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La ciencia habla sobre diferencias biológicas entre introvertidos y extrovertidos

Llevamos etiquetándonos por nuestro comportamiento social desde 1920, cuando el psicólogo Carl Jung presentó los términos introvertido y extrovertido para diferenciar a aquellos que tendían a buscar más o menos las interacciones sociales.

Photo by Jenna Hamra from Pexels

Según Jung, los introvertidos disfrutan pasando tiempo solos para recargar su energía, mientras que los extrovertidos buscan esa revitalización en las personas.

Cuando hablamos de nuestra personalidad social no tiene porque ser blanco o negro. Un introvertido puede pasarlo bien en una fiesta y un extrovertido puede optar por una tarde tranquila en casa sin compañía. Sin embargo tendemos a tirar más por un lado que por otro por razones biológicas.

La verdadera diferencia entre un introvertido y un extrovertido está en su ADN, explica la psicóloga clínica Linda Blair a Business Insider. Al parecer, podemos sentirnos más excitados internamente por los químicos dentro de nuestro cuerpo.

De primeras podríamos pensar que los que están más excitados son los extrovertidos, pero realmente es al revés. Los introvertidos evitan más las situaciones sociales o eventos multitudinarios porque ya tienen mucha presión dentro y pueden llegar a sobrecargarse, en cambio los extrovertidos necesitan el estímulo externo.

Otros estudios apuntan a diferencias cerebrales como, por ejemplo, la teoría de la recompensa. Esta sostiene que los extrovertidos son más propensos a buscar una recompensa social, como hacerle reír a alguien, mientras que el cerebro de los introvertidos no precisa de ello.

Así, las diferencias cognitivas también se ven reflejadas en el lenguaje. Mientras que un extrovertido tiende a comunicarse de manera más abstracta, el introvertido es más concreto. Incluso impacta en su capacidad para aprender un nuevo idioma, ya que los primeros destacan al leerlo o hablarlo, y a los segundos se les da mejor escuchar y entenderlo.

En base a los estudios, se tratan de rasgos inherentes que realmente no podemos cambiar. Sin embargo, no hay motivo por el que querer modificarlo, no hay una personalidad mejor o peor, ambos son diferentes con sus ventajas y desventajas.