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Rafael Pérez Gay: los libros dan prestigio y poder

El escritor, cronista, editor, promotor cultural y periodista  Rafael Pérez Gay hace un viaje sentimental por sus cuentos para una antología, cuyos elementos son la memoria y el tiempo. De paso recomienda algunos títulos a los políticos para ser mejores.

Foto: Contenido/Naomi Kaizawa

La cepa de la que procede Rafael Pérez Gay se puede remontar a los grandes cronistas que hicieron de la vida de la Ciudad de México su especialidad: nada de lo que sucede en la metrópoli, para bien o para mal, le es ajeno. Este apasionamiento es evidente lo mismo cuando escribe de grandes tragedias del pasado, edificios decimonónicos, libros y personajes del siglo XIX, de la política contemporánea o de cuentos donde el escenario es la ahora CDMX.

El joven Rafael Pérez Gay –aquel que a los 20 años de edad publicó por primera vez en el rutilante diario UnomásUno, dirigido por Manuel Becerra Acosta– fue llamado a comparecer ante su par, él mismo, hoy de 61 años de edad y que dirige la editorial Cal y Arena y la editorial Nueva Imagen, para juntos reescribir y editar una antología personal de cuentos, a petición del sello Tusquets y que tituló Arde, memoria.

“Fue de un modo brusco, como deben hacerse algunas cosas: tomé mis libros, los puse sobre una mesa, empecé a leerlos, hice un viaje al pasado y fui eligiendo aquellos textos que me parecía que tenían como denominador la memoria”, señala nuestro entrevistado.

Este Viaje sentimental, a la manera de Laurence Steren (1713-1768), lo llevó por un cortejo de cuentos, piezas narrativas, relatos súbitos, que iniciaron en su obra Me perderé contigo (1988) y lo llevaron hasta textos de 2010 y más allá. “Casi volví a mis épocas de corrector de galeras, de redactor de contraportadas… fui un poco mi propio editor, en el sentido interno de la palabra, no en el sentido externo, cuando te vas a la imprenta, sino cuando estás editando dentro de ti”, refiere el autor de El cerebro de mi hermano, Premio Mazatlán de Literatura 2014.

¿Qué tanto traicionó al joven Rafael en esta exploración?, se le pregunta. Pérez Gay indica que, más allá de los errores visibles y vistosos, no quiso corregir porque fue más bien un ejercicio de reminiscencia para saber qué tipo de literatura le gustaba, a dónde iba y por qué escribía estas cosas el bisoño escritor. En este recorrido halló una constante, o más bien una obsesión, la memoria completada por otro tema, el tiempo.

Literatura y periodismo

Cada vez que Rafael Pérez Gay escribe o va a publicar un libro resuenan en su cabeza dos consejos del genial escritor argentino Adolfo Bioy Casares (1914-1999), uno de sus escritores más queridos. Bioy dixit: “Cuando uno escribe, el error siempre está al alcance de la mano, el trabajo del escritor está en tratar de evitar la mayor cantidad de esos errores” y la segunda máxima: “Un lector es una persona que tiene un libro entre sus manos pero que siempre quiere dejarlo. El trabajo del escritor es conseguir que abandone el libro la menor cantidad de veces”.

Ha escrito novelas y cuentos, por ello es inevitable preguntarle al también traductor qué género prefiere: ¿novela o cuento? “Me gustaría proponerme las dos cosas y no hay todavía alguien que pueda demostrarme que no puedo hacerlo más o menos con cierta solvencia”, si bien reconoce que la novela es un trabajo solitario, largo y a veces frustrante, el cuento es espasmódico y se puede escribir casi transido en una tarde o noche. “El cuento que me gusta es aquel que plantea de inmediato un conflicto y de ese conflicto sale una subtrama donde se revelan muchas de las cosas y tienes que salir con un final muy contundente”.

Según el novelista algo es claro, al menos en su caso: cuando empieza a escribir no se pone a pensar en estas reflexiones pues “uno empieza a escribir y ya”. Pérez Gay empezó a publicar en 1977, fecha en que apareció su primer texto periodístico, y desde entonces ha publicado semanalmente un texto o dos en la prensa mexicana, tanto en suplementos literarios, revistas o diarios. “Me acostumbré a escribir sin absoluto temor a la página en blanco, no hay dilema entre periodismo y literatura, para mí la literatura tiene que ser tan contundente y clara como el periodismo, tiene que ser narrativa y para mí el periodismo debe tener la inspiración muchas veces de la literatura”, dictamina filosóficamente.

Libros para políticos

En su columna periodística “Prácticas indecibles” del diario Milenio, escribió un artículo donde habla de los políticos incultos, por ello, ante la cercanía de las elecciones Contenido le pidió que sugiriera algunos títulos de obras literarias que pudieran servir a los candidatos porque como él sostiene: “Si los presidentes mexicanos hubieran leído novelas, estoy persuadido que serían mejores presidentes”. Así pues recomienda a los políticos dedicar un trozo de su vida a leer cuentos, novelas porque serían mejores políticos y no se quedarían en la orfandad intelectual. No en vano, afirma el columnista, muchas de las cosas que él aprendió de política las conoció más en las novelas que en libros de ensayos.

Aquí su propuesta:

*La sombra del Caudillo y El águila y la serpiente de Martín Luis Guzmán.

Es útil para conocer al gran Caudillo que quiere dominarlo todo, el que no acepta que se piense diferente y cree que de cualquier modo siempre tendrá la razón.

*El Llano en llamas y Pedro Páramo, de Juan Rulfo.

Si los políticos quisieran conocer algo del ejido mexicano, descubrirán además la creación de un lenguaje y una sensibilidad que no van a aprender ni siquiera viviendo en el campo.

La cabeza de la hidra de Carlos Fuentes.

Para entender algunas de las grillas y cómo se comportan unos y otros.

Morir en el Golfo de Héctor Aguilar Camín.

Conocerían no sólo qué es un caudillo sino a un hombre que se adueñó de un sindicato petrolero en un lugar desconocido del planeta; contiene lecciones tremendas de política.

La fiesta del Chivo de Mario Vargas Llosa.

Un compendio de política donde el autor va contando la historia del dictador.

 

Para cerrar el círculo el cuentista evoca con envidia a políticos como el presidente Bill Clinton, quien se reunía con Gabriel García Márquez o con Fuentes y recitaba párrafos enteros del escritor William Faulkner, o el presidente francés Emmanuel Macron, que fue discípulo de Paul Ricaud, el gran hermeneuta francés. Ante este escenario Pérez Gay se lamenta: “La clase política ha perdido la idea de los libros que pueden dar prestigio y poder, ellos no acusan recibo”.

 

 

Arde, memoria

La antología consta de cuatro apartados: “Mundos paralelos, sueños rotos”, “Abismos”, “Relatos súbitos” y “Del corazón a mis asuntos”.

El primer bloque tiene que ver con los sueños no sólo en el sentido de la ilusión, “son cuentos que llamaría psicoanalíticos, oníricos, de parejas que no saben qué rumbo llevan, de seres que se encuentran en los sueños de otros. Mientras que sueños rotos son aquellos que inevitablemente se empiezan a romper a través del tiempo”.

El segundo bloque, “Abismos”, parte del libro Paraísos duros de roer, al que Pérez Gay le tiene mucho apego y donde se advierte al escritor que siempre ha querido ser, “capaz de hacer historias que partan de hechos reales y se conviertan durante la marcha en fantasías y el viaje de regreso, fantasías que se conviertan al paso del rato en hechos reales”.

El tercer capítulo es una especie de intermedio, relatos que en su mayoría provienen del libro No estamos para nadie, “cuya condición es el humor, la comicidad, la autoironía”.

El último apartado son cuentos melancólicos, tristes, donde la madre envejece y muere, el padre está enfermo, el narrador se enferma; linda con libros como Nos acompañan los muertos y El cerebro de mi hermano.

 

(Alberto Círigo)