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Generación Afore: Vivir para trabajar o trabajar para vivir

La pirámide demográfica está cambiando en el país: hoy predominan los jóvenes pero dentro de pocas décadas habrá más personas de la tercera edad. ¿De qué vivirán?, ¿cómo será su situación económica? Conozca cuál será el panorama de afores y pensionados.

 

Photo by rawpixel.com from Pexels

Cuando Juan Gutiérrez cumplió 64 años de edad y 30 de permanecer laborando para una entidad gubernamental, fue informado por sus jefes de que podía comenzar el procedimiento para obtener una pensión. A pesar de su confusión, dio inicio el trámite y al cabo de unos meses partió del lugar que le había brindado seguridad laboral en las últimas décadas.

Según relató a Contenido, no le fue nada fácil alejarse de su vida laboral después de tantos años. “Uno no se acostumbra y la pensión no alcanza”, afirmó sin ahondar en la cantidad que recibe mensualmente.

Sin mucho que hacer, invirtió en un par de automóviles para él y sus hijos, con los que continúan el trabajo en el que se han desempeñado la mayor parte de su vida: manejar.

El ejemplo de Gutiérrez es similar a la de cientos de empleados que todavía no saben si su esfuerzo laboral se verá recompensado en su retiro o si su pensión será “más simbólica que útil” al momento de abandonar un empleo formal e incorporarse al mundo freelance (trabajo de manera independiente), o en el peor de los casos, encontrarse en el mismo dilema de aquellos que no saben si están trabajando para vivir o viviendo para trabajar.

 

Dos programas

En México hay dos esquemas mediante los cuales se puede tener acceso a una pensión, la Ley del Seguro Social de 1973 (LSS 73) o la Ley del Seguro Social de 1997 (LSS-97). Cada una de ellas con características muy particulares, que se han modificado “teóricamente a favor de los trabajadores”, comenta en entrevista para Contenido Berenice Ramírez López, investigadora del Instituto de Investigaciones Económicas de la UNAM. Por ejemplo, si usted nació antes de 1970, muy probablemente pertenece a la generación de trabajadores de transición, esto significa que podrá elegir entre jubilarse bajo la LSS 73 o LSS 97. Las diferencias entre ambas no se deben perder de vista, pues escoger una u otra afecta la forma en que pasará sus años en el retiro. (Ver recuadro: Las diferencias)

Vamos por partes:

En el régimen de 1973 se encuentran todas las personas que cotizaron en el Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS) hasta el 1 de julio de 1997 y en el régimen de 1997, todos los trabajadores que entraron al Sistema de Ahorro para el Retiro (SAR) a partir de la fecha mencionada hasta la publicación de esta edición, explica la especialista de la UNAM.

Para pensionarse con el Régimen de 1973, se requiere tener por lo menos 500 semanas de cotización y 60 años de edad para disfrutar de una Pensión por Cesantía y recibir 75% del Salario Base de Cotización (SBC) de los últimos cinco años laborados. Si se quiere aumentar el monto, digamos 80% del SBC, requerirá tener 61 años. Si por el contrario desea percibir 85%, deberá retirarse a los 62 años. Si esto no le es suficiente y pretende 90% de su SBC debe esperar a cumplir 63 años. Ahora bien, si usted “sólo” se conforma con 95% de su SBC necesitará retirarse a los 64 años, pero si usted es ambicioso y desea 100% de su SBC deberá retirarse a los 65 años, donde se le otorga una Pensión por Vejez de acuerdo con las estipulaciones de la Comisión Nacional de Ahorro para el Retiro (Consar).

Don Juan, como le dicen a nuestro entrevistado en el sitio de taxis donde labora, cuenta que escogió el esquema de la LSS 73: “No tenía mucha información y no sabía que podía escoger o que existía otro esquema […], de todas formas hubiera elegido el primero, nunca ahorré en una cuenta independiente, como dicen, me fue mejor con mi salario de los últimos años, aparte de que por mi edad me dieron casi el 100%”, detalla.

Muchos creen que “el esquema del 73 es más benévolo con el trabajador”, explica la maestra Olga Ávila Sandoval de la Universidad Panamericana, la realidad es que ambos nacieron con la finalidad de ayudarlo pero tienen diferencias. “Hasta 1973 todo el esquema de pensiones estaba a cargo del gobierno y del trabajador, no existía la figura de Afore para el retiro”, lo que quizá representa la principal diferencia entre las leyes ya mencionadas.

Otras diferencias trascendentales son que a través del régimen de 1997, se requiere mínimo 1,250 semanas de cotización, es decir, tres veces más que en el esquema de 1973, tener de 60 a 64 años en Pensión por Cesantía y 65 años para Pensión por Vejez. Para este caso, los recursos que reciba el trabajador serán los que haya acumulado en su cuenta individual de ahorro para el retiro que administran las Afores, que no son más que “entidades financieras dedicadas de manera exclusiva y profesional a administrar las cuentas individuales de ahorro para el retiro de los trabajadores las cuales deben contar con la autorización de la Secretaría de Hacienda y Crédito Público (SHCP) y están sujetas a la regulación de la Consar”, según explica la Asociación Mexicana de Afores (Amafore).

Para los trabajadores que se encuentren en el régimen de 1973, el IMSS será el que pague la pensión, mientras que para los del régimen 1997, dicha institución indicará el tipo de pensión a la que aplica el trabajador: Renta Vitalicia, Retiro Programado o Pensión Mínima Garantizada (PMG).
En la primera, la vitalicia, se contrata a una aseguradora y se paga un monto mensual al pensionado durante toda la vida; el Retiro Programado es por medio de la contratación de una Afore y se obtiene un monto mayor a la primera opción, por lo que se deben tener recursos suficientes en la cuenta individual de ahorro para el retiro. Por último, la PMG es aquella donde se tiene derecho a una pensión pero los recursos acumulados en la Afore no son suficientes para contratar una de las dos primeras opciones. Es un salario mínimo vigente en el Distrito Federal al mes y estará a cargo del IMSS una vez que los fondos reunidos por el trabajador se terminen.

En caso de que se la persona haya cotizado bajo ambos esquemas, deberá elegir una de estas dos alternativas. Recuerde que en este caso, “en la LSS de 1997 el pago de la pensión será a través de una aseguradora o Afore”, menciona la especialista de la UP. La cantidad que reciba dependerá del monto que tenga acumulado en la cuenta individual que administra su fondo. Por tanto, perderá sus aportaciones anteriores a 1997, es decir, las horas cotizadas únicamente al IMSS.

 

Las diferencias

  LSS 1973 LSS de 1997
Semanas cotizadas requeridas 500 1,250
Cálculo de la Pensión Salario promedio de los últimos cinco años Monto ahorrado en la cuenta individual (Afore) más los rendimientos obtenidos
Asignaciones familiares No
Pago adicional de aguinaldo equivalente a un mes de pensión No
Duración de la Pensión Vitalicia Dependiendo del cálculo inicial de esperanza de vida del asegurado
Pensión de viudez No
Actualización de la Pensión Anual conforme a la inflación No se actualiza

Elaboración propia con base en la página de la Consar.

 

 

 

Si comenzaste a laborar después del 1 de julio de 1997 y no has elegido Afore, el IMSS  asignará tu cuenta a una de las instituciones financieras que brinden este servicio. Es tu obligación ponerte al tanto de dónde se está depositando tu dinero para el retiro.

 

¿Y las Afores?

Pese a que don Juan, el taxista, pudo optar por ambos esquemas y no tuvo Administradora de Fondos para el Retiro, la cantidad que recibe mensualmente, aunque insuficiente, es un poco más alta que la que hubiera recibido en caso de optar por su Afore.

Por ello, para los que comenzaron su vida laboral luego del 1 de julio de 1997 es de vital importancia que sepan quién está administrando su dinero para el retiro. Actualmente existen muchas instituciones financieras encargadas de administrar estos fondos y son los que al final de su vida laboral se encargarán de su manutención.

Las Afores, coinciden las expertas consultadas, nacieron en 1992 como resultado del análisis del fondo para pensiones en nuestro país, cuando se dieron cuenta de que, a largo plazo, serían insuficientes. Se buscó la alternativa de “aligerar” un poco la carga del Estado y dejar en manos del trabajador su fondo para el retiro, es así que en conjunción con el IMSS y las instituciones financieras, nacen las primeras entidades a las que todo trabajador (público o de la iniciativa privada) tiene derecho.

Ya en 1997, durante el sexenio del presidente Ernesto Zedillo, entró en vigor la nueva ley conocida como LSS 97. Las Afores fueron diseñadas para dar sustentabilidad al sistema de ahorro para el retiro en México y son entidades financieras especializadas en administrar e invertir el ahorro de los trabajadores.

El cambio empezó en el IMSS, el ISSSTE le siguió hasta 2007 y, recientemente, la CFE y Pemex (para sus trabajadores de confianza). Por lo que todavía quedan muchos fondos de pensiones públicos, controlados por los estados, las fuerzas armadas y los sindicalizados de Pemex, pero el camino está trazado.

“Las Afores siguen siendo uno de los mejores mecanismos para invertir tu dinero, porque es la forma más accesible para casi todos los trabajadores. Te da los mejores rendimientos ya que los plazos a inversión son siempre a largo plazo y puedes hacer aportaciones voluntarias”, considera la maestra Olga Ávila. Si bien no discrepa con esa interpretación Berenice Ramírez, de la UNAM, sí resalta que “las Afores no brindan la suficiente seguridad al trabajador mexicano para que este se retire con una pensión digna”.

El problema de las Afores está en el diseño del modelo que se asemeja en mucho al chileno: “Se basa en bajas tasas de cotización y retorno, pero en altas comisiones para las empresas que administran los ahorros de los trabajadores […], que son los que más pierden”, dice la también doctora en Estudios Latinoamericanos Berenice Ramírez López, quien advierte que “no hay que olvidar que al final de cuentas las Afores también son un negocio y para que ofrezca rendimientos altos hay que invertir una suma cada vez mayor”.

 

“Los jóvenes Afore”

Otro problema no menos importante que presentan las Afores es que la dinámica laboral y económica actual de nuestro país, no es la más adecuada para este esquema de pensiones, recalca Ramírez. “A esta generación de jóvenes no le gusta hablar de la vejez y menos destinar una cantidad mensual a un ahorro que no van ver sino hasta dentro de más de 30 años […], no están ahorrando y a este paso tendrán que trabajar más allá de los 70 años para tener una pensión medianamente digna”, sentencia.

Olga Ávila, por su parte, habla también del problema del empleo informal o los llamados freelance. Si bien la creación de cuentas individuales para el retiro (o Afores) tienen la ventaja de las aportaciones voluntarias, estas conllevan el problema de no ser constantes; una persona que no tiene un empleo formal o que se dedica a rentar sus servicios profesionales de forma independiente no se preocupa por incrementar su Afore.

Ramírez López precisa: “Actualmente hay en México 44 millones de personas que conforman la población económicamente activa, poco más de 26 millones laboran en la informalidad y sin seguridad social […], la mitad de ellos pertenece al sector informal, el resto está compuesto por profesionistas que laboran por cuenta propia o que están adheridos a los ámbitos gubernamental, financiero o comercial que tienen contrataciones por honorarios, pero que tampoco cuentan con protección social, mucho menos acceso a una Afore”.

Y no sólo eso, aun cotizando de forma constante y reuniendo las 1,250 semanas que ahora la ley exige para tener derecho a una pensión, el monto de esta llega apenas al 30% del último salario del trabajador, si este no realizó suficientes aportes voluntarios.

Este escaso estímulo ha ocasionado que la gente no ahorre lo suficiente y una vez llegada la edad de retiro migre del sistema de trabajo formal al informal, tal y como le ocurrió a nuestro entrevistado Juan Gutiérrez, quien aconseja a los millennials queahorren, pongan un negocio, busquen la forma de asegurarse un ingreso y mantenerse laboralmente activos”.

De acuerdo con los expertos la generación millennial terminará pagando el mayor costo de esta transición pues, además de recibir una pensión mucho más baja, tendrá que aportar a la de sus padres y abuelos, a través de impuestos.

Por ello las expertas consultadas reafirman: “La cultura del ahorro es fundamental para tener una pensión digna en nuestro retiro”. Ramírez insiste en que es el Estado el que debería brindar la seguridad mínima a sus trabajadores retirados, pero mientras tanto “no queda más que explorar opciones de ahorro o inversión para el futuro”.

 

 

Dos de los grandes enemigos de las Afores son la informalidad y el outsourging –que consiste en delegar trabajo entre profesionales contratados o no por otras empresas– pues en estas figuras generalmente poco o nada se acumula en la cuenta individual para el retiro.

 

Hay alternativas

Una vez que se ha establecido que frente al futuro lo que se debe hacer primordialmente es ahorrar, exploremos algunas opciones que desde el punto de vista de nuestras entrevistadas son acciones complementarias a los aportes voluntarios y, en la medida de lo posible, se deben hacer a nuestra Afore:

Los reticentes a ahorrar no son sólo los jóvenes. La mitad de la población nunca ha ahorrado, según la encuesta Las y los mexicanos ante el retiro de la Amafore, donde se muestra que apenas 38% lo hace ocasionalmente.

Para impulsar las aportaciones voluntarias, Amafore y Consar han lanzado diversos mecanismos como una gran red de pagos que incluye tiendas de conveniencia y farmacias, apps como Afore Móvil (que facilita abrir cuentas, consultar movimientos y hacer aportaciones) y el programa Millas para el Retiro (que domicilia pagos a las Afore cada vez que se hace un cobro a la tarjeta de crédito).

Fura de ello, hay instituciones financieras y aseguradores que, de forma independiente a las Afores, ofrecen esquemas de ahorro para el retiro “que se adaptan a su salario” y ofrecen rendimientos, según la inversión, por encima de los que ofrecen las Afores. Otra modalidad son las cuentas bancarias a plazo fijo, donde se requiere un mínimo para apertura y la cuenta suma intereses hasta que el tiempo acordado llegue a su fin.

Lo importante, rematan Ramírez y Ávila, es que asegure un monto que realmente cubra sus necesidades cuando llegue el momento de abandonar la vida laboral sin perder de vista que aunque haya cotizado para la LSS 73 o para la LSS 97, la inflación y el precio de los energéticos tienen un papel protagónico en el monto que usted tiene que destinar para su retiro.