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Y nació el Palacio de Vizcaínas

Ubicado en pleno Centro Histórico, en el conocido como barrio de las Vizcaínas, se encuentra este palacio de estilo barroco. Este Real asilo y colegio tuvo habitantes muy distinguidos de los que da cuenta nuestro cronista urbano.

 

Sería la providencia, el destino, la vida… o tal vez sólo la casualidad.

Atentando contra la añeja tradición dominical, esta vez el largo paseo del trío de cofrades más devotos y distinguidos de la orden de Nuestra Señora de Aranzazu no se enfiló, concluida la misa de seis en la capilla de la propia patrona de la región vascongada de España en el interior del Convento de San Francisco, hacia el verde profundo de la Alameda…

Al resguardo, pues, de las viejas bardas de piedra que escondían de ojos profanos la capilla de San Juan de Letrán, la portería, la capilla del noviciado, las celdas del padre guardián y el sacristán mayor, el jardín y el panteón, los peninsulares alcanzaron la calle de Zuleta y siguieron rumbo al sur… hasta llegar al humilde barrio de la Cruz Vidriada, con sus callejones de nombres vulgares.

Y a lo mejor hasta hubieran llegado al alegre bullicio de los aguadores al asalto de la fuente del Salto del Agua, en lo que sería luego la Plaza Tumbaburros, de no ser por el inesperado: agotado el empedrado, muerta la tierra apisonada, las botas se toparon con algo muy cercano a un pantano, a cuyo centro jugaban rondas seis pequeñas apenas cubiertas por jirones y harapos…

Interrogadas por los enternecidos vascongados, la mitad resultó llevar sangre de su propia región madre, y el resto de otras partes de España.

Se acabó el paseo.

Vascos bienhechores

Blandos de corazón, robustos de misericordia, henchidos de piedad, los caballeros Francisco de Echeveste, Ambrosio Meave y José Aldaco, juraron remediar tan doloroso escenario.

Al día siguiente hacían gestiones para comprar el predio delimitado por los callejones de Pañera, Caleras, Esmeralda y Polilla: 150 varas medidas de norte a sur, y 103 de oriente a poniente, en el escándalo de 33,618 pesos.

La idea era edificar un Real Asilo y colegio de seglares dedicado a San Ignacio de Loyola y dependiente de la Cofradía de Aranzazu, cuyas alumnas, mujeres todas, debían ser españolas. Ni ilegítimas, ni indias, mestizas, mulatas o negras…

 

Doña Josefa

El Real Asilo y Colegio de San Ignacio de Loyola, llamado De la Paz en la época juarista y de las Vizcaínas siempre, se inauguró el 9 de septiembre de 1762 con 60 alumnas en las listas.

Una de ellas sería, años después, Josefa Ortiz de Domínguez.

El reglamento prohibía la presencia de criadas, en afán de integrar a la educación de las doncellas vizcaínas las labores domésticas. La obligación hablaba, también, de aprender el arte de la pintura a la aguada; de confeccionar ramos de flores sobre conchas; de bordar con hilo de seda y oro, asimismo de tejer con estambre.

Las materias más importantes, además de geografía, historia, escritura y aritmética, eran higiene doméstica y cocina.

***

En el barrio de las Vizcaínas, delimitado por las hoy calles de El Salvador, Bolivia, Arcos de Belén y Eje Central Lázaro Cárdenas, nacerían tres de los grandes personajes de su tiempo: la soprano Ángela Peralta, conocida como “El ruiseñor mexicano”; el escritor, político y liberal puro Guillermo Prieto, conocido literariamente como Fidel, y el célebre cronista urbano Ángel del Campo “Micrós”.

Frente al viejo palacio de estilo barroco construiría, allá al amanecer de la década de los treinta, el arquitecto Manuel Ortiz Monasterio un conjunto de edificios neocoloniales de elegantes y espaciosos departamentos, cuya renta alcanzaba el asombro de 120 pesos.