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Los beneficios del perdón

En esta época de reflexión nos dispusimos a examinar los efectos positivos de perdonar, los cuales, de acuerdo con la ciencia, ya se pueden medir, de manera tangible, tanto en la mente como en el cuerpo de los seres humanos. Conozca sus bondades.

En el ámbito, religioso, espiritual, filosófico y hasta en la vida cotidiana es común escuchar acerca de los múltiples beneficios que obtienen aquellas personas que perdonan. Pero empezamos a dudar de tales afirmaciones cuando sufrimos en carne propia una ofensa o un agravio que creemos inaceptable y nos vemos en la necesidad de dar el perdón a otros.

Perdonar a alguien no es tan sencillo como parece. Se debe seguir un proceso intenso, en ocasiones largo que no está exento de contradicciones. No basta la simple voluntad, advierten los expertos. Por ejemplo, Jean Monbourquette, presbítero y psicólogo canadiense en su libro Cómo perdonar, explica su propio proceso: “Cuanto más me esforzaba por perdonar, menos lo conseguía, y me sumía en un marasmo de emociones en el que se mezclaban miedo, culpabilidad y cólera”. En este desbarajuste interno a Monbourquette lo acometían arrastres de misericordia, deseos, de venganza, esperanza, accesos de agresividad y de amor propio herido, hasta que cayó en cuenta que era un novato en el llamado arte de perdonar.

Si nos guiamos por esta impresión, el perdón se nos revela casi como una hazaña propia de santos o al menos de espíritus avanzados. De primera impresión no concebimos cómo alguien puede perdonar una mentira, un robo, ofensas y ni qué decir de asuntos más graves como una traición, infidelidad o el asesinato de alguien muy cercano. Y sin embargo, existen seres humanos que con frecuencia dan este difícil salto que parecería rozar con la religiosidad o con la madurez espiritual.

Ciertamente –dice la terapeuta psicoanalítica infantil Norma Ferrer Hurtado– el perdón es evolutivamente uno de los actos más avanzados que puede tener un ser humano.

Ahora bien, si nos vamos por el camino de la filología, el vocablo se vuelve más sencillo, deriva del latín donnum, que significa don o regalo, mientras que la preposición per significa intensidad o totalidad, por tanto donare, quiere decir traspasar a otro alguna cosa o el derecho que sobre ella tiene, de acuerdo con el Breve diccionario etimológico de la lengua castellana de Joan Corominas. Así tenemos que el perdón es una suerte de indulto, una disculpa de los cargos de una acción de otro que nos ha dañado.

¿Quiénes perdonan más?

+Los que tienen más apego en una relación.

+Las personas más felices.

+Los que tienen una imagen positiva de sí mismos y de su pareja.

+Los que eran emocionalmente más cercanos y no temían la pérdida.

+Los que tienen mayor edad, perdonan más.

Fuente: Universidad de Búfalo y Gabriela Orozco.

Las lecciones de Javier

El principal problema con el perdón “no sólo tiene que ver con el lenguaje, sino con la pérdida de la raíz original de la palabra”, señala el poeta y activista Javier Sicilia, en entrevista para Contenido. El prefijo Per significa un aumento del don, una gracia, un ir más allá, deviene en un acto de amor, que no pocos están dispuestos a ofrecer. Según el poeta “potencia el don de la gratuidad frente a una ofensa muy grave, de cualquier tipo, y el ofendido hace un esfuerzo para otorgar el don”.

Hay que tener en cuenta la consideración de Sicilia, porque si alguien sabe de estas cuestiones es justamente este católico practicante que en 2011 sufrió el asesinato de su hijo Juan Francisco, lo que lo llevó a tomar las riendas de un movimiento denominado Marcha por la Paz con Justicia y Dignidad, que solicitaba entre otras cosas, además de encontrar a los asesinos de su hijo y de otros desaparecidos, una reforma al sistema de justicia penal.

¿Es posible perdonar este crimen? El también escritor y periodista responde: “En el caso del asesinato de mi hijo, yo otorgué el perdón, pero no recibí una respuesta de los asesinos, ‘de decir sí, ven a vernos, sí estamos arrepentidos’… Hice un regalo, porque así lo habría querido mi hijo, él era un muchacho muy noble pero, si el otro no está dispuesto a recibirlo, mi don ya no se cumple, porque esto es un carril de ida y vuelta”.

Sicilia advierte sobre la idea romántica del perdón, aquella que se concibe como olvidar todo, una especie de borrón y cuenta nueva, dado que si el agredido hace un esfuerzo para otorgar el don de la gracia, esto no quiere decir que todo se olvida, porque entonces nos convertimos en cómplices de un acto que necesita ser recompensado. Por ello señala enfático: “el perdón va acompañado de la justicia. Lo dice muy claro la fórmula del sacramento de la reconciliación (entre los católicos), dolor de los pecados (arrepentimiento) propósito de enmienda y penitencia, lo cual es el equivalente a una restitución humana de devolución de la humanidad que fue fracturada por el agravio o por el agresor”.

Hombres vs mujeres

+Las mujeres perdonan más, posiblemente porque con el tiempo se relacionan más con religiones y creencias y aceptan la influencia de un poder superior.

+Los hombres tienden a ser indiferentes, por tanto no admiten que han realizado o son víctimas de algo negativo.

+Las mujeres muestran mayor activación cerebral en estudios que implican paradigmas de perdón y empatía.

+Ambos reconocen que se aprende de los errores y el paso del tiempo les ayuda a perdonar.

+Sin importar la edad, jóvenes y adultos indican que existen conductas imperdonables como el homicidio, maltrato infantil y violación.

Fuente: Casullo y Gabriela Orozco

La ruta del perdón

En la antigüedad y en el mundo contemporáneo, el perdón parece chocar con la justicia, porque en el fondo ella busca restablecer un equilibrio y establecer un castigo, señala Héctor Zagal, doctor en Filosofía y profesor investigador de la Univesidad Panamericana. De acuerdo con Zagal, el castigo –como lo pensaban griegos y romanos– tiene una parte medicinal, cuando se sanciona a alguien, se ayuda a que mejore.

En Grecia, prosigue, había diosas conocidas como las Erinias (Furias, para los romanos) las cuales se encargaban de vengar todas las injusticias que cometían tanto dioses como humanos. Cuando las personas se arrepentían de sus delitos o habían recibido el perdón las diosas se convertían en las Euménides, diosas buenas o de la reconciliación.

No hay que olvidar la famosa Ley del Talión, un principio jurídico que prevaleció en la antigüedad, el cual deriva de la palabra latina Talis o tal, idéntico o semejante; su máxima “ojo por ojo, diente por diente” deja muy claro que el castigo debía ser proporcional a la falta, lo que supuso un progreso moral respecto a otras leyes del momento. “Lo original es su aforismo tan gráfico que todos reconocemos en leyes griegas, romanas, egipcias, babilónicas y de Europa”, ilustra Zagal.

El cristianismo vino a significar un cambio radical, y su singularidad reside, señala Zagal, en que el perdón no se debe al otro, es gratuito, se da sin que alguien lo pida. “En realidad, el perdón tiene su origen en la oración del Padre Nuestro, ‘yo te perdono para que Dios me perdone’, dado que ningún ser humano es justo hemos de obtener el perdón de Dios, por tanto análogamente obtengo el perdón de perdonar a los demás”.

Sin embargo, considera el docente de la Universidad Panamericana, esto no es tan idílico como parece, ya que algunos autores sostienen que frecuentemente el perdón termina haciendo daño al no permitir que se restablezca la justicia pues el agresor (al que no se le castiga, debido a que fue perdonado), no cae en la cuenta de que ha hecho mal y no restablece el daño socialmente.

Sin ir más lejos, en el siglo XIX el filósofo Friedrich Nietzsche sostenía que el perdón era un mecanismo de defensa debido a que el débil, como no podía exigir justicia ni conseguir que la ley se cumpliera, al final terminaba renunciando a la venganza.

Otra idea interesante sobre el perdón, sustentada por la filósofa judía Hannah Harendt, consiste en imaginar que “lo que sucedió no sucedió”, esto es, hacer de cuenta que “el perdón es la abolición del pasado” e introduce la idea de que la potestad del perdón está fundada en la presencia del otro, pues no puede haber perdón en soledad.

Digno de mencionar es el punto de vista del filósofo francés Paul Ricoeur, el cual sostiene que la memoria es necesaria para que exista el perdón y por tanto se opone al olvido, pero también advierte que el perdón no es sinónimo de anulación de la deuda, eso no significa que el victimario no deba cumplir su pena, ya que la culpabilidad es responsabilidad de la justicia.

En la entrevista para Contenido, Zagal sostiene que el descrédito para el perdón se dio después de la Segunda Guerra Mundial cuando muchos de los grupos y víctimas del genocidio nazi dijeron que esos abusos no se podían olvidar porque se corría el riesgo de que se repitieran. En México, después del movimiento de 1968, se acuñó la frase “ni perdón, ni olvido” que marcó también el descrédito sociológico del perdón.

Paralelamente a este demérito desde el punto de vista filosófico, ético e incluso científico se le ha dado una revalorización en la vida cotidiana, existe la creencia de que el perdón libera también a la víctima y en el momento en que renuncia a la venganza obtiene una liberación sociológica y psicológica.

¿Qué factores intervienen en el perdón?

Participan factores evolutivos, psicológicos, cognitivos y cerebrales.

+Se evalúa el costo-beneficio de los actos de las personas y sus interacciones sociales.

+Los sistemas del perdón regulan la motivación del individuo hacia el transgresor pesando los factores que afecten las ganancias o pérdidas en futuras interacciones con él.

*Al perdonar se reducen sentimientos negativos e incrementa los positivos, generando interacciones positivas y en beneficio de la interacción social.

+Las relaciones mas cercanas favorecen el perdón.

+El perdón permite generar estrategias cognitivas que permiten erradicar la hostilidad crónica, rumiar el evento y sus efectos adversos.

 

La decisión de Ana

Lo más difícil para la capitalina Ana Rodríguez fue perdonar a su padre que la secuestró del hogar familiar antes de cumplir los ocho años de edad. Sus recurrentes pesadillas, que la acompañaron durante la infancia, estuvieron enmarcadas por los gritos de terror de su madre, mientras era arrojada de un auto en movimiento, así como por la angustia, gritos, amenazas y encierro al que estuvo sometida durante esos días.

Sus padres se separaron violentamente debido a que el progenitor era alcohólico. Este, a manera de venganza, raptó a su propia hija, escondiéndola en la casa materna.

Días después devolvió a la pequeña y el divorcio se concretó. “Haber sido lastimada por la persona en la que yo confiaba plenamente causó estragos en mi vida: fui una niña insegura, temerosa a la oscuridad e incapaz de protegerme. Cuando una persona vive una situación de indefensión tiende a perpetuarla”, refiere Ana.

El proceso del perdón le llevó varios años y numerosas sesiones de psicoterapia, gracias a lo cual entendió que su padre era un ser enfermo y limitado emocionalmente. Tras perdonar, Ana revalorizó la fortaleza emocional que adquirió luego de esa traumática experiencia y se muestra agradecida con la vida que permitió que su padre diera un paso al costado y no la dañara más. Hoy la mujer de 40 años ha conquistado estabilidad emocional, éxito profesional y lo más importante, formó una familia feliz.

 

Infancia es destino

La terapeuta psicoanalítica infantil Norma Ferrer, con más de 20 años de experiencia en clínica, señala que el perdón no es un acto sencillo, implica que evolutivamente se alcanzaron diversos logros.

Ella explica el perdón a través de su experiencia profesional en terapia con niños pequeños, como un ejercicio atrayente porque a ellos les resulta difícil distinguir lo que viene de afuera y les ayuda a mantener un equilibrio.

Con frecuencia los niños tienen una percepción negativa de la madre, porque no satisface sus deseos de comida, atención y cuidados de manera inmediata, y en esta etapa conocida como escisión la catalogan como una “mala madre”. La experta dice que esto es completamente normal pues con el tiempo se darán cuenta que la mayoría de los actos maternos están regidos por la bondad; a este proceso se le conoce como integración.

El niño cae en la cuenta de todo lo mal que pensó de su madre, muestra un arrepentimiento, proceso que se conoce como la culpa reparatoria, y es cuando busca a su madre para ser perdonado. Se requiere que el infante se autoperdone, de lo contrario, si sigue considerando a su madre como “mala” se quedará con una culpa persecutora y quedará escindido, por lo que en el futuro, cuando sea adulto, difícilmente tendrá la posibilidad de pedir perdón ni de perdonar, y siempre habrá en su mente algo que lo estará molestando. “El niño que vive en el perdón, reconcilia, suelta, equilibra y arregla, va más a mano con él y con los otros”, sostiene Ferrer.

El acto de perdonar se consigue siempre y cuando el niño perciba que está rodeado de personas que en esencia tienen cualidades positivas y están allí para acompañarle y ayudarle a reparar su falta. “El perdón es un acto reparatorio en esencia, te permite arreglar lo de afuera pero esencialmente lo de adentro: quién soy, cómo me percibo y cómo me manejo con el mundo”, concluye la psicoterapeuta Ferrer.

Desventajas de no perdonar

Los científicos han encontrado diversos efectos negativos a la acción de no perdonar y estar rumiando una venganza, dado que esos pensamientos negativos a la larga afectan fisiológicamente al cuerpo. Aquí algunos perjuicios.

*Estrés emocional crónico que con el tiempo altera la reacción cardiovascular.

*Baja en la calidad del sueño.

*Son personas menos indulgentes.

*Al estimularse la producción de cortisol se afectan algunas funciones del cuerpo y se puede desarrollar depresión o enfermedades psicosomáticas.

*Se consumen más medicamentos y alcohol.

*Mayor presencia de pensamientos negativos (rencor y amargura).

Fuente: Universidad de Iowa, Universidad de Miami y entrevistados.

 

Los ojos de la ciencia

Por supuesto la ciencia también se ha ocupado del perdón, si bien entró un poco tarde al tema –hasta las primeras décadas del siglo pasado–, y gracias al avance de las neurociencias empieza a conocer las bases biológicas de esta emoción. Y como usted lo sospecha, sí, ya es posible medir, de manera tangible, a través de técnicas de neuroimagen, las áreas del cerebro que intervienen en el perdón. Todavía existe un largo trecho por recorrer en los laboratorios sobre esta cuestión pero la ciencia nos ofrece algunas respuestas.

Gabriela Orozco Calderón, jefa del Laboratorio de Psicobiología y Neurocognición Humana de la Facultad de Psicología de la UNAM, expresa que el perdón “supone una voluntad subjetiva de abandonar el resentimiento, los juicios negativos y la indiferencia hacia quien ha injuriado o lastimado, para desarrollar sentimientos de compasión y generosidad”.

Entrevistada por esta publicación, Orozco hizo el recuento de diversos especialistas en psicología que han dado su propia definición de perdón. Aquí algunos ejemplos: en 2000, McCullough señaló que la esencia de perdonar implica cambios de tipo prosocial en las motivaciones personales hacia la persona, un grupo o situación que ha lastimado o injuriado. En 1997, Hargrave y Sells indicaron que perdonar permite al victimario reconstruir un vínculo quebrado, favorece la discusión abierta sobre la violación de la relación para que víctima y victimario rehagan ese vínculo.

El factor común en ambas definiciones es que el sujeto perdona el comportamiento, pensamientos, sentimientos y acciones y se transforma en un individuo más positivo debido a que el hecho de perdonar implica un cambio interno y prosocial hacia el transgresor.

No obstante, algunos estudiosos llaman la atención sobre el riesgo de que, al perdonar, vuelven más vulnerables a las víctimas y permiten que nuevamente se vinculen con los que cometieron el abuso y maltrato, pudiendo ser presa fácil de sus fechorías.

¿Qué han encontrado las investigaciones de neurociencias? Con base en técnicas de neuroimagen examinaron el comportamiento de voluntarios que debían disculparse y determinaron algunos patrones, por ejemplo, a mayor edad, mayor perspectiva de perdón, detalla la investigadora.

Estudios de resonancia magnética, publicados por el investigador italiano Riccardi, permitieron distinguir qué sucede en tiempo real en el cerebro de una persona que ha decidido perdonar. A los voluntarios se les sometió a diversas situaciones y se observó que se les activaron tres áreas del cerebro: la corteza prefrontal dorsolateral (regula las respuestas emocionales usando estrategias cognitivas y la supresión de afectos negativos), el precúneo (se activa cuando nos ponemos en el lugar del otro y se genera empatía) y la corteza del cíngulo anterior (refleja un proceso inhibitorio de la conducta, “te perdona a pesar de”).

Una investigación posterior mostró que también participa el surco temporal anterior superior, se descubrió que cuanta más cantidad de materia gris exista en esta zona de la corteza cerebral mayor será la posibilidad de perdonar a alguien que ha cometido accidentalmente un grave error. El investigador Farrow encontró la activación del giro cingulado dorsal cuando el perdón se acompaña de la empatía.

A la par, señala la investigadora de la Facultad de Psicología de la UNAM, los científicos se han dado a la tarea de detectar lo que sucede en el cerebro humano con una emoción contraria como la venganza o el deseo que querer castigar a alguien. Se encontró que intervenían el núcleo caudado, estriado, núcleo acumbens que también se ha vinculado con la recompensa y la ínsula anterior asociada con la representación de estados corporales como el hambre, la sed y emociones negativas como el disgusto. Utilizando una tomografía con emisión de positrones se observó un aumento en la actividad del núcleo caudado en personas que realizaban una tarea que implicaba poder castigar a otra persona, mientras que con una imagen de resonancia magnética funcional se asoció el striatum con la venganza. De tal forma tal, señala la entrevistada, “no perdonar se ha relacionado con que se activen áreas cerebrales especificas que tiene que ver con conductas dirigidas a la meta y con el sistema de recompensa”.

 

 

Beneficios de perdonar

Las personas que perdonan con facilidad presentan variables fisiológicas más sanas. Aquí algunos beneficios:

*Presión arterial más baja, correlacionada con un estilo de vida más sano.

*Toman menos medicamentos y alcohol.

*Están más alejados del abuso de drogas.

*Menor ansiedad y menor depresión.

Fuente: Universidad de Iowa, Universidad de Miami y entrevistados.

 

 

Sanando por dentro

Ante un gran agravio el primer sentimiento es el de la venganza, refiere Javier Sicilia, “es tal el dolor que cobra que me descubro a veces en estado de enojo, que tiene que ver con el dolor que traigo y entonces se lo cobro a alguien, un trato injusto de molestia o agresión”.

¿Cuál debería ser el camino de alguien que ya decidió perdonar? La psicóloga y escritora Martha Alicia Chávez dice que no puede haber paz sin perdón. Es difícil hacerlo, dice en entrevista, porque el ofendido cree que le hará un favor al liberarlo de la culpa pero en realidad, el favor es para uno mismo. “El perdón es un trabajo interno de liberarme de unos sentimientos que me envenenan, no significa seguir tolerando. En el proceso de perdonar de verdad, de cuerpo entero, alma y corazón es necesario tomar cada uno su parte de responsabilidad”.

La terapeuta Norma Ferrer agrega que “el que vive en el perdón reconcilia, suelta, equilibra y arregla lo que tiene que arreglar y no lleva nada dentro, está en paz con la vida y con las personas, va en busca de la sabiduría”.

En este proceso de perdón la persona se aligera de su carga (rencor, odio venganza) hasta prácticamente hacer una “revolución interior” –señala el psicólogo, especialista en terapia cognitiva Walter Riso– donde el “yo” se reinventa sin borrar la falta cometida, mostrando algo de compasión y tratar e entender al agresor, pero sin renunciar a los propios principios ni pasando por alto la dignidad.

Para Walter Riso, en palabras simples perdonar es recordar sin odio, “adquirir la paz interior que tanto predicaban los antiguos griegos, y que se refleja afuera”.

Como ve, perdonar es muy humano, no se requiere de dones especiales, cualquiera puede hacerlo. Ahora que ya conoce algunos de sus beneficios, quizá en esta etapa se decida a dar el próximo paso.

 

Las 12 etapas del perdón

  1. Decidir no vengarse y hacer que cesen los gestos ofensivos.
  2. Reconocer la herida y la propia pobreza interior.
  3. Compartir la herida con alguien.
  4. Identificar la pérdida para hacer el duelo.
  5. Aceptar la propia cólera y el deseo de venganza.
  6. Perdonarse a sí mismo.
  7. Empezar a comprender al ofensor.
  8. Encontrar el sentido de esa ofensa en la propia vida.
  9. Saberse digno de perdón y ya perdonado.
  10. Dejar de obstinarse en perdonar.
  11. Abrirse a la gracia de perdonar.
  12. Decidir acabar con la relación o renovarla.

Fuente: Jean Monbourquette, Cómo perdonar.

 

 

(Alberto Círigo)