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No me dejan ver a mi hijo

 La burocracia y la mentira han arrancado a cientos de niños mexicanos de los brazos de sus papás biológicos, quienes a diario libran batallas legales y emocionales alentados por un solo deseo: ver a sus hijos crecer. Conozca el drama de aquellos padres a los que no los dejan ver a sus hijos.

“Maya ya eres grande, ya sabes escribir, ya entras a internet desde el cole, y quiero que sepas que te estamos buscando. Hemos creado una página especial en Facebook (Aquí estamos) donde mi familia, tu familia en México que te ama, hemos dejando constancia de nuestra lucha por reencontrarnos. Búscanos por favor…”, declara el artista visual Mario Aguirre a Contenido, en un intento para que su mensaje llegue a su hija de 10 años de edad, quien hoy vive en España.

Mario tiene también un segundo hijo de nombre Alpha, de dos años de edad, al que no ha podido ver ni registrar como suyo. A él le dice: “No creas que te he abandonado, no he dejado de buscarte y jamás lo haré ”.

Un mensaje similar lanza Víctor Lennin Morales Navarro a sus dos hijas Airam de 22 años de edad y Lelany de 18 años, a quienes no ha visto desde 2008 y que hoy viven en Estados Unidos. “Cada vez que oro en las noches, a la luna deposito mis mejores deseos para que bajen hasta la latitud donde se encuentran. Recuerden que por más lejos que estemos, ustedes siempre serán 50% Víctor Lennin… estamos unidos y saben que siempre contarán conmigo”.

Carlos Rosete, también a través de las páginas de esta publicación habla a su hija Jessica Fernanda, a quien no ha visto desde 2016: “A pesar de que todo lo que te digan de mí, tú sabes que eres el amor de mi vida… No me cansaré de luchar por ti y sé que pronto estaremos juntos y de frente aclararemos las cosas. Te amo con toda el alma y mi corazón… hasta el arcoíris, ¿recuerdas?”.

Mario, Arturo y Víctor son sólo tres de los miles de padres mexicanos que han sido alejados de sus hijos tras un tortuoso procedimiento de separación y divorcio.

Datos del Inegi muestran que en poco más de tres décadas la tasa de divorcios ha experimentado un incremento de 428% (de seis por cada 100 que había en 1985 subió a 25.7 por cada 100 en 2016, según últimos datos).

“El problema es que más de la mitad queda resentido, por lo que lejos de llegar a acuerdos, llevan la problemática a tribunales y toman a sus hijos como rehenes o moneda de cambio”, indica la abogada María del Rocío Medrano Castro, integrante de Niños con MaPa, grupo de madres y padres que busca reencontrarse con sus hijos.

“En México se estima que cerca de 38,000 niños al año sufren los efectos de la interferencia parental, un tipo de violencia familiar psicoemocional específica en la que el progenitor que posee la guardia y custodia impide que el niño o los niños puedan convivir con el otro padre; los progenitores varones son los más afectados”, continúa la especialista.

Explica la abogada que el mecanismo comienza cuando el padre que tiene la custodia, como forma de venganza, acusa de violencia física, sexual, psicológica y económica a su expareja, a la que se le otorga una orden de restricción para ver a su(s) hijo(s) en tanto no presente pruebas (testigos y exámenes psicológicos) para demostrar su inocencia. Este proceso puede durar desde meses hasta años.

Durante el proceso de separación –continúa la especialista– es común que se comience a manipular psicológicamente al niño con la finalidad de que se niegue a ver a su padre. Las intervenciones parentales también son asistidas por tíos, abuelos y amigos, que ayudan a esconderlos, cambiarlos de escuela, residencia o país, alargando el procedimiento aún más.

“Para encontrar a sus hijos los padres desgastan su economía, contratando a investigadores privados, y si los niños fueron sacados del país o tiene doble nacionalidad deben contratar a abogados de lo familiar especialistas en derecho privado internacional para poder atender las legislaciones de diversas naciones, así como los tratados internacionales. Incluso la Interpol tiene que intervenir”, comenta Medrano.

 

Anualmente el Tribunal Superior de Justicia de la CDMX recibe entre 58,000 y 63,000 casos de guardia y custodia de menores de edad.

 

Niños rotos

“A mis hermanos y a mí nos destrozó escuchar a mi madre decir que mi padre no pasaría por nosotros. De inmediato le llamé para preguntarle y me dijo que no podía ir porque el juez se lo prohibió. Fue hasta un año después que pudimos verlo, año en el que continuamente faltábamos a la escuela para acudir a los juzgados donde esperábamos por horas a ser atendidos por psicólogos que no paraban de hacernos pruebas. Hoy sé que mi mamá acusó a mi papá de violencia intrafamiliar, algo que jamás ocurrió”, narra Omar, hoy de 17 años de edad quien junto con su hermano Anuar de 12 años, enfrentan su propio proceso legal pues quieren irse a vivir con su padre, pero las autoridades solicitan más pruebas psicológicas para demostrar que su petición es genuina.

Explica el psicólogo Víctor Lennin Morales Navarro, uno de los padres afectados por este tipo de conflictos y quien a partir de su propia experiencia se ha especializado en terapia psicoparental, que los niños a quienes se les impide ver a sus padres se perciben abandonados, sentimiento que de no trabajarse en terapia los acompañará toda la vida. “Pueden repetir este patrón y buscar, inconscientemente, personas que los abandonarán o negarse a relaciones afectivas para no ser abandonados”.

Asimismo, indica, se viven “rotos”, pues la falta de un padre impide que conozcan sus raíces. Se sienten vulnerables, poseen baja autoestima y pueden ser blanco fácil de abusadores.

“Si se les hace mentir entenderán que esto es lícito y lo harán toda la vida. Pero cuando son grandes y se dan cuenta que fueron víctimas de manipulación y que su mentira afectó la reputación del padre ausente, la culpa los perseguirá”, añade Lennin Morales.

“Otro daño importante es el educativo, pues algunos padres, para evitar que sus hijos sean localizados, los cambian continuamente de escuela, afectando su rendimiento académico o incluso provocando rezago escolar”, afirma la abogada Medrano, quien actualmente trabaja en generar un marco jurídico de blindaje a la educación, para que desde las escuelas se pueda dar seguimiento a los niños que viven un conflicto familiar y denuncien ante la Secretaría de Educación y ante el Ministerio Público el daño psicoemocional, físico y educativo.

 

Perfil del padre alienante

  • Narcisista: sólo piensa en sí mismo.
  • Iracundo y arrebatado.
  • Percibe el mundo dicotómico: blanco o negro, bueno o malo.
  • Transgresor de la ley.

Fuente: Psicólogo Víctor Lennin

 

 

Leyes, cuentos y web

En junio del año pasado, en la CDMX, tras ser notificada de que había perdido la custodia de sus hijos, Mireya de 38 años se suicidó y envenenó a sus tres vástagos (de 10, ocho, y seis años de edad) y al abuelo de 70 años de edad, según reportes periodísticos.

La mujer, a través de acusaciones de abuso sexual contra los niños y violencia doméstica, había logrado evitar que el padre (Leopoldo) los viera; no obstante este demostró que todo era mentira y en cambio había ocurrido “alienación parental”, es decir: los niños fueron inducidos a temerle. Así pudo recuperar la custodia de sus hijos, pero fue demasiado tarde, pues Mireya decidió matarlos.

En un intento por frenar esta situación, el año pasado se derogó el artículo 323 septimus del Código Civil de la Ciudad de México, con lo cual se eliminó el término “alienación parental” para evitar que fuese usada como pretexto para separar a una madre o padre de sus hijos.

De acuerdo con la abogada Medrano Castro, especialista en Derecho Parlamentario, “se trató de una decisión más política que de respeto al interés superior de la infancia. Sin embargo, esta modificación ha sido muy controvertida, pues la manipulación de los hijos por parte de los padres es una práctica continua y peligrosa”, explica la maestra Medrano quien, en cambio, encuentra un avance importante en lograr que en la próxima Constitución de la CDMX se considere la convivencia familiar un derecho humano, sembrando el precedente para reproducirlo en toda la República.

Los padres y madres que han sido separados de sus hijos también han comenzado a dar pasos importantes. Uno de estos casos es el de Julio Jiménez, padre de Nataly, quien se dio cuenta que como él, miles de padres y madres estaban en una situación similar. Para ayudarlos creó el portal www.pelotas.publireyes.com donde pueden registrar sus casos, con la finalidad de crear un registro estadístico confiable a nivel nacional y evidenciar ante las autoridades la necesidad de atender estas demandas y generar un movimiento coordinado que garantice un cambio constructivo en los marcos jurídicos. “El siguiente paso será crear una app para que los padres puedan estar en contacto, apoyarse o compartir información”, dice Jiménez.

Víctor Lennin Morales formó en 2010 un grupo de psicólogos expertos denominado La buena relación, para ayudar a padres e hijos en situaciones similares no sólo a su recuperación emocional, sino en el peritaje ante tribunales. Además ha hecho las investigaciones para establecer la noción de “rapto parental”, concepto que engloba la sustracción del menor por un padre, y el daño emocional que esto ocasiona; término que busca sea incorporado a la legislación para prevenir y castigar este tipo de delito.

 

Solución multicolor

Por su parte el artista visual Alfredo Salomón publicó un libro infantil titulado Mijo tiene un dinosaurio en el cual habla de la interferencia parental y el cual dedica a su hijo Nicolás, a quien no ha podido ver desde hace cinco años. Asimismo, el pasado 30 de abril, junto con cientos de padres, diseñó un performance multicolor para llamar atención de las autoridades.

“Estas 1,000 pelotas son nuestro regalo y parte de nuestro legado para este Día del Niño. Hemos cargado de amor cada una de ellas antes de dejarlas en la puerta del Tribunal porque sabemos que juntas serán una señal imborrable de nuestro cariño y nuestra lucha por volverlos a ver”.

Miles de pelotas de diferentes colores fueron colocadas en silencio afuera del Tribunal Superior de Justicia de la CDMX. Todas ellas tenían el nombre o nombres de niños y un número representativo de los días que alguno de sus padres, abuelos y tíos no han podido verlos.

El acto fue replicado simultáneamente en Baja California, Jalisco, Guanajuato, Coahuila, Quintana Roo, Querétaro y Chihuahua e incluso en Buenos Aires, Argentina. Y es que esta situación es mucho más común de lo que se piensa, de ahí que organizaciones dedicadas a apoyar a padres que han sido impedidos de ver a sus hijos conformaron el colectivo 1000 pelotas para ti, que busca sensibilizar a la opinión pública y a las autoridades.

Durante el performance, coordinado por Salomón, organizaciones de todo el país lanzaron seis propuestas, producto de años de trabajo y experiencias para terminar con esta práctica que rompe el corazón de los niños:

1.- Que la convivencia familiar sea la primera medida cautelar dictada en un procedimiento judicial de este tipo, pues se trata de un derecho suscrito en los tratados internacionales de los niños a los que México se ha incorporado.

2.- Promover el respeto y la operación eficiente de la figura de un representante de menores en el juicio familiar de alto conflicto judicial. Esta figura ya existe pero no se aplica so pretexto de que ambos padres tienen el ejercicio de la patria potestad.

3.- Exigir que la mediación y el proceso de terapia sea obligatoria y simultánea para todos los miembros de la familia.

4.- Programa de terapias de revinculación para familias en conflicto judicial que lleven más de un año sin ver a sus hijos.

5.- Que se dé resolución pronta y expedita a los miles de expedientes abiertos en sus distintas dependencias a lo largo y ancho del país.

6.- Apego a los tratados internacionales ratificados por México.

 

 

 

“Lo que estamos haciendo con los niños al separarlos de alguno de sus padres es romperlos emocionalmente, y no podemos olvidar que estos ‘niños rotos’ serán los futuros padres y ciudadanos. Hoy tenemos la oportunidad de cambiar la historia y así evitar una inminente crisis social derivada de generaciones enteras que crecen con afectaciones psicológicas consecuencia de una identidad familiar trunca”, concluye la abogada Medrano Castro.

 

 

Padres rotos

José Obeid Layón

“Me divorcié hace 11 años. Su madre me acusó de violencia intrafamiliar, razón por la que se me impidió ver a mis tres hijos durante un año; tiempo que me tomó demostrar que era una falsa acusación. Me parece un error que lo dicho por una persona baste para que un hijo sea arrancado de los brazos de su padre.”

 

Álvaro Castillo

“Si algo deseo en la vida es recuperar a mis dos hijas, Verónica Mariana y María del Carmen, a las cuales dejé de ver desde el año 2010. Su madre, a través de calumnias y mentiras, levantó una denuncia por violencia en mi contra, que a la fecha me mantiene apartado de ellas. Hijas, quiero que sepan que toda la lucha que hago es porque las quiero… las amo profundamente, no hay día en que no piense en ustedes y en qué estarán haciendo”.

 

Carlos Rosete

“Llevo alrededor de dos años sin ver a mi hija Jessy (hoy de nueve años de edad). Tras la separación, su madre inventó que yo las agredía; salí absuelto y el juez me permitió la convivencia, pero al notar que Jessy era maltratada por su mamá interpuse una demanda. Ella, hábil abogada, movió sus influencias para sustraerla de casa de mis padres. Desde entonces no veo a mi hija. A fines del año pasado, su madre me buscó porque necesitaba más dinero del que le otorgaba como pensión, la ayudé y planeé reencontrarme con Jessy, ella se emocionó pero su madre no me permitió verla. Desde entonces cuando le envío menajes de audio por WhatsApp mi nena me dice que soy un mentiroso y un acosador”.

 

Ernesto Pérez

“Tengo casi dos años sin ver a Sofi, pues se me acusó de violencia, y el caso no ha podido avanzar porque la justicia es lenta, hay muchos recursos, vicios y amparos. No poder ver a tus hijos te rompe, te desgasta. Dejas de ir a trabajar para estar en los juzgados con el riesgo de perder tu empleo y verte obligado a suspender la pensión, lo cual te puede llevar a procesos más delicados.”

 

Alfredo Salomón

“Hace cinco años dejé de ver a mi hijo Nicolás, una serie de denuncias por acoso, uso de drogas y demás, me impidieron la convivencia con él. Para cuando finalmente pude demostrar que todo era falso, mi hijo ya no quería estar conmigo. En mi desesperación saqué mi cámara de video en el Centro de Convivencias y me suspendieron las visitas. El juez indicó terapia para todos, yo fui de inmediato pero me llevó dos años lograr que su madre llevara a Nicolás y así poder reconstruir nuestra relación”.

 

Mario Aguirre

En 2006 viajé a España donde conocí a la mamá de Maya, mi primera hija, quien nació en 2008. La crisis económica y de pareja me obligó a regresar a México. Desde entonces no he podido verla ni hablarle. Mis cartas, dinero y regalos son devueltos. Lamentablemente mi historia se repitió en México, donde establecí una nueva relación con la mamá de mi segundo hijo Alpha, nacido en 2016. Nos separamos a los pocos días de que él nació, ella se escondió y lo registró sin mi apellido. Tengo testigos y videos que prueban mi paternidad. He solicitado exámenes de ADN, pero a la fecha todo sigue estancado”.

 

Julio Cesar Jiménez

“Me separé en 2013 y desde entonces el juez me permitió convivir con Nataly (hoy de siete años), no obstante su madre no cumplió, la cambió de escuela y me tomó 1,111 días encontrarla. También dejó de recibir el dinero de manutención para poder alegar falta de pensión, me acusó de alcohólico y maltrato. Hoy vive con otro señor con quien ya tiene un niño. Y a pesar de que tras siete años de lucha el juez ya me permite ver a Nataly en el Centro de Convivencias, se me desagarra el corazón cuando mi hija asegura que yo no soy su padre. Hoy lucho por una terapia de revinculación para recuperar su amor”.

 

Por Mariana Chávez Rodríguez