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¿Cómo lidiar con el comer por ansiedad?

Este tema puede llevar a estados de depresión y frustración, ya que otros esfuerzos por adelgazar resultan en vano. No controlar la ansiedad por comer es uno de los grandes problemas de hoy, no solo para los que buscan bajar de peso, sino para aquellos que quieren lucir mejor y en mayor medidas, para las personas con obesidad.

La realidad es que pocos le dan importancia a esta situación y pasan por alto que esos constantes “picoteos” suman calorías. Además, muchos se “autoengañan” y piensan que solo es necesario comer más vegetales para mejorar la dieta.

Las consecuencias son de primera mano estéticas, producto del relentizamiento del metabolismo,lo que se traduce en la disminución corporal para deshacerse del exceso de grasa.

Inclusive, puede llevar a estados de depresión y frustración, ya que otros esfuerzos por adelgazar resultan en vano. ¿Cómo frenar este problema?

Factores físicos, ambientales y psicológicos están ligados a la ansiedad por la comida, más, justo después de comer.

Sin embargo, la mayor parte de las veces tiene su origen en la falta de autoestima, pues, de algún modo, la persona cubre sus vacíos con el bienestar que le aporta la comida.

Por eso, antes que intentar aplicar estrategias para controlar la ansiedad por comer, sería bueno analizar cómo está el amor propio y la salud emocional. Si existe algo que nos impide ser felices, será más difícil combatirlo de forma efectiva.

Superado esto último, es importante señalar que la forma de mantener a raya este impulso por comer se centra en mantener la saciedad por más tiempo. Si te sientes lleno, disminuirá la posibilidad de que te des atracones.

1. Hacer 5 comidas diarias

Si hay algo en lo que coinciden todas las dietas sanas, es en sugerir que se aumente la cantidad de ingestas diarias a 5 o 6, con el objetivo de mantener un peso saludable.

Aunque pueda parecer que esto implica comer más, en realidad es una táctica efectiva para apoyar el metabolismo y controlar la ansiedad.

Es sencillo, en vez de hacer 2 o 3 comidas copiosas, debemos fraccionar nuestros alimentos en 5 o 6 raciones más pequeñas. Está demostrado que comer cada 3 o 4 horas estabiliza la glucosa y disminuye el deseo de comer más de lo debido. Además, optimiza el proceso de digestión y ayuda a mantener un óptimo rendimiento físico y mental.

2. Ingerir abundante líquido

Tanto el agua como las infusiones y caldos pueden ser grandes aliados para controlar la ansiedad por comer. Estas opciones no solo mantienen el organismo hidratado, sino que impulsan el metabolismo y el proceso de desintoxicación del cuerpo.

Gracias a estas cualidades permiten aumentar la pérdida de peso y la salud digestiva. De hecho, son claves para mantener una buena salud circulatoria e inciden en la protección de la masa muscular.

3. Añadir más fibra

Frijoles, garbanzos, lentejas, avena, frutas. Los alimentos ricos en fibra contienen hidratos de carbono complejos que sirven al cuerpo como principal fuente de energía. Además de esto, una de las principales virtudes de este tipo de alimentos es hacerle frente a ese deseo insaciable de comer.

Dado que prolongan la sensación de saciedad entre una comida y otra, evitan la toma de calorías extra.

Por si fuera poco, favorecen la descomposición del colesterol malo (LDL) y previenen problemas digestivos como el estreñimiento.

4. Suplementar con triptófano

El triptófano desempeña un papel protagónico en los planes para controlar la ansiedad por comer. Este aminoácido esencial participa en unos complejos ciclos metabólicos que, posteriormente, lo transforman en serotonina.

En este sentido, tras ser asimilado, incide en el control del apetito y la ansiedad. En términos generales, mejora el estado de ánimo y disminuye los comportamientos depresivos.

Las proteínas de origen animal, los lácteos, los frutos secos, la piña y la banana, son algunas fuentes naturales de triptófano.

5. Tomarse su tiempo

Muchos ignoran el hábito de comer despacio y sin distracciones. Por eso, tras acabar un plato con las cantidades adecuadas, el hambre regresa antes de lo esperado.

Ir a las prisas a la hora de comer, impide que el cerebro active a tiempo las señales de saciedad, lo que hace que comamos más; o al terminar quedemos con hambre.