miércoles , agosto 15 2018
Importante: Nuestro Aviso de Privacidad ha cambiado a partir del 14 de mayo de 2018, puedes consultarlo aquí: http://contenido.com.mx/aviso-de-privacidad/
facebook@ twitter@ instagram@ youtube@

Te puede interesar

Adiós a la Tierra

Océanos: la crisis azul

La nueva “Revolución” de Nicaragua

Inicio / Reportajes / Anorexia, bulimia y otros desórdenes alimenticios

Anorexia, bulimia y otros desórdenes alimenticios

¿Come de manera compulsiva para luego vomitar? ¿Le obsesiona su figura corporal? ¿Cuándo está ansioso se lleva a la boca cualquier alimento que encuentra? Cuidado, si presenta algunos de estos síntomas podría tener un trastorno alimentario.

Regina Vivanco Perichart, capitalina, soltera, de 33 años de edad, de 1.67 metros de estatura es una psicóloga educativa que empezó su batalla contra la anorexia y la bulimia desde su adolescencia. Cuenta a Contenido:

A los 15 años, me sentía gorda. Desde pequeña escuché a mis tías, abuela y madre conversar sobre los privilegios de la apariencia: lo mejor era ser delgada y vanidosa. Ellas siempre estaban preocupadas por el peso, por verse delgadas y bonitas. Aunque nunca me llamaron “gorda” sus comentarios siempre giraban en torno a la imagen corporal, y eso me hacía sentir mal, por no ser bonita y aceptada en mi familia.

En tres días bajaba cinco kilos con los jugos y nunca recibí piropos. Comencé a verme más alta y a distorsionar mi imagen. Mi mente funcionaba todo el tiempo con base en la comida y el espejo –“Cuánto comí, qué tendré que comer al rato”–, sufría por ver cómo hacerle para no comer. Pensaba: “Cómo me queda este vestido, qué dice la báscula, bajé de peso y me quieren, hay que bajar más, más y más…”.

Después llegó la bulimia que comenzó con un atracón de mucha comida, seguida de una culpa horrible que no me dejaba dormir nada más de pensar lo comido. “¿Por qué comí? Soy una gorda que no puede dejar de comer”. Después vomitaba y practicaba mucho ejercicio. De tanto ir al baño, mis padres se preocuparon, les prometí no volverlo a hacer, pues según yo controlaba la situación.

De los 17 a los 25 años padecí anorexia. Todos los días sólo comía lechugas, una manzana, un pedacito de pollo asado, no comía ningún carbohidrato o grasa y practicaba muchísimo ejercicio. A las personas con anorexia o bulimia nos encantaría comer una rebana de pastel, sin embargo, la enfermedad dicta “no lo hagas, eres fuerte, no puedes caer en la tentación”.

Estaba cansada, era un robot sin sentimientos. No me importaba nada, tenía depresión, y la familia estaba a gusto, pues comía mis lechugas, no vomitaba y todos admirados me decían “Te ves muy saludable”. En la escuela y en el futbol bajé mi rendimiento.

Estaba hasta los huesos. Nunca llegué a la meta de la perfección. La enfermedad fue mi bastón emocional, la única forma de sentirme valiosa, pero lo único que logré fue autodestruirme y no tener ningún motivo para vivir.

Fue así que a los 25 años me interné en la Fundación Ellen West, una clínica para el tratamiento de trastornos de la conducta alimentaria. Los especialistas fueron contundentes: “Era indispensable que me internara si quería superar la anorexia”.

La primera semana no creía en nada, sólo quería morir, tirar la toalla. En tres meses aprendí sobre los desórdenes alimenticios, a comer; asistí a clases de autoestima, psicoterapia personal, grupa, familiar y tomé fármacos. Mi mamá y la doctora Araceli Aizpuru de la Portilla, directora de la clínica, me pidieron paciencia.

En seis años no había llorado, es difícil vivir con anorexia y bulimia; te la pasas en soledad e incomprendida. Ese miedo a comer, querer pertenecer, ser aceptada y que por más kilos que bajé, nunca lo logré.

En una sesión relaté cómo fui abusada por mi tío, un secreto guardado que luego compartí con mis padres. Por primera vez le comenté a mi papá: “puedes dejarme de dar dinero, pero necesito que me abraces para vivir”.

Hoy Regina Vivanco es maestra de preescolar en la escuela Xipal y directora técnica del equipo de futbol femenil Gonzo Soccer. Está convencida de que la ayuda de la Fundación Ellen West fue como un rayo de esperanza, además que la dotó de las herramientas necesarias para enfrentar la vida y poner límites. Su aprendizaje: “Valgo por lo que soy y no por cómo me ven o cuántos likes me den en una red social”.

 

Mal de nuestro tiempo

Desafortunadamente el caso de la profesora Vivanco no es único, la anorexia y la bulimia afectan a millones de personas en todo el mundo. Se estima, según datos de la Organización Mundial de la Salud (OMS) que una de cada 100 adolescentes padece anorexia y cuatro de cada 100 tienen bulimia. La edad de inicio del trastorno va de los 12 a los 25 años. Su frecuencia aumenta entre los 12 y los 17 años y se presenta tanto en hombres como en mujeres, aunque 90 y 95% son mujeres.

Según el Centro de Estudios para el Adelanto de las Mujeres y la Equidad de Género de la Cámara de Diputados, en México, cada año se registran 20,000 casos nuevos de bulimia y anorexia en adolescentes entre 15 y 19 años, lo que ha representado un aumento del 300% en los últimos 20 años.

Datos de la Encuesta Nacional de Salud y Nutrición (Ensanut-2012) destacan que 25% de las mujeres encuestadas entre 15 y 18 años han dejado de comer hasta por 12 horas por miedo a engordar y uno de cada 10 alumnos de bachillerato recurrió al ayuno como método contra la obesidad o sobrepeso.

El 28% de las mujeres encuestadas y el 18.6% de los hombres han tomado pastillas para bajar de peso; el 24% lo hizo en los últimos tres meses. Además, una de cada 10 personas vomita para bajar de peso. El 11.3% de las mujeres y el 6.2% de hombres han tomado diuréticos para bajar de peso, mientras que el 13.5% de las mujeres y el 7% de los varones confesaron tener prácticas bulímicas para perder peso.

Otras cifras de esta encuesta arrojan que el 95% de los casos de anorexia y bulimia se desarrollan a partir de hacer una dieta estricta. Además, estima que entre 19 y 30% de las universitarias presentan algún tipo de trastorno del comportamiento alimentario, sin mostrar la totalidad de síntomas.

La incidencia se incrementa en las mujeres deportistas, pues 62% de ellas –como gimnastas olímpicas, bailarinas de ballet o patinaje a nivel profesional– padece un desorden alimenticio.

De acuerdo con investigaciones realizadas por la UNAM, el 50% de los casos de personas con bulimia o anorexia tiene cura; 20% sobrevive con recaídas, 20% mejora y 10% muere.

La Secretaría de Salud de la Ciudad de México (Sedesa) afirma que esta relación malsana con la comida, especialmente anorexia y bulimia, inicia a los 17 años. De acuerdo a estudios realizados por esta institución, someterse a dietas, preocuparse por la delgadez o provocarse vómitos son comunes, particularmente en las adolescentes alentadas por críticas y estereotipos. Las mujeres encuestadas, de nueve a 14 años, tenían el problema de aceptación de la imagen corporal.

Por otra parte, el Instituto Nacional de Psiquiatría mostró que 10% de los jóvenes con anorexia y 17% con bulimia tuvieron intento de suicidio, mientras que únicamente 25% recibió tratamiento especializado.

De acuerdo con las cifras de la Fundación Ellen West, en México más de cuatro millones de personas padecen bulimia o anorexia.

No es un problema sencillo pues actualmente las imágenes de cuerpos femeninos estilizados inundan nuestra vida cotidiana en las calles, centros comerciales, medios masivos de comunicación, dictando un ideal de belleza que al menos en los años cincuenta tenía que ver con labios carnosos, cuerpos voluptuosos y femineidad. Casos como el de la modelo británica Twiggy (Ramita), que aparecieron en la década de los sesenta, transformaron el ideal de belleza convirtiendo la delgadez en un ícono para toda una generación.

A partir de ese estándar, que impactó negativamente a las adolescentes, se ha construido un modelo: mujeres altas, con piernas delgadas, busto prominente y abdomen plano, el cual no es nada común; apenas 1% de las mexicanas y 5% de las anglosajonas poseen ese fenotipo. El 95% restante no tiene esa constitución, sin embargo, cada vez más adolescentes se adhieren a esa cultura de la delgadez.

La cuestión es que hay gente con ciertas características que son impactadas por la presión social y desarrollan la enfermedad. Influyen factores de tipo social, biológico, familiar, psicológico, entre ellos, el ser exigente y perfeccionista. Así se desarrolla la anorexia. “No a cualquiera le va a dar, sino a aquella persona que se encuentra en un nivel de vulnerabilidad”, afirma la psiquiatra Griselda Galván Sánchez, posgraduada de alta especialidad en trastornos de la conducta alimentaria por la UNAM.

 

Ser perfecta

Silvia es una adolescente de 17 años de edad que vive con anorexia. Sentía sobre sus hombros una pesada losa: “tenía la responsabilidad de ser perfecta y cumplir las expectativas de mis padres”. A los 14 años eliminó de su dieta las carnes rojas, limitaba las porciones y nadaba dos horas diarias, hasta que consiguió pesar escasos 33 kilos aunque medía 1.64 metros de estatura. Fue hospitalizada por deshidratación.

“El ambiente en casa y escuela era abrumador y estresante. Todo tenía que ser perfecto y sentía mucha presión por ser excelente. Mi familia tenía expectativas muy altas de mi futuro. Era la que tenía perfectas calificaciones, participaba en las actividades y ayudaba a los demás”, dice la joven a Contenido, hoy en recuperación gracias a la Fundación Ellen West.

“Mi casa era un infierno por las peleas e insultos, parecía que no existía, pues mi mamá me comparaba con mi hermana mayor. Me sentía inferior, no aceptada y con un vacío existencial. Nada tenía valor. Ni la vida, menos el cuerpo, ni lo que pensaba”. Además: “Sentí un intenso miedo de no cumplir las expectativas de mis padres, maestros y amigos, y lo único que deseaba era ser amada. No logré hacerlo y me siento fracasada”.

 

Miedo a crecer

Los trastornos de la cultura alimentaria más conocidos son la anorexia y la bulimia, aunque no son los únicos. La primera se deriva de las palabras griegas an “falta de” y orexis “apetito” y no tener hambre puede ser provocado por medicamentos o enfermedades. En la anorexia, la persona niega su apetito; lo registra, pero le da miedo comer porque teme subir de peso.

La anorexia es reflejo de un miedo exagerado a subir de peso. Se busca tener un cuerpo delgado, aunque en el fondo se relaciona con una necesidad de dominar el propio cuerpo y una obsesión por la imagen física.

Armando Barriguete Meléndez, doctor en psicoterapia psicoanalítica y quien encabeza una clínica especializada en la capital del país, señala que las personas con este padecimiento “se caracterizan por ser muy inteligentes, introvertidas, muy sensibles, perfeccionistas, compulsivas y con serias deficiencias en el desarrollo personal”. En la anorexia nerviosa secundaria, la pérdida de peso no es el objetivo central, sino más bien la consecuencia de algún problema psiquiátrico, como depresión o esquizofrenia, que lleva al paciente a darle un significado simbólico a la comida.

El camino a la anorexia puede durar meses o años, y en muchas ocasiones las personas cercanas al afectado se dan cuenta cuando el daño ya es irreversible. Por eso hay que estar atento a sus primeros signos. Uno de estos puede ser una pérdida importante de peso, que lleva a una reducción del índice de masa corporal a menos de 18, lo que indica desnutrición. Pero en los adolescentes también se refleja en que pueden no subir de peso al ritmo normal del crecimiento.

Explica el experto que la bulimia consiste en el consumo voraz de alimentos, con la sensación de pérdida de control y posteriormente, se presenta un fuerte sentimiento de culpa que impulsa a las personas a tomar prácticas compensatorias como la autoinducción del vómito, el consumo abusivo de laxantes, diuréticos o enemas, ejercicio excesivo o ayuno prolongado.

En cualquiera de los casos, se trata de un problema emocional grave, en el que se usa la conducta alimentaria para manejar los conflictos, y la persona controla su peso por medio de acciones como evitar alimentos que piensa que engordan, purgarse o provocarse vómitos, ejercitarse en exceso, o consumir medicamentos que inhiban el apetito, reduzcan el peso, o sirvan como diuréticos.

Ese autocontrol busca combatir el miedo a la gordura, exagerado por la distorsión de su propia imagen. Así, el terror de sentirse gordos los invade continuamente, obligándolos a hacer todo lo posible para permanecer debajo de un peso específico. Detrás de todo esto, apunta Barriguete quien por 30 años ha estudiado los desórdenes alimentarios, coordinado las dos encuestas nacionales de trastornos de la alimentación realizadas en México en 2006 y 2012 y ser el primer miembro latinoamericano de la Academy for Eating Disorders, “subyace un gran miedo a crecer: niñas lindas e inteligentes muy asustadas que no quieren crecer por no cumplir las expectativas de sus figuras importantes, entonces, quieren permanecer en un cuerpo de niña con emociones de niña, en un organismo extremadamente delgado y frágil”.

Los que se tropiezan además con un trastorno alimentario es porque emocionalmente tienen cierta fragilidad que puede ser por la transición de la adolescencia, por un momento crítico: abuso sexual, una violación, la pérdida de un ser querido, problemas intrafamiliares, familiares que padezcan algún tipo de trastorno de alimentación que trasmita esa manera de comer, de manejar las emociones o antecedentes de violencia, maltrato, adicciones o ansiedad o depresión, que rompen el equilibrio emocional.

Los desórdenes en la alimentación, a su vez, desencadenan otras complicaciones: en la menstruación, pérdida de peso alarmante, aparición de vello o intolerancia al frío, presión baja o arritmias, aislamiento social, irritabilidad y pánico a ganar peso.

 

Agenda de discusión

Los trastornos alimenticios deben abordarse de una manera integral, desde el campo de la salud y educación, con la finalidad de reforzar las campañas y acciones institucionales que coadyuven a disminuir la incidencia de la anorexia y bulimia, en virtud del incremento entre adolescentes, consideran los expertos.

La situación se vuelve más preocupante cuando se advierte que en México no existe una agenda de discusión pública relativa a la salud mental y a enfrentar los trastornos alimenticios, menos en el marco de programas presupuestarios con acciones específicas orientadas a la prevención y atención de la anorexia y la bulimia, cuya población son prioritariamente las mujeres, dice Barriguete.

Esta ausencia de políticas públicas ocasiona que tampoco se cuente con especialistas suficientes tanto para atender a los pacientes como para generar investigación al respecto.

Para la investigadora Cecilia Silva Gutiérrez, de la División de Investigación y Posgrado de la Facultad de Psicología por la UNAM, la anorexia es uno de los trastornos alimenticios más peligrosos que de no ser tratados conduce a la persona a un deterioro de órganos, lo que podría derivar en un infarto.

Existen factores genéticos, familiares, sociales y tipo de personalidad que logran detonar con mayor facilidad este trastorno de conducta alimentaria. La enfermedad por lo habitual aparece en “niñas buenas” que se han pasado parte de sus vidas tratando de complacer a sus padres y amistades cercanas. Viven en ambientes muy estrictos y límites muy exagerados.

Ese nivel de exigencia y obediencia hace que carezcan de autonomía y no sientan control de sí mismas. La anorexia se inicia como un intento de autocuración para tener una disciplina sobre el cuerpo y un sentido sobre sí mismo y de efectividad personal. “Vivir en un ambiente donde se da relevancia a los éxitos académicos, deportivos y se le aplaude a un cuerpo delgado, genera mucha presión psicológica y emocional”, dice Silva Gutiérrez.T

Señales de alerta

  • Elegir una dieta restringida.
  • Pretender comer o no comer en excursiones, celebraciones, antes o después de los partidos, fiestas, etc.
  • Dejar de comer en compañía de los demás miembros de la familia.
  • Ocultar los alimentos e irse a comer a su recámara.
  • Argumentar no tener hambre, que ya comieron o que comerán más tarde.
  • Observar angustia porque no puede comer un alimento.
  • Se vuelve irritable, está enojado.
  • Adopta un comportamiento ensimismado.
  • Se aísla de sus amigos y cada vez son más selectivos con estos.
  • Comentarios repetitivos de que se encuentra “gordo” o insatisfecho con su cuerpo.
  • Pérdida o falta alarmante de peso.
  • Exceso de ejercicio o practicarlo aun lesionado.
  • Visitas frecuentes al baño.
  • Vómito y purgas inducidas.

Fuente: Cecilia Silva Gutiérrez, Posgrado de la Facultad de Psicología, UNAM; Instituto Nacional de Psiquiatría Ramón de la Fuente.

 

Madre controladora

Distintos estudios de la Universidad de Harvard muestran que el desarrollo de la anorexia también puede estar ligado a la presencia de un padre con problemas de alcoholismo o experiencias de abuso sexual, y tiende a desarrollarse en aquellas niñas que de pequeñas fueron reservadas, independientes y que no buscaban dar ni generar problemas.

La dificultad para expresar los sentimientos y poner límites genera una baja autoestima. Siempre mostrando un deseo de satisfacer y complacer los comentarios de figuras como la materna. Investigaciones apuntan a que la madre de la adolescente con ese tipo de trastorno es una mujer controladora, poco asertiva para ayudar a su hija. Una madre pendiente y ocupada por la apariencia de ella, y el problema es el exceso de esas preocupaciones y presiones. También se ha relacionado con el padre ausente, que permite que la madre tenga un control excesivo sobre la hija, expone la investigadora Silva Gutiérrez.

El doctor Barriguete agrega que por mucho tiempo se pensó que la madre controladora era el factor destructor. “La madre que alienta a la niña a bajar peso o le dice: ¡qué mal te ves con esa ropa!, sucede porque el padre no participa de la crianza, juega un papel importante separando a la niña de la mamá”.

En realidad, dice, el factor destructivo para las pacientes es el padre violento, ausente y que rechaza a la hija. “Cuando un papá descalifica una conducta, no sólo daña a la madre sino a la hija. La descalificación puede detonar en cualquier trastorno alimenticio. El padre ayuda a la construcción de la relación mujer-hombre en la adolescencia. La capacidad emocional del padre es fundamental para prevenir ese tipo de trastornos, es decir, la niña requiere un padre cercano, cariñoso, y que acompañe a su hija en el crecimiento”.

Otros trastornos alimenticios

Los tratamientos de los siguientes padecimientos suelen ser dados por un equipo multidisciplinario, con abordaje integral mediante psicoterapia, medicamentos, orientación nutricional y apoyo de familiares, con la finalidad de disminuir los síntomas, pensamientos distorsionados relacionados con los alimentos, mejorar la salud metabólica y tratar depresión u otros males.

Trastorno por atracón

Afecta más a personas entre 20 y 40 años de edad, provocado por maltrato, violencia intrafamiliar, depresión o incluso abuso sexual. “Los adolescentes sufren de ataques de ansiedad que cubren con la ingesta de comida”, dice el psiquiatra y especialista en trastornos de la conducta alimentaria Alejandro de Jesús Caballero Romo. En México, 1.5 millones de jóvenes están en riesgo del trastorno y cerca de 300,000 personas ya lo padecen. Liceth Paloma Alarcón, especialista en bariatría agrega que el descontrol alimentario consiste en ingerir aproximadamente 3,000 calorías de alimento en dos horas, de forma rápida, voraz y a escondidas, con sensación de pérdida de control sobre lo que come y la cantidad, seguida de culpa, enojo y desesperación por no poder controlar. Si existe frecuencia de dos veces por semana durante seis meses, hablamos de trastorno por atracón.

Hay culpa y vergüenza después de un atracón, normalmente precedido por un ayuno prolongado. “Después de la abstinencia el cuerpo pide alimentos con alta densidad calórica como azúcares y grasas, y de manera ansiosa consume todo aquel alimento que le da esa satisfacción”, explica la especialista. 

Diabulimia

Ocurre en personas con diabetes tipo 1 que, por la obsesión de bajar de peso, saltan las inyecciones de insulina que necesitan para el buen funcionamiento de su organismo. Sin la insulina, los niveles de azúcar en sangre aumentan, las células no pueden tomar la glucosa necesaria y el cuerpo, en un intento por disminuir el azúcar, la elimina a través de la orina.

Drunkorexia

Las mujeres jóvenes para mantenerse delgadas, casi no consumen alimentos en el día parar ahorrarse las calorías a fin de poder beber alcohol.

Ortorexia

Lo que puede comenzar como un cambio de hábitos hacia una forma saludable de comer puede convertirse en una obsesión, empecinada en tener una dieta perfecta. El desorden por la preocupación excesiva de comer alimentos sanos consiste en eliminar grasas, carbohidratos, aditivos, colorantes, comidas preparadas o con exceso de grasa, azúcar o sal, indispensables para el buen funcionamiento del organismo, lo que puede causar desnutrición.

Permarexia

Quienes están constantemente practicando dieta y piensan que todo lo que comen engorda. Lo más peligroso es que no acuden a un nutriólogo sino que suelen utilizar las dietas que se publican en revistas o en redes sociales. Su obsesión es tal que llega a conocer a la perfección la cantidad de calorías que aporta cada alimento.

Potomanía

Es el consumo excesivo de agua con la intención de llenar el estómago y así evitar comer y ganar peso.

Pica

Se manifiesta en los niños como un deseo irresistible de comer tierra, yeso, cenizas de cigarrillo, insectos o papel.

Síndrome del comedor nocturno

Consume muy pocas calorías en la primera mitad del día ya que no siente apetito, pero en el resto de la jornada la sensación de hambre aumenta, sobre todo en la cena o después de ella, con ingestas excesivas de alimentos ricos en hidratos de carbono, provocando que el organismo ponga todo su esfuerzo en la digestión con lo que se altera el sueño. La persona que padece este trastorno tiene ansiedad que canaliza a través de la comida.

Síndrome del comedor selectivo

Los trastornos obsesivos compulsivos de la personalidad hacen que la persona se alimente sobre la base de una decena de alimentos solamente. Esto trae como consecuencia una carencia de minerales, vitaminas y otros nutrientes.

Vigorexia

Se presenta comúnmente en hombres que, preocupados por lucir un físico “ideal” practican excesivas sesiones de ejercicio y consumen suplementos proteicos que son peligrosos.

Fuente: Sociedad Mexicana de Nutrición y Endocrinología.

 

 

Dónde pedir ayuda

– Clínica Ángeles Trastornos de la conducta alimentaria, Hospital Ángeles.

– Centro de Servicio Psicológico, Facultad de Psicología, UNAM.

– Fundación Ellen West, asociación contra la anorexia y la bulimia.