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Mujeres Alfa en la Historia. Serie de Contenido

Iniciamos con una serie para todos nuestros lectores acerca de aquellas mujeres que tenían poder y fueron precursoras en un mundo propiamente masculino.

Es casi un cliché afirmar que en las últimas décadas el desarrollo de nuestras sociedades ha experimentado una evolución como no se había dado en siglos. Y eso podría ser cierto en muchos aspectos, sobre todo en el que involucra la interacción entre hombres y mujeres.

Si consideramos que el inicio de las primeras civilizaciones se dio hace unos 5,000 años, entonces a la mitad de la Humanidad le tomó ese tiempo para que la otra mitad empezara a reconocer históricamente su enorme valía. Nuestro devenir, hasta hace no mucho, estuvo marcado por el criterio y la autoridad patriarcales, donde los hombres estudian, inventan, comandan ejércitos, gobiernan, hacen fortunas, mientras que las mujeres deberían ser tan sólo un complemento de ese predominio masculino.

Aunque tal disparidad ya está siendo abolida, todavía hay rezagos. Y si eso ocurre hoy, podemos imaginar cómo era hace siglos la vida de las mujeres que querían hacer algo más que procrear hijos. Por eso la serie de estampas que ofrecemos a continuación son como un registro de aquellas que supieron aprovechar su momento y mostraron aptitudes de liderazgo. Fueron mujeres que se hicieron del poder y lo ejercieron con decisión e inteligencia.

Cierto que el término “mujeres alfa” resulta polémico. Por ejemplo, la historiadora Julia Tuñón, autora de libros cuyo tema central son las mujeres, dice tajante a Contenido: “No estoy de acuerdo con ese concepto, que implica una carga biológica a un sujeto social”.

Otra historiadora, Mayté Murillo, quien también ha realizado investigaciones sobre asuntos feministas, argumenta a esta revista que “con una visión histórica les llamaría, más que alfa, empoderadas, porque eso tenían: poder. Y ello tenía que ver con su posición política y económica, su estrato social y si pertenecían a una elite privilegiada, lo cual les daba ventaja. En nuestros días ya podemos arrancar desde estratos menos favorecidos, pero esas figuras pertenecían a dinastías imperiales, o eran esposas de políticos”.

Para la abogada Victoria Marbells, autora del libro Mujeres Alfa, qué hay detrás del éxito de una mujer, si bien el concepto es de reciente creación y se refiere a las mujeres con éxito en lo laboral y social, también puede ser aplicado a personajes históricos, y lo explica a Contenido: “Sobre todo a las precursoras como Cleopatra o la reina de Saba –líderes de una sociedad en la que el poder era transmitido por vía materna–, la reina Isabel de España o la reina Isabel I de Inglaterra, monarcas exitosas en tiempos en que el modelo de ejercicio del poder era netamente masculino”.

(Presentación José Ramón Huerta)

 

 

Faraonas egipcias, las pioneras

Merytneit. La primera.

Fue madre de dos faraones: Horus-Dyet y Horus-Udimo, y esposa de Horus-Dyer, quien al morir de una enfermedad dejó acéfalo el trono del ya poderoso imperio del Bajo Egipto [cercano al delta del río Nilo]. El Consejo de ministros y el influyente gremio de los sacerdotes acordaron que la única opción posible era que la reina viuda asumiera la Regencia mientras el mayor de los hijos, Horus-Dyet, alcanzaba la mayoría de edad (tendría alrededor de cinco años y su hermano menor apenas era un recién nacido). Por lo tanto, ella fue coronada como faraona por unanimidad y ejerció el poder con inteligencia y firmeza entre 3180 y 3188 a.C. No se conoce efigie de ella que la representara físicamente. Perteneció a la Primera Dinastía.

Neferusobek. Segunda faraona

Pasarían más de 1,500 años y 11 dinastías, para que se diera otro caso. Neferusobek gobernó de 1777 a 1773 a.C. y fue la última reina de la XII dinastía. Adoptó el nombre masculino de Sobekkara, fue hija del faraón Amenemhat III y hermana de Amenemhat IV, quien era un niño mucho menor que ella. Al morir su padre los nobles de la Corte la alentaron a tomar el mando del reino y maniobró para legitimar su trono ante los sacerdotes y el pueblo bajo, que no la rechazó porque la sabía hija de la diosa Isis y del dios Amón. Murió al cuarto año de su reinado.

Hatshepsut. La usurpadora

Fue hija de Tutmosis I y esposa de su hermano Tutmosis II, quien murió siendo joven. Ascendió al trono porque Tutmosis III, hijo de una concubina de su difunto marido, era un niño y ella tomó el poder sin mayor oposición, arguyendo que era la elegida de los dioses. Las crónicas la consignan como hábil instigadora de un golpe de Estado maestro que la ascendió al trono en 1479 a.C., en el que permaneció hasta 1457 a.C., durante la XVIII dinastía. Asumió todos los atributos propios de los faraones (incluso llevar la barba característica) y pensaba fundar una dinastía femenina dejando como sucesora a su hija Neferura. Fue la tercera faraona del antiguo Egipto y primera o tal vez única en hacerse representar como varón en múltiples grabados y esculturas en forma de esfinge.

Tiy. De plebeya a reina

Después de casi 100 años, dentro de la XVIII dinastía, hubo otra faraona que fue consorte de Amenhotep III. Se sabe que fue una mujer muy carismática que no era de la realeza sino hija de un respetado general y una sacerdotisa que ostentaba el título de “cantora del templo de Amón”, una posición envidiable. Su ascenso al reinado se dio porque Amenhotep III (también llamado Amenofis III, hijo del fallecido faraón Tutmosis IV), era sólo un niño cuando fue coronado y luego ella fue casada con él. Y el hecho de que el joven faraón haya sido casado con Tiy pudo deberse a que el influyente general Yuya, padre de la también niña, convenció al Consejo de la Regencia de que la madre de Amenofis III, la reina consorte Mutemuia, había intrigado para que el faraón-niño fuera casado con alguna de sus hermanastras, todas ilegítimas como ella misma. Tan importante era el general (comandaba grandes ejércitos) que los consejeros estuvieron de acuerdo en el matrimonio. La nueva pareja real se entendió de maravilla y permanecieron juntos hasta que Tutmosis murió a la edad de 47 años. Tiy asumió el poder hasta que su hijo Amenofis IV tuviera edad y madurez suficientes para gobernar junto con su dominante madre. Murió en 1338 a.C., a los 60 años de edad.

 

(G.A.C.)