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Estudios Churubusco, la fábrica de cine

 

 

En los muros de los Estudios Churubusco se gestaron grandes producciones cinematográficas, nacionales y extranjeras. Conozca su historia.

 

Mis muros guardan las carcajadas de María Félix, anécdotas de Emilio “El Indio” Fernández, ocurrencias de Mario Moreno “Cantinflas”, sonidos de las claquetas, horas de desvelo de directores, actores, editores y todos los que conforman una producción cinematográfica. Quizá ustedes no pueden verlas, pero están dentro de todas las películas. Me llaman la “fábrica del cine” pero yo sé que los Estudios Churubusco son, además, una fábrica de aprendizaje, inspiración y sueños.

 

Me inauguraron en 1945, al final de la Segunda Guerra Mundial. El mundo sentía una nueva energía. Nuestro país no era la excepción. La gente quería pasar un buen rato en el cine para olvidar los horrores del conflicto mundial y los estudios existentes resultaban insuficientes para la cantidad de películas que se querían producir. Después de dos años de trabajo, los esfuerzos de un grupo de inversionistas, comandados por Harry Wright, la productora RKO y Emilio Azcárraga Vidaurreta para construir los estudios más grandes de América Latina, rendían fruto.

Me ubicaron en cinco hectáreas en Churubusco, en la colonia Country Club. Me dotaron con la tecnología más avanzada de la época, no tenía nada que envidiar a los afamados estudios de Hollywood. Foros, talleres, salones de edición, camerinos, salas de maquillaje –lo que usted guste y mande–, lo mejor de lo mejor. Y no era para menos. Estábamos en la llamada Época de Oro del cine mexicano. La demanda de películas era enorme. Empezamos con La morena de mi copla, bajo la dirección de Fernando Rivero y de ahí, no paramos de crecer. En 1950 me fusioné con Estudios y Laboratorios Cinematográficos Aztecas y mi nombre cambió para ser Estudios Churubusco Azteca (nombre que llevo desde entonces) y poco después pasé a ser propiedad del gobierno federal. Estos altísimos muros, de ladrillo rojo han abrigado las mejores producciones del cine nacional e internacional como: A toda máquina, La perla, Amores perros, El ángel exterminador, La ley de Herodes, además de producciones internacionales como: Frida, Connan el Bárbaro, Bajo el Volcán, de John Houston, entre muchas otras.

 

No crean que todo ha sido miel sobre hojuelas y glamour de estrellas. Mis muros también han vivido momentos dolorosos como el incendio de la Cineteca Nacional. La habían inaugurado a principios de los años setenta. La tarde del 24 de marzo de 1982 un incendio, en uno de mis foros, la consumió. Y lo peor, las llamas se llevaron todos los tesoros que ahí guardábamos. Una tras otra, vi desaparecer grandes joyas del cine. Una pérdida irreparable, debo decirles. ¡Pero basta de historias tristes! Afortunadamente la Cineteca Nacional fue reconstruida en donde se ubicaba la Plaza de los Compositores, no lejos de donde me encuentro. En 1988 pasé a formar parte del Consejo Nacional para la Cultura y las Artes (hoy, Secretaría de Cultura). Con el paso del tiempo, me han ido remodelando para seguir siendo uno de los mejores estudios en América Latina. Hoy, además, mis puertas están abiertas al público; si desean conocer la historia de mis primeros 72 años, acérquense a la exposición: La fábrica de cine: Estudios Churubusco 1945 – 2017.

 

En 72 años he visto muchos cambios, el avance de la tecnología, la gloria y la fama de actores y actrices, transformaciones en la ciudad… ¡tantas cosas! Sin embargo, puedo decirles sin temor a equivocarme que algo no ha cambiado: la pasión de todos los que se dedican al cine. Por ello les decía que también fabrico sueños, además de cine. Y les confío un secreto: yo sí recuerdo bien la Época de Oro del cine mexicano. Hoy, al ver tanto talento nacional, pienso que podemos empezar a vivir la de Era de Platino. ¿Será?