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¿Cómo viene 2018 siendo año electoral?

 

Siempre que se acerca o comienza un nuevo año, la pregunta recurrente es: ¿cómo lo esperas?

 

Ha transcurrido el primer año de la administración Trump y la amenaza que se advertía en la relación bilateral ha cedido para volverse una negociación tensa entre los tres países, que no elimina aún el riesgo de una ruptura del Tratado de Libre Comercio de Norteamérica (TLCAN), posibilidad que sólo se descartará cuando se anuncie la conclusión positiva de la negociación (en marzo).

Sin embargo, hay más factores de incertidumbre interna y externa que podrían influir en el desempeño de la economía mexicana y, más aún, sobre las expectativas que tengamos, entre ellas el proceso electoral.

En 2017, la realidad económica fue relativamente buena, pese a los sismos de septiembre y la fuerte incertidumbre en que se colocó a la estructura exportadora del país, puesto que en enero, los especialistas consultados por el Banco de México mes a mes, preveían que este año, la economía crecería dentro del intervalo de 2.1% a 2.5%. En tres ocasiones no se movió el promedio, en cinco bajaron y en cuatro subieron y, en noviembre, la expectativa cerró en 2.1% a 2.2%, dentro de los límites esperados a principio de año.

Para el 2018, pese a que se auguraba que los efectos de las reformas estructurales comenzaran a repercutir para el último año en un mayor y más distribuido crecimiento económico en el país, la realidad es que los analistas estiman que la incertidumbre asociada a la realización de las elecciones, la falta de conclusión del TLCAN y, el impacto que podría tener en pérdida de competitividad la reforma fiscal estadounidense que negocia el presidente Donald Trump con su Congreso, provocará que en el mejor de los casos, el PIB crezca 2% a 2.4%. O sea, la administración Peña no tendrá un año de cierre en bonanza.

Pero las razones del “pesimismo” o expectativa mediocre han cambiado. Un año atrás, la incertidumbre en materia de política interna no pintaba entre los elementos que se consideran podrían afectar el futuro desempeño de la economía y, pese a los dimes y diretes que a lo largo del año podrían tener los partidos políticos y sus actores principales, la realidad es que para noviembre pasado, se le consideraba el principal elemento que en 2018 podría obstaculizar el crecimiento de la economía, pero por el resultado probable, no por ausencia de consumo, gasto público, crédito.

La razón de la incertidumbre tiene que ver con dos elementos: 1) Se eligen 3,406 cargos federales y locales en todo el país y, 2) la percepción de mayor “riesgo político” crece porque los economistas y analistas bancarios, que a su vez consultan a los inversionistas, tienen claro que no preocupa el proceso electoral sino el resultado, más cuando del total de esos cargos son locales, y eso la convierte en una de las elecciones más complejas de la historia reciente, ya que los electos serán los primeros munícipes que podrán reelegirse.

¿A que le temen? A que se implementen políticas negativas. Eso afecta la prima de riesgo, la valoración de las inversiones, la deuda y genera volatilidad en el tipo de cambio. Si AMLO permanece en lo alto de las encuestas, el nerviosismo irá aumentando.

Por último, si el TLCAN termina, el tipo de cambio será el factor de ajuste de la economía mexicana pues aunque hay consenso de que el peso no ha “internalizado” una ruptura del Acuerdo, la realidad es que el exgobernador del Banco de México, días antes de dejar su cargo, comentó que el peso está subvaluado frente al dólar porque su precio de intercambio real ronda los 17 pesos, pero el tipo de cambio lo que no ha incorporado aún es un incremento en el riesgo de que el PRI pierda la elección presidencial o no logre suficiente apoyo en las cámaras legislativas para apoyar el proceso de reformas estructurales implementadas.