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Frontón México: el Palacio de la Pelota

 

 

Este edificio del siglo pasado, situado a un costado del Monumento a la Revolución y que estuvo abandonado por 20 años, regresa a sus días de esplendor.

 

 

No, no fui el primero pero sin duda soy el más importante. Había otros frontones antes de mí. La pelota vasca –que en México llamamos Jai Alai, deporte que se practica con una cesta de mimbre– había llegado desde la época virreinal, pero nadie lo había considerado como un espectáculo, hasta finales del siglo XIX.

 

Podríamos decir que llegué tarde para este “furor” por el Jai Alai a inicios del siglo XX. Me construyeron hasta 1928 en la colonia Tabacalera. Originalmente, la Plaza de la República estaba destinada a albergar el Palacio Legislativo, pero como sabemos el proyecto no llegó a realizarse y terminó siendo el Monumento a la Revolución. Así que si bien el terreno estaba destinado para que hubiese un palacio el honor recayó en mis muros, ya que muchos me conocen como Palacio de la Pelota o Palacio de los Frontones.

 

El mismo presidente Emilio Portes Gil puso mi primera piedra en 1928. A mí me parece que fue ayer, pero han pasado más de 90 años. Casi un siglo en que mi inmueble ha albergado las risas de los asistentes, el esfuerzo de los pelotaris y también el abandono. Pero volvamos a tiempos felices. Me inauguraron con bombo y platillo, un año después, en 1929. Mi fiesta de inauguración fue uno de los eventos destacados de la época. Asistieron políticos, actores y empresarios que estaban “en el candelero” en ese momento. Todos miraban admirados el extraordinario trabajo que habían realizado el ingeniero tapatío Teodoro Kunhardt y el arquitecto Joaquín Capilla para construirme al más puro estilo art déco. Hay que reconocer que los muchachos hicieron un gran trabajo, no sólo con mi diseño y fachada, sino también se esmeraron en la iluminación, ventilación, diseño de las gradas. Por algo me consideraban el frontón más importante no sólo del país, sino de América Latina.

 

El tema de las apuestas y apostadores ha resultado siempre complicado. En 1937 el entonces presidente Lázaro Cárdenas prohibió las apuestas y yo me vi obligado a cerrar mis puertas. Pero no hay mal que dure 100 años ya que tiempo después el presidente Manuel Ávila Camacho ordenó que me abrieran, con la condición de que parte de las ganancias fuera para ayudar al manicomio de “La Castañeda”. No eran pocos los dividendos. Era un espectáculo para la gente de la alta sociedad y estaba casi siempre lleno. El código de vestimenta era importante: traje y corbata obligatorio. Quienes no lo cumplían, no podían pasar. Los mejores pelotaris del mundo estaban aquí y además, yo era el favorito de las estrellas de cine. Entre mis muros caminaban como si nada María Félix, Agustín Lara, Mario Moreno “Cantinflas”, María Victoria, Silvia Pinal o Tin Tan. También era visita obligada para las personalidades que visitaban nuestro país como Orson Wells, Pablo Neruda o Ernst Hemingway.

 

El afamado director Roberto Gavaldón, utilizó mis muros para filmar su película La noche avanza en la que muestra también el mundo de las apuestas –legales y no tanto–. Esta cinta es una de las joyas del cine de la llamada Época de Oro, interpretada por Pedro Armendáriz, Rebeca Iturbide y Anita Blanch. Años después también mis paredes serían utilizadas para otra película: Pepito y Chabelo contra los monstruos, interpretada por Javier López “Chabelo”. Otro de mis momentos de gloria deportiva fue cuando me convertí en sede en los Juegos Olímpicos de México 1968.

 

Los días de oropel terminarían a causa de una huelga del sindicato en 1996. Un día, después otro, semanas que se convirtieron en meses y así pasaron 20 años. El recubrimiento se cayó y se veían mis ladrillos, el grafiti arrebató a mis muros su apariencia elegante. Los transeúntes me miraban con tristeza en vez de admiración, señal de que mi deterioro era patente. Afortunadamente en 2016 comenzaron a remodelarme y restaurarme. Hoy soy un espacio multifuncional que tiene, además de la cancha, un restaurante, un casino y una escuela para que niños y jóvenes puedan aprender Jai Alai. Mis puertas se abrieron nuevamente al público en marzo de 2017 y espero que así permanezcan durante muchos, muchos años.