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¿Sabes cómo describir un vino?

Joven, fuerte, elegante… si te preguntan qué te pareció un vino, acuérdate de esta guía.

Photo by Kaboompics .com from Pexels

¿Te quedas pasmado cuando alguien empieza a citar términos sofisticados al describir un vino en algún evento social? Si no eres experto, eso es lo más normal del mundo. Porque describir un vino implica haber probado una buena cantidad de diferentes tipos de tintos, blancos, rosados y espumosos. Para quienes han hecho de esta práctica su profesión, usar esta terminología es un placer. Sin embargo, el sommelier Mauricio Millán, de la casa Monte Xanic, asegura a Contenido que no es obligatorio ser un perfecto especialista para empezar a usar el lenguaje de los conocedores. El mismo Millán nos ofrece tips muy útiles para manejar ese vocabulario.

“Suele haber muchos adjetivos para describir los vinos –dice el sommelier–, a menudo algunos de ellos significan lo mismo”. Por ejemplo:

 

Vino “joven” o “afrutado”

Se refiere a vinos de fecha reciente en su etiqueta (máximo unos tres años), que suelen tener colores de juventud en su aspecto, sus aromas y al paladar. ¿Cómo identificarlos? Podemos hallar comúnmente en ellos aromas y sabores de fruta fresca, y suelen ser suaves al paladar. No se recomienda guardarlos pues no mejorarán con el paso del tiempo.

 

Vino “suave”, “sutil”, de “cuerpo ligero”

Están relacionados con vinos jóvenes, pero no siempre lo son. Son vinos cuya intensidad en nuestra boca es como su nombre los describe: suave, la sensación alcohólica es baja y así como su astringencia (un sabor entre seco y amargo) muy moderada. “Los vinos de uvas Pinot Noir o la Gamay suelen ser así”, dice el experto.

 

Vinos “Reserva”, “añejados”, “de guarda”

Son aquellos que se mantuvieron por periodos superiores a los 12 meses de barrica por otro tiempo similar en botella antes de ponerse de venta en el mercado. Son vinos con una estructura más compleja en el aspecto aromático y gustativo. No sólo tienen aspectos frutales sino que ya figura como sabor relevante la madera donde reposó y todos los aromas y sabores generados en ella. Estos vinos suelen tener una evolución lenta en botella y por lo tanto tienen más capacidad de guarda que los “jóvenes”.

 

Vinos “robustos”, “corpulentos”, “potentes”, “fuertes”, “carnosos”, “tánicos”

Son muchas las maneras y los adjetivos para describir vinos que tienen gran intensidad, sobre todo en el paladar, llenos de mucho sabor y con alta sensación astringente; en algunas ocasiones incluso puede percibirse su sabor como agresivo. Deben estar balanceados también con una sensación alcohólica de calidad y una rica salivación por medio de la acidez.

 

Vinos “redondos”, “elegantes”, “complejos”

Este es el estado óptimo de los vinos, donde todos los elementos guardan una armonía, desde el aspecto evolutivo de sus aromas –frutas acompañadas de otros elementos aromáticos– y de su natural evolución, hasta su sabor, jugoso, con mucha duración y con un balance entre sensaciones de salivación, untuosidad y astringencia. “Suelen ser vinos con longevidad que vale la pena guardar un poco… ¡si te aguantas las ganas de tomártelos!”, advierte Millán.

 

Por José Ramón Huerta