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Cómo sanar a México. Recetas del doctor Juan Ramón de la Fuente

 

Este distinguido médico aporta su visión y sus conocimientos para entender el comportamiento de una sociedad dolida que esperar ser curada.

Foto: Contenido// Axel Camacho

Lo que propios y extraños reconocen en Juan Ramón de la Fuente –médico y psiquiatra, exrector de la UNAM, académico y activista político desde la sociedad civil– es su congruencia para contribuir al desarrollo del país. Su más reciente libro, La sociedad dolida, publicado por editorial Grijalbo, es una prueba de ello. Se trata de una aguda radiografía del país desde un ángulo de vista novedoso: tomar a la sociedad como si se tratara de un organismo enfermo.

Desde su perspectiva científica y mediante un análisis clínico y social, De la Fuente detalla los males que aquejan a nuestra sociedad. ¿Cuál es la enfermedad? ¿Se trata de un síndrome de falla múltiple orgánica, como dicen algunos de sus colegas? “Lo que percibo es una sociedad dolida, que ha sido agraviada, se le ha mentido y ha estado sujeta a tensiones y frustraciones en los últimos años”, responde el también coordinador del Seminario de Estudios sobre la Globalidad.

Entre las señales palpables se hallan la inseguridad, la violencia y la falta de respuesta de los gobernantes a las necesidades más apremiantes de los ciudadanos, de ahí que los mexicanos muestren menos confianza en las instituciones, por ello él habla de dolencia y malestar.

Al malestar se le da poca importancia, reconoce, porque pudiera argumentarse que se trata de un gesto político o una reacción visceral. En realidad existen razones profundas que justifican el símil de ver a la sociedad como a un organismo. ¿Cómo se expresan los síntomas? Para muestra menciona algunos: el incremento en las tasas de depresión, ansiedad, adicciones, alcoholismo, suicidio entre los jóvenes. Las muestras analizadas de esta manera resultan entendibles.

Grandes males de nuestro tiempo

Uno de los elementos sintomáticos de una sociedad dolida es el miedo, expresión clara de la inseguridad y la violencia. Ante esto, Juan Ramón de la Fuente llama a detener la epidemia de violencia y a no permitir que se normalice, lo mismo en las comunidades más acosadas por el crimen organizado como en espacios antes considerados seguros (escuelas, áreas públicas, el transporte, campus universitarios, entre otros). Otro tema es la soledad –lo cual resulta paradójico en estos tiempos en que los seres humanos están más interconectados que nunca–, fuente de angustia y depresión.

El científico expresa: “Son los grandes males de nuestro tiempo: soledad, depresión, angustia y como parte del espectro, las adicciones”. Este último asunto es algo que le preocupa desde hace mucho tiempo, no hay que olvidar que el exsecretario de Salud –uno de los escasos miembros sin filiación priista dentro del sexenio del expresidente Ernesto Zedillo– sobresale por sus investigaciones sobre alcoholismo y por ser uno de los promotores sobre la despenalización de las drogas, también fue coordinador del libro Marihuana y salud bajo el sello del FCE.

De la Fuente analiza: las adicciones van hacia arriba, siguen en aumento debido a las fallidas políticas públicas y sociales que no resuelven, pues no sólo no bajan el consumo, ni controlan el acceso a las drogas sino debido al enfoque, estrictamente criminalístico, dejan un saldo de cientos de miles de muertos y desaparecidos. Aquí su argumentación: “Me pregunto una y otra vez: ¿este es un tema de salud pública? Por supuesto usar drogas es nocivo, está mal, como médico yo no puedo estar de acuerdo, pero tampoco puedo estar de acuerdo con que quien las use sea considerado un criminal. Tenemos nuestras cárceles llenas sobre todo de jóvenes por el delito de posesión, en realidad son consumidores que requieren orientación, información, muchos de ellos, tratamiento, y en todo caso rehabilitación, pero no cárcel”. De ahí que propugne por dar un giro de timón en este asunto y tratarlo más como un asunto de salud pública.

 

Hablar con la verdad

Cuando un médico observa que su enfermo no se recupera sino empeora es necesario revisar el diagnóstico y tratar de superar la etapa crítica dando un nuevo tratamiento. Queda con mucha frecuencia la sensación de que la clase política no tiene la sensibilidad necesaria para entender los sentimientos que subyacen al malestar.

Uno de ellos se refiere a la violencia y pone como ejemplo la cifra de 30,000 desaparecidos, la cual remite a que existen al menos 30,000 familias que se encuentran en una situación de incertidumbre, estrés postraumático –no sólo las familias sino las comunidades donde están insertas– y si a esto se suma el número de muertos o de incidentes cotidianos resulta difícil procesar estas experiencias. Sin embargo, lo más traumático es la falta de veracidad porque “la verdad es muy dura pero siempre es necesaria para procesar las emociones, las experiencias adversas, cuando uno experimenta estas crisis emocionales se convierte en un factor liberador de la tensión y del estrés y a veces de la misma depresión porque con la verdad, aunque sea muy dura, empezamos a procesarlos, a asimilarlos”.

Cuando no se sabe qué ocurrió exactamente las personas se quedan pasmadas y en medio del proceso de duelo, razón por la que no se puede, por ejemplo, pedir a los padres de los normalistas de Ayotzinapa que procesen su pena cuando nadie sabe a ciencia cierta qué fue lo que pasó. El autor de La sociedad dolida insiste en que es muy importante tener acceso a la verdad para sanar estas dolencias comunitarias y que no sigan manifestándose como malestar dentro de una sociedad que se siente agraviada.

 

El buen entendedor

“Ojalá aquellos que aspiran a gobernarnos pudieran entender un poco mejor lo que nos está pasando. Aquel candidato o candidata que logre entender mejor lo que le pasa a la sociedad que pretende gobernar, tendrá mayores posibilidades de ganar”.

 

Convertirse en la solución

En su ensayo el exrector señala una desconexión entre ciudadanos y políticos y un cierto malestar hacia aquellos que prometieron y en los hechos no están cumpliendo. Entonces, la pregunta pertinente es si es posible conectar estos polos. Sí, pero debe haber una mayor participación, “no quedarnos en condición de víctimas lamentándonos todo lo que nos ha ocurrido de manera más personal y directa; recurro a mi símil médico, cuando uno va a ver a un buen terapeuta y le platica todos sus síntomas, él preguntará: ‘qué vas hacer al respecto?’. Nosotros tenemos que ser parte de la solución, no podemos esperar a que esta venga de afuera”.

Para conseguirlo se necesita mayor participación y quien lo sostiene es alguien que pregona con el ejemplo de lo que se puede hacer en política, sin necesidad de pertenecer a un partido o de estar en la boleta electoral. No en vano De la Fuente ha sido considerado como candidato independiente en múltiples ocasiones.

Para el psiquiatra hacer política es generar propuestas, analizar las circunstancias y tratar de incidir en el futuro. Por ello convoca a la participación ciudadana como una alternativa, pues la solución de los problemas parte de “nosotros mismos”. En tiempos electorales, la mejor forma de participar es votando, exigiendo que el voto se respete y que se informe verazmente de los resultados. Pero, ojo, señala, esto no acaba con sólo salir a votar sino que se trata de ser igualmente equitativos en la escuela, el trabajo, la empresa, la familia y en todos los espacios donde se convive cotidianamente para provocar que el entorno mejore. “Cuando uno siente que está participando en la construcción de su propio futuro hay una sensación de bienestar. El reto es saber si podemos hacer esto a un nivel colectivo”.

Así pues llama a no quedarse solamente en esa actitud crítica y quejosa pero pasiva y mostrarse más proactivo porque no todo termina en las votaciones sino extendiéndolo a los otros ámbitos personales, familiares, laborales o vecinales.

 

La clave de la felicidad

La convivencia del médico con jóvenes estudiantes en las aulas universitarias le dan cierta cercanía con ellos, sabe que pueden marcar diferencia en estas elecciones, sin embargo, los percibe muy desanimados acerca del futuro y con justa razón. Por ello llama a hacerlos corresponsables de lo venidero: “Cuando hablamos de los temas del país que van a afectar su futuro profesional, familiar, laboral, les digo que deben asumir la responsabilidad que les toca, si no les gusta la sociedad que tenemos, pues vamos a transformarla”.

Aquí De la Fuente regresa a su analogía de médico de la sociedad: si al enfermo se le deja, se le abandona, se deteriorará y sus síntomas se agravarán. Así que hay dos alternativas para una sociedad dolida: empeora o mejora. Él prefiere hacer todo lo posible por mejorarla.

¿Cómo conseguir este restablecimiento? Confiando en el otro, responde. El científico advierte que el ser humano es un animal social y que necesita de los demás.

Para sustentar este argumento alude a un estudio sobre la felicidad realizado durante ocho décadas en la Universidad de Harvard, donde se trataron de reconstruir los factores que resultaron más importantes en la vida de los seres humanos y su principal fuente de la felicidad. Los resultados arrojaron que no fueron ni el dinero ni el éxito profesional sino la capacidad desarrollada a lo largo de su vida para construir relaciones afectuosas, lo cual considera una gran lección para los jóvenes millennials, obsesionados por el éxito, el dinero y el poder.

Precisamente una de las razones que explican parte de las dolencias de la sociedad mexicana se hallan en que “en algún momento se nos fue la ética, se nos diluyeron los valores y los principios y en esto el sistema educativo tiene mucha responsabilidad y también lo tienen obviamente los padres de familia, porque si no hay valores y si no hay principios todo acaba siendo un poco absurdo y es poco probable que se establezcan relaciones afectuosas”.

El especialista se muestra a favor de las tecnologías de punta. Está muy entusiasmado con la inteligencia artificial pero está más a favor de su uso en beneficio del desarrollo humano, porque nada remplazará –si se quiere alcanzar la felicidad– la capacidad de establecer relaciones afectivas con otras personas (familia, compañeros de trabajo, vecinos) porque son necesarias y actúan como un bálsamo cada que se atraviesa por una situación emocional sensible, señala.

 

Los dos pilares

En su papel de médico de la sociedad, el doctor De la Fuente percibió los desajustes en este organismo multiconectado y para evitar el colapso sugiere sustentar el desarrollo económico y social en la educación y en la cultura, bases que podrían dar más respuesta a los problemas sociales que los que actualmente está dando la política.

Juan Ramón de la Fuente argumenta que la academia de este país –donde se hallan investigadores y estudiosos que entienden los problemas–, se halla desaprovechada y sería conveniente que la clase política trabajara en problemas específicos. “A unos y a otros les vendría muy bien platicar más a menudo”, dice. Alude a su experiencia propia, en la que diferencia lo político marcado por acciones y toma de decisiones inmediatas, y lo académico, que generalmente goza de mayor tiempo de reposo: “He sido afortunado al haber estado en ambos lados de la mesa, me doy cuenta de la enorme importancia que tendría que en este país, al igual que ocurre en otras democracias, los académicos y los políticos platicaran como sucede tradicionalmente en Estados Unidos (no con Trump, porque él no cree en el conocimiento) o las democracias europeas (la francesa, la británica, la alemana), que son mucho más maduras que la nuestra y que están nutridas por esta interacción entre lo académico y lo político”.

De esta manera, asegura De la Fuente, se tomarían mejores decisiones y se reduciría el margen de error; para que esta interacción se diera debe haber respeto y libertad. El exrector universitario está convencido de que la educación sumada a la salud y al empleo son pilares necesarios para abatir la desigualdad.

 

¿Quién es Juan Ramón de la Fuente?

Médico por la UNAM. Psiquiatra en la Clínica Mayo de Rochester, Minnesota.

Rector de la UNAM durante dos periodos, profesor y coordinador de Investigación Científica de la misma universidad. Fue titular de la Secretaría de Salud. Autor y coautor de 22 libros. Premio Nacional de Ciencias y Artes en 2006. Doctor honoris causa por 19 universidades en el mundo. Actualmente coordina el Seminario de Estudios sobre la Globalidad en la UNAM.

 

Por Alberto Círigo