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Jean Meyer y las enseñanzas de la historia

 

La vitalidad que Jean Meyer –historiador y geógrafo nacido en Niza, Francia, nacionalizado mexicano, autor de más de 30 libros– desborda a sus 75 años es comparable a la de aquellos jóvenes mochileros que recorren el mundo. Todavía se da tiempo para andar en bicicleta aunque advierte: “no salgo de mi barrio porque en México es bastante peligroso usarla”. Eso sí, revela a este reportero la fórmula de su energía: la familia, los amigos y la historia.

Foto: Contenido

Precisamente la combinación de estos factores lo trajo venturosamente a nuestro país en la década de los sesenta donde arribó fascinado por los libros de Rulfo y el cine. Sus años de investigación y los testimonios de campo que recogió terminaron marcando su entrada al mundo académico por la puerta grande, su investigación para su tesis de doctorado se convirtió en piedra de toque para todos aquellos que aún hoy quieren adentrarse en un asunto sensible de nuestra vida contemporánea, la Guerra Cristera.

Meyer evoca en entrevista para Contenido cuando su viejo maestro, Silvio Zavala, intentó disuadirlo de estudiar la Cristiada porque a su juicio se trataba de un “tema demasiado caliente”, y el yucateco le puso como ejemplo la Guerra de Castas que consideraba “demasiado reciente”, y que todavía en el sureste no podía abordarse, a pesar de que habían pasado más de 130 años. “En cierta medida tenía razón, pero tampoco es tan cierto”, reflexiona Meyer, e ilustra con las guerras entre Roma y Cartago, ocurridas 150 años antes de nuestra era, las cuales todavía suscitan encendidos debates entre los historiadores, sin que por ello se abstengan de estudiarlas como tampoco deben rehuir la crisis actual del Brexit.

Para Meyer la cuestión es clara: el analista no debe evitar un tema, aunque sea del año pasado, puesto que nunca va a ser objetivo, ni neutral, pero sí debe dejar en claro su postura al lector y no rehuir el esfuerzo para entender los acontecimientos contemporáneos, puesto que “el historiador no es un profeta”, sostiene.

Esas y otras enseñanzas las transmite a sus estudiantes de maestría en Historia Internacional. ¿Qué enseñanzas podemos sacar de ésta? No lo medita mucho para responder, y alude a una contestación del historiador March Blonch, maestro de su padre André Meyer, cuyo libro póstumo, Apología de la historia, todavía se sigue reeditando: “No hay lección de historia porque si hay lecciones de historia no hay buenos alumnos para entenderlas”.

Escribir microhistoria

A propósito de su progenitor, eje de su libro más reciente y el más personal de todos, La historia de mi padre, Meyer comenta que tras la muerte de don André, en 2016, su hermana intentó vender el departamento que le había heredado y pidió ayuda a Jean para acomodar sus cosas, entre ellas, varios miles de ejemplares de historiografía europea que vendieron al CIDE. Cuando estaban empacando las cosas y desempolvando papeles, Jean se encontró con un tesoro: una caja de cartón ya polvorienta, amarrada con mecate y rotulada con lápiz rojo “Mi autobiografía”. Algo similar a lo que les ocurrió a los hijos del escritor Juan Rulfo, que encontraron en una caja de zapatos diversas fotografías tomadas por su padre y que ellos desconocían.

Resulta que su papá, André Meyer, nacido en Alsacia (territorio disputado por alemanes y franceses) tomó la costumbre de registrar en un diario desde los 12 años (de 1925 hasta 1969) los hechos más importantes que acontecían. Para un ratón de archivo, como se autodenomina el investigador, en realidad fue un tesoro pues tenía en sus manos una secuencia extraordinaria donde se puede seguir el crecimiento, la formación intelectual de un muchacho desde su adolescencia hasta que termina los estudios superiores y se vuelve un profesionista. Pese a algunas dudas iniciales terminó trazando un libro que puede leerse como la historia de Europa o como la novela de aventuras de un joven alsaciano.

¿Se trata de una microhistoria en el sentido que lo manejaba Luis González y González?, se le pregunta. “Podemos decir que es una microhistoria. Transcribo fielmente los textos de mi padre, realizo digresiones de macrohistoria para explicarle al lector los antecedentes del conflicto franco-alemán”, señala el también novelista. Paralelo al desarrollo personal de Meyer padre, el lector podrá ir siguiendo la historia de Europa, ya que el protagonista nace en una provincia muy especial, Alsacia, históricamente peleada por alemanes y franceses. “Como la metáfora de las dos ruedas del molino aplastando”, acota el escritor franco-mexicano, los alsacianos eran “germánicos de cultura, históricamente germánicos durante 1,500 años pero en los últimos 400 años franceses de corazón”, y no aceptan la anexión a Alemania en 1940, cuando Hitler. Es allí donde se complica su historia.

Durante la Segunda Guerra Mundial, Meyer padre se enrola en el ejército, y de esta época data una foto donde se le observa como navegante, junto a un piloto de avión. André cae herido en combate y es apresado junto a sus hombres, su joven teniente muere a su lado, y salva la vida de milagro, por eso cada 19 de junio hasta el día de su muerte celebra su nuevo nacimiento y lo llama “el día del milagro”. Tras ser liberado decide partir lejos de Alsacia y continuar con su diario que en los últimos años de su vida ya sólo lo llevaba en una pequeña agenda porque su hija se convirtió en una preocupación latente debido a un problema de salud que tenía.

Espíritu alsaciano:

Ya sea en tiempos de guerra o de paz, los naturales de Alsacia evitaban el francés pero se negaban a aceptar la imposición del idioma alemán, y repetían un dicho de la época: “francés no puedo, alemán no quiero, alsaciano soy”. Como dice Jean Meyer, la mejor solución fue ser europeo.

 

Ya en México

En tanto, Jean Meyer radica definitivamente en México y lleva a su padre a visitar diversos lugares del país: el pueblo de San José de Gracia, en Michoacán, San Rafael, tierra de las colonias francesas en el Estado de México y otros paseos. Pero cuando lo llevó a Monte Albán, Oaxaca, André entendió las razones de su hijo para afincarse definitivamente en esta tierra.

A propósito de los conflictos históricos, y debido a la coyuntura actual entre México y Estados Unidos, Jean Meyer dice que él le recomendaría al presidente mexicano no preocuparse tanto de la tirantez de este momento, pues “de 200 años de relaciones, 150 años han sido conflictivos. Le diría: ‘no hay lecciones de la historia aunque hay algunos ejemplos que lo pueden inspirar’. Pero yo no tengo entrada al Palacio [Nacional]”, dice con sonrisa irónica.

 

 

Libros de Meyer

La Cristiada (México 1973-1975)

El sinarquismo, ¿un fascismo mexicano? (1979)

Coraje Cristero (1981)

A la voz del rey (1989)

Testimonio cristero. Memorias de don Ezequiel Mendoza (1991)

La Revolución Mexicana (1992).

Los tambores de Calderón (1993)

Hidalgo (1996)

Samuel Ruiz en San Cristóbal 2000).

Yo, el Francés (2002)

Manuel Lozada, el tigre de Álica (2015)

Estrella y cruz (2016)

 

 

Por Alberto Círigo