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2018, un año difícil

 

Los nubarrones sobre nuestro país en 2018, en el terreno económico y político, podrían ayudarnos a mejorar.

 

Este 2018 puede ser un año extraordinariamente complicado para México. El país vivirá uno de los procesos electorales más difíciles de su existencia, en un momento en que el presidente y su gobierno se enfrentan a los niveles más bajos de popularidad en la historia. Por otra parte, la economía se encuentra en riesgo ante la amenaza de los Estados Unidos de abandonar el Tratado de Libre Comercio de América del Norte. El momento es tan difícil que evoca fantasmas de 1994, el año en que el levantamiento del Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN), el asesinato del candidato presidencial Luis Donaldo Colosio y la devaluación de diciembre provocaron una brutal crisis económica y el quiebre de toda la banca nacional.

Es verdad que México es hoy un país distinto al de 1994. Tenemos una democracia e instituciones políticas más sólidas. La alternancia de partidos en el poder se ha convertido en un hecho habitual. La economía es mucho más abierta y el tipo de cambio ya no está definido por una estrecha banda de flotación fijada por el gobierno. El país tiene más y mejores instrumentos para enfrentar golpes políticos y económicos.

La campaña electoral será muy intensa. Los grupos que aspiran al poder están llegando a la campaña con un discurso fatalista que plantea que, si ellos no ganan, el país entero se desmoronará. No ayuda que la clase política ha construido un sistema electoral de extraordinaria complejidad y excesivas restricciones. El sistema está hecho para cuestionar todo resultado y llevarlo a tribunales. La interpretación de las complejas reglas varía constantemente. Si el Instituto Nacional Electoral (INE) dice algo, los tribunales le enmiendan la plana. Al final nadie sabe cómo se aplican las reglas.

Andrés Manuel López Obrador empieza la campaña en primer lugar en las encuestas, como en 2006 y en 2012. La gran pregunta es si se dejará llevar otra vez por sus emociones y se derrotará a sí mismo para culpar después a la mafia del poder. El candidato de Morena sigue dejándose dominar por su lado tabasqueño, pero su Proyecto de Nación 2012-2018 es mucho más sensato y equilibrado que los del pasado.

El PRI ha hecho un cambio radical al postular como candidato a un exfuncionario, José Antonio Meade, que no sólo carece de experiencia en campañas políticas, sino que ni siquiera es miembro del partido. El PAN y el PRD han jugado con una alianza inestable y conflictiva. Los posibles candidatos independientes añadirán variedad al abanico de posibilidades.

En el campo económico prevalece la incertidumbre. México sobreviviría a la desaparición del TLCAN, pero el costo sería enorme. En 2016 el país exportó 373,000 millones de dólares, un 80% a los Estados Unidos. La desaparición del TLCAN no borraría todas estas exportaciones, es cierto, pero sí las reduciría de manera significativa. México podría perder un millón de empleos o más.

Tan peligrosa como la caída de las exportaciones sería la reducción de la tasa de impuesto corporativo en los Estados Unidos. Si nuestros vecinos la bajan de 35% a 20%, México, con su tasa de 30%, ya no sería competitivo. Nosotros también nos veríamos obligados a reducir la tasa, pero la Hacienda mexicana no está lista para manejar una disminución fuerte de los ingresos tributarios en un plazo corto.

De las incertidumbres políticas, sólo puede salvarnos el mantener un sistema realmente democrático y mejorarlo constantemente. En la economía, la única solución consiste en aumentar la productividad y la competitividad.

Este 2018 va a ser un año difícil, pero quizá las mismas dificultades nos ayuden a mejorar. Cuando no hay presiones, los políticos suelen dejar las cosas como están. En las crisis surgen las reformas de fondo.