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¿Sabes quién es Santa Claus? Conoce su historia

Ya sin su connotación religiosa, esta figura se ha convertido en símbolo esencial de la Navidad en todo el mundo, parte de la cultura popular. Pero ¿de dónde surgió? Conozca esta historia publicada originalmente en nuestra edición de diciembre de 2016.

 

Aunque no lo crea, la figura del personaje bonachón vestido de rojo surgió apenas en el siglo XIX cuando líderes protestantes reformistas de Estados Unidos, principalmente de Nueva York, se encargaron de vetar las festividades navideñas tachándolas de paganas, al no estar fundamentadas en las escrituras cristianas.

Sin embargo, fue imposible detener la costumbre de celebrar en esas fechas, sobre todo habiendo terminado la cosecha y con el frío clima que motivaba a los festines y la bebida. En poco tiempo, las celebraciones se convirtieron en borracheras fuera de control donde hombres ebrios, principalmente de las clases trabajadoras, aterrorizaban las ciudades al realizar actos de vandalismo y robo.

Por decisión de la alta sociedad de Nueva York se decidió cortar con esta insana costumbre y se estableció una celebración centrada en valores religiosos y familiares, centrándolas alrededor de los niños. Para eso se creó la Sociedad de San Nicolás, que se encargaría de crear un personaje que simbolizara la nueva forma de celebrar la Navidad.

A partir de una serie de serigrafías que mostraban al personaje holandés de Sinterklaas entregando regalos y llenando las botas de los niños con dulces y regalos, se decidió tomar la figura importada al nuevo mundo en el siglo XVII como base del nuevo símbolo de las festividades.

Sinterklaas (abreviatura del holandés Sint Nikolaas) no era más que una interpretación flamenca de San Nicolás, un Santo que había escapado la reforma protestante en Europa y que todavía a la fecha goza de fama y gran devoción.

San Nicolás fue uno de los santos más populares de la Edad Media y es uno de los pocos que pertenecen tanto a la iglesia griega como a la latina, adquirió fama como patrón de los niños, por ser un santo con el que la gente se podía relacionar fácilmente.

Se dice que San Nicolás de Bari nació en la actual Turquía en el siglo IV y que a una edad muy joven regaló su fortuna para dedicarse a predicar, por lo que fue nombrado obispo de la ciudad de Myra. Participó en el famoso consejo de Nicea, apoyado por el Emperador Constantino.

A los hechos biográficos que conocemos del santo se le suman varias leyendas que contribuyeron a su transformación en santo y patrón de los niños. La primera, describe cómo San Nicolás salva a una pobre familia, en la que el padre se había visto obligado a prostituir a sus hijas, al dejar caer bolsas llenas de oro por la chimenea, las cuales cayeron en unas medias que se habían dejado a secar. La segunda describe las manera como el santo devuelve la vida a tres niños que habían sido descuartizados por un posadero para dar de comer a sus huéspedes.

El santo nunca perdió popularidad en Europa, por lo que eventualmente se transformó en Sinterklaas, un hombre viejo con barba blanca y vestido de obispo que, montado en su caballo, visitaba a todos los niños y les regalaba golosinas y obsequios.

Desde 1820 la versión americana del personaje, el recién nombrado “Santa Claus”, comenzó a promoverse en relación con la Navidad y su imagen apareció en tiendas departamentales como publicidad, pero fue hasta 1822 cuando el ministro episcopal Clement Clarke Moore escribió su famoso poema La víspera de Navidad, (ver “La víspera de la Navidad”) para sus tres hijas, que se consolidaría la imagen del Santa Claus moderno, incluyendo el trineo y a los renos.

A partir de la narrativa del poema, el dibujante Thomas Nast creó la primera representación de Santa Claus como lo conocemos hoy en día: un hombre rotundo y jovial, con una barba blanca y vestido en un traje de terciopelo rojo con remates de piel blanca. Fue también Nast quien proporcionó las primeras representaciones del taller del Polo Norte, los duendes y la señora Claus.

Sin embargo, las representaciones fueron muy variadas por décadas, existen representaciones de Santa Claus delgadas, con cara joven e incluso con facciones de elfo. En 1931 cuando la compañía Coca-Cola comisionó al artista Haddon Sundblom para que ilustrara la campaña publicitaria de la marca, nació de definitiva la figura del Santa Claus que ahora todos conocemos.

 

 

LOS SANTA CLAUS DEL MUNDO

Sabías que Santa Claus y Sinterklaas no eran las únicas figuras navideñas encargadas de repartir regalos por el mundo, aquí te presentamos a otros:

  • Christkind
  • El niño Dios se encargaba de entregar regalos a los niños suizos y alemanes.
  • El Padre Navidad
  • Este personaje llena con obsequios las medias de los niños ingleses.
  • Babouska
  • Esta anciana rusa intentó engañar a los Reyes Magos para que no encontraran a Jesús, pero arrepentida, busca redimirse entregando regalos a los niños mientras duermen.

LA VÍSPERA DE NAVIDAD (fragmentos)

Era la víspera de Navidad, y todo en la casa era paz. No se oía ni un ruidito, ni siquiera chillar a un ratón.

Junto al fuego colgaban los calcetines vacíos, seguros que pronto vendría Santa Claus. Sobre la cama, acurrucaditos y bien abrigados, los niños dormían, mientras dulces y bombones danzaban alegres en sus cabecitas. Y mamá con pañoleta, y yo con gorro de dormir, nos disponíamos para un largo sueño invernal.

De pronto en el prado surgió un alboroto, salté de la cama y fui a ver qué pasaba. Volé como un rayo hasta la ventana, abrí las persianas y tiré del postigo. La luna sobre la nieve recién caída le daba a los objetos brillo de mediodía. Cuando para mi asombro vi pasar a lo lejos, un diminuto trineo y ocho pequeños renos.

Conducía un viejecito, vivaracho y veloz, Y supe en seguida que debía ser Santa Claus. Más rápido que las águilas, sus corceles volaban. Y silbaba y gritaba y a sus renos ¡por su nombre llamaba!

– ¡Vamos Destello! ¡Vamos Danzarín! ¡Vamos Cabriolero y Brujo! ¡Corre Cometa! ¡Corre Cupido! ¡Corran Trueno y Chispa! ¡A la cima del techo! ¡A la cima del muro!

Abrigado con pieles, de la cabeza los pies, Santa Claus se encontraba todo sucio de hollín. Llevaba en sus espaldas un saco de juguetes y parecía un buhonero abriendo su paquete. ¡Cómo brillaban sus ojos! ¡Qué felices sus hoyuelos! Sus mejillas como rosas, ¡su nariz como cereza! Su graciosa boca con una mueca sonriente y la barba de su mentón tan blanca como la nieve.

Sujetaba firme entre los dientes la boquilla de una pipa y el humo rodeaba su cabeza a modo de guirnalda. Tenía una cara amplia y su panza redonda. Temblaba al reírse ¡como un pote de gelatina! Era gordinflón y rollizo, como un duende gracioso y apenas lo vi ¡me eché a reír sin querer!

Fuente: Traducción de María García Esperón mariagarciaesperon.blogspot.mx/20127127twas.night-before-chrustnas-enespañol.html

 

Santa Claus en México

La doctora Susana Solenski, investigadora del Instituto de Investigaciones Históricas de la UNAM, ha realizado una investigación con respecto a la inserción de Santa Claus en la cultura mexicana a mediados del siglo XX y sus repercusiones en la cultura.

Antes de la expansión de este personaje a nuestro país, las principales figuras relacionadas con las festividades decembrinas eran los Reyes Magos, por lo que la aparición de Santa Claus no fue bien vista ni por empresarios, ni por la iglesia.

La inserción del personaje fue vista no sólo como algo navideño, más bien como una adopción de la cultura y el consumismo estadounidense, lo cual se hizo inevitable, no sólo por el torrente de contenido tanto publicitario como de entretenimiento, sino por la reciente apertura política y económica que trajo consigo un gran intercambio cultural.

 

(Alexandra Hopf)