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La nueva “Revolución” de Nicaragua

La nación centroamericana encara el aniversario 39 del triunfo sandinista con calles y plazas tomadas para repudiar al líder de aquel movimiento y actual jefe de estado, quien, según sus críticos, adoptó los hábitos y costumbres del tirano que derrocó

A student marches demanding the resignation of Nicaraguan President Daniel Ortega and his wife, Vice-President Rosario Murillo, in Managua on July 23, 2018.
Ortega refused Monday to bow to protesters’ demands that he step down, vowing in an interview with US television that he will see through his current term until 2021. / AFP PHOTO / MARVIN RECINOS

El 19 de este mes, Nicaragua conmemora una fecha trascendental en su historia, el triunfo de la revolución que acabó con la despiadada dictadura que la oprimía. Han pasado casi cuatro décadas desde entonces, pero basta con atender los reportes de prensa internacional para deducir que el país enfrenta un panorama similar al de entonces, es decir, está bañado en sangre. Ahora su población está atrincherada mientras exige la renuncia del presidente Daniel Ortega Saavedra, cabeza del movimiento libertario de julio de 1979.

¿Qué está pasando en Nicaragua? “Pesa un hecho coyuntural ocurrido en abril pasado, la decisión unilateral del régimen de reformar el sistema de seguridad social para sanearlo. Las pensiones actuales serían recortadas en 5% al tiempo que aumentarían las aportaciones tanto de patrones como de trabajadores. La población del segundo país más pobre de América salió a protestar sin importarle la represión, con un saldo de más de 130 muertos”, explica Gisela Zaremberg, doctora en Ciencias Sociales por la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales (Flacso) y académica de esa institución.

A Zaremberg no le sorprende la reacción de Ortega, a quien califica de autoritario a lo largo de su trayectoria, pero resalta que esta vez las cosas se complicaron porque la gente – especialmente los jóvenes universitarios– no se quedó callada. Llevan más de dos meses encabezando protestas; no se contentaron con lograr la derogación de la iniciativa, exigen la salida del mandatario y de quien podría sustituirlo, su esposa y vicepresidenta.

 

PROBLEMA DE FONDO

“La serie de acontecimientos que ha desatado la decisión del gobernante para encarar un problema real, refleja el hartazgo de la población ante una serie de atropellos, como los desvíos de fondos del Instituto Nicaragüense de Seguridad Social por parte de favoritos del régimen muy bien identificados”, señala Selene Romero Gutiérrez, académica del Centro de Relaciones Internacionales de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UNAM.

Las investigadoras Romero y Gutiérrez, entrevistadas por separado, coinciden en calificar de insólita la respuesta de los ciudadanos, pero comprensible dada la magnitud de la represión; de ahí que una de las consignas más coreadas en estos días sea “¡Te toleramos todo Daniel, menos que mates a nuestros chavalos!”, en alusión a los jóvenes muertos a manos de grupos de choque oficialistas durante las recientes protestas.

Muy atrás parece haber quedado el Daniel Ortega que al final de su primera presidencia, en 1990, aceptó ceder el poder luego de un resultado electoral adverso (ver Revolución fracasada), lo que sus enemigos calificaron entonces como “gesto político de la mayor generosidad”. Ahora no faltan quienes le reprochen ser capaz de todo con tal de conservar la presidencia. ¿Tienen razón? La maestra Romero Gutiérrez cree que la respuesta salta a la vista en las decisiones que el exguerrillero ha tomado desde mediados de los noventa, primero para recuperar la presidencia y luego para conservarla hasta el día de su muerte.

Ortega se postuló para el cargo en 1996 pero fracasó, entonces optó por aliarse con el nuevo presidente Arnoldo Alemán Lacayo, quien prometió heredarle el cargo, a cambio de apoyo en el Congreso y el sometimiento de los sindicatos de filiación sandinista.

Sin embargo, los actos de corrupción que involucraron a esa administración fueron tan escandalosos que afectaron al propio Ortega, quien sufrió otra derrota en los comicios de 2001. Para entonces el antiguo líder guerrillero como muchos de quienes fueron sus compañeros de armas ya se habían convertido en prósperos hacendados o se vieron beneficiados por privatizaciones poco transparentes.

Revolución fracasada

Entre 1934 y 1979 Nicaragua fue controlada por integrantes de la familia Somoza. Esta situación ocasionó el surgimiento de una fuerte oposición armada que se aglutinó en torno al FSLN. Daniel Ortega, su máximo comandante, organizó una feroz ofensiva contra el gobernante en turno, Anastasio Somoza Debayle, quien terminó en el exilio.

Ortega encabezó un nuevo régimen empeñado en reducir la desigualdad social, pero su tendencia socialista enfrentó el rechazo de Estados Unidos que optó por patrocinar a un movimiento armado conocido como “La contra”.

La guerra civil que desangró a la nación centroamericana en los siguientes 11 años, así como los errores cometidos por el gobierno sandinista, unos debido a su inexperiencia y otros a la corrupción, provocaron que Ortega perdiera las elecciones de 1990, convocadas para legitimarse ante la Comunidad Internacional.

OPORTUNA CONVERSIÓN

Zaremberg recuerda que en 2004 Ortega pidió perdón en público por “sus errores del pasado” y aseguró que dejaría sus decisiones a la voluntad de Dios. Ese fervor religioso lo acercó al poderoso cardenal Miguel Obando y Bravo, su archienemigo hasta entonces, quien aplaudió la decisión del político de casarse con su compañera de toda la vida, Rosario Murillo, madre de sus seis hijos.

Dos años después, Ortega sumó una nueva candidatura presencial. Contó con el patrocinio del gobierno venezolano, pero su tono prudente logró que sonaran sinceras sus promesas de mantener a su país en el Tratado de Libre Comercio entre Centroamérica y Estados Unidos, así como de respetar la propiedad privada y la libertad de prensa. Concretó su victoria en los comicios de noviembre de 2006.

De acuerdo con la investigadora de la Flacso, los buenos augurios que acompañaron el inicio del nuevo no se vieron ensombrecidos por los desplantes de Murillo, quien se convirtió en vocera del gobierno y encargada de la política social. Al contrario, antiguos críticos se declararon “gratamente sorprendidos” por el pragmatismo que mostró Ortega al elaborar su política económica y fomentar la inversión privada. Sin permitir que el déficit fiscal superara medio punto porcentual logró que la economía nacional creciera a tasas superiores a 3% anual e incrementó las exportaciones a Estados Unidos, su principal socio comercial.

Por su parte la académica Romero señala que las finanzas nicaragüenses se vieron apuntaladas por el subsidio anual de 500 millones de dólares en combustible barato proveniente de Venezuela. Si bien el grupo gobernante se quedó con parte considerable de esa suma, construyó infraestructura eléctrica y dotó de agua potable a zonas marginadas.

Además, puso en marcha programas de salud y apoyo a la educación; el primero garantizó la cobertura universal para la población de escasos recursos, en tanto que el segundo facilitó el ingreso de miles de jóvenes a las universidades, tanto públicas como privadas.

Mientras la oposición se fragmentó en más de 20 organizaciones irreconciliables, el régimen y su partido ganaron adeptos a través de rentables medidas como el Plan Techo, es decir, el reparto de tejas de zinc y clavos para cambiar el techo de las casas de las familias más pobres. Mientras los habitantes de zonas urbanas se vieron beneficiados por el subsidio al transporte público, habitantes del campo recibieron animales de corral, maquinaria y abono para sembrar. Mientras los grandes empresarios pudieron invertir en flamantes empresas paraestatales, la población de menores ingresos obtuvo vales para surtir la canasta básica.

Pocos tomaban en cuenta el súbito enriquecimiento de personas ligadas al régimen, comenzando por Laureano Ortega Murillo, hijo consentido del mandatario, quien ha controlado los principales fondos de inversión del Estado. Ni se preocuparon por Orlando Núñez, consejero en temas sociales, quien adquirió dos islas en el paradisíaco archipiélago de Granada, al sur de Managua, valuadas cada una en 200,000 dólares, ni por el excomandante Bayardo Arce, asesor económico presidencial, vinculado a importantes empresas agroalimentarias en las que ha invertido dinero procedente del narcotráfico, según la embajada de Estados Unidos en Managua.

Un joven valiente

“Presidente ¡Aquí no venimos a escucharlo dar un discurso, sino a pedirle que se rinda ante todo este pueblo!” fueron las palabras, con voz firme pero sin gritar, con que Lesther Alemán, un estudiante de 20 años de figura esbelta y grandes gafas, interrumpió sorpresivamente la intervención de Daniel Ortega durante la primera sesión de la mesa de diálogo para recuperar la paz que, bajo la mediación de la Conferencia Episcopal, reunió a representantes de diversos sectores de la sociedad.

Alemán, quien cursa becado el cuarto año de Comunicación Social en la Universidad Centroamericana (UCA), forma parte de la coalición de estudiantes que ha encabezado las protestas. Por sus palabras a Ortega, obtuvo tal popularidad que se ha reflejado en la proliferación de calcomanías, llaveros y afiches de él en traje de superhéroe, por lo que muchos hablan de “lesthermanía”.

Mientras él pasa los días atrincherado en su campus, se mantiene comunicado a través de su cuenta de Facebook. Tiene más de 40,000 seguidores que le dejan mensajes como: “Simplemente un héroe y orgullo de Nicaragua” o “Gracias por decirle sus verdades al tirano”.

A pesar de su momento de fama, el muchacho ha conservado la sensatez. Considera que no será fácil quitar del poder a Ortega, pero no descarta que el diálogo y la observación internacional, apuntalados con la protesta en calles, plazas y caminos, termine por convencerlo de renunciar y salir del país, como hace 39 años lo hizo Anastasio Somoza.

VENDEDOR DE SUEÑOS

Ortega se convenció pronto de que la bonanza del país dependía de su permanencia en el poder y aprovechó su férreo control sobre la Corte Suprema para declarar “inaplicable” la prohibición constitucional que impedía la reelección de un mandatario en funciones. Allanado el camino, el caudillo pudo reelegirse con 62.5% de los votos, además de que sus partidarios ganaron 63 de los 99 asientos de la Asamblea Nacional (parlamento), es decir, la mayoría necesaria para gobernar a su gusto.

La indiferencia con que la comunidad internacional actuó frente a lo que intelectuales como Mario Vargas Llosa calificaron como fraude burdo, fue un acicate para que en 2012 las autoridades sandinistas recurrieran sin disimulo a todo tipo de artimañas (relleno de urnas e incorporación al padrón de miles de nombres falsos) para arrasar en las elecciones municipales en las que se quedaron con 134 alcaldías (incluyendo la de Managua) de las 153 alcaldías en disputa.

“Esta vez las protestas arreciaron, pero amainaron cuando Ortega anunció la construcción de un canal interoceánico, el sueño de todos los nicaragüenses desde la consumación de la independencia nacional (1821)”, recuerdan las académicas Zaremberg y Romero.

El proyecto implicaría una vía fluvial de 286 kilómetros de largo que atraviesa el sur de su territorio y aprovecha las riberas del lago de Nicaragua. Su costo rondaría los 50,000 millones de dólares (el PIB nacional de cuatro años), aportados por Wang Jing, un inversionista chino quien, a cambio, recibió la concesión (sin haberla licitado) para operar el canal por 50 años.

La expropiación de terrenos a lo largo de la ruta que seguiría el canal generó violentas manifestaciones, pero generó entusiasmo y abrió espacio al mandatario para reformar la Constitución y eliminar todos los obstáculos para su reelección indefinida. Se postuló nuevamente a la presidencia en noviembre de 2016 y llevó a su mujer como compañera de fórmula (ver Rosario Murillo, la señora de Nicaragua, Contenido, Feb. 2017).

 

REALIDAD INOCULTABLE

Ortega y Murillo han sustentado su legitimidad en que ganaron su elección con más de 70% de los votos, además de contar con 71 de 92 asientos en la Asamblea Nacional. “Con la oposición silenciada parecía que no había más que quedarse cruzado de brazos observándolos gobernar”, opina la maestra Romero.

La verdad es que la pareja presidencial ha tenido menos margen de maniobra. La ayuda venezolana se ha reducido dramáticamente y en la actualidad el país sudamericano ni siquiera figura entre los mayores socios comerciales de Nicaragua. Al no haber aprovechado esos ingresos extraordinarios (unos 9,700 millones de dólares) para crear infraestructura y desarrollar ramas productivas, la nación ha seguido expuesta a los altibajos de los precios de las materias primas, sus principales productos de exportación.

En febrero corrió el rumor de que las obras del canal interoceánico serían canceladas. No hubo anuncio oficial pero se supo que el gobierno necesitaba con urgencia 71 millones de dólares para sostener su régimen de pensiones. Ortega y Murillo decidieron hacer una reforma que les permitiría recaudar 250 millones y la pusieron en marcha, pero para sorpresa de todos, el grupo más apático de la población, el de los jóvenes, levantó la voz en solidaridad con los jubilados que resultarían afectados, pero también para protestar por asuntos tan diversos como la falta de autonomía universitaria y la ineficiencia del gobierno para combatir el incendio que acabó con 5,000 hectáreas de la Reserva Indio Maíz.

El régimen ha llamado al diálogo pero al mismo tiempo justificó que la policía usara armas de fuego para dispersar manifestaciones y solapó innumerables agresiones por parte de turbas de motociclistas vinculados al Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN).

¿Quiénes están detrás de los jóvenes inconformes? El régimen asegura que reciben ayuda de capos de la droga y el terrorismo internacional, pero las investigadoras consultadas para este reportaje insisten en calificarlo de genuino, sin descontar que ha encontrado aliados en el Consejo Superior de la Empresa Privada (COSEP) y el episcopado nicaragüense.

¿Tienen futuro las movilizaciones? Tanto Zaremberg como Romero se muestran cautelosas al hablar de lo que puede venir. Al cierre de la edición, la académica de la Flacso se inclina porque habrá mayor represión para desanimar a quienes protestan; la investigadora de la UNAM considera que es posible la salida de Ortega en corto plazo. “Pienso incluso que el problema mayor está en cómo acortar el mandato presidencial”. Romero insiste en que la convocatoria precipitada a elecciones abriría el camino a los oportunistas, pero un proceso bien planeado puede dar tiempo suficiente a las fuerzas políticas para preparar una oferta responsable.

Ante la incertidumbre las académicas creen que hay una certeza: no habrá festejos por el aniversario del triunfo de una revolución que olvidó sus promesas de libertad y dignidad.

 

Para entender a Nicaragua

Nombre oficial – República de Nicaragua

Ubicación geográfica – Centroamérica

Territorio – 130,370 km2

Población – 6,149,928 habitantes

Esperanza de vida – 74.4 años

Edad promedio – 25.7 años

Índice de Desarrollo Humano – Medio

Índice de transparencia – 151 de 180 países

Homicidios por cada 100,00 – 11.49

Moneda – Córdoba

Economía – 124 en el mundo por el volumen de su PIB

PIB per cápita – 2,151 dólares EU

Desempleo – 6.5%

Inflación – 5.2%

Deuda como % del PIB – 31.05%

Fuente – CIA/The World Facebook y datosmacro.com

 

 

El reinado de Ortega

2006

Se convierte en presidente por segunda vez. Promete respetar la propiedad privada, el juego democrático y la libertad de expresión.

2007

Sella su alianza con los sectores más conservadores al promulgar la reforma que penaliza el aborto en cualquier condición.

2010

Documentos filtrados por Wikileaks revelan que el FSLN recibe financiamiento de traficantes colombianos y mexicanos.

2011

Logra la reelección en medio de acusaciones de “hacer una interpretación mañosa” de la Constitución para postularse.

2013

Anuncia la construcción de un canal interoceánico y reitera que la obra de 50,000 millones de dólares acabará con la pobreza.

2014

Con su mayoría parlamentaria modifica la Carta Magna y garantiza su reelección indefinida. Los opositores son reprimidos.

2016

En comicios sin observadores imparciales, Ortega consuma su tercera reelección, lo acompaña su mujer como vicepresidenta.

2018

Reformas al Sistema de Seguridad Social reducen pensiones y elevan aportaciones. Protestas masivas las echan abajo.

 

Por Pedro C. Baca