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UNAM, orgullo mexicano

No todas son malas noticias en México, nuestro columnista da cuenta de cómo la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) se colocó entre las 150 mejores universidades del planeta.

 

 

 

Hace algunas semanas, la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) alcanzó el lugar 113 dentro del QS World University Ranking 2019. Tal sitio la colocó entre las mejores 150 universidades del planeta: ¡felicidades! ¿Qué cambió? Aquí algunas ideas: Fueron años de impulsar –y en muchos casos privilegiar– el conocimiento técnico duro por encima de las habilidades y competencias orientadas al desarrollo humano en los programas de licenciatura, posgrados y educación continua de las universidades de México y el mundo.

Sin embargo, luego de la crisis financiera, política y económica mundiales (iniciada hace 18 años por los escándalos de corrupción de compañías como Enron, WorldCom y Arthur Andersen, aderezados con deshonestas prácticas de la administración pública de varios gobiernos), la profesionalización de las personas transmutó en una papa caliente para las aspiraciones de la competitividad en México.

Sobre todo porque ya pesa en la sociedad (y cada día más) que poco o nada ocurra en términos legales contra los directivos y empresas que utilizan el soborno (caso Walmart) para abrir tiendas en nuestro país o que detonan proyectos público-privados (caso DragonMart) que aprovechan la opacidad y oscuridad de las leyes mexicanas para explotar centenas de hectáreas de manera irregular sin los estudios de impacto social y ambiental que en otras naciones del planeta son obligatorios y sumamente rigurosos.

Y si bien es cierto que, al menos en teoría, conceptos como competitividad, sustentabilidad e innovación van de la mano, también es verdad que varias ideas derivadas de dichos constructos hoy suelen tratarse con ligereza al interior de las organizaciones (desafortunadamente ya existen muchos conceptos que se utilizan de manera muy liviana).

Hoy una empresa dice que es una organización verde porque pinta la fachada de la fábrica con cierto tipo de pintura o porque utiliza recipientes de determinadas características. Pero cuidar el medioambiente, ser sustentable, competitivo o innovador va mucho más allá de esas acciones. Implica, al menos, que la responsabilidad social sea parte de su estrategia de negocio, por citar solo un ejemplo.

 

Desafíos, presentes y futuros

Para enfrentar los retos que la globalización impone en la actualidad, tanto las personas como las organizaciones requieren de un trabajo colaborativo. La participación de las personas es fundamental en el devenir de las organizaciones. Por ello, la alta dirección tiene que entender que sus empleados son personas, antes que cualquier denominación económica o empresarial.

Pero las necesidades de conocimiento de la alta dirección son muy diversas y, al mismo tiempo, muy puntuales para cada caso. Para muestra de la complejidad educacional que implica la idea anterior, sirva de ejemplo el grupo de personas representado por los empleados de la gerencia media que, según el punto de vista de sus jefes, cuenta con el potencial para llegar a la palestra directiva pero requiere de un programa específico que desarrolle sus habilidades o competencias de mando.

O considérese el bloque de directores que alcanzaron la cima organizacional sin que una maestría estuviera –incluso tampoco hoy aparece– en su horizonte de interés. Nos referimos a mujeres y hombres que por su talento natural llegaron a puestos de toma de decisión estratégica que, ante los retos y cambios empresariales constantes, necesitan algún estudio formativo que pueda ayudarles con sus propósitos de negocio.

De hecho, para los próximos 30 años, al menos, la fuerza de los programas de educación ejecutiva y posgrados girará alrededor del desarrollo de habilidades directivas, la ética, el manejo de personas, el liderazgo, la responsabilidad social, la gestión de la innovación y la administración de la creatividad.

Pero no serán los temas únicos. Las megatendencias sobre medioambiente, tecnología, regulaciones, salud, población, big data, inteligencia artificial y derechos humanos también indicarán el rumbo de las discusiones en clase. Será un bloque de necesidades de conocimiento que tendrán que abordarse en todos los programas universitarios… La UNAM, aplausos otra vez, ya lo entendió.