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Otro sexenio más… Los mismos: ¿no te cansa?

 

En la mayoría de las disciplinas ocurre casi igual: un puñado de personas reparte los espacios de participación y lucimiento. De cuates a cuates lanzan vivas y porras al trabajo de todos y cada uno de los integrantes del grupúsculo. Se felicitan mutuamente. Se llenan de “elogios búmeran”. Un espectáculo que, para acabar pronto, a un creciente número de personas ya le resulta desagradable y nada creíble. Hasta aquí la mala –e histórica– noticia.

AFP PHOTO / Julio Cesar AGUILAR

La buena es que también crece el número de espacios independientes, pero no me refiero a los emergidos de la “participación ciudadana” porque la mayoría, ¡caramba!, también ya está infectada con los virus de “pa’ los puros cuates” o “pa’ la pura familia (al estilo italiano)”.

Me refiero a esfuerzos de personas que diariamente luchan por emitir estudios, opiniones y críticas imparciales basadas en datos, información, lecturas. Individuos incansables que trabajan por su cuenta o en colectivos para combatir las falsas noticias, la corrupción y la desigualdad social. Gente que apuesta por la meritocracia, sin discriminación.

Pregunta: ¿no te cansa ver, leer y escuchar de las mismas personas los mismos argumentos, las mismas ideas? ¿No estás harto y fastidiado de aceptar una imagen impuesta y manipulada por unos cuantos, por los mismos de siempre? Si tus respuestas son “sí”, entonces ¡bravo! Diste un paso definitivo para salir de la economía de la manipulación.

También avanzaste para salirte de un lugar donde te ofrecen la autorealización a cambio de tu autoexplotación. ¡Bravo otra vez!, porque estás a punto de retirarte de un sitio donde la ética y la moral sólo forman parte de un discurso que en la práctica no tiene funcionalidad ninguna. No aplica para los de siempre porque ellos no practican la ética ni tienen conflictos con la moral (¡Y todos gozan de las posiciones de poder que se autoimpusieron!).

 

Entre corruptos te veas…

Ya ni hablar del Estado de derecho… ¿Qué significado tiene dicho concepto en un México partido por la desigualdad social? ¿Partido? ¡Fragmentado! Vivimos tiempos difíciles, en varios frentes y ámbitos. Y la prosperidad –para acabar pronto– no llega para la inmensa mayoría.

El tiempo pasa y cada día son más los millones de mexicanos que tienen que darse ánimo con la idea de que “siempre vendrán tiempos mejores” (Yuri dixit). Y, por increíble que parezca, la realidad nacional es que aún son por fortuna cientos de miles las personas que luchan por mejorar su calidad de vida sin infringir la ley, sin violentar (justo) el Estado de derecho.

¿Cuál es su premio? Enterarse de que varios de los integrantes de la clase política mexicana (empleados nuestros) protagonizan actos de corrupción, cometen delitos e incurren en prácticas plagadas de conflictos de interés. Sí, decenas de burócratas –legisladores, jueces y administradores, por mencionar sólo algunos ejemplos– golpean la confianza ciudadana depositada en la ley, en sus instituciones, y no pasa nada. El mal uso del poder, los sobornos y la impunidad son una triada perversa para el ciudadano de a pie, muy al contrario de lo que ocurrió en Brasil y Corea del Sur el mes pasado.

Igual de lamentable resulta que muchos miembros de la iniciativa privada (y muy particularmente la conformada por empresas multinacionales extranjeras y nacionales) no cantan mal las rancheras. Su alta dirección no entiende ni le interesa crear una sociedad con una mejor calidad de vida.

La mayoría de los ejecutivos sólo piensan en generar ganancias y más ganancias. ¿Su papel en la construcción de un Estado de derecho? Ingeniárselas para descubrir cómo ajustarse a la letra de la ley, mientras eluden su espíritu y su intención. Son los amos de la doble moral: exigen a sus trabajadores un respeto absoluto a sus políticas (rayan en el fanatismo), pero son incapaces de respetar los derechos humanos de sus colaboradores.