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Fantasma del Cine Ópera

 

 

Inaugurado a finales de los años cuarenta se convirtió en uno de los cines más emblemáticos del antiguo Distrito Federal, con su estilo Art Decó. El Cine Ópera destacaba por sus imponentes esculturas de la fachada que representaban la tragedia y la comedia.

Foto Internet

Refugio de vampiros, enjambre de telarañas, festín de ratas, retrete de malvivientes, el coloso de mugre suspira aún en su estertor la magnificencia de sus alfombras, mármoles, bibelots, esculturas griegas, tibores, candiles, sillones, escupideras, ceniceros. El terciopelo encarnado de un telón que caía en holanes. La pantalla inmensa con olor de las grandes superproducciones. El vestíbulo de leyenda. La taquilla de granito…

Monarca indiscutible de la colonia San Rafael a la muerte del Cine Encanto, herido por el terremoto de 1957, el Cine Ópera sobrevive de recuerdos. Cuando se hablaba de tú con el Roble, el Metropolitan, el Balmori y el Real Cinema. Cuando el asombro se detenía frente a la majestuosidad de las musas de su fachada.

Luneta y galería. Funciones de estreno y matiné.

De Quo Vadis, Ben Hur o Atila frente a Roma a tres de Tarzán, o de Gastón Santos y su caballo “Rayo de Plata”, pasando por las ocurrencias del Piporro frente al enamorado Martín Corona. Del desfile de pieles, zapatos de charol, trajes cruzados y sombreros de fieltro al reguero de cáscaras de pepitas, chicles que se deslizan de boca a boca, cabecita al hombro, manita sudada y ¡ahí viene la chota!

La función, cucurucho de palomitas caseras metidas de contrabando, cuatro varos en tarde y noche, 1.50 los domingos en la mañana, la interrumpía de pronto el doctor IQ a control remoto:

–Abajo a mi derecha.

–Aquí tenemos un caballero doctor. La melena blanca hirsuta, la metralleta de palabras, la pregunta capciosa para los babosos: ¿De qué color era el caballo blanco de Napoleón?

Y el estruendo: –¡Perfectamente bien contestado! Y los 25 pesos en Bonos del Ahorro Nacional como botín de guerra.

Y el trabalenguas: “Tongolele se quiere destongoletizar, el que la destongolotice buen destongolotizador será”, o “Parra tenía una perra que comía las uvas de la parra de Guerra. Guerra le da con la porra a la perra de Parra. Dice Parra: ¡Ah, Guerra! Si la perra de Parra no comiera las uvas de la parra de Guerra, Guerra no daría con la porra a la perra de Parra”.

–¿Me lo podría repetir despacito, doctor?

Y la rúbrica:

-Jorge servidor, Marrón de ustedes.

A veces la fiesta era por la transmisión en tele del programa Reina por un día. La humilde madrecita contando su desgarradora historia. La parálisis del hijo. El hambre de los hermanos. Y la lluvia de regalos al ¡riiin, riiin! del teléfono con atención especial de Carlos Amador, Luis Spota y Tomás Perrín.

 

Foto internet

Más cornadas da el hambre.

Nacido en 1943, el Cine Ópera vio desfilar en sus colosales rollones mágicos con interrupción obligada para recordarle su mamacita al cácaro, de la picardía de Marilyn Monroe a la cara de miedo de Yul Brynner, la imponente figura de Orson Welles y la sensualidad inigualable de Sofía Loren, en estaciones intermedias de los enredos de Paquita con cuerpo de María Victoria, las ocurrencias de Tin Tan, Cantinflas o Manuel Medel, y la belleza serena de Columba Domínguez.

De ahí a “La Tonina” a cenar tacos de machaca con tortillas de harina en el rejuego fotográfico de las hazañas del gran luchador Tonina Jackson.

Estas ruinas que ves.

Y ni modo de imprimir esquelas.