Importante: Nuestro Aviso de Privacidad ha cambiado a partir del 14 de mayo de 2018, puedes consultarlo aquí: http://contenido.com.mx/aviso-de-privacidad/
facebook@ twitter@ instagram@ youtube@

Te puede interesar

Tiempo de dialogar. Columna de Sergio Sarmiento

AMLO poeta. Páginas de Gabriel Zaid

1963: Había una vez…

Inicio / COLUMNAS / El manejo del agua por Sergio Sarmiento

El manejo del agua por Sergio Sarmiento

 

 

En un territorio como el mexicano donde más de la mitad es árido o semiárido el asunto del agua resulta primordial.

 

Los primeros meses del año son los de menor precipitación pluvial en nuestro país. Las presas pierden nivel y la provisión de agua se vuelve precaria. Son momentos de escasez del líquido y de reflexión sobre las maneras de mantener un adecuado servicio de distribución y recolección de agua en un mundo que se calienta cada vez más.

México es un país árido o semiárido en más de la mitad de su territorio. Las precipitaciones son muy abundantes en el sureste, lo cual produce inundaciones frecuentes en Tabasco, Chiapas, Veracruz y otras entidades, pero muy escasas en el norte. Más del 54% del territorio nacional es árido o semiárido. De los 32 estados del territorio nacional, 25 presentan zonas áridas en mayor o menor medida. Siete estados del sureste reciben, en cambio, 49.6% de toda el agua de lluvia.

La aridez es una razón para tener buenas políticas públicas de manejo de agua, pero en nuestro país se aplican estrategias que parecen hechas para promover el desperdicio. Una de ellas es haberle dado a “la nación” –lo cual quiere decir al gobierno– la propiedad original del agua. Lo que es de todos no es de nadie y esto hace que ninguno se preocupe realmente por cuidar el recurso.*

La aridez es una razón para tener buenas políticas públicas de manejo de agua, pero en nuestro país se aplican estrategias que parecen hechas para promover el desperdicio.

Dos terceras partes del agua se utilizan para el campo, donde la mayor parte se regala, sin considerar los costos de extracción y distribución. Se ha promovido el desarrollo de grandes proyectos, como el del Cutzamala, para llevar agua a través de largas tuberías y abastecer a las ciudades. A pesar del costo enorme de construir estos sistemas, el agua se cobra a precios muy bajos o nulos, en consecuencia genera un uso excesivo del recurso y descapitaliza a los órganos de gestión del agua.

Parece difícil de creer, pero la Ciudad de México recibe más agua por persona que las grandes urbes europeas. La capital mexicana obtiene diariamente 300 litros por persona, mientras que Barcelona o París solamente 170 litros. Incluso Iztapalapa, donde la escasez es proverbial, recibe 200 litros diarios por cada habitante. ¿Qué pasa con esa agua? El 40% o más se pierde en una red llena de fugas. Las instituciones que manejan el agua en la Ciudad de México y en el Estado de México no tienen recursos para realizar los trabajos que permitan impedir las fugas porque los políticos establecen tarifas muy inferiores a las que se requerirían para recuperar los costos. El resultado es que una población muy grande no tiene acceso al agua, o sólo de manera intermitente y con baja calidad. Al final los más pobres tienen que pagar tarifas de extorsión para recibir la provisión a través de pipas.

La Ciudad de México recibe más agua por persona que las grandes urbes europeas. La capital obtiene diariamente 300 litros por persona, mientras que Barcelona o París solamente 170 litros.

Quizá lo más paradójico es que el gobierno de México, siguiendo una tendencia internacional, incluyó en la Constitución en 2012 el “derecho al acceso, disposición y saneamiento de agua para consumo personal y doméstico en forma suficiente, salubre, aceptable y asequible”. Uno podría pensar que tener un derecho constitucional al agua resolvería de un plumazo todos los problemas en esta materia, pero la realidad es exactamente la contraria. El derecho constitucional sólo ha servido para que se impida cortar el servicio a quienes no pagan o para que no se cobre en momentos electorales. La merma de recursos hace más difícil todavía obtener el capital para realizar las obras de infraestructura que se necesitan para dar un servicio aceptable a la mayoría de la población.

A pesar de la escasez natural en buena parte del territorio nacional, México podría tener un servicio de agua corriente que alcanzara a la mayoría de la población. El problema es que cuando hay un mal manejo del agua, como ocurre en nuestro país, el resultado es provocar escasez incluso donde esta no existe.