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Cleopatra. Mujeres Alfa. Serie de Contenido

Proseguimos con la serie “Mujeres Alfa”, acerca de aquellas féminas que  fueron precursoras  y destacaron en un mundo propiamente masculino. Conoce la historia Cleopatra. 

I: Cleopatra, la inconquistable

Tuvieron que pasar 1,200 años para que en Egipto surgiera esta reina que, sin ser propiamente una faraona, sí gobernara pese a que compartió brevemente el trono con su hermano menor Ptolomeo XIII, el heredero varón y además su marido, que la sentía como su enemiga. Cleopatra VII tenía 15 años y él sólo 11. Aunque el padre, Ptolomeo XII, la había elegido como su sucesora, por testamento y como parte de la tradición dinástica ordenó que se casara con su hermano para acceder al trono, cosa que no gustó a los consejeros del joven rey consorte, que la amenazaron con expulsarla de Egipto o sería asesinada. Cleopatra tuvo que exiliarse en Siria.

Cleopatra nació en Alejandría en el año 69 a.C., y recibió una educación esmerada como correspondía a una princesa. Se le adjudicó una belleza que no tenía, pues los grabados y esculturas sugieren que su atractivo residía en otros atributos: educación, inteligencia y cultura, por ejemplo, más que en el aspecto físico. Hablaba entre siete y nueve idiomas incluidos egipcio, hebreo, arameo, árabe y latín, pues entendía perfectamente lo que los enviados romanos discutían con su padre cuando trataban asuntos oficiales. Egipto era entonces un aliado de Roma, aunque de hecho era una provincia más. 

Julio César, el conquistador

En aquellos tiempos Roma vivía una severa crisis política por el fin de la República y la instauración de una dictadura militar encabezada por Julio César, un héroe nacional que combatió a los generales que se le oponían. El principal opositor de César, Pompeyo el Grande, su antiguo aliado, había sufrido varias derrotas por lo que decidió refugiarse en Alejandría creyendo que Ptolomeo XIII lo ayudaría. No contaba con que el joven rey lo recibiría en su palacio para hacerlo prisionero y decapitarlo.

Cuando Julio César desembarcó en Alejandría y se presentó en el palacio real, se llevó un gran disgusto al ver la cabeza de Pompeyo en una charola. Aunque fuera su adversario político lo respetaba mucho como militar. Ptolomeo estaba confundido porque el César lloraba la muerte de su amigo; y como jefe político de Roma gozaba de plenos poderes para intervenir como árbitro en los conflictos del gobierno egipcio. César resolvió convocar a los hermanos y en cuanto Cleopatra fue enterada de la situación regresó a Alejandría de noche para eludir a los espías de su hermano.

En ese momento Julio César tenía 50 años y Cleopatra 18. Él no cabría de sorpresa cuando un criado trajo a sus aposentos un regalo enrollado en una alfombra siria que desplegó ante los pies del soberano: apareció una joven vestida a la usanza egipcia, que le dijo en latín: “Salve, César, soy Cleopatra, tu regalo”.   

El historiador griego Plutarco no avala totalmente este pasaje pero tampoco lo refuta. Las crónicas cuentan que Ptolomeo XIII fue depuesto y exiliado junto con sus hermanas Arsinea y Berenice; él murió poco después en una conspiración fallida. Cleopatra fue reinstalada en el trono y los amantes iniciaron una relación en la que el César pasó una larga temporada en Alejandría, recibiendo noticias de Roma.

La primera decisión de Cleopatra fue legitimar su reinado ante el pueblo casándose con el más pequeño de sus hermanos, Ptolomeo XIV, de apenas ocho años de edad, quien fue sólo una figura testimonial. Ella se embarazó de Julio César y éste se mostraba feliz hasta que llegaron noticias inquietantes de Roma: muchos miembros del Senado y de la alta jerarquía militar censuraban la ya larga estancia de César en Alejandría con la disoluta egipcia.

Julio César emprendió el regreso de su campaña por Egipto y el Mediterráneo derrotando en el camino a varios capitanes de navío con los que se topó. Mientras tanto, Cleopatra daba a luz a su hijo Ptolomeo XV, llamado Cesarión. En la vuelta a Roma del César no hubo recibimientos multitudinarios ni arcos de triunfo ni coronas de laureles, sin embargo se lo esperaba. Dictó varias reformas, entre ellas una que lo haría emperador pero con cierta dependencia del Senado, para que no fueran rechazados totalmente sus proyectos políticos. Entre ellos estaba el matrimonio con Cleopatra para unir militarmente a Roma con Egipto y así tener hegemonía sobre todo el Mediterráneo. Escribió a la reina egipcia que estuvo de acuerdo en todo y hasta propuso que se instaurara un culto a la diosa Isis.  

Cleopatra viajó por primera vez a Roma en el año 46 a.C., llevando a su hijo Cesarión para que lo conociera su padre. Hizo una entrada espectacular que reunió en las calles a una multitud ansiosa de ver a la célebre reina egipcia que conquistó al César, desplegando un lujo que jamás se había sido visto en Roma.

Se instaló en la villa del emperador y salía muy poco, la ciudad no era hospitalaria. Su estancia fue de pocos meses y luego regresó a Alejandría para asuntos urgentes –entre ellos asesinar a su hermano Ptolomeo XIV, entonces de 11 años, un chico ambicioso que deseaba convertirse en rey–. Cleopatra nombró a su hijo Cesarión, de cuatro años de edad, corregente de Egipto y lo encargó a su primer ministro, un hombre de su entera confianza, antes de volver a Roma al año siguiente (45 a.C.). En esa ocasión César le pidió que permaneciera por más tiempo pues deseaba formalizar el matrimonio.

En el año 44 a.C., los opositores de Julio César tanto en el Senado como entre la clase militar se mostraban ya muy molestos por la arrogancia del emperador. Llegó el mes de marzo y en Roma se celebraban los Idus de Marzo, festividad en honor del dios de la guerra. Por tradición el jefe militar y político de mayor rango debía presentarse ante el Senado, pronunciar un discurso y luego ser acompañado por algunos senadores hacia el templo de Marte para rendirle honores al dios romano.

Al término de su discurso, Julio César iba escoltado por Cayo Casio Longino, Albino Décimo Bruto y su hermano Marco Junio Bruto, este último su hijo putativo, cuando a una señal varios senadores lo apuñalaron. En ese brevísimo momento sólo alcanzó a decir: “¿Tú también, Bruto?”

Enterada Cleopatra de que Julio César había sido asesinado se apresuró a dejar Roma antes de que se desataran represalias contra ella. Abordó una barcaza por el río Tíber con rumbo a su nave imperial anclada en el puerto y regresó a Egipto. 

                         

Marco Antonio, el romántico

Era sobrino de Julio César y un cercano colaborador en los asuntos del Imperio con rango de general. Luego del asesinato de su tío los senadores lo hicieron Cónsul General de Roma, pero se dedicó a perseguir a los conspiradores para enjuiciarlos, cosa que a la élite política no le gustó y pronto el perseguido fue él. Esta circunstancia lo convirtió en persona non grata. Es en este contexto que Marco Antonio aparece en la vida de Cleopatra.

La historiadora británica Gayle Gibson opina que el carácter y temperamento de Cleopatra le dificultaban enamorarse. E igual como hizo con Julio César, intentó seducir al cónsul para que la ayudara a extender sus dominios. Marco Antonio tenía mando militar sobre la Galia y gran parte de Medio Oriente incluyendo Siria y Egipto. Él también tenía su propio proyecto de dominación y la necesitaba de su lado. Por ese motivo buscó una alianza y ella aceptó verse con él frente a las costas de Turquía en el otoño de 41 a.C. Antonio llegó primero al punto de encuentro; Cleopatra se hizo esperar y tardó un día y medio en aparecer, en una nave que se aproximó lentamente. Marco Antonio pudo ver que los remos eran de plata igual que las insignias de proa. Subió a bordo del navío, fue al camarote real y encontró a Cleopatra caracterizada como la diosa Afrodita. Quedó impresionado.

El encuentro duró cuatro días de banquetes, música y bailes, tiempo más que suficiente para que Marco Antonio se enamorara perdidamente. Cleopatra aceptó ayudarlo a cambio de que asesinara a su hermana Arsinoe, que había sido llevada a Roma y luego liberada por no significar ningún peligro. Pero sí para Egipto.

Antonio se quedó todo el invierno de 41 a 40 a.C., y luego levó anclas para atender asuntos de sus posesiones de ultramar. No volvió a Alejandría sino hasta dos años después. Entre tanto, Cleopatra había dado a luz a los gemelos Cleopatra Selene II y Alejandro Helios. Regresó en el otoño de 37 a.C. para casarse con ella y le cedió los territorios de Chipre, Creta y Fenicia. Esta vez se quedó por cuatro años. Tuvieron un hijo más, de nombre Ptolomeo Filadelfo y retomaron la vida de lujo a que estaba acostumbrada la reina de Egipto.

Mientras, en Roma, la reputación de Marco Antonio empeoraba. El nuevo césar Octavio Augusto ya no estaba dispuesto a permitir más libertades a un traidor del Imperio y a él mismo, por lo que emprendió una campaña ante el Senado para justificar una expedición punitiva contra el desertor y su incestuosa amante egipcia. La declaratoria de guerra contra Egipto no se hizo esperar. Era finales del año 31 a.C.

Las batallas se sucedieron durante casi un año. Octavio tomó la decisión de enviar a su mejor hombre de mar, el general Agripa, directamente a tomar Alejandría con una poderosa flota. Las naves de Marco Antonio se habían quedado rezagadas por lo que no pudieron ayudar a la flota de Cleopatra, que quedó atrapada, pero alcanzó a huir y se refugió en su palacio.

Antonio creyó que Cleopatra había sido hecha prisionera o asesinada y en una acción desesperada él mismo se dejó caer sobre su espada y pidió que llevaran su cuerpo al palacio real para morir allí. Los relatos narran que llegó agonizante pero pudo darse cuenta de que Cleopatra vivía; murió en sus brazos.

Poco después Octavio entró en el palacio y habló con desprecio a la egipcia, advirtiéndole que sería llevada a Roma para ser juzgada como enemiga del Imperio. Luego ordenó que asesinaran a su hijo Cesarión; los otros hijos de ella fueron llevados a Roma y adoptados por Octavia.

Cleopatra comprendió que el nuevo césar no la trataría con respeto y no estaba dispuesta a ser humillada. Pidió a su criada que le llevara una cesta con una o varias serpientes cobra o áspid. Gayle Gibson sugiere que Cleopatra eligió esa manera de suicidarse porque era una de las más rápidas formas de morir y la persona parecía que sólo estaba dormida. Tenía 21 años de edad.