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Alerta: ¡‘ locos ’ entre nosotros!

Uno de cada cuatro mexicanos padece alguna enfermedad mental. Están ahí, algunos no lo saben, otros lo niegan, no se atienden, pero sus embestidas ponen en riesgo a niños y adultos. Son tomados por locos, pero ahí no para el tema.

El pasado 24 de junio, José Fernando, taxista de 42 años de edad, circulaba alrededor de las 16:00 horas por Eje Central en la delegación Gustavo A. Madero (CDMX) cuando, al pasar por un charco y, por ganarle el paso a una camioneta Mitsubishi, salpicó a los ocupantes de ese vehículo. De inmediato los ofendidos le dieron alcance y tras una discusión le dispararon dos balazos al pecho. Los presuntos responsables resultaron ser Israel “N”, de 41 años y su hija Areli “N”, de 18 años.

Este tipo de sucesos reflejan la intolerancia, falta de límites, poca empatía y violencia extrema que son cada día más frecuentes en México. A decir de expertos consultados por Contenido, estos rasgos psicopáticos se extienden. Un gran número de personas lleva una vida en apariencia normal, aunque en realidad sobrelleva una serie de alteraciones que si bien no siempre desembocan en una enfermedad mental, en muchos casos se mantienen en el borde de alguna insania.

La psiquiatra Diana Patricia Guízar Sánchez, adscrita a la Unidad de Posgrado de la Subdivisión de Especializaciones Médicas de la Facultad de Medicina de la UNAM, señala en entrevista: “Hasta hace cinco años los rasgos antisociales sólo se presentaban en uno de cada 10 mexicanos jóvenes, hoy se presentan hasta en siete de cada 10. De igual manera, en adolescentes se observa un incremento en rompimiento de las normas, agresiones sexuales y físicas, daño a propiedad ajena y adicciones”.

También entre la población adulta se han incrementado los trastornos emocionales como la ansiedad, la depresión, el trastorno limítrofe y antisocial de la personalidad, el déficit de atención y las adicciones, apunta la psiquiatra Hilda Patricia Cervera Silva, médico especialista del Hospital Infantil de México.

Las estadísticas confirman esta percepción. De acuerdo con el estudio Trastornos psiquiátricos en México: prevalencia a lo largo de una vida en una muestra nacional representativa uno de cada cuatro mexicanos padece alguna enfermedad mental y uno de cada tres habrá sufrido alguna al llegar a los 65 años.

Ante esto conviene preguntar: ¿Qué puede llevar a una persona a actuar de manera antisocial o, incluso, desarrollar algún tipo de trastorno mental o psíquico?

Razones no faltan, coinciden los expertos entrevistados, pues actualmente estamos viviendo en un contexto ideal para que esto se desarrolle.

La violencia social y familiar es precursora, pero también resultado. “Culturalmente normalizamos por muchos años la violencia intrafamiliar o contra la mujer, la cual se extendió y desarrolló hasta llegar al extremo del feminicidio –explica Ramón Arturo Koboshi Margain, neuropsiquiatra del Hospital General del ISSSTE–, afortunadamente, hoy se le nombra, se reconoce como una conducta antisocial que se denuncia”.

A nivel familiar, puntualiza la doctora Cervera Silva, la disfuncionalidad familiar también se ha extendido. Los divorcios han incrementado en los últimos 15 años en un 139%, de acuerdo con los datos del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi). “Si el divorcio no se realiza en términos adecuados puede potencializar o prolongar, según sea el caso, la conductas agresivas entre cónyuges, presenciadas por los hijos”.

La familia extensa –continúa la doctora Cervera Silva–, donde por cuestiones económicas conviven abuelos, tíos y padres en una sola casa, también favorece la falta de reglas y límites, evitando que los niños aprendan a respetar la autoridad y las normas.

Por otro lado, los padres cada día más ausentes de sus hogares, por cuestiones emocionales o económicas, intentan “reparar” el “abandono” complaciendo los caprichos de los hijos, sin cortapisas. Internalizan la idea de que “ellos se merecen todo” y por eso no sienten remordimiento alguno si tienen que pasar encima de otros para obtener lo que “por derecho les corresponde”, expone la doctora Cervera Silva del Hospital Infantil,

“El internet y la televisión, también ilimitada, da acceso a los niños, sin supervisión, a una serie de información violenta, no apta para su edad e incluso falsa”, añade.

La mercadotecnia promueve la poca tolerancia a la frustración. “Vende la idea de que tú te mereces las cosas… ¡Ya, no hay por qué esperar!”, expresa la doctora Patricia Cervera. La sociedad actual –puntualiza– nos vende la idea de que el valor de las personas radica en lo que tienen, no en lo que son. “Por lo tanto no importa lo que se tenga que hacer para lograrlo: incluyendo matar, estafar, agredir”.

Así, se enaltece la figura del narcotraficante, el político corrupto o el mirrey prepotente y violento, normalizando el tipo de conductas antisociales que muestran, adiciona la doctora Guízar Sánchez de la UNAM.

La frialdad y la agresividad que muestran personas con rasgos sociopáticos resulta muy atractiva para personas que se sienten víctimas y vulnerables, de ahí que se conviertan en líderes admirados. “Lo que no saben sus seguidores es que el sociópata muestra una falsa empatía, pues lo único que le interesa es él mismo, al resto los ve como objetos para cumplir sus objetivos”, agrega el doctor Kobashi, también académico de Centro Eleia, Actividades Psicológicas.

Naturalmente destructiva

En septiembre del año pasado Allison “Y” de 14 años fue asesinada de un balazo en la cabeza por su novio Sergio Erik de 16 años, luego de que ella le reclamara porque portaba mariguana y un arma de fuego. Erik, apoyado por un par de amigos, abordaron un automóvil, en el cual se dirigieron a una colonia aislada en Ciudad Juárez, Chihuahua, donde se detuvieron. Allí bajó a Allison y ante la negativa de un amigo para dispararle, Erik tomó la pistola y disparó pese a que ella le suplicaba que no lo hiciera, entre frases de “te quiero mucho”.

La falta de educación emocional ha evitado el manejo de emociones, de ahí que vivamos en una sociedad muy estresante. “El estrés genera una señal de alarma, de peligro en el organismo que interpreta como una preparación para atacar o huir. Cuando esta sensación se extiende puede llevarnos a sentir que vivimos en riesgo contante, con la consecuente agresión”, puntualiza la doctora en psicología María Luisa Rascón, miembro de Voz Pro Salud Mental.

El doctor Kobashi Margain agrega que el problema deviene cuando cualquier divergencia en opinión se toma como un ataque y se responde violentamente. Y es que como sociedad nos hemos enfocado en la fragilidad de los niños y jóvenes e incluso de lo social, pero nos hemos ido al extremo, protegiéndolos y empoderándolos, sin poner límites, reglas claras y sin respeto a las diferencias.

“Especialmente las nuevas generaciones han sido educados en la intolerancia, viendo como agresiva cualquier diferencia de pensamiento o idea, y en consecuencia la respuesta es violenta”, recalca.

Las adicciones, coinciden los expertos, son otro elemento que potencia las conductas antisociales. De acuerdo con la Encuesta Nacional de Consumo de Drogas, Alcohol y Tabaco (Encodat 2016- 2017), en la población de 12 a 65 años la prevalencia de consumo de cualquier droga aumentó de 7.8% en 2011 a 10.3% en 2016. La población adolescente (entre 12 y 17 años) es la más afectada pues la prevalencia de uso de drogas ilegales aumentó significativamente de 2.9% a 6.2%, y en el último año de 1.5% a 2.9%.

De todas las drogas la marihuana es la más consumida en México: más de siete millones de mexicanos (8.6% de los adultos entre 18 y 65 años de edad) aseguran que la han probado al menos una vez y 5.3% de los jóvenes entre 12 y 17 años también la han probado (en 2011 sólo 2.4% lo había hecho).

A decir de los expertos entrevistados, esto se debe principalmente a su fácil obtención, la permisividad en su uso con fines recreativos, la idea de que por ser natural no es tan dañina, y a los propios trastornos emocionales en la población. “En muchos casos no se sabe qué fue primero, si la adicción o el trastorno” comenta la doctora Cervera Silva.

La edad de inicio también ha disminuido. El problema, coinciden los especialistas, es que entre más temprano sea el consumo mayor será la posibilidad de desarrollar enfermedades emocionales o mentales (Ver recuadro).

Lo más lamentable, coinciden los expertos, es que las escuelas, lugares por excelencia no sólo para la educación emocional sino también para la detección de este tipo de problemáticas, han sido amagadas por los problemas psicológicos o psiquiátricos de los padres y por el propio sistema.

“Para empezar, a los maestros se les ha prohibido reprobar a los alumnos y se ven obligados a pasar a todos los alumnos sin que haya consecuencias ante el mal desempeño”, puntualiza la doctora Cervera Silva, quien agrega que los padres se sienten con la autoridad de retar a la institución cuando hacen algún señalamiento por la conducta o desempeño académico de sus hijos, y lejos de reflexionar y buscar ayuda, se victimizan. “Esta conducta enseña a los hijos que a la autoridad se le desafía”.

“De esta forma, los padres han dejado su responsabilidad a la escuela, al tiempo que le quitan autoridad”, comenta el doctor Kobashi del Centro Eleia.

Es hasta que el niño toca límite cuando finalmente los padres acuden a terapia. “El tiempo en que se detecta el problema y acuden a terapia puede ser de hasta cuatro años en promedio. Los adultos tardan en acudir hasta 10 años. Para entonces los síntomas en el paciente se agudizaron o, aún peor, desarrolló más trastornos”, continúa la doctora Cervera.

Lamentablemente, incluso ya en terapia, agrega, la mayoría no termina el tratamiento, pues generalmente cuando el niño comienza a mejorar, mueve la dinámica familiar, exponiendo a los padres como un elemento clave en la enfermedad o en la cura y prefieren irse.

Porcentaje de afectados

  • Trastornos emocionales

30% en hombres y 27% en mujeres

  • Trastornos del afecto

11% en mujeres y 7% en hombres

  • Trastornos de ansiedad

18% mujeres y 10% hombres

Fuente: Dra. María Luisa Rascón de Voz Pro Salud Mental.

Costo de la “locura”

Este tipo de conductas y trastornos tienen un costo económico, social y hasta generacional de acuerdo con los especialistas. Para empezar, “entre más trastornos emocionales existan en la población, la predisposición también se extiende”, comenta la doctora Guízar.

“Los padecimientos mentales, y la drogadicción o el alcoholismo, tienen un tipo de herencia multifactorial (como la diabetes) donde se hereda la predisposición y si el contexto lo favorece, se desarrollará. Pero también puede ocurrir que una persona sin predisposición, que crezca en un entorno inadecuado (con violencia intrafamiliar, delincuencia, abuso de sustancias, etc.), pueda presentarla; y a su vez, existe la posibilidad de que herede dicha predisposición a su descendencia”, explica la psiquiatra Guízar.

En materia económica, los problemas de salud mental en México se estiman entre 2.5 y 4.5% del PIB anual de acuerdo con un reporte de la Oficina de Información Científica y Tecnológica para el Congreso de la Unión (INCyTU).

La depresión, según el Centro de Estudios para el Adelanto de las Mujeres y la Equidad de Género (Ceameg) de la Cámara de Diputados, cuesta a México más de 14 billones de dólares en pérdida de productividad.

Los trastornos mentales también están íntimamente vinculados con el suicidio. De acuerdo con el Inegi, entre 2000 y 2013 la tasa en el país de quienes se quitan la vida pasó de 3.5 a 4.9 casos por cada 100,000 habitantes.

Un dato preocupante es que actualmente 80% de las personas con un trastorno mental en México no recibe tratamiento, de acuerdo con las cifras del INCyTU.

“Existe un gran estigma alrededor de las enfermedades mentales. Lo que tenemos que entender es que el cerebro es un órgano que al igual que los otros puede enfermar, pero también sanar”, indica la doctora María Luisa Rascón de Voz Pro Salud Mental.

Al estigma se suma que la mayoría de los médicos no psiquiatras desconocen la sintomatología y no la diagnostican. En promedio, una persona con un trastorno mental visita cinco médicos antes de ver a un especialista en salud, revela la doctora Rascón.

El reporte del INCyTU enfatiza que en México existen 10 profesionales calificados por cada 100,000 habitantes y destaca que además de insuficientes, estos recursos están mal distribuidos. La Secretaría de Salud destinó para la salud mental 2% del presupuesto total asignado, y 80% se emplea para mantener hospitales psiquiátricos y muy poco se destina a detección, prevención y rehabilitación. Lo cual contrasta con las recomendaciones de la OMS, que sugiere invertir en esta materia entre 5 y el 10% del gasto en salud.

Para el doctor Kobashi y la doctora Rascón, la clave para revertir esta tendencia es brindar educación emocional a la población, y si bien la familia sería el canal ideal, la realidad es que la mayoría de los padres no cuentan con esta educación y sólo repiten y enseñna a su descendencia patrones patológicos. De ahí que la escuela sea el lugar por excelencia para enseñar a las futuras generaciones a identificar sus emociones, aprender diversas formas de solución de conflictos y el establecimiento de vínculos sanos.

Los especialistas advierten que de no atender esta problemática, el costo más fuerte será la conformación de una sociedad cada día más enferma, emocionalmente hablando. “Ellos reproducirán estas conductas y patrones normalizándolos, potencializando las conductas sicopáticas con las que ya estamos conviviendo”, concluye la doctora Guízar Sánchez.

La Encuesta Nacional de Epidemiología Psiquiátrica reveló que cerca de 16.4% de mexicanos padecen un trastorno psiquiátrico. México ocupa el segundo lugar en estigma a nivel mundial y destina únicamente 2% del presupuesto de salud a la salud mental.

 

IMPACTO SOCIAL DE LAS ENFERMEDADES MENTALES

  • Ausentismo laboral. En muchos países desarrollados, el ausentismo se debe (entre 35 a 45%) a los problemas de salud mental.
  • Desmotivación y desapego. La depresión puede provocar una mayor propensión a enfermedades físicas y desapego ante las responsabilidades familiares y personales.
  • Violencia y riesgos. El alcoholismo y la drogadicción están presentes en la mayoría de las acciones violentas (homicidios, suicidios, violencia intrafamiliar o social, pandillerismo y delitos en general, así como contagio por Sida).

Fuente: INCyTU

 

Los trastornos mentales más comunes en México

Trastorno Prevalencia Edad de inicio
Fobia específica 7 % 9 años
Dependencia al alcohol 3.4 % 29 años
Depresión 7.2 % 45 años
Fobia social 2.9 % 15 años
Trastorno de estrés postraumático 1.5 % 31 años
Agorafobia 1 % 21 años
Consumo perjudicial del alcohol 7.6 % 28 años
Trastorno de pánico 1 % 31 años
Trastorno negativista desafiante 2.7 % 11 años
Trastorno bipolar 1.9 % 23 años
Trastorno de ansiedad generalizada 0.9 % 47 años
Consumo perjudicial de drogas 7.8 % 20 años
Trastorno de ansiedad de separación de la infancia 4.5 % 17 años
Dependencia a las drogas 0.5 % 26 años

Fuente: Salud Mental en México por INCyTU

 

Por Mariana Chávez Rodríguez