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Mujeres Alfa 2. Serie de Contenido

Proseguimos con la serie  “Mujeres Alfa”, acerca de aquellas mujeres que tenían poder y fueron precursoras en un mundo propiamente masculino.

 

Nefertiti.

Esposa de Akenatón

Fue célebre por carismática, educada, inteligente y bella, y por ser descendiente de la faraona Tiy, madre de Akenatón. Ejerció gran influencia en el faraón, quien la elevó a Gran Esposa Real en igualdad de condiciones para los asuntos de Estado, hecho que la convirtió en principal impulsora de reformas políticas y religiosas que cimbraron el imperio (entonces en su mayor esplendor) entre la clase gobernante y los sacerdotes tradicionalistas que defendían el panteón politeísta egipcio y se oponían al culto de Atón como dios único. Al morir su esposo, Nefertiti sufrió persecución teniendo que mudarse del palacio real al templo de Atón. No se sabe dónde fue sepultada ni se ha encontrado su momia. Vivió entre 1370 y 1330 a.C., en la XVIII dinastía.

Nefertari Meryetmut.

De simple mortal a diosa              

Nefertari era educada, inteligente y también hermosa. De origen noble, fue parte del harén del anciano faraón Ramsés I. La fama de su belleza hizo que el príncipe Ramsés II la hiciera su favorita y luego su esposa al morir su padre, cuando ambos tenían unos 15 años de edad y él fuera coronado faraón. Nefertari tenía además talento y carisma, que le servirían para intervenir en cuestiones de Estado como la guerra entre Egipto y el imperio hitita. La Gran Esposa Real de Ramsés II envió regalos y mensajes a la emperatriz Puduhepa, proponiéndole que ambas influyeran en sus maridos para dar por terminada esa guerra desgastante que ninguna de las partes podía ganar sin perderlo todo. El resultado fue el Tratado de Paz Perpetua. La felicidad de Ramsés fue tal que otorgó a su esposa todos los honores incluyendo el de llamarse como la diosa Mut, nombre con el que pasaría a la historia.

Tausert.

La última faraona

A finales del largo periodo de Ramsés II Egipto había empezado a perder el esplendor que los antepasados del Imperio Antiguo habían alcanzado. En este contexto surge la figura de Tausert, ya en la decadente XIX dinastía. Al morir su esposo, el faraón Seti II, ella asumió la regencia del reino y de su pequeño hijo Siptah, pero como el niño murió de repente (se creyó que había sido envenenado por la propia madre), Tausert ascendió al trono por un lapso de dos años (1188-1186) desplegando una política autoritaria bajo el nombre masculino de Sitra, hasta que fue derrocada por un militar enemigo de su difunto marido, quien dio por terminada la dinastía para fundar la suya, la XX. Esta faraona lidió constantemente con la clase militar y la sacerdotal, así como con el pueblo, que nunca la reconoció como su reina. Se ignora dónde está su tumba porque ella ordenó construirla en un paraje desconocido del desierto.

 

 

(G.A.C.)