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Legalizar las drogas: ¿La única salida?

Contra lo esperado la guerra frontal ha favorecido a los países consumidores y devastado a los productores, mientras el consumo crece.  La despenalización parecer ser el camino inevitable, aseguran los expertos. Reproducimos un artículo publicado en 2015.

Photo by Vojtech Okenka from Pexels

 

Dinero y chantaje: el origen de la prohibición

Recientemente Jefrey Miron, economista de Harvard, lanzó una propuesta radical: legalizar todas las drogas, tanto las suaves (marihuana) como las duras (cocaína, metanfetaminas, ácidos), apelando a la libertad de los adictos y a que los costos de la prohibición han sido mucho mayores que los beneficios.

“La política prohibitoria ha generado un mercado clandestino con escaso control de calidad, pero sumamente rentable, que ocasiona violencia, corrupción, violación de derechos humanos y civiles y ha reducido la posibilidad del uso medicinal de algunas drogas como la marihuana o los opiáceos”, apunta en un video lanzado en YouTube.

La propuesta ha levantado polémica entre los que aseguran que legalizar las drogas ocasionaría un incremento en su consumo, convirtiendo un problema de violencia, en un problema de salud. Pero las cifras y los hechos no mienten: el precio final de la cocaína colombiana en Estados Unidos, por ejemplo, dedica el 24% a compensar el riesgo por encarcelamiento y 33% a reducir el riesgo físico de enfrentar la violencia del Estado.

En México, la guerra contra el narcotráfico durante el gobierno del presidente Felipe Calderón, ocasionó casi 12,000 muertes anuales (72,000 en total) y 30,000 desapariciones. Las drogas en cambio ocasionan 4,000 muertes al año, que pueden ser evitables, según el Sistema Nacional de Vigilancia Epidemiológica de las Adicciones.

El poder alcanzado por los cárteles fue evidente el pasado 1° de mayo en Jalisco, donde una turba de narcotraficantes respondió de manera inusitada una ofensiva de las autoridades: derribó un helicóptero militar con un lanzacohetes y asesinó a seis soldados. De ahí que algunos organismos civiles, académicos e incluso políticos, propongan casi al unísono, buscar un camino alterno: el de la legalización.

Esclavos mentales

El tabú del consumo y la producción de drogas tiene un trasfondo económico y chantajista de las grandes potencias consumidoras hacia los países productores como México y Colombia. “La prueba es que la mayor parte de las ganancias por su venta se quedan allá”, asegura el doctor en historia de la Universidad de Nueva York, Froylán Enciso Higuera.

El mercado de cocaí­na en Estados Unidos, por ejemplo, es de 34,000 millones de dólares (84,000 millones de dólares en el mundo), de los cuales sólo el 1% corresponde al ingreso de los productores originales, mientras que la venta en los países consumidores deja el 65 % de esos ingresos, según datos de la Oficina de las Na­ciones Unidas contra las Drogas y el Deli­to.

El argumento principal de los Estados Unidos para la política prohibitoria, señala Enciso Higuera, autor de libro Nuestra historia narcótica, fue el urgente freno al consumo de drogas de sus ciudadanos, luego de las tres oleadas de adictos producidas por la Guerra Civil, las dos Guerras Mundiales y el conflicto bélico en Vietnam. En el fondo “la criminalización del consumo y el narcotráfico sirvió a los intereses de los republicanos Richard Nixon y Ronald Reagan, para la obtención de votos y el control de los jóvenes en las décadas de los setenta y ochenta, que cuestionaban ese proceder político”.

Esa política obligó a países productores como Méxicoa seguir la misma línea: “A cambio, Estados Unidos pasó por alto la naturaleza antidemocrática del régimen priista, ofreció tecnología para combatir a los delincuentes e incluso apoyo financiero para superar la crisis de los ochenta”, apunta el investigador.

“Las consecuencias principales de esta política bilateral –agrega- fueron catastróficas para ambos países: Estados Unidos no logró bajar su consumo, se entorpeció el proceso de desarrollo democratizador de México y se permitió que los narcotraficantes perfeccionaran su organización, incrementaran su violencia y penetraran en grupos políticos, religiosos y empresariales, para seguir operando.

El siglo XX trajo consigo la alternancia política, la cual no modificó la línea de acción de México desde Washington e incluso se radicalizó durante el gobierno de Felipe Calderón, pues “en un marco de posible fraude electoral, la estrategia fue construir un enemigo interno que permitiera dar una imagen de fuerza y desdibujara su déficit de legitimidad”.

El arribo del demócrata Barack Obama en 2006, según el experto, trajo consigo un reconocimiento compartido de la escalada de violencia, al menos en el discurso, pues bajo el agua la política prohibitoria permanecía con estrategias como el Plan Mérida. “Estados Unidos hoy toma una actitud más madura. A pesar de ello el gobierno priista mantiene su lucha frontal, y es que no hay mejor esclavo que quien piensa que es esclavo por convicción propia”, enfatiza el doctor Enciso.

Entre 19,000 y 29,000 millones de dólares anuales llegan a México procedentes de Estados Unidos por la venta de drogas según el Reporte Estratégico Internacional sobre el Control de Narcóticos de 2013.

México ofrece tratamientos para adictos, pero en el último año sólo el 9.4% lo ha recibido, consigna la Encuesta Nacional de Adicciones, 2011 (ENA).

El Plan Cóndor de 1976, fue el primer experimento de estrategia antidrogas dirigidos por militares. Estados Unidos proporcionó tecnología. A éste le siguieron otros, como Colombia con la Operación Fulminante de 1978 y 1980, agrega Froylán Enciso.

La doble cara de la criminalización

La política prohibitoria ha tenido como argumento principal prevenir o disminuir el consumo; pese a ello, según nuestros expertos, ha quedado más que demostrado que lo prohibido se desea más y se cotiza más alto.

A nivel nacional la dependencia por las drogas se incrementó de 0.6% en 2008 a 0.7% en 2011, representando a casi 553,000 personas de entre 12 y 65 años; en tanto que la edad de iniciación disminuyó entre 2002 y 2011. En las mujeres pasó de 23.6 años a 20.1 años; mientras que en los hombres pasó de 19.8 años a 18.3 años (ENA, 2011).

“La drogadicción es un problema de orden social y criminalizarla no va erradicarla; en cambio favorecerá que se convierta en un tema tabú, con la consecuente desinformación”, apunta la doctora en psicología, especialista en adicciones, Alejandra Echeverría, académica del Tecnológico de Monterrey.

“Y en México la desinformación es muy preocupante –asegura-; la heroína y la nicotina, por ejemplo, son de las drogas más adictivas, pero los mexicanos creen que la marihuana y la cocaína son más peligrosas”.

La disminución en el consumo tampoco sería determinante para reducir la violencia. “En los años ochenta, el consumo de drogas en Estados Unidos disminuyó 45% durante los años en que el narcotráfico en México y los conflictos bilaterales se intensificaron”, apunta Enciso Higuera.

La persecución del consumo sí ha ocasionado una sobrepoblación en las cárceles, sobre todo de usuarios y narcomenudistas, que no reciben rehabilitación y en cambio incrementan su consumo. En 2013 en México los penales contaban ya con una sobrepoblación de 23%, es decir, 246,000 internos cuando hay espacio para 200,000, detalla el Informe de Gobierno de 2014.

“La información, educación y prevención, acompañada de programas recreativos y deportivos, sí son preventivos, pues atacan y ofrecen alternativas a la cultura tóxica de los jóvenes que observan con normalidad el consumo drogas lícitas e ilícitas para la recreación y socialización”, afirma la doctora Echeverría.

Los especialistas consultados coinciden en que es importante el establecimiento de programas eficaces para el tratamiento de adictos, tal como lo hace Holanda, donde el Estado ofrece programas de desintoxicación, disposición de agujas limpias para evitar el contagio de enfermedades mortales, campañas de vacunación contra la hepatitis B, que han logrado disminuir el consumo y las enfermedades relacionadas al VIH y las hepatitis B y C.

 

“Si la política de drogas es demasiado represiva y pone demasiado énfasis en el orden público, la población de usuarios puede volverse invisible, y de esta manera las medidas de salud pública como la prevención y el control de enfermedades infecciosas sería mucho más difícil”, opina Dolf Hogewoning, embajador de Holanda en nuestro país.

 

La experiencia internacional, un ejemplo para México

Algunos países ya han comenzado a legalizar ciertas drogas o ciertos procesos, y sus ejemplos pueden servir de guía a México, afirma Günther Maihold, investigador de El Colegio de México.

El primer paso sería no criminalizar el consumo personal: “Previamente se tienen que establecer campañas informativas, preventivas, educativas, culturales y recreativas”, señala Maihold.

“Esto significaría -asegura el doctor en Sociología y Ciencias Políticas-, dejar de invertir exclusivamente en la lucha frontal contra el narco y dirigir los recursos a la prevención y atención de adictos.

Así lo hizo Portugal cuando decidió legalizar drogas duras y suaves, y si bien en un principio se incrementó su uso, las políticas alternas lograron frenar y aun retrasar el inicio del consumo, disminuyendo las cifras de otras muertes relacionadas con su consumo. “Se logró un aumento de la eficiencia de las policías y las aduanas, que en vez de perder su tiempo con los usuarios, han dedicado su atención hacia las organizaciones criminales y ha estrechado la colaboración con las organizaciones internacionales”, indicó, Joao Gulao, presidente del Consejo de Administración del Observatorio de Drogas, durante el Foro tricameral “De la prohibición a la regulación, nuevos enfoques en política de drogas” de 2013.

El siguiente paso para el doctor Maihold, sería legalizar drogas suaves como la marihuana, bajo las mismas condiciones que el alcohol y el tabaco, pero con una regulación mucho más eficaz y con ganancias importantes. Tan sólo en Canadá la venta con fines terapéuticos deja 3,100 millones de dólares canadienses al año.

Recientemente Uruguay legalizó la marihuana asumiendo el control gubernamental de todas las fases, desde la producción hasta el consumo, buscando también beneficios económicos por la recaudación de impuestos. Para el doctor Maihold esta política no se podría aplicar en México pues el Estado ha demostrado ser malo como empresario, controlando fronteras y recaudando impuestos.

Pero, coinciden los expertos consultados, la legalización de la marihuana per se no terminaría con la violencia, pues ésta representa apenas el 20% del mercado de las drogas ilícitas en México.

Lo ideal, coinciden nuestros entrevistados, sería que los países consumidores terminaran con sus políticas de prohibición, pero legalizar todas las drogas tal como lo propone Jefrey Miron, por el momento sería imposible por el daño que ejercen en la población y por los mecanismos de control que se requerirían.

“Sólo el 4% de los contenedores que entran y salen de nuestro país son revisados, y no podrían controlar el ingreso de químicos precursores para su elaboración”, indica el doctor Maihold.

Por el momento propone centrarse en atomizar unas cuantas organizaciones a las que el Estado les definiría líneas rojas claras, para que no recurran a la violencia, y respeten al Estado y la sociedad civil y no corrompan la administración pública, aparte de redoblar esfuerzos para perseguir a los laboratorios de cocaína, los proveedores de productos químicos, los traficantes y los lavadores de dinero, con una mejor inteligencia y mejor actuación policial.

Sin embargo, para el doctor Froylán Enciso, prolongar la prohibición por mucho más tiempo sería ir contra la corriente: “Hay que observar lo que sucede con la legalización de la marihuana y continuar con los estudios sociales y de salud de los efectos de otras drogas, para determinar cuáles otras legalizar”, agrega Froylán Enciso.

A la par de la legalización, de acuerdo con nuestros especialistas, es necesario que los países consumidores reparen los daños al tejido social causados por la persecución en los países productores. El doctor Maihold propone que el gobierno de Estados Unidos otorgue incentivos económicos al campo mexicano para que así, los campesinos desistan de producir marihuana.

“Tarde o temprano tendremos que aprender a relacionarnos de manera responsable con las drogas. Sin embargo, la mayor resistencia la encontraremos en los políticos involucrados que difícilmente querrán dejar su mina de oro, pues el discurso chantajista y moralista les es mucho más redituable”, sentencia finalmente Froylan Enciso.

 

Drogas en el mundo

Argentina

Despenalizó en 2009 el consumo de marihuana en adultos, siempre que se realice en privado y no implique riesgos para terceros.

Australia

La posesión de pequeñas cantidades de cannabis, así como el cultivo de un número limitado de plantas para uso personal han sido despenalizados.

Bélgica

En 2001 despenalizó el consumo y posesión individual de cannabis, pero el Primer Ministro Charles Michel, ha puesto fin a la política de tolerancia hacia las drogas.

Canadá

A partir del 17 de octubre el consumo y cultivo de la marihuana será legal. Había sido autorizado con fines terapéuticos en 2001 y estaba prohibida desde 1923.

Chile

Tolera el consumo de marihuana en forma personal, pero penaliza la producción y la venta.

Colombia

En 2012 despenalizó la posesión de marihuana y cocaína para uso personal y se perfila hacia una despenalización total del consumo de drogas.

Corea del Norte

No considera a la cannabis ni al opio como drogas, por lo que no penaliza ninguna fase de la cadena productiva.

España

Se legaliza la venta, posesión y consumo de marihuana, siempre y cuando no sea en lugares públicos, lo que favorece la investigación con fines terapéuticos.

Estados Unidos

Se legalizó la marihuana en 20 estados y el Distrito de Columbia, con propósitos terapéuticos y los estados de Colorado y Washington sólo con fines recreativos.

Holanda

Desde los años setenta implementó una política tolerante hacia el consumo de cannabis que se vende en los coffee shops. Desde 2003 se ofrece con fines medicinales. El gobierno brinda apoyo a los grupos vulnerables.

México

Durante el gobierno de Vicente Fox (2000-2006), se lanzó la llamada Ley de narcomenudeo, en la cual se despenalizaba la portación de cantidades mínimas para consumo personal de drogas, pero a la fecha no se ha consolidado. En 2014 en el DF se lanzó una iniciativa para “tolerar” la portación hasta 30 gramos de cannabis .

Portugal

Desde 2001 no criminaliza al consumidor de drogas duras y suaves, pero tampoco legaliza su venta. No se pueden consumir en público y penaliza cantidades superiores a las permitidas.

Paraguay

Se tolera el consumo personal o para uso médico, pero penaliza la plantación, cultivo, recolección y venta.

Perú

Permite el consumo, pero no la venta ni el cultivo.

Suiza

En 2013 despenalizó la posesión de cannabis para uso personal, siempre y cuando se tengan más de 18 años y se porten sólo 10 gramos o menos.

Uruguay

En 2013 despenalizó toda la cadena productiva de marihuana, cuyo control queda totalmente bajo la tutela del Estado que concede permisos a personas o empresas para plantar y comercializar con fines medicinales, de investigación y recreativos.