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Sara García, abuelita del cine

 

 

La actriz Sara García personificó en el cine mexicano a una abuela que parecía no haber sido joven nunca. Su éxito interpretando papeles de mujeres mayores empezó a los 25 años de edad.  

 

Madre abnegada, madre dolorosa, madre admirable, espejo de justicia, salud de los enfermos, refugio de los pecadores, Sara García sigue rogando por nosotros desde su altar forjado de lágrimas, carcajadas, palabrotas, altanerías y retobos.

La anciana dulce inmortalizada en el emblema del chocolate “Abuelita”. Sara García. La tortera de la que se avergüenzan sus hijos. La astuta esposa del abonero libanés. La cobija protectora de los papeleritos sin casa. La que se volvió pordiosera para ayudar a su ama. La tirana que volvió ratón a su marido. La ranchera indomable que ponía en orden a Los tres García.

La bitácora habla de 150 películas.

El contraste es terrible. De la mujer que rompió un pacto con Anita Blanch de heredarse una a la otra a la hora de la muerte, cuando ésta le ganó tres partidas seguidas de cartas, a la que a los 39 años se mandó sacar la dentadura completa para ganar el papel de anciana en una obra de teatro.

De la que convenció a Pedro Infante de actuar en Los tres García, regañándolo por sentirse sólo mariachi. De la que lo bañó de ternura provocándole un río de lágrimas, en la fase previa a la filmación de la escena de su muerte en Los tres García, a la madre de Manolo Fábregas que riega de palabrotas las escenas de Mecánica Nacional.

De ida y vuelta

La mujer que hacía sufrir al respetable, vuelta toda ella sufrimiento. La única sobreviviente de 11 hijos de un matrimonio de andaluces. La que debió abrevar del pecho de una nodriza ante la incapacidad de su madre. La que perdió a su padre a los cinco años. La que contagió a su madre de tifo, quedando huérfana total. La que llegó de recogida al Colegio de Las Vizcaínas y alcanzó a ser maestra de dibujo. La que perdió al marido coscolino y luego le dio abrigo hasta su prematura muerte. La que enterró a su única hija de 20 años…

La función debe continuar.

Con todo y chivas

Nacida en Orizaba, Veracruz, el ocho de septiembre de 1895, Sara García Hidalgo, alguna vez de Ibáñez, se peló a rape para hacer el papel de doña Josefa Ortiz de Domínguez en la película ¡Viva México!

La ruta de 85 años alcanzó todas las terminales. De estafadora audaz con Prudencia Griffel en Las señoritas Vivanco, con quien llegaría a la cárcel con todo y chivas, hasta la madre del muchacho tímido al que lleva con Sasha Montenegro, en roll de prostituta, para que lo inicie en las artes sexuales.

Pareja inolvidable de Fernando Soler en duelo de madre sufrida y padre inflexible. Esposa castrante de Joaquín Pardavé, abuelita del cine nacional desde aquella cinta Allá en el Trópico que filmó a los 45 años. Compañera de desdicha de Carlos Orellana en la luchita de vender tortas para darle carrera a los hijos.

La primera vez fue en Mérida. Paco Martínez, el esposo de Prudencia Griffel, la invitó en una obra de teatro a hacer de madre… ¡de su mujer! La Griffel era cuarentona y gorda. La García rondaba los 25.

Años después sería madre soltera en Dos pesos dejada, para ser abuela de Clavillazo en una y otra de Valentín Trujillo, aunque el recorrido se forjó a fuego con Graciela Mauri en su papel de nana fantasma en la telenovela Mundo de juguete.

“Sacaborrachos”

Actriz de vocación y convicción, Sara García, cerrada la página de oro del cine nacional, haría el papel de una temible “sacaborrachos” paralítica en un antro de quinta al fragor de la película Sexo contra sexo, para volverse rumbera en puntos etílicos en una cinta con María Antonieta Pons.

Muerto Pedro Infante, Lucha Villa cantaría Mi cariñito al pie de la tumba de la abuelita.

Viva mi vida/Mi cariñito/que tengo yo.

Se apagó el eterno puro.