Importante: Nuestro Aviso de Privacidad ha cambiado a partir del 14 de mayo de 2018, puedes consultarlo aquí: http://contenido.com.mx/aviso-de-privacidad/
facebook@ twitter@ instagram@ youtube@

Te puede interesar

Robots utilitarios a gogó en Japón

Crean una ilusión óptica que revela cómo funciona nuestro cerebro

WhatsApp prepara un modo “en vacaciones” para que no te molesten

Inicio / COLUMNAS / El monasterio y la isla maldita

El monasterio y la isla maldita

 

La emblemática construcción situada en el Mar Adriático alberga una historia de leyendas, anatemas y dueños. Hoy es reserva protegida de la Unesco y admirada por millones.  

Foto: Fernanda de la Torre

 

 

Mis muros guardan historias de naufragios, cantos de monjes y también la leyenda de una maldición. Me ubico en Lokrum, una pequeña isla en el Mar Adriático, cerca de la ciudad de Dubrovnik, Croacia. Mi historia comienza en 1023 hace casi 1000 años cuando unos monjes benedictinos (llamados también “monjes negros” por el color de sus hábitos) empezaron a construirme. Muros firmes, de piedra gris que abunda en la región; de estilo románico, ábsides semicirculares y arcos tan firmes, que todavía hoy pueden admirarse después de tantos siglos. Fui el primer monasterio benedictino de la región de Dubrovnik.

 

La vida entre mis muros era tan apacible. Los monjes dedicaban muchas horas a su huerto y la oración. ¡Ah pero no piensen que por ser tranquila era aburrida! ¡Nada de eso! Mis muros han albergado a ilustres visitantes no sólo del clero, sino también de la nobleza. Corría el año de 1193 cuando la embarcación de Ricardo I de Inglaterra, mejor conocido como Corazón de León, naufragó muy cerca de Lokrum. Hombre piadoso y agradecido prometió construir aquí una iglesia para agradecer que pudo salvar su vida. Sin embargo, los habitantes de la vecina Dubrovnik le pidieron que la edificara en la ciudad, en tierra firme y así fue. Confieso que me alegré un poco. Así, mis muros no tendrían competencia.

 

La agradable tranquilidad no duraría para siempre. En 1808 Lokrum fue invadida por el ejercito francés. Recuerdo los pasos burdos del general de ese ejército cuando entró entre mis muros. Lo sentí como una profanación. Peor aún cuando anunció que los monjes deberían abandonar la isla inmediatamente. Sentí que me derrumbaban. ¿Cómo pretendían que me separara de ellos? Furiosos al verse despojados de la que había sido su morada durante siglos, los monjes decidieron vengarse. Fui testigo de cómo, la noche antes de marcharse, circunvalaron tres veces la isla con sus velas al revés, repitiendo que cualquier persona que tratara de poseer la isla tendría grandes desgracias. Al día siguiente embarcaron y se marcharon sin mirar atrás. El maleficio estaba hecho. El primer comprador de la isla de Lokrum fue un comerciante de Dubrovnik que pronto perdió su fortuna. Así que nuevamente pusieron la isla en venta conmigo incluido, por supuesto.

 

Tiempo después llegó una feliz pareja de recién casados. Compraron la isla con la dote de la novia. Remodelaron parte de mis muros para habitarme. Construyeron preciosos senderos en los jardines. Sembraron jardines de rosas, lavanda y limones. Él mandó traer hermosos pavorreales y pericos de las Islas Canarias. Recuerdo a esa joven mujer escribir con frecuencia a sus primas en Bélgica, hablándoles del idílico lugar y de lo feliz que era junto a su marido. Aseguraba que eran la pareja más feliz sobre la Tierra. Desafortunadamente esa apacible dicha no duraría para siempre.

Buscando lo que pensó sería mejor para ellos, convenció a su marido de aceptar la propuesta de Napoleón III. Fue así como Carlota de Bélgica viajó a México, junto con su marido Maximiliano de Habsburgo, para convertirse en Emperador hacia 1864. Todos conocemos su trágico destino. Después del fusilamiento de Maximiliano, Carlota perdió la razón, por lo que su hermano Leopoldo de Bélgica, negoció para que mis muros pasaran nuevamente a manos de la familia real astro-húngara. Ellos tampoco tuvieron buena fortuna, al grado que la Emperatriz Elizabeth trató de deshacerse de mí sin conseguirlo. Su nieto, el archiduque Francisco Fernando anunció que pasaría aquí el verano con su esposa. Nunca llegó ya que lo asesinaron en Sarajevo, evento que desencadenó la Primera Guerra Mundial.

 

Pasé algunos años abandonada, hasta que la Unesco consideró a Lokrum Reserva Natural Protegida. No tiene dueño y nadie duerme en la isla, pero no estoy sola. Cientos de personas me visitan para admirar mis muros; que saltaron nuevamente la fama, no por maldiciones sino por ser parte de la famosa serie televisiva Game of Thrones que trasmite el canal HBO. Los fanáticos de la serie pueden caminar por los jardines que caminó Daenerys, dejarse sorprender por los pavorreales descendientes de aquellos que trajo Maximiliano, refrescarse en una de las playas de Lokrum o tomarse un momento para conocer mi historia…

 

Foto: Fernanda de la Torre
Foto: Fernanda de la Torre