Importante: Nuestro Aviso de Privacidad ha cambiado a partir del 14 de mayo de 2018, puedes consultarlo aquí: http://contenido.com.mx/aviso-de-privacidad/
facebook@ twitter@ instagram@ youtube@

Te puede interesar

Las campanas de Catedral: entre su canto y su llanto

El monasterio y la isla maldita

Tiempo de dialogar. Columna de Sergio Sarmiento

Inicio / COLUMNAS / Pinceles femeninos. Impresionismo y modernidad

Pinceles femeninos. Impresionismo y modernidad

 

Conozca a estas precursoras del mundo del arte cuyas obras puede admirarlas en el Museo Sumaya. Fundación Carlos Slim.

 

Los movimientos feministas #MeToo y #TimesUp han reafirmado la lucha por el respeto, la inclusión y la equidad de género. En el caso del mundo del arte, la investigadora Francesca Conti refiere que fue gracias a la aportación de los movimientos feministas consolidados en 1970 que se cuestionó la sistemática exclusión de las mujeres. Linda Nochlin, primera investigadora en señalar ¿Por qué no ha habido grandes artistas mujeres? escribió: “[…] No ha habido grandes artistas mujeres así como no hubo tenistas esquimales o pianistas de jazz lituanos. El problema de la mujer en el arte tiene que ver con el más amplio problema de la igualdad. Históricamente no se han dado las condiciones necesarias para que se desarrollara un talento femenino al igual que uno masculino.” Además, la presencia de la mujer en el escenario artístico fue amenazada por la poca consideración en la Historia del arte. Hasta 1970, los principales críticos como Ernst Gombrich o Horst Waldemar Janson no mencionaban en los anales estéticos a ninguna mujer.

Sin embargo, una de las excepciones que ha marcado el devenir cultural fue la estela de creadoras que en el moderno París de fines de siglo XIX irrumpió en la estética impresionista. El 7 de octubre de 1884, la artista de origen ucraniano Marie Bashkirtseff, pocas semanas antes de morir por tuberculosis, escribió en su diario: “Lo que anhelo es la libertad de ir por ahí sola, entrar y salir, sentarme en las Tullerías, y especialmente el placer de pararme y mirar las galerías de arte, entrar en las iglesias y museos, caminar por las calles de noche; eso es lo que busco; y esa es la libertad sin la que no se puede llegar a ser un verdadero artista. […] Maldita sea, esto es lo que me hace rechinar los dientes cuando pienso que soy mujer. Con un vestido burgués y una peluca, me pondré tan fea que seré libre como un hombre. Ya no puede haber nada para mí. Soy un ser incompleto, humillado, acabado.”

 

Una nueva cultura encontró en 1895, en la hija del pintor realista Jules Breton, a la primera presidenta de la Unión de Mujeres Pintoras y Escultoras y así Virginie Demont-Breton junto con Hélène Pilate obtuvieron la autorización oficial para que las artistas fueran aceptadas en 1897 en la Escuela de Bellas Artes, así como el derecho a participar en el Premio de Roma.

Anteriormente se formaban en instituciones particulares como la Academia de Rodolphe Julian, donde podían pintar desnudos con modelos presenciales, un hecho sin precedentes para la educación femenina. En el mismo Museo del Louvre, ellas podían copiar a los grandes maestros y aprender composición y técnicas de aplicación del color. Así, nació la primera sobresaliente generación de autoras que se sumó a la pintura de toque, efecto, luz y mancha de color.

 

Los artistas que las vieron como modelos, pronto las alentaron a convertirse en colegas. Manet impulsó las carreras de Berthe Morisot (1841-1895) y Eva Gonzalès (1849-1883). Degas la de Mary Cassatt (1844-1926). Marie Anne Caroline Quivorone, conocida como Marie Bracquemond (1840-1916), tuvo como mentores a Monet y a Renoir.

 

Berthe Morisot escribió: “No creo que haya habido nunca un hombre que haya tratado a la mujer como su igual, y eso es todo lo que pediría, porque sé que valgo tanto como ellos”.

Ellas, las mujeres impresionistas, forman parte de la colección de Museo Soumaya-Fundación Carlos Slim. Es labor cotidiana revisar y transformar los enfoques para que lejos de las “excepciones”, se conviertan en puntos de partida ahí donde el compromiso de todas, y a todos, nos permita edificar una realidad incluyente en un marco de respeto.