momento lo confirmé”, explica entusiasmada pero nerviosa. Adriana llegó como experta en alta cocina catalana, con un trabajo fijo. El primer día que estuvo en la CDMX fue asaltada mientras viajaba en taxi, perdió todas sus pertenencias a excepción de su pasaporte que guardaba en una sudadera que traía puesta. El mal trago pasó rápido y no dejó que la amedrentara para seguir con su vida normal. “Me dio tristeza que apenas al llegar me pasara eso, pero tengo la mejor impresión de vosotros y su cultura, pienso quedarme mucho tiempo y ya veré cómo recuperar mis documentos en el futuro”.

De los mexicanos piensa: Los amo, literalmente, mi prometido es “mexa” y su comida me encanta. He aprendido a comer chiles mexicanos y a cocinar con ellos, además sus playas son increíbles y son personas muy amables.

 

Aura María, 34 años, trotamundos, colombiana

Llegué a México prácticamente por error, iba a Canadá y la única forma de encontrar un pasaje accesible era hacer escala en México. Cuando aterrizamos, las autoridades me separaron en seguida, pensé: ‘porque Colombia, porque narcos…’, me molesté en seguida, casi un segundo después llegó la preocupación, he visto suficientes programas de ‘Alerta aeropuerto’ para saber que en mi maleta, mágicamente, puede aparecer cualquier cosa”. No era nada de lo que Aura creía, entre risas dijo que los policías fueron muy amables y le explicaron que habían recibido una llamada desde Colombia: su pasaporte se había quedado por error en el mostrador del aeropuerto y no podría continuar su viaje hasta tres días después, cuando llegara su documento. Con un boleto de avión abierto, esos tres días se convirtieron en meses y luego años, llegó a México de 29 años y lleva dos casada con un mexicano.

De los mexicanos piensa: Comencé a viajar a los 18 años, he visitado muchos países y sin duda los “mexas” son con quienes más he congeniado, son amables –a veces de más, abusan de pedir perdón y permiso–, carismáticos y casarme con uno ha sido la mejor decisión de mi vida.

 

 

10 clichés negativos y positivos que se tienen en el extranjero del mexicano

  1. El mexicano es perezoso, parrandero y mujeriego.
  2. Es un pueblo alegre y amable, siempre dispuesto a apoyar a los demás.
  3. Se rige por la ley del menor esfuerzo, entre menos se trabaje, mejor.
  4. Es muy práctico, sabe identificar la respuesta más simple para cualquier conflicto.
  5. Impuntual, cuando tengas una cita, llega tarde, seguro van a coincidir.
  6. Muy trabajador, siempre está dispuesto a trabajar de más aunque su horario haya terminado.
  7. Todo lo come con limón y picante.
  8. Tiene una alta tolerancia a bebidas alcohólicas, en especial si se trata de tequila.
  9. Puede comer todo tipo de picante, el chile en la cocina es fundamental.
  10. Es muy religioso, actitud que se lleva perfectamente con su espíritu fiestero, cualquier motivo es bueno para hacer una fiesta.

 

 

Una amplia escala de grises

El historiador y catedrático de la Universidad Panamericana (UP) Íñigo Fernández comenta en entrevista para Contenido que definir a los mexicanos no es una tarea sencilla, “porque somos muy complejos y diversos, de hecho, no es de extrañar que de tal diversidad parta las precogniciones que se tienen sobre nosotros más allá de nuestras fronteras.”

De acuerdo con Fernández quienes nos observan desde el exterior en ocasiones se confunden por las situaciones negativas que aquí se generan y pierden de vista que en nuestro país existen cosas maravillosas, que poco a poco se toman menos en cuenta como los lugares turísticos de gran interés, la amabilidad de los residentes, la cultura milenaria o la alegría que presume como pueblo.

El doctor Fernández explica que la fama del pueblo de México se debe en gran medida al cine, que ha exaltado la imagen del charro mexicano, pero que esta se ha ido modificando poco a poco, “hoy son las series [de narcotráfico] las que en gran medida influyen en la forma en la que el mexicano es visto en el mundo, pero afortunadamente se ha aprendido a identificar que hay matices. Los extranjeros pueden entender que hay muchísimos mexicanos que no estamos dedicándonos a delinquir o realizando actividades ilícitas, seguimos luchando por recuperar nuestra buena imagen”, considera.

El mexicano se ha visto inmerso en estereotipos durante siglos, pero lejos de importar lo que piensen afuera, se puede terminar con esos clichés desde adentro. Íñigo Fernández opina, por ejemplo, que nos encaminamos hacia cambios mayores a los que hemos demostrado en este tiempo: “El mexicano ya no es el sombrerudo agachón, siempre dispuesto a no destacar entre el montón”, situación que queda de manifiesto cuando hay connacionales tan destacados en los deportes como los medallistas en mundiales u olimpiadas, en el cine con sus actores y directores, y desde luego en las demás artes, entre muchos otros. “Por fortuna ellos entran en una lista positiva bastante larga”, sonríe el académico.

 

Una lucha interna

Hay una cualidad más que, llevada al extremo, ocasiona problemas. El mexicano es competitivo por naturaleza, ya sea con sus semejantes o con quienes presumen de tener mayores aptitudes para realizar alguna tarea. Visto desde el lado positivo, ese rasgo se muestra en el constante deseo de superación, pero al mismo tiempo, en el polo puesto ocurre algo semejante a la parábola del cangrejo: no deja sobresalir a otros por el simple hecho de que sus posibilidades no le permiten destacar.

Cuando este tipo de características negativas acechan, lo más sencillo es culpar a alguien más, como al gobierno, en el que recaen todos los males. Y dado que el sistema político y económico no es el mejor y existen problemas como la corrupción, entre muchos otros, el pueblo mexicano tiende a victimizarse, pues culpar a otros es más fácil. “El verdadero cambio está en el individuo, si desde nuestro entorno comenzamos a hacer las cosas bien, no cabe acusar a otros de si estamos bien o mal”, opina el catedrático de la Universidad Panamericana.

Si bien este país es un lugar de contrastes, el mexicano en general no tolera que los extranjeros se metan con su cultura, la juzguen o critiquen. “Pareciera que entre nosotros sí tenemos derecho a opinar sobre el otro, entre nosotros es válido tener prejuicios hacia los otros, pero no al revés”, sentencia el entrevistado.

También destaca: “Las muestras de unión y solidaridad son otra de las características primordiales del mexicano; la muestra reciente fue lo ocurrido en los dos 19 de septiembre, cuando se puso a prueba a la población luego de los terremotos que sacudieron a varios estados del país”. Esa amplia capacidad de respuesta, y las muestras de que también sabe ser recíproco y brindar ayuda cuando se solicita “es un punto muy positivo que tenemos a nuestro favor para contrarrestar la imagen negativa que pudiéramos tener”, añade Fernández.

 

El mexicano según el mexicano…

La Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) dio a conocer un trabajo que consta de 26 libros en los que se describe la visión que los mexicanos tienen de sí mismos. El análisis que lleva por nombre Los mexicanos vistos por sí mismos. Los grandes temas nacionales aborda tópicos que responden cómo es la niñez, juventud, adultez y vejez en México, además de esclarecer conceptos como la pobreza, preferencia religiosa, relaciones sentimentales, entre otros.

Los resultados no han dejado indiferentes a los especialistas, que encuentran en este estudio, aplicado a nivel nacional, el porqué se ha modificado el estereotipo de los mexicanos en el mundo. Julia Isabel Flores del Instituto de Investigaciones Jurídicas (IIJ) de la UNAM, y una de las coordinadoras del proyecto, explicó al portal BBC Mundo que entre los hallazgos que arrojó el trabajo científico se pudo saber, por ejemplo, la insistencia de los connacionales por practicar la religión católica siendo la Virgen de Guadalupe la deidad más venerada.

Otros hechos que emergen de este estudio son los que ofrece el escritor Héctor Aguilar Camín, quien además de calificarlo como un autorretrato elaborado por los mexicanos del siglo XXI, lo encuentra plagado de claroscuros. Mientras que por una parte se considera a la familia como el valor más importante, el 90% de los encuestados reconoce que hay violencia en su núcleo más cercano; otro dato revelador es que, por ejemplo, existe más aceptación hacia los homosexuales que hacia la población indígena; aun cuando el mexicano no se percibe racista, suele incurrir en hechos que lo delatan como tal.

El análisis, que es el esfuerzo más reciente por definir cómo es el mexicano, data de 2015 y también deja entrever que ha habido cambios importantes que vale la pena proyectar al mundo. Uno de los más importantes es que se logró identificar que los jóvenes están más preocupados por el concepto de “conformista” en el que muchos encasillan a los connacionales y aunque atribuyen esta problemática a la corrupción (77% de los encuestados), son también los primeros en modificar las conductas para no incurrir en tratos ilícitos con las autoridades.

Y precisamente, para llegar a tal cambio, es que cerca del 90% de los encuestados (una muestra de 1,000 participantes por estado para reunir un total de 32,000 participantes) se declara como honesto en más de un sentido, toda vez que la mayoría halla en la fidelidad conyugal la forma más eficaz de llevar el matrimonio a buen puerto.

Los esfuerzos de los “mexas”, como ahora los llaman muchos extranjeros, por cambiar la impresión que a lo largo de la historia se ha dejado en el mundo, comenzó hace mucho, opina el catedrático Fernández. Hoy el sistema de valores que se resalta deja de manifiesto que “aunque la percepción del mexicano en el mundo sea principalmente de violencia y corrupción, se está trabajando en un sentido opuesto. Hay muchas cosas buenas que se deben destacar”.

Muchos mexicanos desde hace tiempo quieren cambiar su propia imagen. Aceptarse en la diversidad. Ya no se conforma y suele rechazar el estereotipo de un personaje de baja estatura, bigotón, con sobrepeso; en general, la autoestima como población ha mejorado así como la personalidad que refleja al extranjero. Al ser cuestionados sobre cómo se definirían en una palabra, los entrevistados dijeron en primer lugar “trabajador”, seguida inmediatamente por “orgulloso” y en tercer sitio “alegre”, concepto que empata perfecto con la conducta relajada de celebración y fiesta… una característica que no parece molestar a casi ningún mexicano.

(Mario Ostos)