Importante: Nuestro Aviso de Privacidad ha cambiado a partir del 14 de mayo de 2018, puedes consultarlo aquí: http://contenido.com.mx/aviso-de-privacidad/
facebook@ twitter@ instagram@ youtube@

Te puede interesar

¿Cómo nos ven en el extranjero?

A un año de los sismos II

Alimentos procesados… ¡y benéficos!

Inicio / Reportajes / Océanos: la crisis azul

Océanos: la crisis azul

 

Son el origen y pilar de la vida, generan oxígeno, controlan el clima, limpian el ambiente y nos otorgan sustento económico, pero están colapsando en gran parte por la acción humana, poniendo en peligro la vida en la Tierra. ¿Qué podemos hacer?

 

 

 

En la década de los ochenta investigadores mexicanos y estadounidenses, liderados por la bióloga marina Peggy Turk Boyer, doctora en Ciencias de la Universidad de Arizona, se asentaron en Puerto Peñasco, Sonora, con un solo objetivo: salvar el océano pues, como si se tratara de una película hollywoodense, anticipaban la crisis marítima por venir.

Intentando detener lo inevitable, establecieron el Centro Intercultural de Desiertos y Océanos (CEDO) y diseñaron estrategias sistémicas que involucraban a las comunidades pesqueras para que formaran parte clave de la conservación, a la fecha se constituye como ejemplo de que las buenas prácticas son posibles.

El CEDO brindó educación ambiental a lugareños y estudiantes, profesores, ejidatarios y líderes comunitarios. Entre todos diseñaron empresas alternativas y sustentables de diversa índole incluyendo el turismo ecológico, también establecieron pesquerías y mariscos sustentables. Además “conectó a pescadores responsables con los mercados interesados en Estados Unidos y México”, explica la doctora Turk Boyer.

Lograron que seis comunidades pesqueras, que forman parte del Corredor Biológico y Pesquero de Puerto Peñasco a Puerto Lobos, se unieran y trabajaran de la mano del gobierno, de expertos técnicos y de científicas para salvar el océano y vivir dignamente a través de cuotas de captura, permiso accesibles, áreas comunitarias de gestión y refugios pesqueros. Además de involucrarlos en la conservación y recuperación de especies, hábitats y procesos ecológicos clave como monitoreo de pesquerías, video tecnología para el monitoreo de especies.

El balance de los 30 años del CEDO es positivo por los frutos obtenidos en la formación y operación de las áreas naturales. El mayor logro ha sido la participación activa de nueve comunidades en el uso sustentable del Golfo de California Norte. Y no es para menos. “Los océanos son trascendentales para el hombre desde el punto de vista ecológico y económico”, confirma la directora y fundadora del CEDO.

Si se excluye a los insectos, 65% de las especies conocidas en la Tierra son marinas, aportan la mitad del oxígeno presente en la atmósfera, gracias a la fotosíntesis del fitoplancton, además absorben dióxido de carbono y gases de efecto invernadero, regulan las temperaturas, el clima y mantienen el ciclo del agua, explica la doctora Turk Boyer

“Se cree que de no ser por los océanos, la Tierra sería como Marte” agrega Jorge Zavala Hidalgo, investigador del Centro de Ciencias de la Atmósfera de la UNAM.

“A nivel económico los océanos generan al año un billón y medio de dólares, otorgan sustento a más 3,000 millones de personas y generan 350 millones de empleos”, puntualiza María José Villanueva, directora de Conservación de la World Wildlife Fund (WWF) México, quien apunta que a pesar de ello sólo cerca del 5% de los océanos en el mundo están protegidos.

Especies en peligro de extinción

  1. Tortuga de Carey

  2. Tortuga laúd

  3. Tortuga verde

  4. Ballena azul

  5. Ballena de aleta

  6. Pingüino de los galápagos

  7. Pez napoleón

  8. Vaquita marina

  9. Atún rojo

  10. Delfín de cabeza blanca

La catástrofe

Los investigadores entrevistados por Contenido enumeran los factores humanos que están influyendo en la catástrofe de los océanos:

“La pesca incontrolada ha puesto en crisis a 10 especies marinas, a lo que se une la introducción de especies como el pez león en el litoral de la costa este del continente americano y las islas del Caribe, pero que es propio de la aguas del Mar Rojo y de las zonas tropicales del Índico, por lo que no encontró depredadores, y en cambio puso en peligro especies nativas”, comenta María José Villanueva de la WWF.

Otro factor es “la búsqueda insaciable de petróleo, que provoca destrucción de hábitats a lo que se unen los derrames o destrucción de arrecifes por embarcaciones de manera accidental”, agrega María José Villanueva.

No hay que olvidar que, según datos de la ONU, en los últimos 50 años se multiplicó 20 veces la producción mundial de plásticos, de los cuales de ocho a 13 millones de toneladas terminan en el mar. De continuar con esta tendencia calcula que para 2050 habrá en los océanos más basura que peces.

“El problema es que con el tiempo esta basura se va deshaciendo y los fragmentos son tan pequeños como para mezclarse con el plancton, base de la cadena alimenticia”, explica la funcionaria de WWF.

Los investigadores han encontrado 750,000 fragmentos de microplástico por kilómetro cuadrado, imposibles de limpiar. El consumo de este producto ha ocasionado la muerte de un millón de aves y cerca de 100,000 mamíferos marinos de 600 especies. Algunos de estos peces envenenados son consumidos por el hombre.

En la lista de causas cuenta también el transporte marítimo; no hay que olvidar que 90% del comercio mundial se mueve por los océanos. La Organización Marítima Internacional estima que los buques de carga emiten unas 1,000 millones de toneladas de CO2 anualmente son los responsables del 2.5% de las emisiones de gases invernadero, y la industria marítima apenas comienza a ser regulada por los acuerdos sobre cambio climático.

A esto se suman las colisiones que tienen con algunas especies como la ballena franca o ballena glacial. “En México se está trabajando para disminuir las colisiones de cruceros con el tiburón ballena, en La Paz, Baja California. De hecho se ha logrado reducir los encuentros de 60% a 30%”, apunta María José Villanueva.

El investigador Jorge Zavala Hidalgo de la UNAM menciona otro elemento más: el incremento de complejos turísticos. “Para su instalación se han destruido zonas costeras y manglares, de hecho, se estima que estos están desapareciendo de dos a tres veces más rápido que los bosques, lo que deja extremadamente vulnerables a los propios seres humanos frente a los huracanes”.

Villanueva de WWF señala la contaminación de las aguas como otra causa más de la catástrofe. “Los océanos son el vertedero de aguas contaminadas con fertilizantes, metales pesados, mercurio, entre otras. Esto genera zonas sin oxígeno provocando la mortandad de peces. Estas sustancias también se concentran en los órganos de algunos peces que terminan siendo parte de la ingesta de los seres humanos”.

No debe dejarse de lado la acción de los gases invernadero, enfatiza Villanueva, ya que la cantidad de estos, emitidos a la atmósfera, es tan alta que los mares no alcanzan a limpiarlos, lo que ocasiona un incremento de CO2 y la temperatura oceánica generando la acidificación de las aguas; cambia su PH y mueren los arrecifes de coral, encargos en gran medida de la vida dentro de los océanos.

“La acidificación de las aguas blanquea los arrecifes; se debe a que estos expulsan las algas que les otorgan los nutrientes necesarios y sólo quedan los esqueletos de calcio. La frecuencia de los casos de blanquimiento ha aumentado cinco veces desde 1980, es decir antes ocurría cada 30 años, hoy ocurre cada seis años”, señala.

Se estima que 20% de los corales ha muerto y 24% se encuentra en riesgo de colapso, y de no tomarse medidas contundentes para el 2050 ya no existirán la mayoría de los arrecifes de coral en todo el mundo, como lo afirma la Oficina Nacional de Administración Oceánica y Atmosférica de Estados Unidos.

“La muerte de coral es una problemática grave debido a que son el hogar de casi la cuarta parte de los peces marinos y aproximadamente 850 millones de personas se benefician directamente de los mismos”, advierte Villanueva.

Los estragos ya se miran en materia económica. El Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo ha estimado un daño socioeconómico anual producido por la hipoxia en las zonas costeras es de entre 200 y 800 millones de dólares por año.

El Programa de Naciones Unidas para el Medio Ambiente calcula que los plásticos que llegan a los océanos ya causan daños a los ecosistemas que ascienden a 13,000 millones de dólares anuales, e incluso es probable que crezca, conforme lo haga el contaminante.

Acciones ciudadanas para evitar la catástrofe

  • Evitar comprar souvenirs hechos con productos del mar.
  • Viajar por líneas marítimas sustentables.
  • Reducir el uso de desechos plásticos como bolsas y popotes.
  • No consumir especies sobrexplotadas como el atún rojo.
  • Buscar disminuir la huella de carbono.

Fuente: María José Villanueva, directora de Conservación de la WWF.

 

Photo by Zukiman Mohamad from Pexels

La situación mexicana

De acuerdo con la Fundación Carlos Slim y la WWF, la posición geográfica en la que se encuentra México es considerada como un privilegio natural. No sólo por la gran variedad de ecosistemas marinos, pues nuestro país cuenta con 2.9 millones de kilómetros cuadrados de superficie marina, además forma parte del Sistema Arrecifal Mesoamericano, segundo sistema más grande del mundo (el primero es la Gran Barrera de Coral de Australia) igualmente en peligro.

Nuestro país no es ajeno a esta problemática mundial, los datos de la WWF señalan que aquí se generan cerca de 103,000 toneladas de residuos (de los cuales 11% son plásticos y 50% sólo se usa una vez), mientras que la explotación pesquera se encuentra al 87%, en su límite máximo.

Afortunadamente, agrega la especialista, también ya hay personas, científicos y luchadores sociales, que trabajan en ello. “México ha firmado acuerdos internacionales como el Convenio sobre la Diversidad Biológica (CDB), los Acuerdos de París y la Agenda 2030, en los que se ha comprometido a la conservación los corales y de zonas costeras, y a disminuir los gases de efecto invernadero”, indica Villanueva.

Además la investigadora de la WWF celebra el decreto del Parque Nacional de Revillagigedo (14.8 millones de hectáreas, el doble de la superficie de la península de Baja California). “Esta zona se caracteriza por recibir inmigraciones de flora y fauna del norte, sur y oeste del Pacífico Oriental Tropical y por ser hogar de un gran número de especies endémicas vulnerables”.

Venturosamente también aumentó de 10% a 22% la zona marina bajo conservación, con 37 áreas costeras protegidas equivalentes a 649,587 kilómetros cuadrados, que equivale a Ecuador y Paraguay juntos. Igualmente más de 90% de las islas mexicanas están bajo alguna categoría de protección, y la Fundación Carlos Slim ha trabajado de la mano de la WWF para salvar a los corales cuernos de alce y a la vaquita marina.

La UNAM por su parte lleva a cabo un monitoreo de temperatura y de las corrientes oceánicas. “El incremento de la temperatura del mar aumenta el nivel marítimo por expansión térmica y el deshielo de los glaciares. Este monitoreo de la temperatura y las corrientes permite predecir, en caso de algún derrame petrolero, las posibles zonas afectadas y determinar qué tipo de dispersantes o biodegradadores del petróleo utilizar. También posibilita determinar la vulnerabilidad de los ecosistemas del Golfo de México a inundaciones o huracanes. Las zonas más vulnerables en México son Veracruz, Ciudad del Carmen, Tampico, Quintana Roo e Isla Mujeres”, explica el doctor Jorge Zavala Hidalgo del Centro de Ciencias de la Atmósfera de la UNAM.

“Otro recurso implementado es el de la Economía Azul, que consiste en mirar al océano desde todas sus aristas integrando la parte de conservación de producción y transporte, incentivando con apoyos económicos o capacitación y orientación a empresas o comunidades que realicen prácticas sustentables”, indica Villanueva.

“El reto más difícil será frenar la voracidad económica de las grandes industrias y que los políticos incluyan al océano en su agenda, pues lo que aún no les queda claro es que no puede haber una economía sana, sin un océano sano”, concluye el investigador Zavala Hidalgo.

 

Habitantes de los océanos mexicanos

En los mares mexicanos viven:

  • Más de 300 especies de medusas, corales y anémonas.
  • Más de 4,000 especies de moluscos como pulpos, caracoles y almejas.
  • Más de 5,000 especies de crustáceos como camarones, cangrejos, jaibas y langostas.
  • Alrededor de 2,500 especies de peces, tiburones y rayas.
  • Alrededor de 50 especies de mamíferos marinos.
  • Aproximadamente 11 especies de tortugas y cocodrilos.

Fuente: Fundación Carlos Slim

 

Isla de plástico

Existe una Isla en el Pacífico llena de 40 millones de residuos de plástico, se trata de la isla Henderson, perteneciente a Reino Unido. Una sola playa recibe diariamente 3,500 piezas de plástico nuevas provenientes de barcos pesqueros o que viaja desde América del Sur. Tanto animales que viven en la isla como aves y peces marinos consumen esta basura.

El tiempo de la degradación

Cada año 13 millones de toneladas de plástico llegan al mar:

  • Los platos y vasos de unicel tardan 100 años en degradarse.
  • Una bolsa de plástico, 150 años.
  • Los pañales y botellas, 450 años.
  • Las redes de pesca, 600 años.

Fuente: Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente

 

Por Mariana Chávez Rodríguez