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Síndrome del corazón roto. Cuando el amor enferma

 

Este sentimiento que pulula en el ambiente, que algunos consideran el motor del mundo, ha sido materia de poetas y enamorados, pero también de los científicos, quienes han estudiado las manifestaciones físicas del desamor y las enfermedades que ocasiona el “morir de amor” o el Síndrome del corazón roto.

 

Adriana llevaba días con problemas respiratorios acompañados de una opresión en el pecho ─Una gripa, quizá─ pensó en su momento. Los problemas reales comenzaron cuando la sensación no se iba y parecía empeorar. Fue su madre la que sugirió que se atendiera con el doctor porque podría ser algo cardiaco.

Sin embargo, Adri, como cariñosamente la llaman, tenía tal depresión que no estaba para ir al médico, ni para preocuparse por atender su salud. ¿El motivo? Tenía poco más de un mes que había terminado con su novio Miguel. Ambos se conocieron cuando entraron a la universidad, aprovechaban sus ratos libres para comer juntos y pasar así el tiempo, incluso tomaron la decisión de compartir un pequeño departamento que fue su hogar durante más de seis años.

La joven, hoy de 30 años cumplidos, prefiere no recordar todos los problemas que tuvo en su relación ni los motivos por lo que terminó el noviazgo después de casi 11 años.

Tras la insistencia de sus familiares y visitar a más de un cardiólogo, Adriana fue diagnosticada con cardiomiopatía de Takotsubo o Síndrome de corazón roto. Una enfermedad que surgió a raíz del estrés generado por el rompimiento amoroso, el cual se traduce en manifestaciones físicas que, incluso, “pueden confundirse con un preinfarto”, explica con sonrisa incómoda.

 

 

El amor desencadena cientos de emociones en los seres humanos que también afectan nuestro cerebro, produce intensas reacciones químicas y efectos parecidos a los trastornos mentales.

 

“Me rompes el corazón”

Hasta hace algunas décadas, los alcances del amor o desamor no eran considerados desde el punto de vista científico, no obstabte, las investigaciones apuntaron cada vez más hacia la necesidad de explorar los conflictos físicos y psicológicos que conlleva la ruptura de una relación afectiva.

En este sentido, es importante, consideran los especialistas consultados por Contenido, hacer hincapié en que si bien el amor romántico, “el que sentimos por nuestra pareja”, es al que se le otorga mayor atención, no podemos perder de vista que la ruptura de una relación familiar, de amistad o la pérdida por muerte de un ser querido “pueden también desencadenar una serie de problemas físicos y mentales que afectan a hombres, mujeres, niños y adultos mayores”, resaltan.

Aunque el Síndrome del corazón roto se asocia generalmente al estrés causado por finiquitar una relación de pareja, lo cierto es que cualquier tipo de estrés podría desencadenarlo. Este mal se define como “un debilitamiento repentino y temporal del miocardio que presenta síntomas similares a los de un ataque cardíaco, como dolor en pecho y dificultad para respirar”, define el libro Psicopatología de la vida amorosa de Editorial Herder. El padecimiento normalmente es temporal, no deja secuelas y no afecta a las arterias coronarias como un infarto, sino al músculo cardíaco.

Aunque no es tan común como se podría pensar, los casos que se han registrado dejan en evidencia una tendencia mayor en mujeres, sobre todo cuando ya han pasado la menopausia.

Un estudio reciente sobre este tema, publicado por la revista American Journal of Cardioloy (2009), afirma que el trastorno podría deberse a un aumento en el nivel de hormonas relacionadas al estrés, como la adrenalina. Las arterias no se ocluyen, sino que es el músculo cardíaco el que se resiente y debilita, hasta el punto de que el ventrículo izquierdo adquiere una forma cónica dificultando la circulación que la forma tubular o cilíndrica facilita.

En esta investigación se estima que entre 1 o 2% de los sujetos diagnosticados de un ataque cardíaco sufren en realidad este síndrome. Los expertos tratan de entender el proceso de la enfermedad para ayudar a desarrollar tratamientos más efectivos y estrategias a corto y largo plazo.

De momento, como fue en el caso de Adri, la clave para un diagnóstico correcto del síndrome suele ser el antecedente de un fuerte y repentino estrés y la ausencia de los factores de riesgo cardiovascular clásicos: tabaquismo, hipertensión arterial, hiperlipidemia y diabetes; además de identificar si la opresión se debe a una oclusión ─como en los infartos─ o se trata de una deformación transitoria cónica, principal característica de este padecimiento.

Para contrarrestarlo se ha explorado el uso de bloqueadores de acción de la adrenalina y de otras sustancias similares. Los especialistas insisten que el curso de la enfermedad suele ser benigno, con una recuperación rápida y completa en la mayoría de los pacientes.

 

 

La recuperación completa del Síndrome de corazón roto no conlleva seguir con algún tratamiento farmacológico, lo único que se recomienda es que los pacientes eviten, en la medida de lo posible, situaciones de estrés súbito.

 

 

Limerencia: todo está en la mente

Para la maestra en rehabilitación neurológica, Daniela Esquivel, no es el amor el que enferma sino el desamor. “Este es el evento que desencadena con mayor frecuencia manifestaciones depresivas, ansiosas u obsesivas, además de que genera los principales cuestionamientos intrapersonales e interpersonales que crean conflicto… en nuestro proceso de desarrollo y maduración son inevitables estas situaciones, pero toman un giro patológico cuando no se pueden resolver o sublimar”, explica a Contenido.

Alejándonos del corazón, el verdadero enamoramiento se da en el cerebro. “En el proceso de enamoramiento actúan las endorfinas, los endocannabinoides, la vasopresina, la oxitocina, las hormonas sexuales, el óxido nítrico, serotonina y factores de crecimiento neuronal. Participan alrededor de 15 elementos, entre neurotransmisores, hormonas y sustancias endógenas; de ellas la más importante es la dopamina”, explicó a esta publicación el neurofísiólogo Eduardo Calixto. (Ver La química de los celos, Contenido, Feb. 2016).

Los problemas, a nivel neuroquímico, comienzan cuando nuestro cerebro se acostumbra a estas sustancias. Como toda droga, el cuerpo humano es inteligente y desarrolla una resistencia a la dopamina y compañía, por ello es que demandamos mayor atención de nuestras parejas, o en otros casos optamos por vías alternas y buscamos hacernos de una pareja nueva o de vivir aventuras para volver a experimentar lo que al principio vivimos con nuestra pareja, coinciden los especialistas.

 

 

La limerencia es un trastorno obsesivocompulsivo de contenido amoroso que requiere de atención por parte de un especialista en la salud para poder reaprender a valorar con mayor plenitud lo que ofrece la vida, opina la psicóloga Esquivel.

 

Así como en el cerebro comienzan los procesos químicos del amor, también en él se gesta el origen de una de las enfermedades que más problemática causa: la limerencia o Enfermedad del amor, la cual tiene que ver con los pensamientos de las personas ─los más profundos─ una especie de estado mental involuntario.

Tal y como se habló del Síndrome del corazón roto, la limerencia se adoptó como enfermedad de la que se debe explorar su sintomatología hace relativamente poco tiempo, en la década de los setenta, cuando la psicóloga estadounidense Dorothy Tennov acuñó el término “limerence”, para describir la etapa cuando la sensación de estar enamorado se vuelve desagradable.

 

 

La dopamina tiene una historia triste: su concentración en el cerebro disminuye conforme avanza el enamoramiento. Si a usted le dicen: “es que ya no me quieres como antes”, suele ser cierto porque ya no se produce la misma cantidad de dopamina.

 

El término ha evolucionado, por lo que actualmente la limerencia es catalogada como parte del síndrome obsesivocompulsivo enfocado en el enamoramiento, es decir que nuestras conductas, sentimientos y acciones se condicionan a la presencia del ser amado y a que este nos corresponda sentimentalmente.

Los expertos coinciden en que no se debe confundir el deseo intenso de que una persona nos corresponda con la limerencia. Normalmente la desesperación extrema en caso de no ser correspondido, o la alegría extrema en caso de sí serlo, pueden ser factores que ayuden a reconocer la presencia de este padecimiento en estas situaciones.

DESTACADO: La limerencia puede representar únicamente una fase de agitación física y mental que tiene como causa principal el amor hacia a una persona.

 

Hasta cierto punto, los síntomas de la enfermedad del amor no se salen de lo normal en lo que concierne a un enamoramiento natural. Como lo explica el doctor Calixto, “sudoración excesiva, palpitaciones, confusión, sensaciones de levitar y las hormonas agitadas son las claves de esta fase que está marcada principalmente por el amor romántico”. Sin embargo, en ocasiones, esta fase natural se convierte en limerencia como término psicológico.

Cuando en una relación se comienza a perder la cabeza por amor, la obsesión es lo que empieza a imperar en el cerebro de quien padece este mal que, aunque no tiene mayores consecuencias en la mayor parte de los casos, ha sido la causa de trastornos que sí presentan mayor grado de complejidad como la depresión crónica o niveles de estrés tan elevados que convergen en el Síndrome del corazón roto.

 

Serotonina y depresión

En los cuadros de enamoramiento, la dopamina tiene un papel estelar, pero también existe otra sustancia que está presente en situaciones de felicidad: la serotonina. Los estudios más recientes la señalan como la mayor influencia en los estados de ánimo de los individuos.

Debido su influencia sobre las emociones, se le considera la responsable del bienestar, pues genera optimismo, buen humor y sociabilidad, además es conocida por representar un papel importante en la inhibición de la ira y la agresión. Niveles bajos de serotonina están asociados con la depresión y la obsesión (síntomas del desamor) que convergen irremediablemente en la depresión.

Esta enfermedad representa en sí misma un nuevo problema, dado que la supresión de serotonina nos vuelve vulnerables a sentimientos poco agradables que modifican nuestra conducta. Para tratar el déficit neuroquímico de serotonina y aumentar sus niveles en casos extremos se recurre a fármacos antidepresivos.

Por ello, no es de extrañar que la fluoxetina (el antidepresivo más famoso) se le conozca como la droga de la felicidad. Las experiencias positivas constantes y los pensamientos alegres también aumentan los niveles de serotonina. En cambio las ideas desagradables, las malas noticias, hablar de cosas tristes y preocupantes o enfadarse, inhiben completamente la activación de la serotonina.

 

El poder del amor

El amor es capaz de fomentar enfermedades con manifestaciones físicas debido al deseo de ser felices y tener el máximo de neuroquímicos de la felicidad. Esperamos eso del amor y de otros aspectos de la vida. No importa cuántos neuroquímicos se consigan, porque, después de un tiempo, el cerebro se acostumbra al enamoramiento como cuando existe tolerancia a la droga, dicen los expertos. Cuando comiencen las señales neuroquímicas confusas, tener el conocimiento de que simplemente es su cerebro acostumbrándose al enamoramiento ayudará a actuar mejor.

De acuerdo con la maestra Esquivel, las parejas no deben culparse si no están igual que el primer día, hay que saber distinguir el amor del enamoramiento. El amor tiene que ver con las creencias y los valores compartidos, y el enamoramiento consiste en una serie de reacciones químicas producidas en diferentes regiones cerebrales que nos hacen tener una percepción idílica de una persona, previene la experta.

El amor se sustenta en dos fuerzas que ocurren de manera simultánea. Por una parte, para amar a alguien o a sí mismo se requiere de compasión, es decir, sentir empatía por el otro, aceptación de sus propios procesos y poderle acompañar en situaciones de tristeza, enojo, confusión, incertidumbre, preocupación etc., manteniendo al otro como protagonista de la situación. La otra fuerza es la admiración manifestada en el respeto, sentirse orgulloso del otro y de estar en ese vínculo, saberse y sentirse amado, acompañado, comprendido, aceptado, valorado, fortalecido y nutrido de esa relación: esa es la mayor recompensa cuando llega el amor.

 

 

Qué pasa en nuestro cerebro cuando nos enamoramos

 

Nos volvemos ciegos

La dopamina actúa y ocasiona que idealicemos al ser amado, por ello es que difícilmente veremos los errores de nuestra pareja los primeros meses e incluso años de relación. Cuando el cerebro se vuelve tolerante a la serotonina, comenzamos a ver la realidad.

 

La química juega malas y buenas pasadas

Es cierto, el cerebro se vuelve tolerante a las sustancias del enamoramiento, pero al superar esa etapa, abre el paso a las hormonas como la oxitocina y la vasopresina que penetran en el cerebro, creando sentimientos de bienestar y seguridad.

 

Estamos drogados

La sensación de atracción activa las mismas zonas del cerebro responsables del placer que causan analgésicos como la morfina, que según estudios, en pequeñas dosis, mejora la percepción física de quien nos rodea.

 

Fiesta hormonal

Las hormonas que inundan el cuerpo, liberan la adrenalina y la noradrenalina, haciendo que el corazón se acelere, mientras que la dopamina del cerebro crea sentimientos de euforia. Por otra parte las hormonas sexuales se preparan para la procreación, por lo que incluso nos volvemos más fértiles.

 

Más sangre, más placer

Enamorarse aumenta el flujo sanguíneo hacia el centro de placer del cerebro. La resonancia magnética (RM) muestra que esta región se ilumina en las personas enamoradas. El aumento en el flujo sanguíneo ocurre por lo general durante la fase de atracción.

 

 

¿Cómo lidiar con la depresión por amor?

  1. Distrae tu mente

Pensar en cosas positivas hará que la serotonina en tu cerebro se active aliviando la sensación de tristeza.

  1. Comprende y acepta

La depresión aparece debido a la negación de que la persona amada no desea estar contigo. Comprende su postura y acepta la respuesta.

  1. Sigue tu vida

En el momento que entiendas que debes fomentar otros intereses y, en un tiempo prudencial, abrir tu corazón a otras personas, dejarás de lado el sentimiento de nostalgia.

  1. Aprende

Aunque ser rechazado por la persona amada nunca es agradable, hay una enseñanza en ello, la próxima vez actuarás de mejor forma cuando decidas a qué persona dedicarle tus pensamientos.

  1. Habla del tema

No significa que debas revivir el trágico momento una y otra vez, pero sacarlo de tu sistema te ayudará a salir del mal tiempo.

  1. Piensa positivo

Tu cerebro regresará a su estado normal con la liberación común de neurotransmisores. Pronto te darás cuenta que tienes tiempo suficiente para encontrar una pareja que coincida contigo y acepte y comparta tus sentimientos.

 

(Mario Ostos)